Manjares prohibidos
A veces me pregunto si Dios realmente existe, o es una simple creación del hombre como si así pudieran tener la conciencia tranquila, para poder limpiar su alma del pecado.
La utilizan como excusa porque se sabe que el alma no se puede ya purificar una vez ha sido manchada. Aún así levantan iglesias y crean oraciones para esconder el miedo al castigo por pecado y lo entierran tan profundo que nadie, ni uno mismo puedan toparse con él.
Yo no tengo miedo, bueno tal vez un poco porque acabo de encontrar a Dios y el hecho de que lo he encontrado echo un ovillo, acurrucado en el rincón más vacio y solitario que se puede encontrar en un corazón.
En mí corazón.
Susurra muchas cosas, siempre está susurrando y nunca para, no me da un solo segundo de silencio.
Silencio.
Hace mucho que no lo aprecio pues siempre hay ruido, no hay paz. Antes podía olerlo y me encantaba saborear su acidez, era prácticamente adictiva. ¿Alguien se puede volver adicta al silencio?
Creo que me he vuelto loca, ¿o ya lo estaba?. No lo sé, es raro.
¿El qué?
Todo.
¿Y si todos están locos y yo soy la única cuerda?
No lo creo.
A veces pienso que el diablo me posee. Él tampoco calla y entre los dos me producen migrañas.
Debería ir al médico.
¿Para qué?
Debo preguntar qué me pasa.
Pero si ya lo sabes
No, cállate.
A veces pienso muchas cosas a la vez y es abrumador porque siento que me asfixia, tengo dos manos que me aprietan y rodean el cuello y me asusta, pero me aterra más no sentir nada.
Lo amas.
Es como un gran vacío, como si no tuviera nada en el interior, pero hay dos tipos de sentir el vacío. Aquel que parece que te han abierto las entrañas solo para llegar a la caja torácica quitando hueso y pedazos de músculos ensangrentados separarla y coger mi corazón latente, arrancándolo de mi ser como sino perteneciera a mi cuerpo.
¿Cómo se sentirá la sangre?¿Qué sabor tendrá la sangre?
Luego está el vacío existencial, aquel en donde tus sentimientos mueren pero nadie te arranca el corazón para ello, simplemente late sin sentido alguno. Desaparecen las voces, las preguntas, el miedo, todo y te conviertes en peso, en un peso que respira y pestañea de forma automática.
Contrólate.
Lo tengo todo controlado.
Mentirosa.
Tengo un pellejo en el labio y tiro, tiro de él hasta que al final se forman micropuntos de sangre, sabe a hierro. Siempre lo hago, es ya un hábito igual que morderme las uñas, están horribles pero no me importa, nunca me ha preocupado mi aspecto, lo que hace que me gane miradas raras. Mi cabello rebelde, las ojeras y la cara de asco que me acompaña no me ayuda. No entiendo por que tengo que agradarle a otros seres miserables que buscan “ un camino” en la vida, “ un sentido” que no existe.
Siempre he estado sola y nunca me ha importado, no quiero más voces a mi alrededor. Lo único que me apetece es matar a todo el mundo, que todos cierren sus bocas y dejen de decir estupideces, que se callen. Quiero encontrar mi vacío existencial y que el mundo se silencie. El silencio es bello.
No no no eso no, olvida lo que has leído, no pretendía contarte eso.
Pero lo has hecho.
Yo……. Quiero……
Sangre, músculo….
Quiero poder escucharme a mi misma.
No huyas de tu naturaleza
Déjame en paz.
Soy parte de ti.
No lo eres.
Soy tú.
NO, CALLETÉ, VETE. DEJAMÉ POR FAVOR.
¿Quieres librarte de mí?.
Sí.
Sabes cómo.
No, no lo sé.
Sí que lo sabes, solo que no lo aceptas.
No.
Solo dílo.
Vete.
Es parte de ti.
NO. NO NO, que me dejes en paz.
Dilo.
Matando.
Y ambas sabemos que te encanta.
No. Lo necesito, lo quiero.
Te encanta. Eres una experta.
No lo soy.
El cadáver de la cocina no opina lo mismo.
¿Qué?
El olor a hierro se introdujo en mi nariz y se expandió por todo mi ser, tocando tendones y fibras. Algo cambió, todo cambió, se removió. Quería más de eso, me satisfacía con tan solo olerlo. Así que lo seguí. Mis piernas se movían solas, no parecía yo, ¿o tal vez siempre había sido esa persona, ella?? Me gustaría decir que estaba mareada, que actuaba bajo los efectos de una droga pero me sentía más lúcida que nunca más viva.
La puerta se detuvo ante mí, la cocina, de ahí provenía aquel delicioso olor. Sentí como la boca se me hacía agua. Y descubrí el silencio, me tiré de cabeza y sin cuerda hacia él.
La nada. Vacío existencial.
Entonces, solo entonces me permití sonreír y me sentí genial . Ella había callado porque ahora yo era ella. Apoyé la mano sobre el frío pomo de la puerta , sabía que tras ella me sentiría completa. Lentamente abrí el muro que me alejaba de aquello.
Me quedé sin respiración.
Era tal y como lo había imaginado siempre. Mi cuerpo temía moverse por si arruinaba tal belleza. Las pareces anteriormente blancas y ahora de tonos carmesí le daban un toque dramático a la escena y olía genial.
Alguno aparatos de cocina fuera de su sitio eran los únicos símbolos de pelea pero tan solo hacían más arrebatadora semejante obra de arte. Entonces los recuerdos me invadieron, la adrenalina cuando vi el miedo brotar en esos preciosos ojos azules, ver como luchaba en vano por salvar su vida, la excitación de perder la cuenta de las veces que la había golpeado contra la pared y la mesa por igual.
La tensión en mis músculos cuando enrolle mis manos en su cuello y la relajación de estos al sentir su vida esfumarse y desaparecer como si de polvo se tratase.
Era la protagonista de mi cuadro y por supuesto que debía ser atractiva, había elegido bien, la muchacha era divina, ¿tal vez no tendría que haberla golpeado tanto? Así su rostro no estaría tan desfigurado. Tampoco me gustaba su postura , no parecía cómoda y yo buscaba armonía, era lo único que me chirriaba, ¿por qué no podía haberse muerto “en bonito”?.
Le faltaba algo, toda obra de arte necesita una firma de su autor. Sobre la pared dejé mi marca, no necesitaba de rotulador, la sangre sería más que suficiente.
Llevé la gota restante a mi labio inferior. En el momento en que mi lengua tocó aquel exquisito manjar supe que no había vuelta atrás, que me había enamorado de su saber, de sus matices. Una adicta de la sensación. Quería más. Siempre quería más. Pero no solo sangre, lo quería todo, quería darme un banquete con mi propio arte.
Había perdido el norte, la razón, todo control, pero me sentía yo misma anhelando aquel corazón y lo que me rodeaba.
Me sentía tan malditamente hambrienta……..
The end.