Fragmentos de Amor

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Summary

Alessa cree que lo tiene todo. Un novio perfecto 💍, una vida tranquila ☀️, y ese final feliz que tantas veces imaginó. Cree que está viviendo su cuento de hadas pero no podría estar más equivocada. Porque ella no es una princesa 👑 esperando ser salvada y, su príncipe no es más que una ilusión ✨. Una mentira bonita que creó para no mirar de frente a sus propios demonios 🕷️. Que todo lo que creía seguro es solo una fantasía que está a punto de derrumbarse. ✨ Alessa tendrá que atravesar su propia oscuridad para comprender que la verdad no siempre es lo que se ve, que no todo lo que brilla es real y que a veces, la mayor traición es la que uno se hace a sí mismo. Las máscaras empiezan a caer, las heridas se abren, y entre lo que se va y lo que queda, deberá decidir a que es real y qué no⚔️ porque es ahí cuando se descubre que el amor más puro no viene vestido de príncipe, sino que está oculto en el silencio de quien siempre estuvo ahí, observando desde las sombras, esperando que ella deje de escapar y se hunda en ellas.

Status
Ongoing
Chapters
9
Rating
4.3 3 reviews
Age Rating
18+

PROLOGO

Tenía cinco años cuando mi mundo se rompió como una muñeca de porcelana cayendo desde lo alto de un estante. No hubo aviso. No hubo redención. Solo el crujido sordo de algo quebrándose por dentro, algo que nadie más escuchó, pero que a mí me dejó hecha pedazos.

Continuar con mi vida se volvió una tarea imposible. Respirar, sonreír, simplemente existir, dolía. Por eso, mi padre decidió que lo mejor era marcharnos. Cambiar de escenario. Dejar atrás los recuerdos amargos que se aferraban a las paredes de aquella casa.

Mi nuevo hogar, Riverbend, era un pueblo encantador, ubicado en las afueras de la ciudad. Tenía espacios abiertos, calles tranquilas, vecinos amables y un clima que parecía siempre en calma. Era el tipo de lugar donde todo parecía haberse detenido en el tiempo, como si la vida transcurriera en cámara lenta, lejos del ruido del mundo. Un refugio ideal para quienes necesitan empezar de nuevo.

Y yo, en efecto, encontré allí mi nuevo comienzo.

Aunque no fue un lugar.

Fue una persona.

Damient Blackwood.

Un niño que parecía haber nacido para encarnar su propio apellido, como si su sola existencia fuese una contradicción viviente: hijo de la luz y la oscuridad, de la esperanza y la ruina.

Había algo en él que descolocaba. Era como mirar un lago demasiado quieto: hermoso, profundo, pero capaz de tragarte si te acercabas demasiado. Y aun así, desde el primer momento en que nuestras miradas se cruzaron, no supe —ni pude— apartarme. Hubo una corriente muda, algo que se tensó entre nosotros sin pedir permiso. Una conexión inmediata, que no nació desde lo lógico, sino desde ese lugar interno donde nada puede explicarse.

Me atrapó. Y con el tiempo entendí que no fui la única. Porque aunque cerraba su mundo con llave, a mí me dejaba entrar. Aunque nunca decía mucho, sus ojos sabían escuchar. Me observaba en los momentos en que yo creía estar sola. Me buscaba sin decirlo, me incluía sin anunciarlo. Como si, sin palabras, hubiera decidido que yo tenía un lugar junto a él.

Éramos el equilibrio que no se anuncia pero se siente. Dos mitades fracturadas que, al encontrarse, no se rompieron más, solo aprendieron a sostenerse. A veces en silencio. A veces con una mirada.

Con los años, Damient se volvió todo. No solo mi amigo. No solo el niño extraño que me fascinaba. Se volvió mi refugio. Mi hogar. Mi guardián en un mundo que, a veces, parecía demasiado grande para mí.

Él era mi ancla.

Y por eso no podía permitir perderlo. Porque esta vez, si lo hacía, no solo me rompería. Me destruiría.

Tenía que protegerlo a como diera lugar. De todo y de todos.

Incluso de mí.

Porque yo era la mayor amenaza en mi propia historia.