Prólogo
El viento golpeaba los estandartes dorados de Borealis mientras las campanas anunciaban celebración. Desde los balcones caían pétalos, las calles se llenaban de vítores y las promesas de un futuro próspero flotaban en el aire como una mentira bien ensayada.
Gemina sonrió. La sonrisa de siempre. La que todos querían ver.
En su interior, solo escuchaba el eco de su propia desconfianza.
A pocos metros de distancia, escondida entre las sombras, Lilith observaba.
Sus dedos rozaban el mango de la daga. El corazón latía rápido, pero no por miedo. Era rabia. Era convicción.
Y quizá, solo quizá, una pizca de duda.
Hoy comenzaría el principio del fin del Reino Borealis.
Pero ninguna de las dos imaginaba que el verdadero peligro… eran las grietas que estaban a punto de formarse entre ellas.