I
Decir que este trabajo era fácil para Elizabeth Russell sería una gran mentira.
-¡Alto ahí! -Soltó Jadeante luego de correr tras un sospechoso.
No recuerda cuando fue la última vez que tomó unas vacaciones. Apuntaba con su arma al hombre pelirrojo que alzaba sus manos enojado.
-Queda usted bajo arresto como sospechoso del asesinato de Annette Wilson y complicidad con el caballero Zafiro.
-Soy Inocente, yo amaba a Annette... Nunca haría algo para lastimarla. El verdadero asesino sigue suelto.
-Tiene usted derecho a guardar silencio, todo lo que diga puede ser usado en su contra en un Tribunal, tiene derecho a buscar un abogado si no puede se le otorgará uno de oficio asignado...
-Señorita, puedo colaborar, yo sé quiénes son los verdaderos malvados. Ellos me inculparon y me-
Un sonoro disparo profanó la palabras del sospechoso, quien ahora se encontraba en el suelo con una bala en la cabeza. Elizabeth apunto a todos lados mientras soltaba maldiciones.
-La patrulla ya va en camino Agente Russell.
La morena se acerca lentamente a la ventana para observar algo sospechoso pero no había nada, como si el disparo hubiera aparecido por arte de magia. Tomó el radio con su mano izquierda.
-Aquí Agente Russell, reportando el homicidio del sospechoso, sin ubicación previa del agresor.
-Entendido. Vuelva al departamento para dar testimonio de los hechos.
-¡No estoy mintiendo! Es ese maldito bufón que trata de arruinar mi caso.
-¡Ya basta Agente Russell!
El hombre de piel oscura miró enfadado a la mujer. Luis Astrud era el jefe de Elizabeth y normalmente solía adular la capacidad de la misma con bastante frecuencia como a su vez también la terquedad de ella.
-Te exigí que no volvieras a andar tras los asesinatos perpetrados por El caballero Zafiro, es un caso muy peligroso y mucho más para una mujer.
-¡No se lo permito! No solo por ser una mujer significa que no puedo manejar un caso como este... Señor... Le pido permiso para ocuparme al 100% del caso del caballero Zafiro.
-Se lo prohíbo. -se dió la vuelta hacia el gran ventanal que daba vista a la escandalosa ciudad. -Retirese Agente, queda destituida de su cargo por los siguientes 3 meses.
Elizabeth sabía que iba a perder los estribos, pero tomó las riendas de la situación y respiró profundo. -Señor con todo el respeto que usted se merece, si usted no me deja a cargo de este caso, no podrá evitar que lo este sin su consentimiento.
Sabía que estaba arriesgando su puesto en el departamento pero ya estaba cansada de que no le diera su lugar ni la conciderara como un agente valioso.
-Sabes que Russell... Conozco a tu madre desde hace más de 30 años, se de lo que eres capaz pero le prometí que al dejarte formar parte de mi equipo te cuidaría... No puedo permitir que sufras las consecuencias de indagar bajo un caso tan corrosivo como este.
-Por favor... Tío te lo ruego, dame solo unos meses... Te traeré evidencia... Por favor.
-Ash... Está bien pero quiero que no des un paso arriesgado sin mi permiso. Tienes 14 meses para cerrar el caso.
-¡¿Cerrarlo?!
-Tanto lo pides, lo tienes pero bajo mis reglas Elizabeth. Ve a casa y descansa, le harán la autopsia al sospechoso que perseguías.
La morena trago grueso recordando lo sucedido horas atrás, de nuevo la furia en sus venas corrían como agua hirviendo.
-¿14 meses? Lo acepto.
Salió hecha una furia, realmente le enojaba que a pesar de haber cerrado más de 15 casos su jefe aún la hiciera a un lado, lamentable cada uno de los casos resueltos por ella lo hacía a encondidas y sin el permiso de su jefe quien al enterarse la suspendía por semanas, dándole la victoria de los casos a Saúl su compañero de trabajo.
-¡Oye Beth!
Ignoró completamente la agitada y preocupaba voz de Saúl, siempre que la llamaban a la oficina del superior el se acercaba a "consolarla", Russell ya sabía perfectamente que el rubio estaba enamorado de ella y para evitar que interfiera en el trabajo lo rechazó múltiples veces aunque a él parecía no importarle. Luego de dejarle ignorado se fue del departamento hacia el hospital caminando.
Su madre yacía internada 2 meses en el hospital y aunque estaba en coma por un intento de infarto cerebral, casualmente su madre presentaba un estado vegetal pero tenía esperanzas de que se recuperaría. Generalmente le pagaba un gran dinero al hospital para mantener conectada a su madre, si el dinero dejaba de ser ingresado en la cuenta su madre sería desconectada y daba por muerta. Este mundo le daba asco, todos sedientos de dinero y haciendo lo que sea por ello.
Cuando puso un pie en el suelo de aquel centro de salud el cambio brusco de ambiente le helo hasta los huesos, se hizo de brazos cruzados y subió las escaleras hacia el 5to piso mayormente quería evitar la aglomeración que siempre se daba en el elevador.
Al estar parada frente a la puerta con el nombre de su madre inhaló fuertemente para tranquilizarse, de pronto sintió como si le estuvieran observando haciendo que por inercia mirara hacia todos las direcciones, no le dió importancia al no ver a nadie extraño en el pasillo. Abrió la puerta viendo a su madre con una sonrisa.
-... ¿Bendición, ma'?
Hizo un gesto con las manos en forma de rezo, era una costumbre familiar, su madre venía de sangre latina, de cierto país donde la costumbre era pedir a tus familiares mayores la bendición. Dejo unos segundos en silencio simulando la contestación de su madre "Dios te bendiga" resonó en su pensamiento entre los más preciados recuerdos.
-Hoy me pasó algo nuevo... En realidad fue lo mismo de siempre, ese delincuente al que tanto busco volvió a hacer de las suyas y mato a un testigo importante... Desearía que pudieras decirme algo, se que lo odiarías tanto como yo. Te extraño mucho
Luego de un par de horas allí y volver a pedir la afamada bendición se retiró dejando un suave beso en la frente de su madre, salió de aquella clínica no sin antes pagar un mes por adelantado.
Camino hasta su casa que al fin y al cabo no quedaba muy lejos del centro de salud más que un par de cuadras. Sin faltar los reclamos del portero por no pagar el gas y posteriormente pagarle por el gas, subió hasta su departamento para abrir la puerta y encerrarse, sintió como el pecho le apretaba y la respiración le empezaba a fallar mientras las suaves per papáo húmedas gotas saludas emergían de sus orbes miel.
Soltó su largo cabello moreno de aquella apretada coleta, volvió esa sensación de sentirse observada pero ignoró ya que estaba cansada y debía encontrar pistas y patrones que la llevarán a encontrar a ese hombre que tanto le ha arruinado la vida. Tomo una taza para servir el té de manzanilla que había preparado hace unos segundos.
Luego de beberlo decidió acostarse, mañana sería un día bastante duro.
Y como si fuese un parpadeo la alarma de las 6 AM sonó despertando la de inmediato, sus párpados pesaban pero se apresuró a tomar una ducha fría con intención de quitarse el sueño que le quedaba encima. Tomó apenas una galleta de arroz y sus cosas para ir hacia el departamento donde trabajaba, casi como si fuera un ninja bajo con cautela para evitar al malhumorado portero, siguió en la calle caminando distrayendo su mente con el cielo azul y las formas de las nubes.
Volvio a sentir esa misma sensación de antes, pero aparte de ser observada empezaba a sentir que alguien la seguía, miró a todas partes sin ver algún sospechoso así que empezó a creer que se volvía paranoica. Camino rápido cuando una mano la agarró y en un instinto de defensa le golpeó en la tráquea a su "agresor" quien en realidad solo era su compañero Saúl.
-Agh... Ya... Ahh entendí que... Odias las sorpresas -Dijo sobándose el lugar golpeado y recuperando la respiración.
-Te he dicho que no debes acercarte sin hacer un jodido ruido, un día de estos terminaré disparándote. ¿Que no tomabas el tren para ir a trabajar?
Elizabeth alzo una ceja confundida por el repentino sonrojo de su compañero.
-Es solo que, estaba pasando cerca de la entrada a la estación cerca de aquí y dije que era un buen día para admirar el azul del cielo y ¡Zas! que te encuentro a ti por casualidad Beth.
La morena rodó los ojos y suspiró lista para rechazar al pobre rubio.
-¡Agente Russell! Llega tarde -La voz del superior alarmó a ambos oficiales.
Realmente no se había dado cuenta de que ya estaban frente a la entrada del departamento.
-Si señor, lo siento. No sé repetirá.
-Asi es Señor. -añadió el rubio.
-Agente Howards, entre rápido a llenar los papeles que llegaron del estudio forense.
El rubio asintió y se fue hacia el departamento no sin antes guiñarle un ojo a su compañera.
-Agente Russell, ya que llega tarde necesito que vaya al aeropuerto, han observado al jefe de una pandilla fabricante de cannabis de fuertes dosis. Es su responsabilidad y como castigo a su falta de respeto irá sola.
-Habra una reunión con funcionarios del gobierno sobre el Caballero Zafiro y usted no quiere que yo esté allí. ¿Me equivoco?
El Capitán Astrud observó meticulosamente a la mujer con una expresión de pocos amigos -Eres demasiado inteligente como para negarlo. Ahora atienda el caso que le acabo de dar y lo necesito resuelto para ayer.
La morena suspiró y tomó las llaves que le ofreció el capitán de la patrulla siendo de inmediato abandonada por el superior. Sin dar muchos rodeos decidió poner manos a la obra y cerrar el caso.
Llegando a la ubicación asignada, camino en cubierto como si fuera una más del montón, se mezclo entre el gentío. Buscaba los rasgos reconocibles de aquel delincuente, tal vez con algo de suerte desquitaría su ira con esa basura.
Sin embargo, de nuevo aquella sensación regresó, se sentía observaba y nuevamente como si la estuvieran persiguiendo. Miró a su al rededor presa de la paranoia de la cual por instinto se fijó en los alrededores de inmediato se percató de un hombre pelirojo con bárbara de ojo bicolor, que por primera vez se sintió acorralada ya que est parecía acercarse a ella con prisa.
Y a pesar de sus ganas de ir a enfrentarlo su cuerpo hablo primero llevándola a dirección contrario al sujeto, claramente en un intento de huir. Aquel hombre intimidante se acercaba a ella con rapidez, así que sin muchas salidas decidió intentar perderlo entre el público. Ingresaba entre un monton de gente que luego se dispersó dejando al tipo a la lejanía confundido, buscándole con la mirada y notando que este se acercaba nuevamente a ella aún sin haberla ubicado, choco contra un torso.
Chocó contra un torso fuerte, presa del pánico e intérprete de la situación hizo lo primero que se le ocurrió tomo al extraño para ponerla frente a ella dejándola contra la ventana a merced del desconocido.
-Se que no me conoce pero por favor necesito un favor, oculteme con su cuerpo. -miró hacia un lado del extraño perdiendo de vista al brabucon.
-Eres una jovencita maleducada, primero se saluda cuando no conoces a alguien.
La voz tan atractiva, de tono grave pero no tanto atrajo su mirada a la del sujeto. Era un hombre de apariencia no tan mayor, su cabello era platinado al igual que ese bigote junto a una barba semi larga, pero hubo algo que la dejo allí inmóvil. La mujer se encontraba intimidada por primera vez en tanto tiempo por unos iris azules como el cielo pero con ese leve toque violeta en destellos que lo hacían parecer de otro mundo.
-¿Ahora eres una jovencita muda? Esto es curioso en realidad, huías de algún matón supongo.
-Algo así, creo que me perseguía o tal vez solo sea paranoia, soy Elizabeth Russell... ¿Señor?
-Evan... Evan Karls -Seguía Observando aquellos ojos hipnotizantes que la empezaban a volver loca. -
-Ya debió haberse ido, ¿gusta que lo ayude con su maletín señor? Siempre es bueno ayudar a nuestros mayores.
El señor rió-Que adorable jovencita.
Tomó el maletín que sorprendentemente estaba algo liviano para su sorpresa, de camino a la salida no hubo mucha conversación pero se respiraba un ambiente agradable. Cuando por fin salieron el hombre le agradeció entregándole una paleta.
-Yo de verdad no consumo dulce.
-¿Es por la figura?
-Es solo que... Mi madre solía comprarlas cuando salíamos juntas de compras, así que no es algo que me despierte buenos sentimientos, más que nada me daría depresión.
-Oh señorita Elizabeth, la vida es bella y usted es muy joven para perderse de dulces momentos. -le dedicó una sonrisa que ella sintió de una manera confusa.
Se despidió y durante los pocos minutos que pensó en las palabras del mayor tomo la paleta entre sus manos y la destapó para apreciarla y luego meterla en la boca. De pronto un pequeño mareo se apoderó de la morena al cual no le dió tanta importancia, su respiración estaba algo agitada hasta que de pronto sus ojos se cerraron apenas escuchando unos pasos que se detenían frente a ella fugazmente para luego desconocer su alrededor.
Sus párpados pesaban de manera absurda solo pudo sentir como su muñeca ardía pues algo apretaba con fuerza sin dejarle movimiento. Abrió lentamente los ojos con toda voluntad aunque hubiese dificultad, encontrando frente a ella la silueta escultural de un hombre de color moreno con algunas mechitas rubias que lo hacían ver algo extraño. Trato de hablar pero una venda en su boca le lastimaba solo haciendole soltar un pequeño grito.
Dicho grito alarmó al guardaespaldas de anterior descripción quien abriría la puerta llamando a alguien más, luego de un par de minutos de incertidumbre un hombre entraría haciendo que el guardaespaldas saliera.
-¡Buenos días! O tal vez serían buenas noches en su lugar, dormiste profundo. -soltó con una sonrisa grande - ¿Que tal el hospedaje? -hizo un ademán con la mano haciendo como si estuviera esperando una respuesta.
-¡Umgh!
-Oh me alegro que te guste, todo lo hice especial para tí, solo quiero que te sientas cómoda en tu nuevo hogar.
El azabache se acercó hacia la mujer para mirarle seriamente.
-Solo hay que aclarar un par de cositas: No puedes salir de esta habitación, te explicaré todo lo que quieras saber pero si haces algún ruido desesperante voy a volar tú cabeza de un tiro, ¿Entendido? Entendido.
El hombre bajo la cinta que aprisionaba su boca.
-¡¿Quien mierda eres?! -Atacó la morena enojada.
-Soy Nicholas Valentine, o como me conociste hace unas horas atrás también Evan Karls y si eres un policía de verdad como lo asegura tu placa... Soy El Caballero Zafiro.
Fue entonces como si un balde de agua fría cayera sobre ella, dejando que prácticamente se quedará en estado de Shock. Quería creer que era imposible hasta que se fijó en esos orbes, eran los mismos del aeropuerto y los mismos que describían las víctimas de ese hombre. De verdad era él.
-Si lo que crees que vas a hacer es violarme te quedaras con las ganas infeliz asesino, te voy a llevar a la cárcel.
-Mmh... Sería curioso verlo, aunque no creo que por tu seguridad debas hacerlo.
-¿Me matarás si lo hago? No me das miedo, te odio mucho en realidad, si no tuviera estás cintas en las muñecas sería otra historia.
-Maite Elizabeth Baker Russell, Agente de Policía, Sin familiares salvó con una madre en el hospital en estado vegetativo. Vives en el edificio NorthWish, tienes 26 años y haz cerrado más de 12 casos-
-Son más de 15 casos y qué ¿Estabas investigandome? Eres adorable. -soltó en un tono burlesco.
-Yo no te investigué, no suelo investigar a mis víctimas. -Sonrió sutil, algo que desconcertó a la morena quien solo le hizo una expresión para que siguiera -Esa es la información que se le dió a conocer a absolutamente todos los Sicarios activos en el país.
-Eres un estúpido si crees que voy a-
-Elizabeth. -la voz impaciente del azabache la dejo sin palabras esperando a que continuara- Veo que de verdad no captas la gravedad de tu situación. Actualmente eres la persona más buscada en la industria del crimen a nivel nacional, no sé en qué te metiste pero más de 347 asesinos están ahí afuera cazandote para matarte.
Expandió los ojos perpleja, no podía creer lo que su canal auditivo recibia, era imposible debía haber una explicación razonable para esa locura.
-Eso es... Es imposible, ¿por qué carajos querrían matarme?
-Mmh... Tal vez porque jodiste los planes de muchas pandillas, mafiosos etc... Hay mucha gente que te odia.
Elizabeth cerró los ojos tratando de asimilar la información, debía ser una broma o tal vez ese repugnante asesino frente a ella estaba aprovechándose de su ingenuidad. ¡Claro eso era!
-¿Por qué debería creerte? Estoy segura que tú también eres de esos tantos sicarios que buscan matarme.
-¿Por qué tendría que tenerte atada en una habitación cuando tengo cosas más relevantes que hacer? -respondio de forma arrogante.
-Mierda, solo juegas conmigo. ¿Entonces significa que te contrataron para matar-
La mujer se quedó callada ante la mirada de indiferencia inundada en ese mar. Por más fuerte que estaba haciéndose su pecho dolía, estaba asustada de cierta manera, cada que pensaba en el maldito Caballero Zafiro soñaba con golpearlo, insultarlo y vengarse por todos sus testigos frustrados que el se encargaba de deshacer, pero cada que esos analizantes zafiros la miraban fijamente le ponían la piel de gallina sin entender porqué.
-¿Vas a matarme? -soltó en un tono hostil.
-Ja, ja, ja.
Aquella risa retumbaba su interior, era igual de varonil y hipnotizante como su mirada.
-Eres muy graciosa. Para tu fortuna rechacé todas las ofertas que me hicieron por matarte, no me interesa hacerlo, tengo un favor que hacerle a alguien y es por ello que tengo la obligación de protegerte.
-¿Tu, protegerme? -la sonrisa del ojiazul se fue apagando al escuchar la sonora risa de la mujer. -JA, JA, JA, JA. Eres muy gracioso, ¿Un asesino evitando que maten a alguien? Ya en serio, que tan miserable eres como para aceptar un trato así, no eres un santo, eres un ser repugnante quien lleva en sus manos sangre inocente.
-Eso es muy halagador.-se acercó a la mujer con elegancia- aunque ese apodo que inventaron sobre mí está algo muy exagerado ¿no crees?, me siento un héroe cada que lo escucho.
-Te crees un Dios ¿no? Eres un infeliz poco hombre que cree que porque aún no lo han atrapado todos deben termerle. Me das asco -le escupió en el rostro con total enojo.
Los hombres que estaban en la puerta se miraron preocupados ante la osadía de la mujer al burlarse así de su jefe. Nicholas empezó a reír sutilmente acompañando en melodía a la joven morena.
-Si... Soy un Dios, ja, ja, ja -se limpió con un pañuelo la saliva en su mejilla, se alejó de la morena y agarró dentro de su saco un arma sacándola para la vista de los presentes aún sin borrar la sonrisa de su rostro. -Un completó infeliz insensible.
-¡Señor mío, no tiene los guantes!
Exclamó con nervios uno de los guardias de la puerta al ver como el azabache ponía sutilmente sobre la frente de la mujer apuntado con el arma. Al contrario la morena solo se quedó callada con una expresión desafiante, expresión que preocupaba a ambos guardaespaldas.
-Señor por favor, recuerde la situación. -apoyo el otro preocupado.
-Si~ -añadió la mujer. - Apreta el gatillo, no creí que fueras tan manejable para nada sirve un rebunbante apodo.
-Vaya ni siquiera tiemblas, ¿Te han apuntado con un arma muchas veces? -siguió con su posición firme y su encantadora pero aterradora sonrisa.
-Vete a la mierda.
-¡Señor! -volvieron a pedir los guardaespaldas.
Esta vez Nicholas hizó caso y apartó el arma, de nuevo guardandola en su lugar y alejándose hacia la puerta no sin antes decir sin voltearse.
-Sientete como en casa, preciosa.
Y con ello cerró la puerta tras él haciendo a la mujer por fin soltar un bufido lleno de impotencia, lleno de miedo y tristeza ante la espantosa idea de permanecer junto a la persona que más ha odiado toda su carrera. Se maldijo internamente por ser tan tonta y confiar en un "amable anciano"
En su cabeza solo podía pensar en su madre y en lo mucho que necesitaba verla.
◇