Prólogo.
Amaia:
Siempre me han atraído los idiomas, la complejidad, la historia y el arte que se esconde detrás de cada uno. Sobre todo el pensar que sin importar la diferencia de letras o fonética siempre comunicarán con la misma intensidad las mismas dos palabras, esas que pueden marcar un antes y un después.
En la manera en la que, ese sentimiento y afirmación va mucho más allá de cinco letras. El amor se basa en actos de servicio, en pequeños detalles que hacemos inconscientes para demostrar afecto.
Pero como todo en este mundo, siempre hay un problema, una variable que no es compatible con la otra. Y es que, a veces, amamos con intensidad, nos entregamos totalmente y no recibimos lo mismo.
Es doloroso, pero aún más saber que las posibilidades de que sea recíproco al cien por ciento son casi nulas.
Quizás Disney y las películas nos engañaron todo este tiempo, haciéndonos creer que existía una vida perfecta, un cuento de hadas, cuando en realidad lo que tenemos es una vida normal, una vida corriente.
Llena de rutinas, llena de frialdad.
-Y? ¿Qué te parece? -miré a Clara, mi mejor amiga desde la infancia, con una inmensa curiosidad y cierto miedo por su respuesta ya que es una mujer sin filtro-
-Si quieres que sea honesta, me parece que tienes un concepto erróneo del amor, en realidad es perfecto -tomó un sorbo de su bebida y prosiguió- tal y como es, aún con sus complicaciones, pero es tu ensayo, puedes hacerlo como quieras.
Llevo tres años estudiando literatura, me queda un año más, aún así mi sueño siempre ha sido trabajar en una editorial, o publicar un libro. Para clase tenía que redactar un ensayo sobre el amor, lo había clavado, o al menos eso creía hasta que habló Clara. Me bajó de mi nube.
-Escribes arte Amaia, estoy impresionado -interrumpió Lucas, con un tono algo poético, siempre se creía que estaba dentro de una novela o algo así, a el le habíamos conocido en primero de carrera y desde entonces se convirtió en uno de nosotros- yo creo -continuó- que el amor es subjetivo, no hay un concepto bueno o malo.
-Pues yo pienso, que tanto Lucas como Clara se equivocan, porque no hay respuesta correcta -dijo Marcos, a quien Clara conocimos en la secundaria, de hecho, es la única amistad que conservamos de ahí- es tu trabajo Amaia, no tienes porque preguntar si nos gusta o no, basta con que te guste a ti.
-VALE BUENO, ESTA BIEN. -dije exhausta, puesto que sus respuestas solo me hacían cuestionarme mi existencia- .
Luego de eso, empezamos a prestar atención a la película que llevaba reproduciéndose desde hace media hora, en mi salón, bueno en el nuestro, decidimos que sería muchísimo más económico si compartiéramos piso.
Y eso hemos hecho desde hace tres años, un piso, cuatro habitaciones, un salón, una mini cocina y una pequeña terraza. Lo pagamos entre todos, con ayuda de dinero de nuestros padres, o con las pocas horas laborales que teníamos.
Marcos es camarero en el bar que está a veinte minutos andando de casa. Aunque estudia un doble grado de administración de empresas y marketing, igual que el resto, nos ganamos la vida con cosas muy distintas a nuestras carreras.
Clara es niñera (de muchos niños) por lo que cuida a un niño diferente cada tarde, al menos dos horas, una rutina sencilla, les recoge, les da de merendar y luego les ayuda con los deberes. Aunque estudia un doble grado de literatura y periodismo, siempre ha dicho que desea estudiar magisterio, pero para sus padres no era una carrera real.
Lucas es camarero, le encanta trabajar con las personas, hablar y socializar, el trabajo le viene como anillo al dedo. Aunque estudia un doble grado en literatura y filología inglesa y desea algún día estudiar también relaciones internacionales.
Y yo, Amaia, trabajo como profe particular de inglés, tengo cuatro niños de diferentes familias, todos los martes y jueves doy clases una hora por cada niño, es como si tuviese mi horario hecho, después de la universidad, tres horas cada día. Aunque estudie un doble grado de literatura y filología clásica.
¿El salario? Es medianamente aceptable, lo suficiente, para poder vivir en Madrid.
La película a la que no estaba prestando atención por hundirme en mis pensamientos terminó, y no es hasta que escuché
-Buenas noches chicas -dijeron al unísono Lucas y Marcos mientras cada uno se iba del salón, a su habitación-
-Buenas noches -dije con una breve sonrisa-
-MAÑANA OS TOCA FREGAR LO DEL DESAYUNO, ESTOY FREGANDO LO DE LA CENA YO SOLA -gritó Clara desde la cocina-
Al poco tiempo, llegó Clara e interrumpió mi nube de pensamientos.
- Vaya manera para evadir fregar los platos de la cena. No sé para qué hemos hecho el horario eh. - Dice mientras con un suspiro se aparta el mechón de pelo de la cara, para después dejarse caer en el sillón, yo solo le sonreí- Y bien -dijo tras una pausa que parecía haberle devuelto el buen humor- ahora que se han ido los chicos me vas a decir sobre quién es tu ensayo. Suena a desamor.
-No es sobre alguien, es sobre algo. De verdad -insistí al ver su incredulidad- no has pensado en qué hay mil maneras de decir te amo?, en eso me inspiré. Quizás el amor sí existe, el amor de cuento de hadas, el recíproco, quizás es solo que no sabemos interpretar en qué manera nos lo expresan.
-Amaia, siempre tienes tu propio mundo, te admiro, aunque no entiendo nada, quizás sea el sueño. Yo me voy a dormir.
Empieza a dirigirse a su habitación, y cuando está a punto de entrar, se gira me mira y dice con determinación- pero lo de hay mil maneras de decir te amo, me encanta, será mi nuevo slogan de vida.