Negro
Los pasos se escuchaban por toda la calle, nadie a mi alrededor, las estrellas me acompañaban, lastima que no sabía que no eran las únicas siguiéndome.
—¡Ya llego la comida!
—Ya que insistías tanto... Te traje lasaña.
Me acomode en la cama saboreando de antemano el olor de la lasaña por la que tanto esperaba, estaba emocionada, no es como que la comida que me diera fuera mala, pero el antojo podía más conmigo estos días.
Su mirada cada vez que comía era extraña, como si mirara un perro muerto de hambre saborear su última comida antes de ser sacrificado, no estaba tan alejado de la realidad, y eso lo sabía, no me molesta, ya lo asimilé, y el hecho de que sentía cierta fascinación en su mirada me divertia un poco.
—¿Esta buena?
—Exquisito señor chef~
Terminé de dejar el plato totalmente limpio y dejé los cubiertos sobre el, esperando que se lo llevara, pero se quedo quieto, mirándome, le devolví la mirada fijamente antes de que se echara a reír, sin duda era extraño, el tipo más extraño del mundo para mí, se levantó para llevarse los cubiertos y me levante de la cama también para ir a la esquina donde dibujaba en la pared con una piedra, era aburrido estar en una habitación con solo una cama y un baño.
—¿Quieres papel y lápiz?
Su pregunta me saco de mis pensamientos, pensaba que se había ido, pero ahora que lo pienso no escuché la puerta cerrarse, ¿cuánto tiempo lleva ahí?
—Que sean de doble hoja y el lápiz HB, gracias~
—¿No quieres también un celular?
—Si eres tan amable~
Aún dentro de la habitación podía escuchar su risa, siempre se ríe con mis palabras, y no lo entiendo, no soy tan graciosa. A los minutos me trajo las hojas y el lápiz, HB, por lo menos trajo el que pedí, hoy tenía muchas ganas de dibujar, las ideas no paraban de aparecer en mi cabeza y el insípido muro tenía demasiados rayones míos como para distinguir un dibujo de otro, me estaba frustrando, tal vez sea por eso que me ofreció el papel.
—Realmente sabes dibujar.
—Estudio artes, más respeto.
—Lo que Van Gogh diga.
—¿Y el celular?
—Muchos dibujos por hoy.
—¡No dije nada!
Me lancé sobre el piso para evitar que se llevará todo, su carcajada lleno mis oídos, mucho ruido, demasiado, en cuanto terminó de reír se sentó en la cama extendiendo su mano para que siguiera dibujando, no me gustaba que me vieran dibujar, pero ya que, quería hacerlo y no voy a desaprovechar la oportunidad. Si fuera posible me gustaría más lápices, algunos de color rojo, morado y verde, también unos marcadores, estaba por pedírselo pero de reojo ví que se quedó mirándome fijamente, decidí seguir dibujando tranquila, no se cuanto tiempo pasó pero me dolían las rodillas. Me quedé sin hojas, nada raro, solo me trajo 20 y el lapiz ya no tenía filo.
—¿Sacapuntas?
—Y unas 100 hojas más~
—¿Me viste cara de papelería?
—Tu preguntaste.
Se rió nuevamente y se levantó de la cama sin mirarme cerrando la puerta, supongo que ahora si se fue por hoy, que equivocada estaba. A las dos horas, creo, no estaba segura, el tiempo para mi es raro, más en una habitación sin ventanas. Volvió con una caja, me quedé un buen rato mirándola desde donde estaba hasta que me dijo que podía abrirla, me acerque llena de una curiosidad que no paso desapercibida para él, y ahí estaban, muchas hojas de papel tamaño carta, levante la caja y la deje en una esquina, ¡estaba feliz!, ¡con esta cantidad incluso podría hacer origami!, a mi espalda lo escucho toser, lo ví de reojo y en sus manos tenía... ¡un sacapuntas y una goma!, prácticamente salte hacia él para arrebatarle de las manos dichas cosas, pero él pmuy gracioso las levantó obligándome a ponerme de puntitas.
—No son gratis.
—¿Y la caja?
—Esa si lo es.
—¿Entonces?
—Quiero que me digas algunas cosas
—Bueno.
Bajo sus manos y tome con toda mi velocidad el sacapuntas y la goma, ¡con esto podré seguir dibujando!, estaba tan feliz que no se en que momento él me tomo por los hombros y me dejo en la cama, se sentó a mi lado con una mano en su boca, como si estuviera debatiendo seriamente en si hablar o no, en lo que pensaba me acomode en la cama sentándome como indio, pasaron los segundos, minutos, ya me estaba aburriendo, más que cuando estoy sola en estas cuatro paredes negras.
—¿Cómo te llamas?
—¿Esa es tu gran pregunta?
—Mejor saco la caja.
—¡Tiara Emilia Perez Rojas!
—Buen nombre, ¿qué haces?, ¿qué hacías?
—Estudiar artes y trabajar en un bar como camarera.
—Que cliché.
—Tambien soy huerfana.
—No me jodas.
—Si lo hago, tengo a mis dos padres juntos.
—Muy chistoso.
—Sip.
Las preguntas continuaron, por una laaargo rato, me estaba dando sueño, ya no podía hablar sin bostezar, algo que le pareció divertido.
—¿Por qué estas preguntas ahora?
—¿No puedo?
—De poder, puedes, la pregunta es, ¿por qué ahora?
—Tenía curiosidad.
—¿Luego de tres semanas?... ¿Si son tres semanas?
—Si, tres semanas, y bueno, no ví tu carnet cuando revise tus cosas.
—Un bastardo me robo la billetera tres días antes, hijo de puta.
—Jaja, nisiquiera a mi me hablaste así el primer día, ¿por que?
—¿Hacer enojar al tipo que me tiene encadenada?, no soy tan tonta.
Ante mi respuesta volvió a reírse, últimamente se a reído mucho, supongo que algo bueno le pasó afuera, en cuanto termino solo se levantó y se fue cerrando la puerta, esta vez, escuche los candados, me pregunto porque antes no los puso y ahora si, ¿será porque ya va a dormir?, no quise pensar mucho más por el día de hoy así que me acurruque en la cama y caí rendida, agradezco que las sábanas sean tan calentitas, en este lugar siento mucho frío, pero poniéndome modo oruga es soportable, aveces, lo suficiente para dormir plácidamente.
Los candados abriéndose me despertaron, pero me quedé quieta manteniendo la respiración lenta, los pasos a mi alrededor se escucharon igual de lentos, deteniéndose a mi espalda, siempre hace lo mismo, en algún momento cuando se supone debería estar dormida se me queda mirando mientras duermo, a veces incluso coloca lo que creo que es un cuchillo en mi cuello, pero al final nunca hace nada, hoy es lo mismo, me pregunto cuando me matará, cuanto tiempo durará esto.