La mariposa el miedo asu vuelo

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Summary

Una mariposa vive en un capullo escondido dentro de una casa donde el viento no entra y el tiempo no pasa. Ha escuchado tantas historias sobre el mundo afuera que ya no sabe qué creer: unas dicen que volar es hermoso, otras que morirás en cuanto lo intentes. Así que espera. Y espera un poco más. Hasta que sus alas se marchitan. Hasta que su corazón se llena de miedo, y no de sueños. Este no es solo un cuento sobre una mariposa. Es sobre lo que pasa cuando dejamos que el miedo tome decisiones por nosotras. Es sobre todas las veces que nos quedamos donde duele menos… pero donde no se vive. Es sobre esas personas que respiran… pero ya no sueñan.

Genre
Drama
Author
Musa Oshin
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Se quedó donde no dolía… pero tampoco se vivía.

En una casa olvidada, donde el viento no entraba y el silencio pesaba,

había un pequeño capullo escondido en una grieta de la pared.

Dentro vivía una mariposa.

Había escuchado historias de otras mariposas.

Unas decían que al salir del capullo, murieron.

Otras, que el mundo afuera era hermoso, lleno de flores y luz.

Ella era fuerte.

Luchadora.

Pero había un miedo que no podía vencer: el miedo a morir.

Sentía que sus alas aún no estaban listas.

Así que se quedó dentro… esperando.

Día tras día.

Una semana pasó.

Su cuerpo empezó a sentirse pesado.

Le costaba respirar.

Sabía que ya era hora de salir,

pero algo en su mente le decía que aún no.

El miedo se hizo más fuerte que su esperanza.

Entró en pánico.

—¿Y si salgo y muero? —pensaba—.

—¿Y si me quedo y me ahogo?

Escuchaba otras mariposas pasar afuera,

pero hacía ruido para no oírlas.

No quería que le recordaran que aún no volaba.

Sus alas empezaron a marchitarse.

Su miedo crecía.

Y su corazón, aunque aún latía,

ya no soñaba con volar.

Solo respiraba cuando sentía que se ahogaba.

Pero incluso entonces,

prefería el ahogo a enfrentar el cielo.

Y así…

día tras día,

se quedó en su capullo, su único refugio.

Su cárcel segura.

Hasta que un día,

ya no respiró más.

No porque muriera de miedo,

sino porque el miedo no la dejó vivir.


Reflexión final:

“A veces, lo que más tememos no es morir...

sino atrevernos a vivir.”