Cuentos sucios para chicas buenas. (+21)

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Summary

Cuentos sucios para chicas buenas es una compilación de treinta historias taboo para mayores de edad, en las que encontrarás relaciones consanguíneas y de origen fantasías, como maestro-alumna, secretaria-jefe, plomero-ama de casa, entre otros, también habrá historias MM y FF, entre otros.

Status
Ongoing
Chapters
20
Rating
n/a
Age Rating
18+
This is a sample

1.- No te despiertes.

En este relato encontrarás:

Incesto Papá-Hija.

Consentimiento dudoso.

Leer con precaución.

_________

Mamá falleció hace menos de tres meses, fue un dolor para la familia, un terrible accidente de auto, mamá nunca bebía, pero los estudios arrojaron altos índices de alcohol.

Mis abuelos, padres de mi mamá se alejaron de mí cuando se dieron cuenta que no estaban incluídos en el testamento, todo lo que mi mamá tenía está bajo mi nombre ahora, la casa de la playa, sus cuentas de banco e incluso el mercedes que terminó completamente destrozado.

Gran parte del día, cuando mi mente se aleja a su recuerdo me pregunto por qué lo hizo, por qué condujo sí había bebido tanto.

Ahora es mi padre quien bebe todo el tiempo, ahoga su recuerdo.

Yo asisto a clases para poco a poco regresar a la normalidad, aunque no sé a quién quiero mentir, después de haber sido una familia de tres ahora sin mamá nunca nada volverá a ser igual.

Arrojo la mochila al fondo de mi armario, mañana hay clase de deporte, no me apetece correr bajo el sol, trato de comer adecuadamente pero mi estómago se cierra y no lo permite.

Tomo un vaso de agua y aunque debería ser hasta la noche, tomo mi medicación para dormir.

Camino por la silenciosa casa hasta el cuarto de mis padres, desde que mamá murió mi padre ha dormido en la habitación de invitados, su habitación está como el último día que la dejó, la cama sigue tendida porque siempre lo hacía, decía que tener orden en tu habitación da orden a tu mente, yo me reía de eso, ahora paso mis manos por las cobijas sabiendo que ella fue la última en tocarlas.

Como hoy es un día en que necesito estar cerca de ella, voy a su armario, tomo una de sus batas de dormir y me la pongo, dejo en un esquina mi uniforme del instituto.

Los ojos comienzan a pesarme, me acuesto en la cama de su lado porque su almohada aún conserva su olor, al igual que su ropa.

Siento que alguien entra en la habitación, apenas puedo abrir un poco los ojos, por la medicación me siento pesada pero puedo ver que se ha hecho de noche, la cama se hunde bajo el peso de mi papá, solo puede ser él.

Cierro los ojos y me dispongo a volver a dormir porque la medicación me jala al abismo, soy poco consciente de que unas manos comienzan a acariciar mis piernas, debo estar soñando o debo estar frotándome a mí misma, porque unos dedos mueven mis bragas y comienzan a estimularme, su aliento está en mi cuello, su voz por mi oreja, sus dientes por toda mi piel sensible.

Sus dedos de poco a poco comienzan a adentrarse por mi canal, el gemido que proviene de mi garganta y el dolorcito de la penetración es la que despeja un poco mi sueño, dos de sus dedos están dentro de mí separándolos para abrir mi estrecho canal, la otra me sostiene desde atrás por el cuello haciendo que me arquee y mi cuerpo responda a su tacto.

La claridad viene por completo cuando reconozco su voz y me está llamando por el nombre de mi madre, mi cuerpo se tensa pero esa parte sigue mojándose.

Con un movimiento trato de alejarme, el pánico domina mi mente pero el placer mi cuerpo.

—Sé que no eres real Alice, así que no te marches, déjame tenerte una última vez —ruega.

Su boca deja una estela de besos de camino desde mi cuello, por mi hombro hasta encontrar mi seno derecho, lo mordisquea con delicadeza, pero mi piel es tan sensible que sé que mañana tendré moretones.

La luz de la luna desprende una ligera luz, los ojos de mi padre están brillosos por el alcohol, lo que está pasando no es correcto. Me pregunto si tengo la fuerza física para apartarlo lejos de mí, pero siendo sincera ni siquiera lo intento, puede que esté en shock y por eso no actúe.

Sus dedos comienzan a curvarse yendo a una dirección que me hace querer cerrar las piernas, pero él no lo permite, me mueve dejándome boca arriba, se cuela entre mis piernas y su sombra me cubre, entre el alcohol y la mala iluminación entiendo porque me confunde con mamá, estoy en su lado de la cama, vistiendo su ropa y luciendo como ella cuando era joven, he visto sus fotos en muchas ocasiones cuando mi madre se ponía a discutir que la moda de su juventud era superior a la actual, me gustaba contradecirla porque se apasionaba con el tema pero la verdad es que ella tenía la razón.

Ha dicho que quiere esto por última vez, quizá mañana y el resto de mi vida me arrepienta, pero lo abrazo por el el cuello y dejo que beba mi olor enterrando su rostro en el mío, donde me sigue llenando de besos húmedos que también dejarán huella más que solo en mi piel.

Coloca la punta de su miembro en mi entrada, me reacomodo para abrir un poco más las piernas y así entre con mayor facilidad, mi padre está siendo el primer hombre en tomarme, cada que centímetro a centímetro su piel se desliza dentro de la mía creo que terminará por encajar, pero no es así, es larga y gruesa y me está haciendo apretar los ojos y morderme el labio inferior para evitar llorar.

La mayoría de mis amigas han tenido su primera vez con patanes, con chicos que le cuentan a sus amigos, con hombres mayores que tienen esposas o con muchachos que terminan por dejarlas. Puede que mi padre nunca lo sepa, será un secreto que a nadie diré, me quedaré con la experiencia porque al final de todo me estoy entregando a un hombre que amo y qué se que me ama.

Con delicadeza se retira fuera de mí para volver a penetrarme con todavía más fuerza.

—Estás tan apretada amor —jadea y eso me hace estremecer.

No le respondo porque eso sí que teníamos diferente, la voz, y no solo por el tema de la edad.

Le dejo moverme a su antojo, tomar lo que quiere de mí, aunque se imagine que es ella, no me afecta.

Me da media vuelta y me orilla a ponerme a cuatro patas, me nalguea mientras tira de mi cabello y muerde mi espalda. No creo que los muchachos de mi edad sepan joder así.

Me empuja de los hombros para empinarme, mi culo queda flotando en el aire y mi rastro de lado contra las sábanas, siento nuestros fluidos escurrir sobre mis piernas llegando casi a mis rodillas, si hubiera más iluminación podría tener una vista más amplía pero eso solo intensifica las sensaciones.

Su boca encuentra mi sexo, me bebe como si hubiera pasado décadas de anhelo, me prueba como un experto pero cuando introduce su lengua en mi canal y comienza a penetrarme con ella me corro por primera vez en la noche, me sostiene de mis piernas temblorosas para no perder la pose, los jugos que libero los absorbe con sonidos que llenan la habitación al completo y lo único que provoca es que le siga produciendo más.

Uno de sus dedos va al otro orificio que me tensa, dicen que duele mucho más que por donde ya lo he hecho, si ahí me dolió un carajo no me imagino como será por allí. Comienza a introducirlo, es extraño pero con un solo dedo no es doloroso.

—No pasa nada, si por aquí te encanta —trata de reconfortarme, o por lo menos al recuerdo de ella.

Debería relajarme, pero suma otro dedo y no lo hace con tanta delicadeza, pero cuando es la cabeza de su falo lo que persona, me muerdo el interior de la mejilla hasta hacerme sangre, jamás pensé que perdería ambas virginidades la misma noche y menos aún que fuera con mi padre.

Me sostengo de las sábanas con las manos hechas puño, no puedo controlar las lágrimas que ruedan por mis mejillas y nariz hasta consumirse por el algodón. Su ritmo acelerado me hace saber que pronto terminará. Una de sus manos me estimula el centro de mi placer, que es tanto que me está llevando al límite, el dolor y el placer viene de todas partes que parece que ya no hay nada a lo que pueda aferrar, estoy sintiendo demasiado y me encanta.

—Vente conmigo pequeña zorra. —Me extraña que me hable así, tomando en cuenta que piensa que soy mamá.

Me corro tan fuerte, aún más que la vez anterior mientras siento las descargas de su simiente. Los jadeos que produce pondrían cachonda a cualquiera.

Cuando se ha vaciado por completo sale de mí, su líquido es espeso y caliente, recoge las gotas que se me habían salido y las mete a mi otro canal, al que me preocupa por riesgo de embarazo, hago una nota de ir por la pastilla del día siguiente.

Creo que por ahora ha terminado, pero me equivoco, porque comienza a alternar mis glúteos dándoles palmadas que me hacen remover y provoca que su semilla comience a escurrirse por mis piernas por mucho que trate de alcanzar cada gota y volver a colocarla dentro de mí.

Me toma del cabello y deja mi espalda contra su pecho, mi respiración va acelerada y la tela de la bata de satín rojo de mi madre que se había mantenido enrollada a la altura de mi vientre se desliza de nuevo por mi cuerpo aunque en realidad no cubre nada.

Ladea mi cabeza y acerca su boca a mi oído.

—Al inicio no me di cuenta señorita, pero el placer despeja mi mente, espero que hayas aprendido la lección, la próxima vez que te metas a mi cama vestida como tu madre te partiré el coñito como lo hacía con ella, si es lo que quieres ya sabes a lo que te arriesgas.

Debería salir corriendo, tomar la lección para no volverlo a hacerlo nunca más, en cambio culparé al placer que aún recorre mi cuerpo porque por la postura mi culo queda a la altura de su miembro, así que comienzo a menear las caderas para que esa sea mi respuesta.

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