Prologo
Zamba para lo que se quedan.
Tuve que hacer una pausa.
No porque no quisiera seguir contando, sino porque... hay cosas que no se pueden narrar sin quebrarse un poco.
El mar allá abajo seguía rompiendo las olas contra las piedras.
Y yo... yo me rompía por dentro también.
- Fue rápido... -dije con la voz mas baja de lo habitual-. Primero mama y unos días después, papa.
Trague saliva, como si eso bastara para tragarme el llanto.
- Ella amaba la zamba. La escuchaba cantar en la cocina y cuando el mundo me dolía... Ella me cantaba y a mi me quedo esa costumbre, una herida y una canción que susurro cuando la extraño.
Me acomode el cabello detras de la oreja y mire el horizonte.
Entonces cante. No para el.
Para mi.
Para ella una vez mas.
"Te llevo por los caminos
Como un abrojo prendido
Prendido a mi guitarrear..."
Mi voz se quebró un poco, pero seguí. Como si la canción fuera la única forma de sostenerme.
"Por esas ramas del viento
Veo anunciado tu pelo
Y en los alambres del tiempo
Jirones de soledad..."
El viento se llevo mi voz, pero no el temblor de mi cuerpo, tratando de contener las ganas de llorar.
"Se deshilacha el recuerdo
Sabiendo que estas muy lejos
Y que ya no volverás"
Silencio.
Un silencio espeso, largo, sagrado.
El no dijo nada.
No hacia falta.
Solo apoyo su mano en mi espalda.
Y por primera vez, en mucho tiempo, ese gesto basto.