Et die uno mori
EPÍLOGO
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VOZ FEMENINA: — Elizabeth... ¡despierta!
Elizabeth, sentada como cada día, observa hipnotizada el vasto cielo, repleto de grandes nubes blancas atravesadas por los penetrantes rayos del atardecer. Solo el sonido de la suave brisa y el batir de las alas de las aves rompen el silencio en la habitación, donde hasta entonces, solo la presencia de Elizabeth llenaba el espacio.
El eco de unos tacones rechinando en el suelo de madera se acercaba lentamente, rompiendo la calma. Sin embargo, Elizabeth permanecía inmersa en sus pensamientos, como si su mente flotara junto a las nubes.
ELIZABETH: — (voltea sorprendida y emocionada) ¿No te parece que el cielo es hermoso? (Fascinada)
La luz brillante se filtraba por la ventana, iluminando sus largos y sedosos cabellos blancos, que caían como hilos de plata sobre su pecho. Sus ojos rojos, penetrantes y serenos, reflejaban el profundo azul del cielo, como si intentaran descifrar un misterio oculto entre las nubes.
VOZ FEMENINA: — (mira fijamente a Elizabeth, encantada nuevamente por el cielo en la ventana) Claro... como todos los días, ¿no?
ELIZABETH: — ¡No!, no estás entendiendo. (la mira de reojo con irritación, aferrándose a la ventana con fuerza) Me refiero... ¿no has pensado en lo que hay allá arriba? ¿No crees que quizás exista algo más que solo nubes?
Su voz sonaba armoniosa, casi hipnotizante, como si sus palabras fueran parte del viento que acariciaba el cristal.
VOZ FEMENINA: — ¿Además de la obvia nada? Quizás más nubes y... ¡un Rey Nube! (se ríe)
ELIZABETH: — ¿En serio? ¿Un Rey Nube? (la mira con desaprobación) Tienes que abrir tu mente. (La toma de la mano con fuerza, jalándola hacia la ventana) Piensa... ¿por qué nadie habla de lo que hay ahí?
Verónica, atrapada entre la curiosidad y la resignación, se dejó llevar sin oponer resistencia, aunque rodó los ojos con una sonrisa nerviosa.
VERÓNICA: — (la mira con extrañeza) Tal vez porque... ¡¡¡NADIE PUEDE LLEGAR AHÍ!!!... Solo, tal vez, por eso.
Lanzó una mirada rápida a Elizabeth, pero la joven, embriagada en su propia teoría, la ignoró por completo. Sus ojos seguían fijos en el cielo, brillando con la luz dorada del atardecer.
ELIZABETH: — ¡Exacto! Esa es la respuesta, ¡Verónica! ¿Por qué nadie lo intenta? (Su mirada chispea con emoción) Mi teoría es que ocultan algo... algo que no quieren que veamos.
El silencio se adueñó de la habitación, haciendo que sus palabras resonaran con una intensidad casi mágica.
VERÓNICA: — ¡Oh, claro, claro! (Cruza los brazos con una expresión exageradamente pensativa)
Elizabeth no respondió, perdida nuevamente en el horizonte.
Un incómodo silencio recorrió el ambiente.
VERÓNICA: — ¡NO, NO, NO!
(Verónica da una palmada en la cabeza a Elizabeth con una sonrisa burlona.)
ELIZABETH: — ¡Ouch!
VERÓNICA: — Vámonos, llegaremos tarde. (La mira con una mezcla de cariño y paciencia, como si aquella conversación la hubieran tenido mil veces antes... y como si supiera que la tendrían mil veces más.)
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VALK: — ¿Elizabeth? (Preocupado por su mirada perdida) ¿Está todo bien?
ELIZABETH: — ¿Eh?... (Voltea para mirar a Valk, pero una lágrima se desliza por sus ojos cristalinos)
Valk, al ver la tristeza en su rostro, la abraza con fuerza sin pensarlo, envolviéndola en su calidez. Elizabeth se queda paralizada por un instante, sin saber cómo reaccionar.
VALK: — Hmmm... (Mira seriamente) Si algo te molesta, solo dímelo.
Elizabeth, atrapada entre el desconcierto y la brisa fresca que recorre las colinas, finalmente despierta de su trance. Se golpea suavemente ambas mejillas con las manos, como si intentara despejar su mente.
Valk, sorprendido, la suelta de inmediato, notando el leve rubor en su rostro.
ELIZABETH: — ¡No pasa nada! (Con la cara hinchada por los golpes y una sonrisa forzada) Solo pensaba en ella...
Valk no necesita preguntar. Su expresión cambia en un instante, y con un gesto silencioso, toma la mano de Elizabeth en señal de apoyo.
ELIZABETH: — Todo sería más fácil si ella estuviera aquí... (Alza la mirada al cielo, observando las nubes flotar lentamente)
El silencio del prado los envuelve. Solo el sonido del arroyo y el susurro del viento llenan el espacio entre ellos.
De pronto, el repique de las campanas rompe la quietud, anunciando la llegada del momento que tanto habían esperado.
VALK: — Es hora. (Se levanta con una sonrisa y le extiende la mano)
ELIZABETH: — (Sonríe y toma su mano) Mmm... a veces puedes ser muy cortés. (Lo observa fijamente, levantando una ceja con picardía)
VALK: — (Ruborizado y apenado) Jajaja, no es mi punto fuerte, ¿verdad? (Ríe nerviosamente)
Elizabeth se incorpora con gracia, su cabello blanco ondeando al viento. Se sacude algunas hojas del vestido con delicadeza y deja escapar una risa suave.
ELIZABETH: — Hoy nada de eso importa.
VALK: — (Sin poder apartar la mirada de ella) No... realmente hoy no importa nada.
Las campanas siguen sonando.
El vestido blanco de Elizabeth y las piedras preciosas incrustadas en él brillan intensamente bajo la luz del sol. A su alrededor, las flores rojas y blancas parecen inclinarse al paso de la brisa.
Tomados de la mano, corren juntos por el prado, con el corazón latiendo rápido, entre nervios y felicidad.
Pero mientras avanzan hacia la iglesia, Valk nota a lo lejos un grupo de caballeros que parecen regresar del frente. Su porte es solemne, sus armaduras cubiertas de polvo y cicatrices de guerra.
Por un instante, algo en su interior se tensa.
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El estruendo de choques de espadas se mezcla con el grito lejano de soldados que suplican ayuda. Cientos de flechas surcan el aire, disparadas de ballestas y cañones, impactando en el suelo manchado de espadas rotas y cuerpos caídos, todo ello acompañado de gritos ensordecedores que hacen vibrar el alma.
VALK: — (Aturdido, inmóvil en medio del campo de batalla destruido)
A lo lejos, un soldado se acerca con la espada en alto, listo para atacar. Pero, en el último instante, es degollado de un tajo por un aliado, y su sangre rocía el rostro de Valk, despertándolo bruscamente de su trance.
SOLDADO COMPAÑERO: — ¡Oye! ¡Reacciona, idiota!
VALK: — Perdón, me perdí por un momento. (Su sonrisa, confusa y borrosa, revela el desconcierto de la batalla)
SOLDADO COMPAÑERO: — ¡No es momento para quedarse dormido, "Héroe"! Las cosas están complicadas; ¿quieres que te cubra o qué? (Su voz se alza entre el fragor del combate)
Al oír la palabra "héroe", Valk es invadido por recuerdos borrosos: una noche oscura, su ropa empapada de sangre y un destello de cabello rojo que parece gritar traición o desesperación.
VALK: — Jajaja, no soy un héroe; creo que aquí nadie lo es. (Mira su espada ensangrentada y su reflejo, manchado por la batalla)
SOLDADO COMPAÑERO: — No seas modesto; sin ti estaríamos perdidos. (Continúa luchando sin tregua)
VALK: — Ser elegido por descarte no me convierte en héroe. (Baja la mirada, paralizado por el peso del deber y la culpa)
SOLDADO COMPAÑERO: — Esos tipos nobles te pusieron aquí, y creo que les debes algo. Me encantaría estar en tu lugar, pero no es momento de pensarlo: ¡ya estás aquí!
Con determinación, Valk se reincorpora y se lanza corriendo por el lodo húmedo, mezclado con sangre, hacia la horda.
VALK: — No necesito que me lo digas; ¡tengo a alguien que me espera! (Su sonrisa, desafiante y amarga, surge en medio del caos)
SOLDADO COMPAÑERO: — ¡Tienes mucha suerte! Yo solo espero mi paga y busco damas y buen alcohol.
El retumbar de miles de cascos se acerca mientras ballestas disparan, y el olor a cadáveres putrefactos, pisoteados en el lodo, inunda el ambiente.
VALK: — Bendíceme, Dios...
Bendice esta espada impura que azota las almas de los justos y de los inocentes que pagan mi mal juicio. (Con voz quebrada y gritando a todo pulmón, se lanza nuevamente a la batalla)
El calor de la batalla ensordece a Valk, y su instinto de supervivencia lo empuja a ignorar la oscuridad del campo y el olor de la muerte que se aproxima a él.
De repente, Valk deja de mirar al soldado y detiene a Elizabeth sujetándola con fuerza.
VALK: — ¡Espera, Elizabeth! (Susurra) Siento que algo no anda bien. (La mira seriamente mientras observa la zona)
ELIZABETH: — ¿Qué sucede? (Se oculta detrás de Valk)
VALK: — ¿Ves esos soldados? (Señala a unos caballeros a lo lejos)
ELIZABETH: — Los veo, pero no parecen peligrosos, aunque hay algo extraño en ellos.
VALK: — ¿Lo notaste también? (Sonríe un poco) Esas armaduras parecen del reino, pero sus espadas y forma de actuar no son normales.
ELIZABETH: — Lo siento, no sé de qué me hablas. (Lo mira sin pestañear)
VALK: — (Mientras se miran) ¿Eh? ¿Cómo? (Suspira profundamente) No son espadas que usaría un simple caballero; son de capitán, más precisamente de "Los Ejecutores".
ELIZABETH: — ¡Oh, los Ejecutores! (Con sorpresa) No los conozco. (Se ríe levemente)
VALK: — ¡ELIZABETH! (Respira despacio y con calma) Los Ejecutores son un grupo especializado en buscar, rastrear y perseguir a quien se les ordena. Lo interesante es que nunca salen a la vista, y mucho menos estarían aquí.
ELIZABETH: — Ya veo. (Trata de sonar interesada) No creo que hayan venido a darnos su bendición, ¿o sí?
VALK: — Yo tampoco creo que nos quieran felicitar, pero no comprendo por qué se molestan en venir. El problema es que no tengo mi espada en este momento, ni mi armadura. Estos tipos no están jugando.
ELIZABETH: — (Saca una pequeña daga de debajo de su vestido) ¿Qué te parece esto?
VALK: — No voy a preguntar qué hacías con una daga en el día de nuestra boda, pero gracias. (Lo piensa, extrañando mientras mira a Elizabeth)
ELIZABETH: — (Sonríe orgullosa) Quizás debas agradecerme que la lleves contigo, aunque no sé qué pueda hacer contra una espada.
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De repente, todo se vuelve borroso y Valk escucha una voz que lo llama desesperadamente. Abre los ojos con esfuerzo y cansancio, sintiendo su cuerpo pesado y húmedo, en medio de un campo apenas visible, lleno de humo y olor a madera quemada.
VALK: — Ya veo... Es curioso que haya recordado ese día. (Comienza a toser fuertemente, mientras sonríe)
NIÑA DE ASPECTO EXTRAÑO: — ¡Oye! ¡Oye! (Entre gritos y lágrimas) ¿Me escuchas? ¡Despierta!
VALK: — Estás aquí... (Le cuesta respirar y hablar) Mírate... (Lucha por mantenerse despierto)
5/6/1492
Se oyen los llantos de un bebé.
Elizabeth grita y suda por dar a luz, mientras todos en el pueblo observan el nacimiento de una nueva vida sobre el lago a la luz de la luna.
VALK: — ¡Puedo verlo! (Grita emocionado) ¡Elizabeth, vamos, tú puedes, mi amor! Solo puja un poco más. (Comienza a colocar sus manos para sostenerla)
ELIZABETH: — ¡CÁLLATE! (Grita y suda)
DOCTOR: — (Toma al bebé con sus manos y lo sumerge en el lago) Recibe la bendición de la Diosa de la Luna, y nada en el mundo te será imposible; serás motivo de leyendas e historias.
El lago se iluminará con la luz blanca de la luna, si esta te elige esta noche. (Mira a Elizabeth, agotada, y a Valk)
Immola sanguinem tuum animae eius, et humano peccato illum imple, animam tuam furetur et benedicat semitam eius.
La luna comienza a teñirse de un rojo intenso; el ambiente se vuelve de un frío helado y un silencio aterrador. De la nada, suenan trompetas que resuenan por todo el mundo, y del reflejo lunar brota sangre, manchando el lago donde está el bebé.
Elizabeth y Valk intentan hablar, pero ninguna palabra sale de sus labios; el ambiente y el mundo se han quedado en total silencio, sin siquiera el murmullo de la brisa, solo las trompetas que anuncian la llegada de algo.
Los aldeanos, hipnotizados, no pueden apartar la mirada de la luna. Valk intenta sacar al bebé del lago, pero siente un gran peso sobre él, lo que le impide lograrlo.
De repente, en la luna se abre un enorme ojo de color negro y rojo, que fija su mirada en el pueblo y el lago. Del mismo ojo, comienzan a emerger largos dedos, rojos como la sangre, que se extienden mientras el ojo se agranda. Poco a poco, aparece una mano gigante y delgada; con el toque de su dedo en el lago, en un instante, emerge el bebé, completamente blanco, que es sostenido en ese mismo dedo.
Mientras recita palabras en un idioma ininteligible, pero con una voz que hiela la sangre, y tras tocar con una uña negra el frente del bebé, se escucha una risa macabra por todo el mundo, y dice: "Tu claudere finem".
En un instante, el tiempo se detiene; parece que el mundo se ha congelado. En un parpadeo, todo vuelve a la normalidad: la luna, el lago y todo retoman su estado original.
Después de las palabras de bendición para el bebé, el lago comienza a tornarse blanco y las flores lunares que lo rodean florecen e iluminan el entorno. Los aldeanos no pueden dejar de observar el puro resplandor del lago. Poco a poco, el lago eleva al bebé, envuelto en un brillo mágico. Elizabeth y Valk no pueden creer lo que ven; están inmensamente felices por el suceso divino.
DOCTOR: — (Sonriendo y hablando eufóricamente)
En más de 200 años no existen libros que registren o hablen de este suceso nuevamente.
¡Oh, Diosa! (Se arrodilla, llorando ante el bebé) ¡Qué has visto! La pureza en esta criatura... gracias por bendecir mis ojos con este acontecimiento único.
De entre el bosque, se ilumina una luz pura y brillante que toma la forma de la silueta de una mujer hermosa, de largo cabello blanco y ojos rojos como la sangre. Sin vestimenta alguna, solo envuelta en la luz que la rodea, se acerca caminando al bebé con gracia, pareciendo flotar sobre el lago.
ALDEANOS: — (Llorando y arrodillándose mientras rezan en murmullos)
"Diosa mía, que bendices mi alma con tu gloria, me arrodillo ante tu presencia; purifica mi alma pecadora y concédeme tu gracia."
VALK: — (Sosteniendo la mano de Elizabeth) No puedo creerlo... ¿mis ojos me están engañando?
¿Es acaso...? (Muestra incredulidad)
ELIZABETH: — Gracias, muchas gracias por esta bendición. (Llora de felicidad)
El ente toma al bebé, que flotaba en el lago, y lo sostiene en sus brazos con delicadeza y una sonrisa de alegría. Con ternura, toca el rostro del bebé y murmura palabras que los demás no logran comprender. Luego, con su magia, acerca al bebé a los brazos de Elizabeth, quien lo recibe con ternura. Después, toma el brazo del bebé y, al arrancarlo, brota un líquido que parece sangre dorada. Todos se muestran sorprendidos, y aunque nadie entiende lo que ocurre, continúan rezando. El ente se acerca al bebé y, en los brazos de Elizabeth, le abre la boca para darle de esa especie de sangre, que rápidamente ilumina su cuerpo por dentro. Tras tragarla, Elizabeth también ingiere unas gotas, sanando y recuperando su cuerpo por completo.
ELIZABETH: — ¿Qué? ¿Qué es esto? (En su mente piensa) ¿Me siento mejor? Siento cómo mi cuerpo se quema por dentro, pero no hay dolor; es cálido, y siento que mi cuerpo está mejor que nunca.
VALK: — (Pensando) ¡Espera! ¡Es una niña! ¡Tengo una hija!
Valk no puede creer lo que ve y solo contempla a su esposa e hija con felicidad y sorpresa. El ente, en un tono comprensible, continúa:
ENTE: — Lucy, se llamará Lucy.
En un parpadeo, el ente desaparece y el lago, junto con todo su resplandor, se apaga.
27/10/1492 del calendario Imperial
Se oyen llantos al otro lado de la casa.
ELIZABETH: — (Despertando, molesta) No puedo, no puedo más. (Mira el techo, con los ojos entrecerrados) ¡Necesito dormir o este bebé consumirá mi alma!
VALK: — ¿Te despertamos? (Preocupado)
ELIZABETH: — Es que la pequeña Lucy no podía dormir y pensé que tal vez jugar la calmaría, pero tiene demasiada energía y ya no sé qué hacer.
VALK: — Lucy, levántate.
ELIZABETH: — Bueno, haz que nuestra pequeña campeona se canse o tendremos que buscar otro lugar para dormir esta noche. ¡Buenas noches! (Grita con alegría y burla)
VALK: — Pero... también es tuya. Bueno, pequeña Lucy, tenemos que hacer algo para que mamá no nos eche de casa.
ELIZABETH: — Todavía oigo voces. (Con tono sarcástico)
Valk levanta a Lucy entre sus brazos y sale de la casa.
VALK: — Quiero mostrarte un lugar especial, algo que quizá te tranquilice, Lucy. (Sonríe)
Salen de la casa, llevando a Lucy en brazos, y caminan hacia un lugar conocido de Valk, subiendo por una colina alejada del pueblo durante varios minutos.
VALK: — ¿Sabes? Cuando crezcas, te enseñaré todo lo que sé. Tu papá es muy fuerte. (Sonríe, mostrando su bíceps)
Lucy observa a Valk, sonriendo emocionada.
VALK: — Jajaja, sabía que lo entenderías. (Entre risas y sonrisas presumidas) Hasta tú puedes notar la fuerza de tu padre. Así cautivé a tu madre; en esos días, ella era... tu madre, y supe que debía seguirla.
27/10/1492
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Un joven de cabello blanco irrumpe en la escena:
JOVEN DE CABELLO BLANCO: — ¡Oye! ¿Qué haces aquí? ¿Acaso no sabes que este lugar es mío? ¡Bobo! (Grita burlonamente)
VALK (JOVEN): — ¿Eh? ¿Desde cuándo le pertenecen las colinas a los nobles? (Molesto y medio dormido)
CHICA PELIRROJA: — ¡Silencio! ¿No sabes con quién estás hablando? (Grita y mira por encima) Veo que son como todos dicen.
VALK: — ¿¡Qué estás diciendo, mocosa presumida!? (Se levanta, enfadado, y se dirige hacia ella)
La chica pelirroja se interpone entre ellos y los separa empujándolos.
CHICA DE CABELLO BLANCO: — ¡Altooooo! Disculpa a mi amiga; no es buena para este tipo de cosas, y tú no deberías hablarle así a una dama.
(Se acerca a su amiga y le susurra: "Mientras lo distraigo, tú atácale por la espalda.")
VALK: — (Pensando) ¿En serio? ¿Sabe que estoy aquí? Puedo oírla. Me tomaría cinco segundos acabar con tu amiga, princesita.
La chica de cabello blanco, al oír la amenaza, se posiciona detrás de su amiga.
CHICA DE CABELLO BLANCO: — ¡Ja! Creo que no sabes ante quién estás parado. Esta chica no es nada más y nada menos que la mejor espadachina del país. (Se burla, mirando a Valk)
VALK: — ¿Ella? ¿Una chica? No creo que siquiera pueda vestirse sola. Dime, ¿dónde están tus sirvientes, niña rica?
Una ráfaga de viento arranca el elegante sombrero que llevaba la chica de cabello blanco, dejándolo en el suelo y revelando su abundante cabellera blanca y sus hipnotizantes ojos rojos, que incomodan a todas.
CHICA DE CABELLO BLANCO: — Asqueroso. (Con tono repulsivo)
Aprovechando el instante en que Valk se distrae, su amiga le da una patada en el estómago, dejándolo inconsciente.
VALK: — (Murmura) Pfff, recordar ese día sigue siendo doloroso. Lucy, ¡ya llegamos!
Subiendo por una gran colina oculta tras numerosos árboles, se abre una vista hacia el reino lejano, con la gran luna y sus estrellas brillando intensamente. Los ojos de la pequeña Lucy se llenan de asombro ante tan hermosa vista.
VALK: — Este es el lugar, Lucy. ¿No te parece hermoso? Desde aquí podemos ver todo el reino y más allá.
(Orgulloso y feliz, mirando a Lucy)
Lucy, en silencio, se fija en la luna, cuyos reflejos parecen hipnotizarla, haciendo brillar sus ojos y sellando su mirada en ellos.
VALK: — Algún día, tú y yo recorreremos todo esto y lucharemos lado a lado. Pero tendrás que esperarme, Lucy, porque no creo que pueda alcanzarte tan fácilmente en el futuro. Tu padre será viejo y débil, aunque alguna vez me hayan llamado "Héroe". (Sonríe a Lucy)
Valk sienta a Lucy entre sus piernas y juntos contemplan las hermosas vistas de la noche.
27/10/1492
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01/06/1495
VALK: — ¡No corras así por la casa, Lucy! (Grita, persiguiéndola)
Lucy, ya de tres años, corre por la casa después del baño, jugando a ser atrapada por sus padres, quienes se apresuran a vestirla.
ELIZABETH: — ¡Lucy, quieta! (La mira fijamente)
Mira cómo has dejado la casa, Lucy... (Cansada, observa el suelo mojado)
Cada año, cada día, cada minuto, esta niña tiene más energía... (Con pesar, mira a Valk)
VALK: — Pensé que caminaría más rápido que cualquier niño de su edad, pero esto no tiene precedentes. (Orgulloso pero preocupado)
No puedo seguirle el ritmo; ella puede correr por horas y yo ya no tengo la energía.
ELIZABETH: — Valk, creo que es momento...
VALK: — Aún es muy joven. ¿Cuál sería el sentido de entrenarla conmigo? Es rápida y camina para su edad, pero no creo que aguante.
ELIZABETH: — Uno de los dos tiene que cansarla, y evidentemente yo no soy la parte física, así que déjame hacer de madre mientras tú sales a jugar o entrenar. (Le apunta con un cucharón de cocina, sudando)
Valk toma a Lucy y decide salir al patio para probar sus habilidades. Tras vestirla y arreglarla con ropas más cómodas, busca entre sus pertenencias algunas espadas de madera y otros implementos para entrenar con ella. Mientras rebusca, un brillo se refleja en sus ojos al encontrar una vieja espada dañada; sonríe al verla.
VALK: — ¿Eso es todo? Pensé que, para ser el más fuerte del país, debías ser realmente el mejor. Creo que mañana iré a que me titulen como el más fuerte del mundo. (Se burla mientras esquiva golpes)
CHICA DE CABELLO BLANCO: — ¡Verónica! ¡Acaba con él de una buena vez y vámonos a clases! (Grita, presionando mientras observa a Valk con recelo)
VERÓNICA (chica pelirroja): — ¡Elizabeth! ¿Podrías dejarme encargarme de esto por un momento? Si me hablas, no dejo de concentrarme y no puedo acabar con este inútil.
Verónica intenta asestarle un golpe a Valk, pero él es demasiado rápido y se burla de su incapacidad.
VALK: — Para ser un inútil, no necesito esforzarme ni lo mínimo. (Muy cansado y preocupado)
Valk, agotado, se pregunta cuándo terminará este "calentamiento amistoso".
VALK: — Es absurdo; acordamos no usar magia ni habilidades, pero llevo una hora potenciando mi cuerpo y parece que ella realmente me hizo caso. ¡Es un monstruo! (Preocupado e impresionado mientras esquiva)
VERÓNICA: — Está bien, tal vez te he subestimado solo un poco, ¡pero no te lo tengas creído! (Lo mira, apuntando con su espada) Terminemos este calentamiento y acabemos con esto. (Sonríe con confianza al posicionarse)
A lo lejos, se ve a Elizabeth sentada, tomando té con gracia, con su vestido blanco y rimbombante y su característico sombrero largo con detalles dorados, observando con seguridad y una leve sonrisa al escuchar que Verónica ha concluido el calentamiento.
VALK: — ¿Calentamiento? (Sonríe nerviosamente y, cansado, piensa) Si esto es solo un calentamiento... ¿qué se supone que hará ahora? ¡Debe estar mintiendo!
Verónica cierra los ojos y suspira profundamente, sosteniendo su espada; roza el filo con el dedo y la baña con un poco de sangre, mientras comienza a susurrar antiguas palabras. Valk no entiende lo que dice, pero el aire se vuelve pesado y frío.
ELIZABETH: — Hasta pronto, pequeño caballerito. (Sonríe mientras toma su té lentamente y lo observa)
Valk siente, por alguna razón, que algo va mal; sus manos comienzan a fallar y pierde fuerza al sostener su espada, mostrando un rostro pálido y preocupado.
VERÓNICA: — Deus, exaudi preces meas et da mihi pauxillum gratiae tuae.
¡Plebeyo! Arrodíllate ante el filo de mi arte y contempla la verdadera esgrima que solo podrás ver aquí. (Sonríe con arrogancia, mientras sus ojos adquieren un brillo dorado)