|1| Misión de mundo: Bienvenido a la aventura.
El monitor brillaba con una intensidad azulada que se colaba por las rendijas de las cortinas cerradas. Chester apenas podía mantener los ojos abiertos mientras daba los últimos agradecimientos a sus seguidores. Su voz, antes animada y chispeante, sonaba ahora rasposa, castigada por el esfuerzo. Las cifras del stream hablaban por sí solas: cuarenta y tres horas en directo. Un nuevo récord mundial.
El chat explotaba con mensajes, donaciones, emotes de victoria. Él solo sonreía, con la mente a medio gas.
—Gracias por acompañarme, en serio... fue increíble... —murmuró antes de pulsar el botón de desconexión.
El silencio cayó como una sábana húmeda sobre la habitación. Solo quedaba el zumbido constante de los ventiladores de la PC. Chester dejó caer los audífonos y se recostó en su silla con un suspiro largo y profundo. Su cuerpo temblaba levemente, agotado, y los dedos apenas respondían. Pero todo había valido la pena.
Otra meta cumplida. Un paso más cerca de convertirse en leyenda.
Siempre quiso ser el mejor. De niño, porque sí. De adulto, porque comprendió su verdadero sueño: ser recordado. Y si podía lograrlo viviendo de lo que amaba, disfrutando de las aventuras que ofrecían los videojuegos —y, mejor aún, acompañado de sus seguidores—, entonces ya estaba ganando. Ya era parte del mito.
Uno muy cansado y somnoliento.
Se arrastró hasta la cama como un héroe tras la batalla. Y en cuanto su sentido de la orientación le dio luz verde, se dejó caer de lleno.
Estaba por quedarse dormido cuando oyó una voz. Era de mujer. Suave como una caricia en la nuca. Sonaba justo al borde del oído, con una claridad imposible.
—Tienes cualidades interesantes… puedes ser útil…
Chester abrió los ojos de golpe. Nada. La habitación seguía en penumbra. El cansancio lo empujaba, lo abrazaba como un oso. Intentó moverse, pero su cuerpo ya no le obedecía.
Solo flotaba.
El monitor, la silla, el techo... Todo comenzó a desvanecerse. La oscuridad lo tragó.
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Despertó con un dolor punzante en la espalda.
El cielo era azul. Tan puro que dolía mirarlo. Las nubes flotaban como algodones perezosos, y el viento tenía un aroma dulce, imposible de describir. Chester parpadeó varias veces.
—¿Esto es un sueño lúcido...? —pensó.
Pero al incorporarse, notó el cambio. Su cuerpo era distinto. Más ligero. Más… ¿expuesto? Estaba como vino al mundo. Solo que ahora, literalmente.
Lo único que rompía el nudismo celestial era una sensación cálida en la frente. Se llevó la mano temblorosa y palpó una protuberancia dura y lisa. Una gema.
Al instante, una interfaz luminosa se desplegó frente a sus ojos. Una pantalla flotante, escrita en un idioma que no conocía… hasta que, poco a poco, comenzó a entenderla como si fuera su lengua natal.
[Bienvenido, portador de la Voluntad de Aurixia] [¿Activar asistencia de interfaz espiritual?]
—¿Qué demonios...? —murmuró Chester. La interfaz se movía con su vista. Como un HUD—. Eh... sí, supongo...
[Asistencia activada. Hola, Chester. Estoy contigo.]
La voz era la misma. La que lo invocó.
—¿Tú eres la diosa? —preguntó, tanteando.
[No. Solo una porción de su bendición. Estoy aquí para ayudarte a sobrevivir, crecer y decidir.]
Chester parpadeó. Ya de pie, escaneó el lugar: un claro en el bosque. Árboles enormes, raíces como serpientes dormidas, flores que cambiaban de color con el viento.
[Tu inventario está vacío. Tu nivel es 1. Tu clase es: No asignada.]
—¿Clase? ¿Nivel...? —Una sonrisa se dibujó en su rostro. Como jugador veterano, reconocía las señales. Todo esto le resultaba familiar. Demasiado familiar.
Pero el cosquilleo en la espalda, la picazón en las piernas… le recordaban que esto no era un juego. Esto dolía. Esto pesaba.
Pasaron los días. Sobrevivir fue la primera lección. Comer lo que no lo matara, aprender a distinguir los ruidos del bosque, dormir con un ojo abierto. Su bendición funcionaba como una IA: podía analizar materiales, administrar habilidades, hasta tomar notas mentales.
Pero no combatía. No defendía. Eso lo tenía que aprender solo.
Y lo hizo… mal.
Fue embestido por jabalíes salvajes, perseguido por un goblin febril que gritaba obscenidades, y casi se ahoga intentando pescar con las manos. Pero aguantó. Aprendía rápido. Cuando logró hacer su primer cuchillo con piedra afilada y madera endurecida, celebró con gritos, saltos… y un poco de llanto. Solo un poco. Ahora, al menos, podía vestirse.
Pero no todo sería sudor y superación. No en este mundo.
Esa noche, el cielo estaba cubierto. La luna apenas asomaba entre las nubes negras. Chester, agotado, encontró una cueva para dormir. No era una buena idea, pero estaba seca. Cerró los ojos.
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Y los abrió en otro lugar.
Un gas dulce. Voces de ultratumba. Risas.
Despertó atado sobre un altar de piedra negra. A su alrededor, velas moradas y símbolos que ardían con luz malva. Una docena de figuras de piel oscura y ojos plateados lo rodeaban.
Un aquelarre.
—¿Qué es esto...? —susurró Chester, con la voz apenas audible.
De entre las sombras surgió una figura. Alta. Elegante. Vestida con sedas que apenas cubrían lo imprescindible. Su piel, obsidiana pulida; sus ojos, uno dorado, otro rojo, latían con un ritmo que no era humano. Tatuajes carmesí brillaban sobre su cuerpo.
—Un regalo. O quizá, una llave. Aún no lo decido —dijo la elfa oscura. su voz era un enigma, al hablar sonaban dos voces, una de mujer y otra más grave.
Chester intentó moverse. Nada. Las correas mágicas quemaban con solo intentarlo. Su bendición brillaba, pero no lo liberaba. Solo lo mantenía con vida.
—Su cuerpo resiste. No hemos podido quebrar su alma —murmuró otra elfa, con mirada curiosa.
—La gema en su frente... su origen es desconocido, eso la hace peligrosa —añadió la líder, inclinándose sobre él. Su aliento era dulce, cargado de magia oscura—. Veamos cuánto puedes soportar antes de que esa gema ceda a la oscuridad...
Siguieron días (¿o semanas?) de tortura mágica: inyecciones de energía, runas grabadas en su piel, ilusiones incrustadas en su mente. Dolor, placer, confusión… todo al mismo tiempo. Y cada vez, la interfaz mostraba el mismo mensaje:
[¿Permitir que la alteración mágica modifique el sistema?] [SÍ / NO]
Y cada vez, con los dientes apretados, Chester respondía:
—No…
Una y otra vez.
El aquelarre no quería matarlo. Querían transformarlo. Convertirlo en el receptáculo de algo antiguo, algo sellado.
Zhaer’Thul. El Dominador. Un ente que alguna vez gobernó cielos y profundidades, ahora encerrado en un cristal de alma.
La líder lo visitaba cada noche. No solo como torturadora, también como confidente. Hablaba de dioses caídos, héroes fallidos, de la Era del Silencio.
—Y tú, pequeño humano, serás parte del cambio, a mi lado, como un esclavo, pero vivo, obedeciendo —susurraba, acariciando la gema con un dedo gélido—. No sabes la suerte que tienes, verás la nueva era, mi era.
Chester la miraba, jadeante, al borde. Pero dentro de él, una chispa seguía viva.
Porque su bendición era más que protección. Era su lazo con su mundo, con sus sueños. Quería aventuras… y las tendría.
Solo necesitaba una oportunidad.
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Los días, los meses, tal vez un año, perdió la noción del tiempo. Su mente se mantenía cuerda, durante ese tiempo memorizo cada pasillo, circulo mágico, conversación y hechizo, todo lo que lo rodea.
Un día, mientras Chester comía sus sobras, un par de elfos llegaron, lo llevaron frente a la líder y al dejarlo, los dejaron solo a ellos dos.
La elfa oscura tenia una vestimenta distinta a la usual túnica, ahora vestía un vestido adornado con oro y gemas, dio la vuelta un segundo para tomar algunas cosas en una charola, ahí estaba un pincel blanco con detalles dorados y pelo azul, y un pequeño recipiente con un líquido morado oscuro. Los tomó y se acercó a Chester mientras susurró un hechizo, unas cadenas de sangre salieron del piso y lo jalaron al piso, haciéndolo hincar. cuando dejó de moverse la mujer se puso frente a él.
— triste basura humana, hoy será un día muy especial, Zhaer’Thul vendrá, tú le darás la bienvenida - dijo la mujer mientras sumergía el pincel en el líquido — cederás tu cuerpo para un propósito mayor, como todos nosotros — comenzó a dibujar un circulo mágico en el pecho desnudo de Chester — y por fin alcanzaré la gloria, con el idiota de Zhaer’Thul como mi perro faldero — terminó de dibujar sobre su pecho y Chester sintió como la tinta comenzó a quemar, no solo su piel, tambíes su alma, se retorcía de dolor, no lo aguantaba, y su asistente, ahora nombrada como “MIA”, mostró un mensaje.
[Magia detectada. Proceso de esclavitud en curso. ¿Desea ceder el control del sistema a un ente externo?]
[SI / NO]
Chester estaba a punto de negarse, pero una idea arriesgada cruzó su mente.
— “MIA, ¿esta marca es removible?” —
[Afirmativo, pero se tendría que hacer una limpieza completa del sistema, se perderán todos los registros, ítems, habilidades y notas]
— “¿Y crees aguantar al antiguo ese del que se la pasan hablando? —
[Poseo información muy limitada sobre los alcances del poder de la entidad llamada “Zhaer’Thul”, pero mi interfaz es compatible para añadir alguna extensión. No hay un resultado asegurado]
[Tomando en cuenta los datos recopilados calculo: 3% de éxito]
— “pues no es cero” — volvió al menú de la solicitud, dudoso.
[Estoy aquí para ti, no estás solo]
Y con esto, Chester eligió ser sometido, la marca se fusionó con su piel, el sistema de MIA tembló un poco, y la líder sonrió con emoción.
— esta noche será gloriosa - dio la espalda a Chester, y con un ademán las cadenas se fueron y un grupo de elfos lo sacaron de la habitación.
Mientras era transportado Chester notaba algo raro en el lugar, el olor era diferente, las ropas de los miembros del aquelarre eras diferentes y el círculo del centro del ritual tenía inscripciones diferentes y esta vez las marcas estaban llenas de lo que parecía ser sangre.
Una vez ataron a Chester al círculo de sangre el aquelarre comenzó a recitar sus cantos, y pasados unos minutos el lugar comenzó a temblar, la sangre a hervir y las luces del lugar se empezaron a combinar con el aire.
Chester estaba claramente angustiado, temeroso, su cuerpo temblaba de miedo, cerró los ojos.
[Tranquilo, estamos juntos en esto, todo saldrá bien]
— “¿no que 3%?” — Sin avisar el techo del lugar comenzó a vibrar, y una niebla comenzó a envolver a Chester, el cual comenzó a retorcerse de miedo.
[Tranquilo, yo te ayudo]
[Ritual detectado. Integración externa en proceso]
[Desea que la entidad entre al sistema]
— “un maldito salto de fé” — pensó para sí aun temeroso, pero tenía claro que no se podía quedar en ese lugar — adelante, deja entrar a ese “Dominador” — y en un suspiro, se preparó para lo inevitable.
El lugar se llenó de penumbra, una niebla negra tan densa que cegó a todos, y a su paso, un liquido negro, tinta, pronto los sentidos de todos los presentes se encogieron, una voz de ultratumba.
— ¿Quién me reclama? —
Nadie pudo responder, el cuerpo de Chester absorbió el rito, un grito inentendible de MIA dejó eco en su mente, y de pronto, silencio, el lugar, el aquelarre, y su mente, su gema se apagó y con ello, Chester cayó al piso inconsciente.