Las Crónicas de Narnia. Scrubb y los Reyes de Antaño en la Travesía del Viajero del Alba

Summary

La aventura continúa, Edmund Pevensie y su hermana Lucy regresan a Narnia junto con su primo Eustace Scrubb y su amiga Hailey Montclair. En esta nueva aventura, se embarcan en un viaje a bordo del Viajero del Alba, un barco comandado por el rey Caspian. Su misión es encontrar a los siete lores perdidos del reino y restaurar la paz en Narnia. El viaje no solo está marcado por peligros y criaturas mágicas, sino también por tensiones personales. Anya Montclair ahora trabaja como guía del rey Caspian y reina a su lado. A lo largo de la travesía, Anya y Edmund se reencuentran, pero su relación está afectada por una falta de comunicación y las inseguridades de ambos. Edmund, quien aún guarda sentimientos por Anya, lucha con su miedo al rechazo, mientras que Anya, aunque también lo quiere, se siente insegura debido a su rol en Narnia y los cambios vividos en su tiempo lejos de casa. Ambos deben enfrentar sus miedos para superar las barreras que los separan. A medida que el grupo avanza en su misión y enfrentan retos en Narnia, Edmund y Anya finalmente logran comunicarse sin temor, fortaleciendo su vínculo y dándose cuenta de que, para estar juntos, deben aprender a confiar el uno en el otro.

Genre
Fantasy
Author
EGIA06
Status
Complete
Chapters
11
Rating
n/a
Age Rating
16+

La vida fuera de Narnia

Cambridge, Inglaterra, 1944

Una fresca mañana de verano, Edmund Pevensie se encontraba haciendo fila para enlistarse en el servicio militar. El pecoso consideraba que no había nadie más calificado que él para ir al ejército, especialmente si se tomaba en cuenta su alta experiencia librando batallas en Narnia.

Al ser su turno, el chico se irguió para parecer mucho más alto y puso una mirada de seriedad. El soldado frente a él observó al chico de pies a cabeza antes de preguntar:

— ¿Seguro que tienes 18?

— ¿Por qué?, ¿Cree que soy mayor? — preguntó Edmund al soldado frente a él, en su voz había seriedad también por lo que esta vez el soldado extendió la mano pidiéndole su registro y sin titubear el chico le entregó el de su tía Alberta con quien él y Lucy vivían ahora.

Los padres de los Pevensie habían optado por irse a Estados Unidos, pero al no poder solventar los gastos para llevar a los cuatro chicos, habían optado por llevarse a Susan que se encontraba en el punto de su vida donde era considerada la belleza familiar.

Peter por su parte se había ido a la casa de campo del profesor Kirke para tomar clases particulares con el mismo y así poder darle una vida mejor a su prometida, Hailey Montclair, la pelirroja por su parte había decidido convertirse en estudiante de enfermería, pero eso no le impedía visitar a los menores Pevensie en casa de los Scrubb.

— ¿Alberta?, ¿Alberta Scrubb? — preguntó el soldado en voz alta, sabía que el chico trataba de verle la cara de tonto.

— Es un error tipográfico, debería decir Albert A. Scrubb.

— ¡Edmund! — se escuchó la voz de Lucy desde atrás y el pecoso se giró a verle. — ¿No ibas a ayudarme con las cosas?

Edmund se giró al soldado, mientras los demás hombres que esperaban en la fila detrás de él comenzaban a burlarse. El hombre le entregó el registro de regreso a Edmund y este se giró para irse con Lucy, sin embargo quien estaba detrás de él le tomó de la boina diciendo:

— Más suerte a la próxima, niño.

Edmund caminó con Lucy hasta la salida, iba avergonzado y molesto, sabía que había combatido peores guerras y había salido vencedor. La niña por su parte no pudo hacer más que rodar sus ojos.

— ¿Niño? Me lleva apenas dos años — dijo Edmund tomando las cosas que Lucy traía, como todo buen caballero. — Soy un Rey, he peleado guerras y dirigido tropas.

— No en este mundo — dijo Lucy. Edmund extrañaba a Narnia más que todos, se había cerrado en sí mismo desde la última vez que vio a Anya.

— Sí, aquí estoy varado para combatir contra Eustace Clarence Scrubb, si es que alguien se merece ese nombre — Edmund miró a Lucy que pasaba su mano por su cabello dejándolo atrás de su oreja, le miró extrañado sin entender porque la menor lo hacía. — ¿Qué estás haciendo?

— Nada, vámonos — contestó Lucy con las mejillas sonrojadas, la chica se había quedado viendo a un soldado que conversaba con una muchacha hermosa y no pudo evitar copiar el gesto de la chica imaginando que era ella.

— ¡Chicos! — gritó la voz de Hailey que venía corriendo hacia ellos con una gran sonrisa. — Iba a casa de su tía a buscarles, hoy no tengo tarea por lo que puedo quedarme toda la tarde con ustedes.

— Oh, eso es maravilloso, ¿Cómo van las clases? — preguntó Lucy, abrazándose al brazo de la pelirroja quien comenzó a contarle todo lo que la menor quería saber. Edmund no decía nada, se imaginaba a su hermosa Anya del otro brazo de la pelirroja.

Pero eso no pasaría, Anya se encontraba en Narnia, lejos de él y con Caspian... Últimamente cuando el pecoso recordaba a su morena, no podía evitar pensar que era con Caspian con quien compartía las tardes y no con él.

— ¡Ya llegamos!, ¡Hola! — gritó la voz de Lucy cuando entraron por la puerta, Hailey y Edmund solo entraron. Por su parte, un pequeño niño de cabellos rubios que apenas entraba en la adolescencia juntaba las hojas en las que se encontraba escribiendo para poder guardarlas y bajar a fastidiar a sus primos. — Hola tío Harold, trate de comprar zanahorias, pero solo tenían nabos. ¿Quieres que prepare la sopa? La tía Alberta llegará pronto, incluso Hailey me puede ayudar.

Lucy llamó nuevamente a su tío, pero este le ignoró. Edmund odiaba que le hicieran eso a su hermana y que no saludaran siquiera a su cuñada, por lo que optó por, como todo buen adulto haría, sacarle la lengua a su amargado tío.

— ¡Padre, Edmund te está haciendo caras! – dijo Eustace desde las escaleras y los tres reyes narnianos se giraron a verle. Entonces, el rubio haciendo uso de un pajilla, le dio un golpe en el cuello al pecoso que pudo haber sido para Hailey si esta no se hubiera agachado.

— Eres un.

— ¡Padre, Edmund quiere golpearme! — chilló Eustace, Hailey tomo al Pevensie del brazo, pero en eso la voz de Lucy sonó:

— ¡Miren! Es una carta de Susan.

Edmund dejo en paz a Eustace y, siguiendo a Hailey y Lucy, subió a la habitación que le habían dado a la castaña, esperaban ansiosos noticias de sus padres y de su hermana, especialmente desde que era Susan la única que les escribía últimamente y no entendían porque.

— Desearía que todos estuvieran aquí, ha sido una gran aventura, pero nada como nuestros días en Narnia. América es muy emocionante, pero nunca vemos a nuestro padre, trabaja todo el tiempo y mamá busca ocuparse en cosas de la casa. Por otro lado, fui invitada a la fiesta de té del consulado británico por un oficial naval, que además es MUY apuesto, creo que le gustó un poco. Por cierto, parece que los alemanes han hecho difícil cruzar el océano, son tiempos duros, mamá espera que puedan pasar unos meses más en Cambridge — terminó de leer Lucy y todos los ojos se posaron en ella, en especial los de Edmund quien ya quería irse de la casa de sus tíos. — ¿ Unos meses más? No voy a sobrevivir.

— Tú tienes suerte, tienes un cuarto propio, yo duermo con el monstruo boca de pescado y ni qué decir de Hailey, tiene un departamento para ella sola.

— Edmund, tengo que pagar por esa estancia y tampoco es lo mejor que hay.

— Pero eres más libre que nosotros, nadie puede sobrevivir tanto tiempo así — dijo Lucy suspirando.

— No digan eso, cuando todo termine volveremos a estar todos juntos, será divertido.

— No mientas Hailey, nada será como antes — dijo Edmund, recordando la ausencia de Anya.

— Vamos chicos, ¿Qué diría Anya si los escuchara hablar así? — preguntó Hailey y Edmund la vio con cierta molestia en el rostro.

— Ella ya no está, ¿No lo entiendes? Está feliz en Narnia y nosotros estamos aquí sufriendo, incluso Peter y Susan están mejor.

— De hecho, ellos son los afortunados — secundó Lucy a su hermano mayor.

— Exacto, son los mayores y nosotros los menores, no somos tan importantes – habló nuevamente Edmund tras escuchar que Lucy pensaba igual que él.

— Nunca había escuchado una tontería tan grande, tanto ustedes como sus hermanos son importantes, no importa cuál sea la circunstancia y Anya, ella volverá ¿Okay? Lo hará, ella siempre regresa de alguna u otra manera, no importa que pase, siempre vuelve — aseguró Hailey con un nudo en la garganta, ella también extrañaba a su prima, pero sabía que por algo pasan las cosas.

— ¿Creen que soy tan linda como Susan? — preguntó Lucy sorprendiendo a ambos chicos. Edmund dejó de leer por tercera vez la carta de su hermana mayor y se giró a verle, mientras Hailey miraba a la castaña sin entender. Entonces la vista de Edmund terminó en el viejo recuadro de la habitación, tan viejo que la tía Alberta lo odiaba.

— ¿Habían visto un barco como ese? — preguntó Edmund, Hailey asintió, tal vez durante su estadía en Narnia no había visto un barco, pero este le daba ese sentimiento de paz que solo encontraba en Narnia.

— Sí, muy narniano ¿verdad?

— Sí, otro recordatorio de que estamos aquí y no allá, otro recordatorio de Anya — contestó Edmund y Hailey rodó los ojos bajando la mirada.

— Conozco dos huérfanos y su amiga entrometida que perdían el tiempo con cuentos de Narnia que eran una mentira.

— Déjenme pegarle — pidió Edmund tras escuchar la irritante voz de Eustace, tanto Lucy como Hailey le detuvieron mientras chillaban un “No” — ¿No sabes tocar?

— Es mi casa, hago lo que quiero, ustedes no me ordenan, son simples invitados — contestó Eustace mientras entraba en la habitación y tomaba asiento en la cama. — ¿Y por qué los cautiva esa pintura fea? Es horrenda.

— No la verás si te vas del cuarto — contestó Edmund cuando ya los tres se habían girado a ver el cuadro nuevamente.

— Hasta parece que el agua realmente se está moviendo — comentó Hailey, llamando la atención del niño.

— ¡Tonterías! Eso pasa cuando lees novelas de fantasía y crees en los cuentos de hadas.

— Eustace era un niño muy consentido que leía libros con datos aburridos — defendió Edmund a Hailey y esta le regaló una sonrisa de agradecimiento.

— Los bobos que leen cuentos de hadas solo se vuelven una carga pesada para personas como yo, que leo libros que sí tienen información — replicó Eustace pues no sabía mantener cerrada la boca, esto causó que Edmund se girara a verle con una mirada asesina.

— ¿Una carga pesada? Yo no he visto que muevas un dedo desde que llegamos, de eso van seis meses — Edmund cerró la puerta de la habitación cuando Eustace trato de escapar, Hailey se acercó a él poniendo su mano en el hombro del chico, pero este seguía mirando a su rubio primo de manera amenazante. — Le diré al tío Harold que robaste los caramelos de la tía Alberta.

— Basta Ed.

— ¡Mentiroso! — gritó Eustace, opacando las suplicas de Hailey al pecoso.

— ¿Sí? Pues los encontré bajo tu cama y chupe cada uno de ellos — ninguno de los tres escuchaba a Lucy quien les decía que la pintura había comenzado a moverse de verdad.

— ¡Me infectaste!

— ¡Qué asco, Ed! — dijo Hailey mirando al azabache. Entonces cayó sobre ellos agua que salía del cuadro, Eustace estaba asustado, muchas veces había escuchado que sus primos llamaban bruja a la pelirroja.

— ¿Creen que por fin…? — Edmund no podía terminar de hablar, estaba emocionado, volverían a Narnia, volvería a ver a Anya. Sin embargo, había algo que parecía nadie tomaba en cuenta y es que Eustace iría con ellos.

— ¡Basta o le diré a mi madre! — el rubio caminó hacia la puerta, pero se paró a ver el cuadro y a los tres chicos parados frente a él. — ¡Voy a romper ese tonto cuadro!

Entonces todo pasó muy rápido, Eustace tomó el cuadro y los tres chicos lo agarraron para detenerle, todo a su alrededor comenzó a verse más grande y ellos más pequeños, hasta todo parecía un océano.

Nadaron a la superficie para tomar aire nuevamente y fue cuando vieron que definitivamente se encontraban en un océano, y no cualquiera, un océano narniano, frente a ellos estaba el barco más narniano que vieron alguna vez.

— ¡Naden! — gritaron Edmund y Hailey al mismo tiempo cuando vieron que el barco los aplastaría. Vieron entonces cómo unos hombres se tiraban y temían que fueran piratas, Lucy sintió como la tomaban de la cintura y la acercaban a alguien.

— Tranquila, soy yo, ¡te tengo! — dijo Caspian y Lucy sonrió abiertamente al ver al guapo rey de Narnia sosteniéndola.

— ¡Caspian!

— Hola Lucy, también me alegra verte — regresó el saludo el rey mostrando una gran sonrisa.

— Edmund es Caspian, estamos en Narnia — dijo la Pevensie y todos dejaron de nadar, mientras con una sonrisa nadaban hacia el barco, Edmund estaba aún más ansioso, deseaba con todas sus ganas ver a Anya.