Churros Gratis

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Summary

Basado en el episodio Churro Gratis, de Bojack Horseman, pero adaptado a mis circunstacias personales.

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1
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n/a
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16+

-Paré en una churrería de camino hacia aquí, y la camarera me dijo «¡Hola! ¿Está pasando un día divino?», en vez de «¿Qué tal está usted hoy?». Nooooo. «¿Está pasando un día divino? ». Lo cual es una jodienda, ponerme en la vicisitud de tener que discrepar con ella, como si al no tener «un día divino» lo negativo fuera yo.

Cuando la gente me pregunta qué tal estoy, la respuesta es siempre que hecho una mierda. Pero no puedo hacer eso porque ni siquiera tengo una buena razón para ello. Y si dijera «Hecho una mierda», ellos me preguntarían «¿Por qué?¿Qué te pasa?», y yo diría «Yo que sé», y tal y cual.

Así que cuando la gente me pregunta qué tal estoy, respondo: «¡Pues estoy fenomenal!». Pero cuando la camarera me preguntó si estaba pasando un día divino, pensé: «Puedo decirle que hecho una mierda. Hoy si tengo un porqué». Así que le dije: «Mi madre se ha suicidado», y acto seguido la chica se echó a llorar.

Tuve que consolarla yo a ella. ¡Un coñazo! Y mientras tanto, todo el mundo a mi alrededor me miraba mal por haber hecho llorar a la pobre camarera. Lloraba a moco tendido y decía: «¡Lo siento!¡Lo siento mucho!», y yo consonlándola: «Tranquila, no pasa nada»; que si que pasaba pero había que… consolarla.

Me apetecían churros con chocolate y, como me tenía que ir, pensé que a lo mejor si le daba menos a la lagrimilla y al pedido más vidilla…

Finalmente la chica se secó las lágrimas para, a continuación, decirme que la casa me invitaba a los churros. Cuando me iba pensé: «Me han dado churros gratis por morirse mi madre». Nadie te cuenta que cuando tu madre se muere te dan churros gratis.

Ejem, perdón. Esto no era lo que yo iba a… En fin, acabemos con esto. Gracias a todos por venir al funeral. Un poco más y habríais tenido que venir también por mí. ¡Aquellos churros estaban para morirse!

-Coff, coff...

-¡Eh! Tío del público, ¿qué tal una bienvenida?

-No creo que estemos...

-¿¡De qué estás hablando!? ¡Haz lo que acordamos!

-Ay… ¡Wuuuuuuu!

-No ha sido tan difícil, ¿verdad? Veamos, ¿qué puedo decir de mi madre?

Era rubia. Nació en 1970. Podría decir que tuvo una buena vida, pero mentiría. Su padre le pegaba, así que se marchó de casa a los 15 años. Pasó un tiempo en la calle, pero consiguió trabajo, fue a la universidad, se enamoró y me tuvo a mí. Una bonita historia… si no fuera por cómo acabó.

Oye mamá, ¿te ha gustado cómo he resumido tu historia?¿Nada?¿Estás muda? A lo mejor le falta el aire. Mamá, golpea el ataúd dos veces si quieres que abramos la tapa. ¿No? Tú misma.

Ella quería que la incineraran pero, total, no me respetó. ¿Por qué iba yo a hacerlo a ella?

Mi padre murió cuando yo tenía 17 años. También se suicidó. La noche anterior había tenido una discusión importante con mi madre. Al día siguiente yo fui a su casa para hablar con él. Llamé a la puerta, pero no respondía así que me colé por una ventana. Recuerdo que lo primero que vi fue una mancha de sangre en el pasillo. Lo llamé pero solo había silencio. Seguí el rastro de sangre hasta la cocina. Allí lo encontré colgado con las venas abiertas. Solo dejó una nota: «Si esto es lo que quieres, aquí lo tienes».

Aquella noche yo le había pedido a mi padre que se disculpara con mi madre. ¡No porque estuviera de su parte, sino porque me dolía verla así! Y no pude evitar pensar que esa nota era para mí.

Ella siempre se castigó. A todas horas se lamentaba. «¡Por qué tuvo que dejarme esa nota!»

Yo intentaba consolarla diciendo que no era para ella, pero no escuchaba. Al final, desistí. A veces me pregunto si ese abandono progresivo fue lo que la llevó a quitarse la vida.

Mamá, da dos golpes si te hice sentir abandonada y que ya no me importabas.

Ay… La verdad es que me cogió totalmente por sorpresa. Yo estaba volviendo de clase, extrañamente de buen humor, escuchando mi música. No esperaba ni de lejos abrir la puerta de la casa y encontrar una mancha de sangre en el suelo. Ni que decir que inmediatamente tuve un flashback. Lo seguí por el pasillo. Había cristales rotos, y cuando miro hacia al baño,la veo ahí ahorcada. Es una imagen que nunca se me borrará.

Y no dejo de repasar la noche anterior, ¿sabéis? ¿Qué hice?¿Hice algo malo?¿Fue algo que dije? Ultimamente teníamos muchas discusiones, pero esa noche no sucedió nada. De hecho, pasamos un buen rato viendo una serie.

Seguro que la conocéis. Se llama Evil.

-Coff, coff…

-En fin, trata sobre un cura, una psiquiatra forense y un científico que intentan resolver supuestos casos paranormales, como posesiones, casas encantadas y demás. La gracia estaba en que, aunque resolvían los casos, siempre te dejaban pistas sin resolver que te hacían dudar de si era algo paranormal o no. Además tenía otras tramas, como una poderosa atracción sexual entre el cura y la psiquiatra o que una de las hijas de ella podía ser un demonio capaz de destruir la civilización.

Llevábamos tres años viéndola y estábamos emocionados porque esa noche por fin era el final. Sin embargo, y lo siento, voy a tener que decir algunos spoilers, por si alguien la está… viendo; resultó ser una mierda.

Fue muy abrupto y muchas dudas y problemas que se plantearon a lo largo de la serie se quedaron sin resolver. ¿El cura y la psiquiatra terminan juntos? La niña sigue siendo un demonio pero, ¿lo sabe la madre?¿Terminará destruyendo el mundo?

A veces me pregunto si esa fue la razón por la que mi madre se suicidó. Cuando la gente me pregunte por la serie, puedo decir: «Tiene un final tan malo que te dan ganas de suicidarte.»

Eh, David, ¿qué tal unas risas enlatadas cada vez que hago un chiste?

-La aplicación no funciona…

-¡Pues riete tú! Ya ves qué difícil.

-Pero…

-¡Hazlo!

-Ja.Ja.Ja.Ja.Ja.Ja.Ja.Ja.

-¡Qué cutre! Déjalo. Ya sigo yo.

Me da mucha rabia que ahora tenga que pasar por lo mismo otra vez.

Cuando alguien que quieres se suicida, te enfadas con esa persona. No es como si la atropellan o muere por una enfermedad, en cuyos casos puedes culpar al conductor, a la vida o a Dios.

Que un ser querido se suicide significa que te ha dejado de lado. Significa que esa persona ha mandado al infierno todos tus esfuerzos, todas las veces que le dijiste «te quiero», todos los malos días que te quedaste para consolarle, todas las noches en vela que pasaste buscando maneras de ayudarle.

Eso es vivir un suicidio. Sentir que ha preferido morirse antes que estar contigo.Y no puedo expresar el sentimiento de abandono e impotencia que eso te deja. Seguro que hay alguna palabra en alemán para ello.

Veréis, lo que tiene este tipo duelo es que constantemente te preguntas porqué lo hizo.

Sabía que ella quería morir, pero no sé porqué decidió hacerlo aquel día. ¡Es algo a lo que no paro de darle vueltas! Podría haberlo hecho unos días antes, cuando discutimos, ¡pero no! Decidió hacerlo cuando aparentemente todo iba bien.

No dejo de buscar señales. Posibles pistas que se me pasaran por alto… pero todo apunta a que fue improvisado.

Podría haberse cortado las venas con uno de los muchos cuchillos que teníamos en la cocina, pero en su lugar reventó una botella de vino y se cortó con los restos. También podría haberse ahorcado con el cinturón de su albornoz. ¡Estaba en el baño a plena vista! Pero lo que hizo fue improvisar una cuerda con varios paños.

Ni siquiera la nota parecía premeditada: «No te culpes. Sé feliz. Yo no puedo seguir viviendo así. Perdóname. Te quiero mucho.»

[JAJAJAJAJAJAJAJA]

-¡Lo he arreglado! Sólo había que desintalarla y...

-¡Ahora no! ¿Quieres?

Mamá, si tanto me querías, ¿por qué me hiciste esto? ¡Tú me enseñaste «trata a los demás como te gustaría que te tratasen a ti» y te lo pasaste por el forro!¡Podrías haberte ahorcado en un árbol o tirarte a la autopista, pero no!¡Tuviste que hacerlo en nuestra puta casa igual que papá! Así que, ¿sabes qué? ¡Que te den! David, prepara eso. Vamos a hacerlo.

-¿Lo de conquistar Gibraltar?

-¿¡Qué!? ¡No! ¡Lo de los chistes!

-Ah, eso tiene más sentido.

-Ejem… ¿Qué tienen en común un ordenador viejo y mis padres? Que los 3 se quedan colgados.

[JAJAJAJAJAJAJAJA]

-Otro más. ¿Cuál es la diferencia entre Star Wars y la vida de mi madre? Que Star Wars no se ha terminado.

[JAJAJAJAJAJAJAJA]

-¡Venga, otro! El último, ¿eh?

¿Cuál es la diferencia entre una estudiante de biología y mi madre? Pues que una estudia los zorros… ¡Y la otra es una puta zorra!

Sí, puede que me haya pasado. Tal vez me haya pasado con lo de «Mi madre es una zorra» y eso. Perdona, madre. No eres una zorra. Fuiste una gran zorra.

Y sé lo que estais pensando. «¿¡Cómo puede hablar así de una madre!?» ¡No tenéis ni idea de lo que me hizo pasar esa mujer!

Tengo un millón de recuerdos sobre cada vez que decía que yo no tenía ni el humor ni el carisma de mi padre; cada vez que me decía algo horrible para luego disculparse y, días después volver a hacerlo; cada vez que tuve que oir cosas desgarradoras de su boca cuando se emborrachaba y cuando se enfadaba por decirle que bebía demasiado; y cada vez que decía que mi dolor no era para tanto, que no era tan duro como perder una pareja…

Ufffff. Os contaré una historia.

A mi madre le costaba salir de casa, así que yo salía a hacer muchos de sus recados. En una ocasión fui a sacar dinero de su cuenta. Eran 100€.

Cuando introduje su tarjeta en el cajero e indiqué la cantidad que quería sacar, se quedó trabado, así que fui a otro. Por el camino me llama ella: «Me ha llegado un mensaje del banco. Veo que ya has sacado el dinero». Cuando le dije que no lo tenía por lo que había sucedido, va y me suelta: «¿¡Qué me estás diciendo!?¡Ve corriendo para allá!¡Ni se te ocurra perder ese dinero o me harás una desgraciada!»

Tras una carrera, regresé al banco. La banquera tenía guardado el dinero. Resultó que ese cajero tardaba más de lo habitual en soltar los billetes y lo que me había sucedido a mí, pasaba todos los días.

Pero me dolió mucho que mi madre me dijera que la iba a hacer «una desgraciada» por perder un poco de dinero. Después de todo lo que habíamos pasado, ¿cómo podía decir eso? Al día siguiente le conté cómo me hizo sentir y, ¿sabéis cuál fue su respuesta?

«Pues no deberías sentirte así»

Ahora imaginaros historias como esta durante ocho años. ¡Se merece cada sílaba que estoy diciendo aquí! Se podría decir que es un castigo por todo lo que me hizo pasar.

Ay… Y sin embargo, pese a todo esto, no puedo evitar sentirme culpable. Y no es por no dejar a mi madre descansar en paz, es que no dejo de pensar en si podría haber hecho algo por evitar que se suicidase. Yo estaba tarareando una canción mientras mi madre se desangraba en el baño.

Sé que no tiene ningún sentido. Yo no lo podía haber sabido. ¡Es más, seguramente ella lo habría hecho más adelante!¡Mi parte racional lo sabe! Pero mi parte emocional no puede evitar sentir que podría haber hecho algo más. ¿Y si me hubiera quedado?¿Y si la hubiera llamado antes?

Unos días antes tuvimos una discusión, ¡pero lo arreglamos! ¿Y si fue por eso?¿Y si aparentó que todo estaba bien pero seguía dándole vueltas al asunto?¿Acaso le dije algo que le hizo tomar la decisión?

No lo creo. Llevaba días sin dormir, se quejaba de que las pastillas ya no le hacían efecto; empezó a beber más… Seguramente fue la combinación de todo esto lo que hizo que aquel día se le cruzaran los cables.

Jeje, ¿veis? Aún sigo intentando averiguar porqué se suicidó. No lo puedo evitar.

Me llevó siete años detener esta espiral con mi padre.

Tras su suicidio, conocí a varias personas que intentaron suicidarse y les pregunté porqué lo hicieron, pero cada una me decía una cosa distinta: «Me sentía un objeto», «Nadie me trataba como un ser humano», «Solo quería acabar con mi dolor», fueron algunas de las respuestas.

Un día, durante una cita de Tinder, la chica me dijo que tenía instintos suicidas. Yo le pregunté porqué y su respuesta fue: «Tengo trastorno bipolar. Simplemente, me da por ahí». Y en ese momento algo hizo clic en mi cabeza. Me di cuenta: nunca voy a saber porqué mi padre se suicidó.

En cierto modo, la vida de mis padres es como Evil. Una historia que termina abruptamente y con preguntas que nunca tendrán respuesta.

Vereis, lo terrorífico de que tus dos padres se suiciden es que te planteas la posibilidad de llegar a hacerlo tú también algún día.

En algunos momentos, mientras conducía, he visto un camión pasar cerca de mí y me ha dado por soltar el volante durante unos segundos. ¡No sé cómo explicarlo! Es como estar hipnotizado. Sentía… una especie de indiferencia absoluta. Pensaba «Ojalá se estrelle contra mí». No es que buscara morir, pero, veces siento que, si llega a suceder, no me importaría. Espero que esto sea lo más cerca que esté nunca de entenderlos.

A ver, quiero que quede claro: no quiero quitarme la vida, ¡ni de lejos! Pero, ¿y si algún día, dentro de 15 o 20 años, termino tan jodido como para planteármelo? La depresión y la ansiedad son hereditarios, ¿y si el suicidio también?

-Ooooooh, ven aquí. Dame un abrazo.

-¡Apártate!¡Ni se te ocurra abrazarme! La última persona que me abrazó fue la camarera, y quiero que siga siendo así.

Tengo que ser sincero, no terminé de contar su historia.

Cuando me trajo los churros, la chica me dijo que hace unos años había intentado suicidarse, pero cuando despertó en el hospital y vio la cara de angustia de su familia, se sintió tremendamente avergonzada. «¿Cómo podía hacer tanto daño a las personas que más quería?», pensó. Desde entonces, se ha esforzado cada día por ser mejor. Empezó a ir a una psiquiatra, hace ejercicio, habla con sus amigos...

Dice que no es fácil, que a veces siente que está a punto de caer, pero que ha llegado a un punto de no retorno: ya no lo hace por su familia, sino por sí misma.

¿¡Por qué mis padres no pudieron pensar eso!? ¡Por el amor de Dios, soy tu hijo! Sólo te tenía a ti.

Hace poco vi en Reddit un post de un chico cuya novia se había suicidado. Él lamentaba que ella no le había dejado ninguna nota. «¿Por qué no me dejó nada?¿Es que acaso le importaba tan poco como para no dejarme una mísera despedida?¡Me habría valido algo!¡Cualquier cosa!», decía.

Y como alguien que ha vivido ambos extremos, una nota vengativa y otra “cariñosa”, puedo decir que da igual lo que diga la otra persona, o si te deja una nota o no. Siempre te vas a enfadar con ella por haberte abandonado, por hacerte sentir insignificante.

-Perdona por interrumpirte, pero, en serio, creo que tenemos...

-¡Joder!¿¡Te quieres callar!?¿¡No ves que estoy despidiéndome de mi madre!¡Es mi última oportunidad!¿¡Es que quieres hacerme un desgraciado!?

Dios mío…

Durante todos estos años no he dejado de oir hablar sobre el perdón, sobre que es la única forma de alcanzar la paz. Yo no estoy de acuerdo.

Tras aquella cita de Tinder, todo cambió para mí.

Comprendí que mi padre probablemente se sentiría muy culpable por habernos causados tantos problemas por sus deudas y el hecho de estar sin trabajo lo haría sentirse un inútil. Sumándole el alcoholismo, inevitablemente llegaría a la conclusión de que estaríamos mejor sin él. No había nada que yo pudiera hacer.

A partir de entonces, viví mucho más tranquilo. Menos enfadado, ¡y es que ahí está la clave! No en perdonar, sino en entender.

No sé si algún día podré perdonar a mis padres. Lo que sé es que no quiero ser como ellos. Quiero ser mejor que ellos. Y por algún lado hay que empezar. Venga, mamá, vamos a incinerarte.

-Por fin lo encuentro.

-¿Quién es usted?

-El encargado del crematorio. Como no venía, procedimos a hacer la incineración. Tenga. He puesto a su madre en la urna más bonita que teníamos.

-¿Pero qué…?¿¡Por qué aquí sólo hay veteranos de la Guerra Civil!?

-¡Es lo que intentaba explicarte!