Prólogo
Las calles de Tokio estaban vacías.
La noche ya había caído.
Solo quedaban las luces anaranjadas de los faroles... y el eco de sus propios pasos.
Un chico llamado Aokawa Souta corría desesperadamente ya que un ente totalmente oscuro. De 3 metros. Con la cara desfigurada.
Ojos... sin vida.
Lo perseguía desde hace varias cuadras.
-¡Déjame en paz! -gritó Souta, sin atreverse a mirar atrás.
Dobló en una esquina.
Se metió entre dos autos.
Y por fin se lanzó detrás de un autobús detenido.
Su respiración era agitada.
Sus manos temblaban.
Sentía que el corazón se le iba a salir del pecho.
-Mierda... Mierda... -susurró.
-Ya se fue...
Pero entonces lo escuchó.
Pasos.
Lentos.
Pesados.
El ente apareció del otro lado del autobús.
De espaldas al principio.
Y luego... giró la cabeza.
Souta quiso moverse.
Pero no pudo.
El miedo lo había congelado.
El ente lo miró directamente.
Sus ojos estaban vacíos.
Pero su boca sonreía de forma inhumana.
-Tú lo hiciste -dijo con una voz deformada...
Llena de odio... y de una risa perturbadora.
Souta no gritó.
No corrió.
Solo se quedó ahí, temblando.
Con el alma rota.
Mirando los ojos del ente.
Y justo antes de que se acercara más...
-¡SOUTA! -gritó una voz lejana.
La voz era cálida. Conocida. Amable
Pero...
Un sonido seco. Como cristal partiéndose sonó en los oídos de Souta fuertemente.
El ente giró lentamente su cabeza...
Y sus ojos vacíos se clavaron otra vez en el
-No la escuches... -susurró.
Y en ese instante... todo cambió.
El sonido se desvaneció.
Las luces de los faroles se apagaron, una por una.
El aire se volvió espeso.
Las paredes, los coches... todo comenzó a deshacerse en cenizas flotantes.
-Este es tu mundo ahora.
La voz lejana seguía gritando su nombre...
Pero Souta ya no podía oírla.
Solo escuchaba un zumbido agudo, ensordecedor, que parecía salir de dentro de su cabeza.
Y cada segundo que pasaba, Souta se iba alejando más, y más del mundo real.
FIN DEL PRÓLOGO.