My Lady

Summary

El dinero no da la felicidad y las protagonistas son un claro ejemplo de esto. Sam es descendiente de la realeza, a sus casi treinta años es una mujer exitosa, admirada por desconocidos y temida por sus empleados. Mon es huérfana, regresa a su tierra natal para intentar reconciliarse con su pasado. ¿Qué pasará cuando ambas mujeres se crucen en el camino de la otra?

Genre
Lgbtq
Author
MartaSnix
Status
Complete
Chapters
57
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

-No lo entiendo -dijo Nop mientras conducía su coche

-No hay nada que entender, tengo experiencia en diseño digital, necesitaban una trabajadora y fui seleccionada -contestó Mon

-¿Pero por qué allí?

-¿Por qué no? Es un lugar tan bueno como cualquier otro

-Está por debajo de tus capacidades, si quieres trabajar podrías…

-Ya lo he decidido, además me he comprometido con esa empresa, no voy a faltar a mi palabra antes incluso de comenzar

-A veces simplemente no te entiendo -Nop miró a su amiga antes de volver la atención a la carretera


Mon se bajó del coche y miró la empresa que tenía enfrente “Diversity” según había leído llevaba casi cinco años abierta, su CEO era una de las mujeres más influyentes de Tailandia, su descendencia de la realeza la hacía salir en revistas cada dos por tres. El protocolo indicaba que a las personas de la realeza debían ser tratadas con el sobrenombre “Khun” que significaba “señora”, y así era como se conocía a la CEO de la compañía, la señora Sam. A sus treinta años era dueña de la empresa y una mujer muy exitosa.

Mon, a sus veinticinco años había leído revistas de ella, en todas se la veía con una sonrisa encantadora y la describían como una persona amable y dulce, un ejemplo a seguir para todas las mujeres. Esa en parte, era una de las razones por las que Mon quería entrar en la empresa, tenía mucha curiosidad por aquella mujer.

Entró en la empresa y fue hacia recepción

-Buenos días, soy Kornkamon…

-¿Señorita Williams? -pronunció una persona en ingles

Mon se giró para ver a una mujer con una tablet en la mano, pudo ver su ficha personal en el dispositivo.

-Mon, por favor -dijo la aludida con una sonrisa

-¿Ella es la nueva? -preguntó otra chica con una sonrisa, se quedó pensando y comenzó a balbucear palabras en inglés

-Hablo tailandés perfectamente -dijo amablemente Mon

-Menos mal -dijo la recién llegada con un suspiro audible

Entre las dos mujeres le enseñaron las instalaciones, le dieron el pase de identificación y cuál sería su mesa. Cuando se sentó en el que sería su mesa escuchó muchos murmullos, miró a sus compañeros con curiosidad

-¿Qué sucede? -preguntó a nadie en particular

-¿No se lo habéis contado? -preguntó Chin

Las dos mujeres, Noi y Yha, negaron mirándose entre sí nerviosas

-¿Qué es lo que debería saber? -Mon las miró a ambas con curiosidad

-Esta es la mesa más cercana al despacho de “lady Boss”, recuerda llamarla así, ella quiere que la llamen “lady Boss” -aclaró Chin-, todos los que se han sentado en esa mesa han sido despedidos.

-Aunque eso no tiene por qué pasarte -dijo Yha

-Tú solo recuerda no hacer contacto visual con ella -insistió Noi

-¿Contacto visual? -Mon los miraba esperando que se tratara de una broma

-Si vuestras miradas se cruzan es una sentencia de muerte -asintió Chin

-Esto es una novatada, ¿verdad? -se rio Mon-. Para poner nerviosa a la nueva

-¡La jefa ha llegado! -la limpiadora, una mujer a la que todos llamaban “tía Mhee” llegó gritando, todos corrieron a sus asientos y se sentaron con la cabeza agachada.

Mon se levantó de su asiento, miró a sus compañeros esperando que estuvieran riendo, incluso tía Mhee fingía estar limpiando con la cabeza gacha.

Unas fuertes pisadas de tacones se escucharon subiendo por las escaleras, cada vez se aproximaba más, Mon se giró para mirar a las escaleras y sus ojos se posaron en la mujer que tenía enfrente, sus ojos eran negros, bajo el lápiz de ojo y la sombras de ojos se apreciaba una mirada dura, pisaba con firmeza en unos zapatos de lujo de tacón fino de la marca Yves Saint Laurent, el vestido que llevaba la hacia verse profesional y elegante, llegaba por encima de las rodillas haciendo que sus piernas parecieran largas. Mon miró sus ojos negros y al instante desvió la mirada sin saber porqué, agachó la cabeza como habían hecho sus compañeros.

Mon se sentía nerviosa, vio como Sam empezaba a andar y deseó que entrara en su despacho para dejar de sentirse tan nerviosa, pero en cambio, notó que se acercaba enfrente de su escritorio y se paraba allí, sin tan siquiera mirarla, sin mirar a nadie en particular, preguntó:

-¿Qué hora es?

Mon sorprendida por la pregunta buscó su móvil, pero antes de que tuviera tiempo de cogerlo, la mujer alzó la voz y volvió a preguntar:

-He preguntado qué hora es

-Las nueve y cuarto -dijeron todos al unísono poniéndose en pie

Mon sintió un escalofrío recorrer su piel, todos miraban al suelo, temblaban, el timbre de su voz era de miedo, ¿era cierto lo que le habían contado? ¿Aquella mujer realmente era tan temible? ¿Todo lo que había leído y visto de ella era mentira?

-En cinco minutos os quiero a todos reunidos, tengo una noticia que daros -dijo lady Boss mientras se alejaba, antes de entrar en su despacho se giró-. He cambiado de opinión, os doy dos minutos, os veo allí -dijo con una sonrisa

Al verla sonreír Mon llegó a pensar que quizás aquella mujer estuviera compinchada con sus compañeros para gastarle una broma, ¿pero tan buenos actores eran sus compañeros? Pero si una jefa hacía una broma como aquella con sus subordinados, ¿no quería decir que era una buena persona? ¿Una jefa amiga de sus empleados? Mon sonrió, por un momento había llegado a creerse que lo que decían de ella era cierto.

Cuando la puerta del despacho de lady Boss se cerró, todos comenzaron a murmurar, muchos corrieron hacia la sala de reuniones

-¿Has visto su sonrisa? -preguntó Yha

-Sí, por un momento… -respondió Mon creyendo que era a ella, pero uno de sus compañeros la interrumpió

-La sentencia de muerte -comentó Chin

-¿Sentencia de muerte? -preguntó confusa Mon

-Solo sonríe así cuando va a despedir a alguien -Noi tragó saliva nerviosa

¿Por qué seguían con la falsa? ¿Hasta qué momento seguirían con aquella novatada? Mon se encogió de hombros, les dejaría seguir y le seguiría la broma hasta que se cansaran. Nunca le habían hecho una novatada, no sabía cuánto tiempo había que burlarse de la novata, pero Mon pasaría por aquella experiencia, después podría reírse con Nop cuando le contara cómo sus compañeros la habían engañado

Yha cogió la mano de Mon y tiró de ella para que siguiera a los demás, todos tomaron asientos en una sala que a Mon le recordó a las de las universidades, la habitación estaba inclinada, habiendo asientos en la parte de arriba e iba bajando para que todos pudieran estar sentados y los de atrás pudieran ver perfectamente. Pero sin olvidar que estaban en Tailandia, no había pupitres ni mesas, solo asientos en el suelo sin lugar donde poder recostar sus espaldas, aunque todos estaban tan nerviosos y agitados que Mon dudaba que se hubieran recostado incluso si existiera la opción.

Mon se sentó entre Yha y Noi en la tercera fila, nadie estaba en la primera y muy pocos en la segunda. Desde su posición, se podía ver perfectamente la gran pantalla de televisor que había en la sala y vería la pizarra que había en el centro de la zona principal. Mon abrió su libreta por si debía apuntar cosas, no sabía de la forma que trabajaban en la empresa y prefería apuntarlo todo para poder repasar sus notas en casa.

Los murmullos y conversaciones se apagaron inmediatamente en cuanto la señora Sam entró en la habitación, sus tacones resonaban en el silencio del lugar, Mon juraría que incluso hacía eco por la habitación lo que le daba un toque más terrorífico con la atmósfera de tensión que había.

La señora Sam comenzó a hablar sobre que en aquella empresa eran una gran familia y Mon sonrió esperando que la broma llegara a su fin y que en ese momento su jefa le diera la bienvenida a la empresa. Sus ojos se fijaron en sus labios mientras hablaba, el rojo resaltaba con la pálida piel y su largo cabello negro.

Mon volvió la atención a la conversación cuando su jefa dijo que no podían tener citas dentro de la empresa, ¿no podían tener citas? Había escuchado que en algunos lugares ponían esa política, aunque le parecía absurda si el trabajo no se veía perjudicado por una relación entre empleados. A nadie más pareció sorprenderle aquellas palabras, aunque todos comenzaron a mirarse los unos a otros y a acusarse. Mon iba a preguntar a Yha qué estaba pasando cuando la señora Sam encendió la pantalla y en ella se veían a dos empleados besarse. Mon se giró y miró hacia donde estaban los demás mirando, otros dos empleados. La mujer estaba llorando, el hombre estaba indignado diciendo que se amaban. De nada sirvió, aquella mujer no se había conmovido por las palabras de la pareja, se mostraba indiferente diciendo que las reglas eran reglas. Sonrió cuando soltó a sus pies el sobre del finiquito.

La sonrisa de la sentencia a muerte, pensó Mon al recordar las palabras de Chin. ¿Entonces era cierto? ¿No le estaban gastando una broma? Khun Samanan Anantrakul era una mujer fría y despiadada como le habían dicho sus compañeros, nada que ver con la mujer amable y dulce que mostraba los medios. ¿Quizás había sido un error volver a Tailandia solo por su deseo de conocerla en persona?