Prólogo
Fue justo esa noche, ¿verdad? La noche en que decidiste romper cada maldita promesa, la noche en que te burlaste de la honestidad, de la ilusión y de mi alma estúpida y desnuda.
No voy a olvidar, aunque lo intentaste con todas tus fuerzas, aun desafiando tu última voluntad. Sí, Naomi, escuchaste bien: creíste ser cruel, creíste ser mejor que yo, planeaste ser feliz sin mí. Pero, así como tú eres astuta entre las astutas, yo también soy un alma despiadada, y no me arrepentiré de esto.
Escúchame bien, Naomi: mi venganza será amarte hasta la muerte, sujetarte hasta que mis manos se quiebren, besarte hasta que mis labios sangren, declararte, como sentencia de muerte, mi amor, mi amor que no descansará, que no morirá jamás, querida Naomi.
Ódiame, ódiame tanto, ódiame porque he decidido que así será, porque tuviste opciones, Naomi, tuviste momentos para elegir, pero ahora ya no queda ninguno.
¡Oh, cuánto anhelo que me odies! Tus sentimientos son mi alimento, tus puñaladas, un éxtasis sin igual, lo sabes muy bien.
He aprendido de ti, Naomi: que eres incapaz de amar. ¿Y quién soy yo para crear amor de la nada? Perder el tiempo intentando me hizo parte de tu cruel juego, pero eso ha terminado, mi amada, eso ha terminado.
Mi placer ahora es vengarme de ti, provocar tu ira, ¡tu deliciosa ira!
Arrepiéntete, arrepiéntete tanto, arrepiéntete porque te amo más de lo que confesé, porque te valoro más de lo que admití, ¡porque te he engañado tanto!, porque mi corazón late por las palabras que negué, por las caricias que fingí no sentir, por ti, Naomi.
Oh, amada, todo esto es por ti.
¿Hasta qué punto te engañé?, ¿cuántas lágrimas derramaste por mí?
Sé que piensas, Naomi, tu mente es mi aliada más fiel, piensas que fui un tonto, ¿verdad? Te lo confieso: todo esto estaba planeado desde el principio, no quería otra cosa que hacerte sufrir. Sufre por mi amor, Naomi, sufre por todo lo que ignoraste esa noche.
Eres tan, pero tan osada, Naomi, ¿crees que tu silencio pudo herirme de tal manera? ¡Cuánto te equivocaste, mi amor!
Sufre, sufre tanto, sufre porque me has hecho llorar, porque solo tú has causado todo esto, ¿cómo te atreves, Naomi, a seguir haciéndome llorar?
Cruel y desgraciada Naomi, tu cerebro es un doble espía, pero... ¡ese tonto corazón!, ese estúpido corazón tuyo... no revela ni una sola palabra, ¿qué sientes, Naomi?, quiero saberlo...
Confiésamelo, Naomi...
¿Cómo fue que te atreviste a dejarme solo?, ¿qué fue lo que sentiste aquella noche?
Oh, tranquila, mi amada, que este misterio no durará mucho, no será mayor a mi amor, descubriré qué te hizo abandonarme, y serás tú la que rogará por mi amor, por mi preciado perdón.
Ámame, ámame tanto, ámame porque te salvaré, Naomi, ámame porque eres presa de tu incrédula mente, de tu insensible corazón, solo yo puedo librarte, mi amada Naomi.
Escúchame bien, Naomi: amarte no fue una elección, fue la verdad que no puedo negar, no deseo que me entiendas, ni que te disculpes, y mucho menos que me ignores y te engañes tratando de seguir con tu vida normal.
Solo quiero que sepas que este amor sigue aquí, fuerte y real, y que no se irá mientras yo respire, mientras yo pueda ejercer poder sobre mí mismo, y sobre ti.
Deja de contradecirme, Naomi, ni siquiera has oído mis palabras y ya sé qué es lo que responderás, o más bien, lo que pensarás.
Sé que no te atreverías a responder, podrás pensar que tu orgullo quedará intacto si no lo haces, pero, oh, Naomi, mi aliada me lo dice todo: te avergüenzas tanto.
Te avergüenzas de haber actuado en contra de tu voluntad, ¿no es así? Esa noche me obligaste a hablar, ¡me usaste!, todo eso porque no te atrevías a hacerlo tú.
Está bien, amada, sabes que no te guardo rencor, hiciste bien tu trabajo, me convenciste de manera tan excelente... llegué a pensar que realmente te odiaba, y me tenías siguiendo cada una de tus órdenes, ¡ja!, tan astuta como siempre, pero como dije, Naomi, eso ha terminado.
Me engatusaste para que te odiara, y ahora es mi turno de usarte en contra de tu voluntad, Naomi.
Pero no al odio... eso jamás.
Te obligaré a amarme, a amarme tanto como yo te amo, oh, Naomi.
Esta es mi carta de amor, mi confesión, obra de mi propio deseo, mi declaración de guerra.