Una Vela, Un Teléfono Fijo Y Un Peluche by Annia at Inkitt
Customize readability
Aa

Una vela, un teléfono fijo y un peluche

All Rights Reserved ©

Summary

Una vela encendida, un teléfono que suena en mitad del silencio, un peluche abrazado con fuerza. Tres objetos que iluminan la noche más oscura de dos vidas entrelazadas: la de una madre y la de su hija. Un relato íntimo y brutalmente honesto sobre el dolor, el miedo y el amor que se aferra con uñas y dientes para no dejarte ir.

Genre
Drama
Author
Annia
Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

1. Una vela

Lunes 18 de junio de 2018. 20:19 h.


Cerré la puerta del pequeño estudio con el mismo gesto cotidiano de siempre, solo que aquella tarde la quietud fue distinta, más nítida, casi líquida. Dejé las llaves en la mesita de la entrada, me descalcé y caminé hasta el baño. Abrí el grifo de la ducha y dejé que el agua templada cayera sobre mi cabello, acariciara la nuca, resbalara en silencio por la espalda. Moví los dedos entre los mechones con la lentitud con la que se acaricia algo frágil. No encendí la tablet, ni puse de fondo ninguna serie como solía hacer siempre; el rumor del edificio bastaba, un murmullo apagado que subía por las tuberías.


Al salir, me sequé despacio, me puse el pijama de algodón y busqué la vela de Fruit Company con olor a mora. La encendí, la llama se curvó con suavidad y dejó escapar un aroma dulce, un poco ácido, que llenó la habitación. Era junio, sin embargo dentro no hacía calor, quizá porque la única ventana estaba arriba, casi pegada al techo, y apenas dejaba pasar la luz sucia de la tarde.


Apagué el iPhone, lo deslicé dentro del primer cajón de la mesilla y lo cubrí con un cuaderno viejo. Después fui a la cocina, llené un vaso de agua y regresé a la mesilla, esta vez al tercer cajón. Allí, al fondo, la bolsa donde llevaba meses guardando los blíster. La tomé con cuidado, como si fuera de cristal, y volví a la encimera. Coloqué un plato de postre blanco y, una a una, fui vaciando los comprimidos, retirando los envoltorios ya vacíos a un lado. El sonido de cada pastilla golpeando la porcelana formó una lluvia menuda, constante. Me concentré en la coreografía, respirando hondo. No había nervios ni temblor, solo una serenidad extraña, redonda, que me abrazaba el pecho.


Cuando terminé, el plato parecía un pequeño mosaico pálido. No las conté, aunque más tarde supe que serían unas ochenta y cinco. Con la misma calma con la que se sorbe una infusión caliente, las fui tomando, una tras otra, ayudándome con tres vasos de agua. El líquido arrastraba cada píldora y me dejaba en la lengua un regusto químico que mezclaba amargor y alivio.


No recogí nada. ¿Para qué? Apagué las luces y regresé al dormitorio. La vela seguía encendida, la llama temblaba apenas, proyectando sombras violetas en las paredes. Me senté en el borde de la cama, sentí el algodón fresco de las sábanas en los muslos y, al recostarme, exhalé un suspiro largo. Estaba tranquilo, feliz incluso, como si al fin hubiese dado con una puerta secreta que solo yo pudiera cruzar. Pensé en mi madre, en sus ojos duros cuando se enfadaba, en la pena que quizá vendría después. Pensé en la gente que me quería, en lo que dirían: que me había rendido, que era un cobarde. Sin embargo, no podía más, y esa certeza me llenaba de una dicha serena, infantil, la promesa de un descanso que por fin llegaba.


Alargué el brazo hacia la almohada, cogí y abracé a Mickey, mi peluche de siempre, el que me había acompañado desde niño. Su tacto, familiar y suave, se acomodó entre mis brazos como si también él supiera que era una noche especial.


No apagué la vela.


Me arropé en silencio, y me dejé caer dentro de mí mismo.

Por fin, iba a dormir de verdad.


Me fui durmiendo, era como ir bajando por una escalera de peldaños invisibles, uno a uno, muy despacio.

Todo el cuerpo se iba apagando. El pecho pesaba menos. La cabeza, más.

Hasta que, de pronto, aparecío un pitido.


Insistente.

Agudo.

Molesto.


Un zumbido desagradable que se clavaba, como un mosquito dentro del oído.


No entendía que era. No sé si lo estaba soñando o era real... Pero sonaba, sonaba sin parar...


Abrí los ojos con esfuerzo. Todo me costaba. Todo se sentía lejano, como si ya no estuviera del todo en ese cuerpo.

Me giré. Intenté escuchar mejor.


Y entonces lo reconocí: era el teléfono fijo.


Mierda.


Se me había olvidado apagarlo.


Apagué el móvil, sí. Pensé en todo eso. Pero no contaba con el maldito fijo.


¿Quién sería?


Intenté incorporarme. Me costaba. Las piernas me temblaban.

Sentí el suelo frío, aunque ni siquiera supe si era frío de verdad o era solo mi cuerpo fallando.

Me apoyé en la pared para no caerme. Resbalé un poco con los pies descalzos.

Cada paso era un esfuerzo.

Lo bueno —y lo triste— era que el estudio era tan pequeño, apenas veinte metros cuadrados, que llegué rápido hasta la mesita de la entrada.

Allí estaban las llaves. Y el fijo.

Lo cogí.


Y, sin pensar, descolgué.

Ni siquiera supe por qué lo hice.

Y entonces... su voz.


—Antuan...

Sonó rota, desesperada, cargada de miedo.


—Antuan, ¿qué tal estás?

—Antuan, no he conseguido hablar contigo...


—¿Estás bien?


Tragué saliva.

Intenté hablar, aunque la voz me salió espesa, como si no fuera mía.

—No te preocupes, mamá. Estoy bien. Solo me eché la siesta.


Silencio... un silencio largo y denso.


Fue como si él, en ese momento exacto, lo entendiera todo.

—¿Dónde estás?

—Voy para allá.


—¿Qué has hecho?


—Dime qué has hecho...


—Mamá, no vengas. Por favor. No vengas. Déjame hacerlo.

Mi voz tembló, pero no de miedo. Tembló porque ya no tenía fuerzas.


—Aguanta. Por favor, aguanta.


—Quédate despierto, Antuan. Voy.


—Voy para allá.


Y colgó.


El clic seco del auricular me atravesó.

El silencio volvió a llenarlo todo, denso, hiriente.

Ella lo sabía. Ya lo sabía...


Por primera vez sentí pena por mi madre, una punzada limpia que se abrió paso entre la somnolencia. Imaginé su cara, esa mezcla de rabia y miedo que solo ella sabía poner. Supe que esto le dolería, que tal vez la rompería de un modo al que no supe si podría poner nombre. Solo esperé que algún día, de algún modo, pudiera perdonarme.


Aún con Mickey bajo el brazo derecho, el teléfono fijo apretado en la mano izquierda, dejé que las piernas cedieran. Primero me senté, el suelo era duro pero todo latía despacio, como si la habitación respirara conmigo. Luego me tumbé. La vela seguía encendida sobre la mesilla, la llama se estiraba, se encogía, proyectaba sombras violetas que bailaban en el techo.


Cerré los ojos.


Esta vez dormí, de verdad.

Pena por mi madre, sí, y al mismo tiempo un alivio hondo, casi dulce.

Fue una mezcla extraña, imposible de separar, pero solo un pensamiento se impuso, claro como un cristal:


Ojalá no llegara a tiempo.

Let Annia know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

Charly's Weihnachten

T.M: Ich kann es gar nicht anders sagen also ich liebe diese Geschichte einfach. Sie hat für mich einfach alles was es braucht. Sie hat mich einfach mitgenommen auf eine echt schöne Reise. Danke❤️

Read Now
Destino Secreto

Karin Rogowski: Gut geschrieben und beschrieben. Die Charaktere und Situationen sind stimmig und nehmen einen gefangen. Mich hat das Buch ab der ersten Zeile fasziniert, genau wie die anderen Bücher davor. Sehr guter Schreibstil und eine sehr gute Übersetzung, nebenbei bemerkt. Dankeschön, dass Du Deine Bücher ...

Read Now
My Playboy Roommate

luisasabato: Spitze! Sehr zu empfehlen und hoffe auf ein Happy End

Read Now
Purple Heart

Jill Potrykus: Love multiple books by this author.

Read Now
 Mehrfach zurückgewiesene Gefährtin

ceawlin_57bwwa: Für alle die auf Herz Schmerz Geschichten stehen. Gebrochene Frau trifft Alpha der nur das Beste will, aber keine Ahnung hat wie man mit Jemand verletztem umgehen soll.

Read Now
Off limits to fate, My Alpha, my sin

Susan Morris: I liked the flow of the story.

Read Now
Les fondations du Désir - Tome 1

Anne-Marie Janelle: J’aime bien l’intrigue. Un roman passionné et partageant les valeurs familiales.

Read Now
The Grumpy Next Door

lfayenrock: This book was absolutely great. I loved the fact that it was short, easy to read and complete. Look forward to reading more of your books. Thank you!

Read Now
Buried Alive

Heather102800: Any woman who has had a baby can relate to the hormone spikes, my husband came home from work to me crying because I couldn’t open a can of tuna

Read Now