Saya: way Of The Sword

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Summary

En un Japón dividido por la traición y la guerra, una joven guerrera llamada Reika -conocida solo por su alias Saya- camina sola en busca de justicia y venganza. Su antiguo clan fue destruido por las conspiraciones de poderosos enemigos, dejando tras de sí cenizas y secretos ocultos. Armada con su katana y una voluntad inquebrantable, Saya enfrenta sombras del pasado y enemigos implacables mientras recorre un camino solitario donde la lealtad es un lujo y la muerte acecha en cada esquina. Entre alianzas frágiles, combates mortales y heridas que van más allá de la piel, Saya debe decidir hasta dónde está dispuesta a llegar para cerrar el ciclo de venganza que la consume. Una historia intensa de honor roto, poder y redención, donde cada golpe con la espada es una promesa de justicia.

Genre
Adventure
Author
Harlem
Status
Complete
Chapters
19
Rating
n/a
Age Rating
16+

El viento silencioso

Capítulo 1: El Viento Silencioso

El primer corte fue directo al muslo.

No alcanzó el hueso, pero bastó para desequilibrarla. La sangre empezó a correr, tibia y rápida, empapando los pliegues de su hakama.

La respiración de Saya era silenciosa, pero temblaba. Frente a ella, un samurái corpulento sostenía su naginata con precisión. Había visto su estilo antes. Una mezcla de escuela del norte, salvaje y agresiva, pero con la paciencia de un asesino.

—No eres tan veloz como decían —murmuró él, con media sonrisa.

Ella no respondió. Sujetaba su katana con ambas manos, la hoja apuntando hacia abajo.

El sudor le bajaba por la sien. El viento soplaba leve entre los árboles del claro, arrastrando hojas secas. El silencio se alargó... hasta que él atacó.

Un segundo corte, esta vez al hombro.

Saya retrocedió. El brazo le dolía. El sudor le escocía en los ojos.

No era su mejor momento. No estaba lista.

Un tercer ataque vino desde abajo, buscando abrirle el abdomen. Ella giró apenas a tiempo, desviando el golpe con el filo de su espada. Pero perdió el equilibrio. Tropezó con una raíz expuesta y cayó de rodillas.

El hombre levantó la naginata.

—Tu clan ya no existe. ¿Por qué sigues arrastrando esa hoja muerta?

Saya apretó los dientes. Sabía que si hablaba, sangraría más.

Sus ojos, oscuros y fijos, decían lo que sus labios no.

Saltó hacia un lado, rodó entre tierra húmeda y piedras, y huyó sin mirar atrás.

El sonido de su respiración era lo único que la acompañaba en el bosque. El cuerpo le ardía. La pierna fallaba. El brazo apenas respondía. Cada rama que rompía al pasar era un eco de su derrota.

Corrió hasta que no pudo más.

Y luego, cayó.

⋅⋅⋅

Despertó envuelta en un olor a hierbas amargas. Una luz tenue entraba por una rendija de madera. Sus heridas estaban vendadas.

Sus armas, cerca.

Su nombre, no.

—No muevas el brazo aún —dijo una voz vieja, pero firme.

Una mujer, de rostro arrugado y mirada firme, la observaba desde el suelo. Estaba moliendo algo en un cuenco.

—Tienes suerte de estar viva. Te encontré casi congelada entre los arbustos.

Saya no respondió. Solo bajó la mirada.

La mujer suspiró.

—No voy a hacer preguntas. Pero si planeas seguir ese camino, no vuelvas a subestimar a tu enemigo.

Silencio.

⋅⋅⋅

Las noches eran peores.

Cada vez que cerraba los ojos, el fuego regresaba.

Las puertas del castillo abiertas.

Los gritos de los sirvientes.

El sonido del acero dentro del santuario familiar.

Su padre, herido.

Su madre, sin rostro.

Y ella, una niña, escondida bajo el altar, con los dedos apretados contra los labios para no gritar.

⋅⋅⋅

Al tercer día, Saya se puso de pie.

Dolía. Pero no importaba.

Colocó la mano sobre el tsuka de su katana. Aún recordaba su peso. Su nombre.

Kazehime Reika.

Así la llamaban una vez.

Pero esa niña había muerto en el fuego.

Ahora solo quedaba Saya.

La vaina vacía.

Y el filo que aún buscaba a quien lo traicionó.