Corderito: Prisionero del Emperador

Summary

En las sombras de un sistema implacable, donde la justicia parece ser un lujo y la esperanza un susurro perdido, Byun Baekhyun, un médico, se encuentra atrapado en el frío laberinto de la prisión. Injustamente condenado, su mundo cambia para siempre cuando conoce a Park Chanyeol, al Emperador, un hombre rudo y temido que gobierna con puño de hierro en ese microcosmos de violencia y poder. El Emperador no solo lucha por mantener su dominio, sino también por sobrevivir en un ambiente donde la fuerza y la astucia dictan las reglas. Entre paredes grises y miradas desconfiadas, se forja una historia de alianzas, enfrentamientos y secretos, donde cada paso puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Este es un relato de poder, resistencia y redención. De cómo dos almas tan distintas se encuentran en el lugar menos esperado, y cómo la lucha por la supervivencia puede transformar incluso al hombre más endurecido. Bienvenidos a la prisión donde el destino no perdona, y donde el Emperador y el Corderito cambian para siempre el significado de la libertad.

Status
Complete
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28
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n/a
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18+

I

Byun Baekhyun, esta corte lo encuentra culpable de la muerte de la menor Bae Joonhyun y lo sentencia a cinco años de prisión en la penitenciaría de Seodaemun.

El martillazo del juez hizo un eco sordo en su cabeza y una silenciosa lágrima descendió de sus orbes, rojas e hinchadas.

Lo siento. —Susurró su mejor amigo y abogado, Kim Jongdae, mientras lo abrazaba, aguantando las lágrimas. —Hice todo lo que pude. —Baekhyun veía a su alrededor, sintiéndose ajeno a esa incómoda situación.

El llanto de su madre y amigos, la sonrisa cruel de quienes lo inculparon, los murmullos de los presentes. Se sentía desleal, como si en cualquier momento su piel fuese a agrietarse, transformándose en tierra seca que caería a pedazos hasta no dejar más que un rastro de polvo. Miró de reojo a su antiguo novio, al culpable de que estuviese ahí, siendo sepultado en vida por un crimen que no cometió. Todo por un mínimo error, una infidelidad que desembocó en una amenaza sobre hundirlo; qué arrogante fue al pensar que solo eran palabras facturadas.

Aún recordaba cómo se había mofado de su exnovio cuando este le dijo que lo aplastaría, que lo destrozaría. A sus ojos, Minho solamente estaba despotricando debido a la ira; patético. Poco le importó que el padre de este fuera el director del hospital donde trabajaba. Y es que jamás pensó que ese hombre, serio y razonable, se dejaría llevar por las malditas palabras de su hijo, incriminando a Baekhyun sobre la muerte de uno de sus pacientes. Sí, Baekhyun había pecado de soberbio e ingenuo.

Acostumbrado a una vida donde todos a su alrededor celebraban cada cosa que hacía o decía. Destacado en su trabajo como pediatra, de facciones sensuales y hermosas; con una labia digna de envidia y anhelo. Pensó que su aventura de unas cuantas noches con el lindo enfermero de la planta de cirugía no tendría importancia y cuando Minho su novio de un año, lo descubrió, con el chico, montándolo como un profesional, imaginó que simplemente significaría el término de su relación sentimental. Nada que realmente le importase. Ahora vivía en carne el alcance de su error.

Baekhyun. Haremos todo lo posible para sacarte cuanto antes. —Jongdae lo apretó en un abrazo, no queriéndolo dejar ir. —Esto es una maldita injusticia. Buscaré una solución, te lo prometo.

Jongdae. —Musitó con la voz quebrada. Sus ojos fijos en su pobre y agotada madre. —Necesito pedirte un favor.

Lo que sea. Pídeme lo que sea.

No quiero que Taeyeon vaya a verme a prisión. No lo soportaría. —¿Cómo permitir que su madre sufriera yendo a verlo a prisión? No podía ser tan egoísta.

Jongdae retuvo las lágrimas y asintió con un movimiento de cabeza. —De acuerdo.

Bien. Gracias.

Dos guardias se colocaron tras Baekhyun y Jongdae, al notar la presencia de los hombres, rompió su abrazo. No dejaban de mirarse y Baekhyun limpió con sus dedos pulgares las mejillas húmedas de su mejor amigo; era como su hermano.

Byun Baekhyun, debe acompañarnos.

Debo irme. —Un tirón de la comisura de sus labios fue lo mayor que logró esbozar en similitud a una sonrisa alentadora.

Iré a verte. Sé fuerte.

Lo sé. Cuídate y cuida a mi madre, por favor.

Contó los pasos que retrocedió, fueron tres. Miró a su madre por última vez y cuando ella se levantó, apretando su húmedo pañuelo debido a las lágrimas, Baekhyun le indicó con un movimiento de cabeza que no se acercara. Se dijeron todo con los ojos. Ella era la persona más importante en su vida y quien más sufriría por lo que a él iba a ocurrirle, lo sabía. Ocasionarle tal dolor a su madre era su peor castigo. Las miradas acusadoras de los guardias podrían atravesarle la dermis.

Lo escoltaron para que saliese del tribunal, haciendo sonar sus grotescas botas militares. Baekhyun se volteó una última vez y miró de reojo lo que dejaba atrás. Ya no le quedaban más lágrimas, solo un vacío lacerante en su pecho y los músculos de su garganta resentida por la cantidad de gritos y lamentos que hubo vociferado la noche anterior. El fin de su vida estaba a punto de comenzar.


La Prisión de Seodaemun era conocida como una leyenda urbana. Las bromas que buscaban infundir miedo siempre se basaban en aquella mazmorra; tétrica y aterradora. Un leviatán hecho de concreto y barrotes metálicos que se alimentaba de aquellos desdichados infractores de la ley y el orden. El aire a su alrededor era seco y denso. Baekhyun apenas si podía observar la inmensa y macabra estructura sin largarse a llorar como un mocoso. Enfrentándose al temible monstruo de sus pesadillas.

Sus pisadas crujían en la tierra mohosa y pútrida, un lugar donde no llegaba el sol. Todo ahí indicaba muerte y desasosiego. La melancolía desgarradora de los muertos, caídos por la dureza de aquel infierno, era palpable. Baekhyun tomó cada uno de sus sentimientos y los ahogó. Si pretendía sobrevivir a ese lugar, debía olvidarse de la palabra esperanza y simplemente arrojarse ciegamente a lo que su caprichoso destino le tuviera. Preparado, pasaría frío y hambre. Aquello era tolerable, sería violado, estaba consciente de eso, podría morir, ya lo había aceptado.

¡Camina, recluso! —Lo zarandeó un guardia. Baekhyun no llevaba grilletes, mas sus pies pesaban cual si los tuviera. El chirrido metálico de las rejas al cerrarse tras él lo hizo estremecer. Miraba de reojo todo el lugar, tan desahuciado como repugnante. El olor a orines llegaba a su pequeña y respingada nariz; quiso vaciar su estómago por la boca. Lo empujaron hasta una especie de recepción donde uno de los guardias de la prisión lo hizo firmar y llenar un formulario.

Le indicaron el reglamento interno, algo estúpido ya que en aquel lugar la única regla vigente era ´´Sobrevive como puedas´´.

A las duchas. Te cambiarás ropa y serás llevado a tu celda.

Asintió, con la cabeza gacha y mansa. No quería mostrarse desobediente con los guardias, ellos podrían hacer de su estadía un infierno si se lo proponían. No se haría ilusiones falsas, pensar en ganarse el favor de los uniformados era simplemente ridículo. Podía verlo en sus rostros, ellos disfrutaban tanto del dolor ajeno como quienes lo ocasionaban.

Sus estilizadas ropas se veían sucias y añejas. Era el resultado de haberlas tenido puestas durante la semana que pasó en una prisión preventiva a espera del juicio. Olía mal. Sus ojos estaban hinchados y ojerosos. Sus labios secos y agrietados por el frío de las noches. Su piel había adquirido un semblante grisáceo y apagado. Poco tenía que ver con el Byun Baekhyun de días atrás. Aquel despampanante y cautivador médico que sonsacaba suspiros con solo caminar por los pasillos del hospital.

Ahí. —El guardia señaló con su luma, una de las regaderas. —Abre la llave y sácate ese olor a puerco. —Baekhyun tragó grueso. Comenzando a quitarse sus ropas ante la atenta mirada de los hombres. Si decidían abusar de él, no habría nada que pudiera hacer. No iba a resistirse, sabía que eso solo prolongaría su sufrimiento. Cuando estuvo desnudo, sin nadie asaltando su perfecto cuerpo de piel caramelizada, pudo respirar. Se adentró en el agua gélida, soltando un quejido cuando esta chocó con su piel. Parecía quemar y dolía. Dios, como dolía.

Unas lágrimas se filtraron de sus ojos índigos. No hizo nada para reprimirlas ya que pasaban inadvertidas debido a la lluvia artificial. ¿Qué daño hacía mostrar algo de humanidad y sufrimiento antes de que todo le fuese arrebatado?

Estás listo. Sal del agua. —Baekhyun obedeció, con algunos restos de jabón en su cuerpo. Se colocó las prendas de vestir otorgadas en la recepción. Eran viejas y olían a humedad, algunas tallas más grandes que él, cuyo menudo y curvilíneo cuerpo quedaba oculto tras el hosco vestuario.

Con un gesto lacónico le fue señalada una silla. Se sentó en ella y cerró los ojos al escuchar el ruido de la máquina de cortar cabello. Pensó que lo raparían, mas los guardias solamente lo cortaron, dejándolo algo disparejo y de muy mal gusto. Al colocarse de pie y verse en un sucio espejo, Baekhyun se golpeó mentalmente por no haberse dejado crecer barba. De haberlo hecho su rostro no luciría tan infantil y femenino.

Vamos. Conocerás a tu compañero de celda. —Sin decir palabra alguna, caminó entre los guardias y todo el poco coraje que había reunido, lo abandonó al llegar al área de los calabozos compartidos.

¡Hey! tú... Cosita linda. Voy a joder tu culo hasta que se te salgan los intestinos.

¡Venga, pero si nos han traído una princesita!”

No necesitamos más perras en esta prisión. Para mañana ya estarás muerto.

Oye preciosidad, ¿Qué opinas de convertirte en mi putita personal?

¡Pero que ojazos! Será una lástima cuando te los saque con mis propios dedos.

Baekhyun dejó de escuchar las insinuaciones y amenazas. Temía vomitar de no hacerlo.

Oye. —Volteó al escuchar la voz de un guardia. —No dejes que te intimiden, muchacho.

Y realmente no esperaba aquella muestra de humanidad en ese lugar. Inclinó su cabeza en un gesto asertivo. No, no estaba intimidado y es que ya se había resignado a lo peor. Pero aun así le daba asco ver a qué nivel podía denigrarse su especie. Evolución humana. Sí, claro. Detuvo sus agonizantes pasos cuando uno de los guardias que caminaba por delante de él, dejó su andar.

Es aquí. —Sacó un manojo de gruesas llaves metálicas del enganche que tenía en su cinturón y la introdujo en la cerradura, girándola. —Disfruta tu estancia en Seodaemun, Byun Baekhyun. —No eran prisiones de barrotes nada más.

Eran habitaciones aisladas con murallas de concreto y cuyas puertas eran de metal con una rendija de barrotes. Dio unos cuantos pasos. Aferrándose las mantas de cama que sostenía con recelo entre sus brazos. La puerta tras él se cerró y escuchó las risas viles de algunos guardias al irse. Recorrió el lugar con sus macilentos ojos. No era especialmente pequeño, pero sí repulsivo, como la cueva de un demonio. Las paredes ralladas, el suelo desnivelado y una litera vieja. Un inodoro y un lavamanos.

Del techo colgaba una ampolleta que centelleaba de vez en vez, haciendo que el lugar se sumiera entre tétricas sombras. Un enorme saco de boxeo y unas pesas se aglomeraban en un rincón.

Hm. ¿Pero que tenemos aquí? —De la litera superior vio un cuerpo removerse. Su voz fue ronca y tronó en los oídos de Baekhyun. Si no hubiese sido porque mordió su lengua, habría dejado escapar un lastimero gemido. El hombre saltó de la cama, haciendo que sus pies, enfundados por botas militares, chocaran en un ruido tosco contra el suelo.

Los ojos de Baekhyun bajaron inmediatamente al enladrillado piso. No quería mirar al hombre, no quería demostrar lo que era innegable. Tenía miedo, sin embargo, no temblaba. Respiró tan bajo como le fue posible, pero los latidos de su corazón ejercían presión contra sus cotillas debido a la intensidad con la que su músculo cardíaco bombeaba sangre. Todo su cuerpo estaba tenso y se sentía exangüe; indefenso. Los pasos del hombre resonaron en sus oídos. La percepción de él acercándose hizo que su piel se erizara.

Los dedos de sus manos se crisparon en torno a las mantas de la cama que sostenía. Podía escuchar la respiración del otro, densa y pesada.

Así que tú eres la puta desafortunada que me han mandado. —Baekhyun tuvo dificultad para seguir respirando. —Cuando solicité un compañero de celda para divertirme, no imaginé que me traerían a un cachorro. —La voz del desconocido era como un ronroneo amenazador. No había emoción alguna en sus palabras, solo un comentario venenoso que se adhería a la dermis de Baekhyun.

Levanta tu mirada. —Las tupidas y generosas pestañas de Baekhyun se batieron con lentitud mientras procesaba la orden de su verdugo personal. Su labio inferior tembló, y los segundos pasaron como horas al ejecutar lo mandado. Levantó la vista, enfocando sus notables y expresivos ojos en el hombre frente a él. Mucho más grande que Baekhyun, de complexión maciza e inconcebiblemente trabajada. Baekhyun no recabó en los detalles del cuerpo frente a él, simplemente se dirigió hasta el rostro del hombre.

La luz encima de sus cabezas parpadeaba mientras se mantenían la mirada. El desconocido tenía el cabello corto a los lados y largo en su parte superior, levemente despeinado, con unos rizos rebeldes formándose. Sus facciones eran tan hermosas como frías y atrapantes. Ojos jade opacos y que destilaban avidez de contacto carnal. Con una perfecta mandíbula cuadrada que se veía pulcramente rasurada y que Baekhyun estaba seguro, se apretaba con rigidez. El hombre se acercó con vesania a Baekhyun, entornando los ojos e inspeccionándolo sin censura alguna.

Lo estaba analizando, igual que un depredador antes de cazar a su presa. —Nombre. —Exigió.

Byun Baekhyun. —Respondió sin titubear. Manteniéndose tan sereno como le era posible aparentar. Batió perezosamente su abanico de pestañas cuando sintió sus ojos ajados, y las pupilas del hombre frente a él se dilataron. El calor corporal del desconocido llegaba hasta Baekhyun, era pastoso y húmedo, como miel caliente.

¿Tienes miedo Baekhyun? —Preguntó con un atisbo de diversión. Sin quitarle los ojos de encima en ningún momento.

Sí. —Se limitó a responder. Soltando una bocanada de vapor caliente.

¿Por qué estás aquí?

Yo. Uhm. Me inculparon de una negligencia médica que no cometí. Aquello pareció divertir al hombre. Ya que arrugó su nariz y se pasó los dedos por su espesa mata de cabellos, ladeando una sonrisa ácida.

Así que eres un pobre inocente arrojado en esta fosa de bestias hambrientas. —Baekhyun asintió. —Pobre de ti. Y para tu mala suerte, te han puesto a compartir celda con el desquiciado Park Chanyeol.

Baekhyun atrapó su labio inferior antes de soltar una pregunta. No debía aventurarse y es que ya bastante bueno era que el hombre aún no lo hubiese golpeado y lanzado a la cama para violarlo. Así que Park Chanyeol era el nombre de su verdugo, del que sería su amo. Al menos esa noche...

¿Eres doctor?

Sí. Especializado en pediatría. —Contestó con miedo. Dudaba que sus conocimientos médicos le fueran a servir en ese lugar.

Hmmm. —Chanyeol tarareó. —Ya. Supongo que sabes cómo se rigen los lugares como este, ¿verdad? —Baek ratificó en silencio. —Perfecto. No quiero escándalos o gritos. Si eres bueno no me obligaras a romperte el cuello como a tantos otros.

La saliva del ojiazul se quedó atrapada en su garganta. Así que efectivamente tendría que tener sexo con él.

Co-comprendo. —Baekhyun no sabía que lo sorprendía más. Si la calma que aparentaba o la forma en que Chanyeol hablaba.

A la cama. Sácate los pantalones. —Baekhyun de manera inconsciente negó con la cabeza y Chanyeol abrió sus ojos, sorprendido. —¿Te acabas de negar?

Uhm. Y-yo, ¿Qué gano yo? ¿O estás tan, tan de-desesperado que no puedes obtener una follada si no es por la fu-fuerza?

La mandíbula de Chanyeol se apretó en un rictus amargo. Sus manos se hicieron puños a los costados de sus muslos y su rostro se izó, altivo y firme.

¿Baekhyun es tu nombre, verdad? —El nombrado acertó con un movimiento de cabeza. —Déjame Explicarte algo. El único que estará desesperado porque lo folle, serás tú en unos días. Cuando decenas de cerdos te hayan violado hasta rasgarte el culo. —Baekhyun no sabía qué decir a eso. Por supuesto, si no era Chanyeol sería alguien más o muchos más. Necesitaba protección, eso era innegable.

Sabía que sería violado, estaba tan resignado a ello que incluso se había jurado a sí mismo no oponer resistencia, sin embargo, su boca había formulado aquellas palabras antes de poder procesarlas y retenerlas.

En-entonces, si me acuesto contigo, ¿me liberaré de ser violado por otros?

Chanyeol negó con la cabeza. —Si me abres las piernas y me mantienes satisfecho te liberaras de ser la nueva puta de Seodaemun. Hasta que me aburra al menos.

Bien, eso era suficiente. Podría aguantarlo. —Co-con preservativo. —Negoció.

No sabía si Chanyeol tenía enfermedades venéreas y no iba a confiar en su palabra. Sabía que en prisión los condones eran entregados de manera gratuita para evitar enfermedades venéreas en los reclusos. Chanyeol soltó una risa sardónica, cruzándose de brazos y negando con la cabeza.

¿Crees que estás en posición de negociar? —Y su voz sonó más áspera. De un solo paso llegó hasta Baekhyun y con sus manos de grandes proporciones lo levantó por el cuello de su camiseta, aventándolo contra una fría y dura pared. Baekhyun soltó un gemido de dolor. Sus orbes cerúleos se cerraron ante el impacto de su espalda golpeándose contra el concreto. Mierda, había tentado demasiado su suerte. —¡Contesta! —Exigió Chanyeol.

N-no. —Respondió, luctuoso y melancólico.

Escúchame Bien, Baekhyun. Me gusta tu actitud, pero no te arriesgues de nuevo. Quien manda en Seodaemun soy yo. Tú aquí no eres nada. Una simple basura traída hasta mi celda para dejarse follar y mantenerme satisfecho. —Baekhyun lo sabía, cuan verídicas eran esas palabras.

Él solo era un cordero manzo, lanzado a los pies de ese fastuoso verdugo y, aun así, le había hervido la sangre escucharlo. Toda una vida obteniendo el mundo a sus pies le habían forjado un carácter difícil de destruir de la noche a la mañana. Incluso si su lado racional se lo imploraba.

¿Qu-quieres follarte a... a una basura? —Preguntó inquisidor. Su voz no era más que palabras temerosas y susurrantes. Chanyeol lo soltó con desprecio y no demoró en jalarlo del cabello, quedando con sus rostros a una peligrosa distancia.

No intentes jugar conmigo, Baekhyun. —Una de sus manos se cerró en torno al cuello del ojiazul, ejerciendo demasiada presión. —No si quieres sobrevivir. —Los músculos del antebrazo de Chanyeol estaban apretados y algunas venas sobresalían de su bronceada piel. Sus ojos irradiaban cólera y Baekhyun estaba seguro de que Chanyeol quería matarlo. Pero no lo haría, no sin follarlo antes.

Chan-Chanyeol. —Se las arregló para decir con dificultad. Temiendo que esa fuera la última palabra que saldría de sus fríos labios escarlatas.

Su garganta dejó de doler cuando el agarre de Chanyeol se soltó. Baekhyun se deslizó sobre la muralla de concreto, tosiendo con dificultad y sobando lo lastimado de su piel. Sus ojos estaban levemente vidriosos debido a las lágrimas que querían dejarse ver.

¿Vas a volver a negarte, Baekhyun?

Sacudió su cabeza de un lado a otro. Sin dejar de acariciar su magullada piel. —Enf-enfermades. ¿Tienes enfermedades? —Para ese instante solo podía rogar porque Chanyeol lo negara y no fuese mentira.

Por supuesto que no. Elijo bien a mis putas. —Baekhyun se sintió casi aliviado al escuchar eso. La palabra ´´puta´´ se resentía en su estómago. Eso sería desde ese día, la puta de Park Chanyeol. Apoyándose en la pared, sin colocarse de pie y buscando una forma de hacer esperar el momento donde su cuerpo sería vilmente ultrajado, decidió abrir su boca nuevamente.

¿Cómo sabes si...? —Chanyeol frunció el ceño —¿Cómo sabes que yo no tengo nada? —Y fue la sonrisa confiada de Chanyeol, la forma en que sus pómulos se levantaron dejando a la vista dos perfectos hoyuelos, lo que desató un torrente eléctrico y chispeante por su columna vertebral.

Algo le decía que iba a lamentar haber hecho esa pregunta. Chanyeol se hincó, quedando a su altura y apoyando un codo sobre su rodilla, para poder acunarse la barbilla con los dedos.

¿Me vas a decir que tú? —Tomó una mano de Baekhyun y deslizó su pulgar sobre la palma de este. —Una cosita sin una sola cicatriz en su piel, que parece un maniquí confeccionado a mano... Con tu carita de putita elegante y que seguramente podría conseguir una follada del mismo dios si así lo quisieras, ¿Tienes una jodida enfermedad venérea? ¿Qué te has dejado mancillar como las golfas baratas que uno se pilla bajo las piedras? No lo creo, Baekhyun.

Uh. Uhm. —Baek había perdido la capacidad del habla. Si antes tenía miedo, luego de las palabras de Chanyeol había quedado completamente aterrado. Podía sentir la boca amarga, como si su saliva fuese hiel envenenada. Necesitaba que el oxígeno llegara a sus pulmones y de ahí a su cerebro.

Esta prisión es un reino, Baekhyun y yo, soy el maldito rey. —Las manos de Chanyeol se ahuecaron en el rostro de Baekhyun, acunando sus mejillas. —Ahora, vas a abrir esa pomposa boca rosadita que te gastas o te arrancaré los labios de un mordisco. —Baekhyun inconscientemente frunció los labios, logrando que el entrecejo de Chanyeol se arrugara y que, en un arrebato, le presionara el mentón con fuerza. Hundiendo sus dígitos en la aterciopelada piel de Baekhyun. —Ya. No te gusta, ¿verdad? —Se mofó. —¿Y qué puedes hacer al respecto? Nada. Porque este es Mi Reino y tú serás mi Puta. Que te quede claro, Baek. —El tembloroso chico asintió, rogándole a su cuerpo que dejase de sacudirse. —Repítelo.

Tu... —No quería decirlo. No quería decretar la humillante realidad. —T-tu. ¿Mi? No puedo. —Y su voz sonó tan devastada como se sentía en ese momento. —Yo no...

No terminó de hablar. La mano de Chanyeol le había surcado el rostro en una bofetada. La quemazón no se hizo demorar, resintiéndole la piel.

Mío. —Rectificó Chanyeol, como si estuviese dándole una segunda oportunidad a Baekhyun.

Sí. —Baekhyun boqueó como un pez. Tratando de crear aquel morfema que al parecer su verdugo estaba ansioso de escuchar.

Comenzando a desmoronar su muralla de orgullo. La sonrisa plena y satisfecha de Chanyeol se lo decía todo. Cuan fácil había sido para ese hombre pisotearlo y encadenarlo. Baekhyun jamás había sentido una envidia tan enfermiza como en ese momento. Envidia de lo que significaba ser el amo; el dueño.

Abre la boca. —Exigió Chanyeol. Baekhyun obedeció, dócil y con los ojos entornados. Sus largas pestañas hacían sombra bajo sus ojos y sus llenos labios, resquebrajados y de un matiz coral, se entreabrieron a la espera.

Chanyeol simplemente lo observaba, con un amago indescifrable que llevó a Baekhyun a cerrar los ojos. Con sus manos temblorosas y su rostro levemente inclinado hacia adelante, en espera de que el contrario le devorara la boca.

Huh. —Una risa ronca. Baekhyun no abrió los ojos, pero un espasmo lo recorrió cuando sintió la punta de la lengua de Chanyeol deslizarse sobre sus labios. Fue un simple roce, húmedo y caliente. No duró más de dos segundos y ya había desaparecido.

El menudo ojiazul se envalentonó y corrió el velo de sus parpados para saber que ocurría. Sus Fanales azules se encontraron con los verdes de Chanyeol, con su mirada desquiciada. Como si fuese un pirata que había encontrado el cofre de un tesoro, uno que llevaba demasiado tiempo Buscando y que ahora iba a disfrutar hasta que no quedara objeto de valor alguno en su interior.

Eres un maldito corderito coqueto.