Nota de la Autora.
Bienvenides a esta historia.
Antes de que crucen el umbral de estas páginas, me veo en la necesidad —y en el dulce capricho— de advertirles algo: esta no es una historia que corre, ni grita, ni se desboca. No encontrarán aquí el amor servido en bandeja ni los besos brotando como champaña en una fiesta apresurada. No. Esta es una historia de silencios largos, miradas esquivas y temblores que no se nombran. Es una historia que respira hondo antes de hablar.
Y como todo lo que vale la pena, requiere paciencia.
Aquí las cosas florecen con lentitud: como los inviernos que se derriten con dignidad o los corazones que no se abren por la fuerza, sino por insistencia suave, por ternura. Habrá miedo, sí. Y heridas que no se ven. Pero también habrá amor. Del bueno. Del que se construye con las manos limpias, aunque tiemblen. Del que huele a destino, aunque uno no lo quiera aceptar de inmediato.
Ahora bien, si viniste buscando un Alfa musculoso que ladra órdenes y un Omega que se desmaya de amor en el primer capítulo... cariño, este quizás no sea tu destino. Aquí nos gusta cocinar a fuego lento, llorar un poco entre párrafos, y suspirar cuando no sabemos si todo va a terminar bien (aunque secretamente, deseamos que sí).
Si decides quedarte, te ofrezco letras bordadas con amor, personajes frágiles pero valientes, y un universo que conecta con los hilos de otras historias: Aroma a Fresas, Arándanos y Ciruelas, Vino y Cerezas. Y si decides irte, te lo digo sin rencores: Gracias por asomarte. Este cuento no era el tuyo. El hilo rojo continúa en otra página, en otro rincón.
Pero si decides quedarte...
Abróchate el alma. Esto se pone delicadamente hermoso.
Con cariño,
JB.