Un lugar llamado jaemin

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Summary

Dos chicos. Un secreto. Un pasado que los persigue. Jeno nunca pensó que el chico que lo ayudó a escapar del centro de control del gobierno también sería su condena.

Genre
Fantasy
Author
winter
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: El chico que no debía mirar

El cielo tenía ese gris tan quieto que parecía que hasta el tiempo se había rendido.

En el centro no se escuchaba nada.

Ni gritos. Ni llantos. Ni siquiera pensamientos.

Solo el eco de las botas contra el concreto.

Jeno caminaba por el pasillo del centro, con la mirada clavada en el suelo y las manos esposadas detrás de la espalda. El aire olía a desinfectante y a desesperanza. Las paredes eran tan blancas que dolía verlas por mucho tiempo. Como si todo ahí adentro intentara borrar cualquier rastro de humanidad.

Nadie en ese lugar hablaba sin permiso. Nadie sonreía. Nadie se atrevía a soñar.

Excepto él.

Desde el otro lado del patio, un chico estaba sentado en la baranda de metal, con una flor seca entre los labios y una melodía tarareando en voz baja.

No tenía miedo.

No tenía dueño.

Y no tenía intención de agachar la cabeza ante nadie.

Jeno lo miró, casi por accidente.

Y el chico, como si hubiera estado esperando justo ese instante, le devolvió la mirada.

—¿Nunca te han dicho que aquí nadie canta? —preguntó Jeno, con voz áspera por los días sin hablar.

El chico se bajó con un salto, caminando hacia él con el descaro de alguien que ha escapado muchas veces y piensa volver a hacerlo.

—Me lo han dicho. Pero nadie ha logrado callarme aún —sonrió, con esa chispa en los ojos que hablaba de bosques, de cielos abiertos, de libertad.

—¿Quién eres? —dijo Jeno.

—Depende de quién pregunta —contestó. Y tras una pausa, añadió—: Soy Jaemin —dijo, extendiendo la mano como si estuvieran conociéndose en un café y no en una cárcel disfrazada de centro de rehabilitación.

El chico frunció el ceño.

Luego sonrió, apenas.

—¿Cuál es tu nombre? —insistió el chico.

—Jeno —murmuró.

Jaemin no apartó la vista. Solo bajó la voz.

—Te voy a sacar de aquí.

Jeno no sabía si era una amenaza, un aliado, o simplemente un espejismo en medio de su encierro. Pero lo que sí supo fue esto:

Ese chico no se dejaba atrapar.

Y aún así…

Jeno ya lo estaba siguiendo.