Que así sea...
"A veces, el verdadero castigo no es estar encerrado. Es no saber si realmente mereces estarlo."
Sangre
Eso fue lo primero.
No gritos, no el crujido del cuchillo entrando una y otra vez en la carne. No las súplicas. Solo sangre.
A veces creo que fue un sueño. Un maldito y jodido sueño del que no he podido despertar.
Pero entonces abro los ojos y recuerdo que ya no estoy en casa.
Que mis padres están muertos. Y que todos, absolutamente todos, creen que fui yo quien los mató. Pero yo sé perfectamente quién lo hizo...
Por ahora solo pretendo, pretendo ser una asesina sin memoria, pero que sabe más de lo que debería. Esperando cumplir con su objetivo.
Ahora estoy aquí, en este lugar que mi abuela llama psiquiátrico, pero que huele más a cárcel con pretensiones. El edificio parece sacado de una película de terror gótica: una mansión negra en ruinas, rodeada por árboles secos y un acantilado que cae directo al mar.
Una vista hermosa, si no fuera porque da la impresión de que alguien ya ha saltado.
Me trajeron para "mejorar mi condición". Para corregir mis "episodios violentos".
Pero nadie mejora aquí.
Aquí solo aprendes a esconder lo que eres.
O a usarlo a tu favor.
Desde que entré, supe que algo no estaba bien.
No me refiero a la decoración depresiva o a los uniformes blancos que parecen gritar "cuerda floja". Me refiero a lo que se siente cuando caminas por los pasillos, cuando ves a los internos reír como si no tuvieran cicatrices por dentro... o por fuera.
Aquí conocí a Zyra, con su lengua afilada y sus ojos que no se pierden ni un detalle.
A Iris, tan dulce que duele, tan callada que parece que esconde mil gritos.
Y a él...
Emris Mivanesse.
Dicen que pertenece al tercer piso.
El piso de los psicópatas, de los que nunca deberían ver la luz.
Dicen que mató a su hermano. Y a otros.
Dicen que no siente nada.
Yo digo que su mirada me quema.
Y que, cuando me tocó por primera vez, no fue miedo lo que sentí. Fue algo más oscuro. Más profundo. Como si ya nos conociéramos de otra vida... o de otro crimen.
Y luego está Seth, su amigo, su sombra ruidosa. El que sonríe incluso cuando apunta un arma. El que oculta su historia detrás de bromas y cicatrices.
Hay cosas que se arrastran por las noches en este reformatorio.
Cosas que no tienen forma, pero huelen a miedo.
A sangre.
A recuerdos que mi mente quiere enterrar, pero mi cuerpo no deja morir.
Y sé que algo más está ocurriendo.
Porque los del tercer piso están bajando.
Porque las puertas que antes estaban selladas ya no lo están.
Porque alguien quiere que revele lo que pasó esa noche.
Y cuando lo haga, puede que no me reconozca.
Así que aquí estoy.
Jugando a la cuerda floja entre locura, redención... y venganza.
Porque no vine a sanar.
Vine a sobrevivir.
Y si para eso tengo que ser un poco más monstruo que los demás...
Que así sea.