Caminos cruzados

Summary

Harry Potter creyó ser un niño sin nada especial toda su vida, pero es en su cumpleaños número 11 que todo cambia. Hermione Granger siempre supo que había algo raro en el misterio que envolvía la desaparición de sus padres y su adopción, mientras descubren los secretos detrás de una cicatriz y los trazos escondidos, deberán entender también el valor de la amistad, la familia y el amor. Sin embargo, este es solo el comienzo de una larga aventura.

Genre
Fantasy
Author
EGIA06
Status
Ongoing
Chapters
13
Rating
n/a
Age Rating
13+

El zoológico

Una tarde de verano, Harry Potter fue sentenciado por su tío Vernon; el pequeño Harry siempre hacía cosas que nadie entendía, ni siquiera él, hubo una ocasión en la que voló con el aire hacia el techo de la cafetería y otra dónde provocó que un jarrón de su tía Petunia se moviera con solo pensarlo. Esas eran algunas de las razones por las que, a pesar de haber dicho que no haría nada, su tío no le creyó y es que la verdad era que nadie le creía a Harry cuando decía algo, inclusive le hacían sentir que era una persona no pensante.

El zoológico se encontraba repleto de familias cuando los Dursley y Harry llegaron, a pesar de ser uno de los días más soleados de la ciudad, razón por la cuál, Vernon decidió que lo mejor era comprar un gran y delicioso helado de chocolate a Dudley y Piers, Harry que estaba acostumbrado a no tener nada ni siquiera pidió o pregunto si a él no le comprarían uno, para él era un sueño salir con sus tíos al zoológico.

— ¿Tú no quieres nada, muchacho? — preguntó la mujer del carrito, pero Harry se sorprendió y comenzó a negar con su cabeza.

— Uno de limón para él, por favor — habló Petunia Dursley, no era porque le diera miedo quedar mal, siempre trataban mal a Harry donde sea que fueran, pero la mirada del niño le había recordado a su difunta hermana Lily por lo que habló sin pensar.

Harry tomó el helado que era notablemente más sencillo y barato que el de su primo y dio las gracias, no solo a la señora si no también a su tía que le ignoró. Mientras caminaban, el azabache no quería terminar aquella delicia helada, pero estaba seguro que de no hacerlo Dudley se lo quitaría o peor aún, lo tiraría al suelo ante sus ojos.

A pesar de ser la mejor mañana que había tenido en mucho tiempo, Harry se alejaba un poco cuando veía que su primo y Piers se aburrían de los animales, temía que jugaran a golpearlo; fue durante la hora de comida, después de que Dudley hiciera una rabieta porque su comida no era lo suficientemente grande, que su tío Vernon le dio permiso a Harry de comerla, él debía comprarle otra a su hijo para evitar miradas de la gente.

— No se mueve, — dijo Dudley mirando a la serpiente más grande, por lo que Vernon golpeó con los nudillos el vidrio. – Hazlo de nuevo, esto es aburrido no hace nada.

Dudley golpeó fuertemente el vidrio, seguido de Piers provocando que todos aquellos que estaban alrededor se giraran, la misma Petunia se hizo un poco hacia atrás con algo de vergüenza, pero Harry solo rodó los ojos y antes de que pudiera detenerse, dijo:

— Está dormida.

— Tú cállate — amenazó Dudley, mirando a su primo con enojo, Piers detrás de él sonreía burlón y Harry, consciente de que podía golpearlo, mantuvo la mirada valiente.

— Él no entiende lo que es estar encerrado, lo siento — dijo Harry una vez que su familia se alejó, la serpiente se levantó abriendo sus pequeños ojos y le guiño al azabache. — ¿Me puedes escuchar?

La serpiente asintió sorprendiendo al pequeño azabache, que miró hacia los lados esperando que ni Dudley, ni Piers se acercaran. La serpiente volvió a guiñar su ojo y el pequeño Harry sonrió abiertamente.

— Lo siento, estoy sorprendido, nunca había hablado con una serpiente, ¿tú hablas con gente a menudo? — La serpiente negó con su cabeza. — Eres de Brasil, ¿era bonito allá?, ¿extrañas a tu familia?

La serpiente que miraba fijamente al azabache se alejó para señalar un pequeño letrero que se encontraba dentro con ella. Criada en cautiverio leyó Harry que quería hacer otra pregunta, pero se avergonzó.

— A mi me pasó igual, jamás conocí a mis padres.

— ¡Mami, papi! Miren, vengan a ver lo que está haciendo la serpiente — gritó Dudley golpeando a Harry en las costillas y empujándolo al piso mientras Piers se burlaba. Acto seguido, el par de amigos se pegó al vidrio, Harry miraba a ambos con molestia hasta que el vidrio desapareció provocando que los niños cayeran dentro del cubículo de la serpiente. El azabache vio como el reptil se desenrollaba y decidió quedarse quieto, el caos comenzó mientras la gente corría asustada, pero la víbora se acercó a Harry sin dudarlo.

— Gracias — hablo una voz en silbido que provenía de la serpiente, Harry apenas alcanzó a contestar:

— Cuando quieras.

Una vez que el alboroto con la serpiente se detuvo, los Dursley llegaron a la casa y esperaron a que Piers se fuera. Harry, por su parte, sabía lo que se avecinaba; apenas cerraron la puerta, Vernon Dursley se acercó velozmente hacía él, lo tomó del cabello y lo jaló para acercarlo.

— ¿Qué paso?

— Juro que no lo sé — chilló el azabache con dolor, su tío lo aventó dentro del pequeño cuarto debajo de la escalera.

— Pues te quedarás sin comer.

Harry estaba en la oscuridad de su habitación soñando, como usualmente hacía, en que algún familiar lejano viniera por él, pero su única familia eran los Dursley. Incluso, el pequeño recordaba algunas cosas como una luz verde pero cuando lo hacía su cicatriz ardía. Por otro lado, soñaba con tener amigos, nadie quería juntarse con un chico de ropa holgada y vieja al que su propio primo molestaba.

Una mañana de Julio, cuando Harry entró a la cocina, un olor horripilante inundó sus fosas nasales por lo que tuvo que contener las ganas de tapar su nariz, después de preguntarle a su tía por aquel aroma, aprendió que se trataba de su nuevo uniforme. Harry era un amante del sarcasmo, probablemente se trataba de su manera de defenderse de cualquier cosa que viniera hacía él y aquel momento no fue diferente, lo dejo salir a flote logrando que su tía lo llamará estúpido y es que Petunia Dursley no sabía lo que era el sarcasmo.

— Harry, ve por el correo — ordenó la mujer, el pequeño se acercó a la puerta, había solo cuentas, una carta de la horrible hermana de Vernon y una carta dirigida a él, el corazón de Harry comenzó a latir con fuerza, nadie nunca le escribía y para el niño significaba algo que se encontraba muy dentro de su corazón, esperanza.

Señor H. Potter

Alacena Debajo de la Escalera

Privet Drive, 4

Little Whining

Surrey

Era un sobre grueso, pesado, hecho con pergamino amarilla y la dirección estaba escrita en color verde esmeralda, pero todos en la casa se encargaron de que Harry no pudiera abrir el sobre, ni ese, ni el resto de los miles de sobres que fueron apareciendo con el paso de las semanas.

Hogwarts, la Escuela de Magia y Hechicería continuaba mandando sus cartas a los respectivos estudiantes que entrarían por sus puertas en algunos meses. Sin embargo, existía un extraño caso donde no era posible que la lechuza mensajera entregará la carta directamente.

Hermione Jean Granger, una pequeña niña de cabellos castaños y ojos avellana, se encontraba desayunando cereal con sus padres adoptivos; no importaba cuanto Hermione quisiera saber la verdad sobre su pasado, sus padres nunca parecían ceder, especialmente desde que su magia comenzó a hacerse presente. La castaña, era una chica no solo inteligente sino también perspicaz, trataba de contener su magia lo más que podía, permitiendo que saliera en momentos oportunos, como cuando hacía a su cepillo de dientes levitar hasta su mano o cuando, mientras tomaba una siesta, su magia dejaba una sábana sobre ella para cubrirla.

Esa mañana, el sonido del timbre llamó la atención de los presentes, pero fue el señor Granger quien dejó su asiento para atender y lo siguiente que Hermione vio, fue a una mujer alta de sombrero puntiagudo entrar al comedor junto a su padre.

— ¿La señorita Hermione Granger? — la niña asintió y alcanzó a ver la mirada tan extraña que compartieron sus padres. — Soy la profesora McGonagall, de la Escuela de Magia y Hechicería, Hogwarts.

— No entiendo.

— Y para eso estoy aquí, querida.