El Otro Papá - Slimeriana / Misclickduo

Summary

Codeflippa quiere ser parte de la vida de su otro papá, El Mariana. Su padre Slimecicle no le contaba nada sobre él. Sabía de su existencia y de los sentimientos conflictivos que surgían en su tutor cada vez que mencionaba el querer conocerlo. Curiosa, lo visitó a escondidas de Slime, imaginando que la recibiría con los brazos abiertos y felíz como ya le había pasado con el de ojos verdes, sin embargo, fue lo contrario. Pero eso no la hará rendirse en volver a juntar a sus padres y en buscar la aceptación de Mariana.

Genre
Drama
Author
HoneyCrumbs
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Parte Única

Ahí estaba de nuevo, viendo a lo lejos aquella casa de madera un poco maltratada por la falta de mantenimiento. Las vigas de la entrada ya no existían y había restos de ceniza como resultado de algún pequeño incendio.

La puerta seguía ahí, pero sea quién sea la persona que haya dañado la casa de su padre de esa manera, no se molestó en repararla. Ni siquiera el mismo dueño se preocupó de mejorarla, ni volverla a su estado original. El resto de residentes ya tenían más de una puerta reforzada, pero él no.

Su casa era la más indefensa y penetrable de toda la isla. Pensar en eso la entristeció un poco.

Llevaba días espiando al resto de los habitantes de la isla, esperando que soltaran algún dato sobre aquel hombre misterioso, para encontrar algún tema en común o algo de su interés, pero no pronunciaban su nombre ni por accidente.

Sólo en alguna ocasión escuchó decir a un hombre calvo que lo extrañaba, y a un chico de suéter rojo con un estampado de araña decirle a otros niños que tuvieran cuidado con él. "Se los comerá mientras duermen" lo escuchó decir con una voz tétrica mientras los niños que lo acompañaban corrían despavoridos, en alerta por si llegaban a toparse al tal Mariana.

Sin embargo, creía fervientemente que el muchacho mentía.

No creía posible que su progenitor sea capaz de dañar a otros niños. Mucho menos alimentarse con ellos.

No tuvo la dicha de pasar mucho tiempo con él la primera vez que lo vio pero se veía como un santo, vestía un manto blanco que cubría un solo hombro y una corona de plumas doradas, como un Dios griego.

Aquella vez fue a visitarlo sin avisar a nadie, quería que fuera sorpresa. Le emocionaba la idea de que su otro padre la acogiera, la abrazara y la adoptara, para que pudiera reencontrarse con su papá Slime. Volverlos una familia unida. Estaba segura que es algo que la niña a la que se asemejaba le hubiese gustado cumplir.

Nunca llegó a conocer a Juanaflippa en vida; la primera hija que tuvieron, y la principal razón por la que ya no estaban juntos, ya que su muerte los distanció.

Slime sí que hablaba de ella, de lo grandiosa que era y que seguramente hubieran sido el mejor dúo de hermanas que jamás haya existido, cosa que creía sin dudar.

Tanto ella como Juanaflippa son tan semejantes, es como si fuera su gemela perdida, pero se distinguían por el hecho de que una era un código.

Cuando era un código como cualquier otro, como los que se han enfrentado constantemente los habitantes de la Isla Quesadilla, tenía la programación de copiar la apariencia de algún niño fallecido para tomar su lugar e infiltrarse en la población.

Dio la casualidad que el frío cuerpecito de la pequeña estaba cerca de su localización, en un barco abandonado en el vasto mar, así que sin pensarlo dos veces la escaneó y adoptó su forma y tamaño. Recopiló información básica que la ayudara a adentrarse en la vida de los que la rodeaban; principalmente sus padres, Slimecicle y Mariana.

Claro que su objetivo ya no era ese.

En aquel entonces, su primer objetivo fue Slime, y después de que hiciera acto de presencia ante él en esa cueva, en su interior floreció una calidez que no podía explicar al regocijarse en el fuerte abrazo que el de lentes enseguida le dio en cuanto la vio, acompañado de su llanto.

Era un contacto desconocido, nuevo, y que se repitió constantemente, pues el ojiverde la amó a primera vista.

Si, tenía la apariencia de la pequeña que perdió, pero en cuanto empezaron a vivir juntos y la fue criando como su propia hija, se dio cuenta que no era ella, pero eso no lo hizo amarla menos.

Los días se volvieron semanas, y las semanas se volvieron meses. Codeflippa ya tenía un lugar seguro en su pegajoso corazón, así como él ya era parte de los dígitos que formaban el corazón de la pequeña.

Por otro lado, Mariana fue todo lo contrario.

En cuanto la vio en la puerta de su casa se petrificó, su rostro se deformó en una cara llena de horror y comenzó a hiperventilar mientras negaba repetidamente con la cabeza.

—No... No eres real...

—Hola, papá.

—¡¿Quién eres?! —Gritó conmocionado mientras retrocedía lentamente por las escaleras habiendo bajado solo la mitad.

Su niña estaba muerta; su cuerpecito ni siquiera debía estar cerca de su casa debido a que llegó a estar tan dolido por lo que pasó que no se atrevió a ir por ella. Volver a verla inerte, fría, con sus ojitos apagados y sin vida, terminarían por destrozarlo. Pero estaba seguro que no había sobrevivido.

¿Qué diablos estaba pasando?

¿Estaba soñando?

¿Una pesadilla?

¿Su castigo por fin llegó?

Codeflippa se paralizó. Debía estar feliz de verla, no asustado. Si, de vez en cuando pequeños números binarios aparecían a su alrededor, como glitches, pero no debían ser un gran problema pues a su primer padre no le importó.

¿Por qué no pensaba que era Juanaflippa? Lo tenía todo de ella, ¿Por qué la miraba así?

—Soy-

—¡Chingas a tu madre demonio! —Vociferó con odio sin dejarla terminar, se puso firme y siguió insultando a la pequeña que se escamó en cuanto escuchó el primer insulto. —¿Cucurucho te mandó, eh? ¿Fue Lil Jesus? ¡Ya está bien! ¡Soy un hombre nuevo y ya no van a venir a perturbarme a mi casa! ¡Lárgate! ¡En el nombre de Dios te destierro! —Aulló, apuntándole con sus índices en forma de cruz, esperando que funcione para ahuyentar a la que se hacía pasar por su pequeñita.

Juanaflippa era única; era su bebé; la única razón por la que aceptó quedarse en esa isla sin rechistar, la única niña por la que daría todo de sí, incluso su vida si eso la traía de vuelta.

Pero tal trato jamás fue aceptado por el oso blanco, ni sus plegarias ni su llanto desconsolado fueron atendidos por el hijo de Jesucristo. Hasta intentó pedirle al diablo para ver si el demonio que había escuchado que rondaba por ahí concediendo deseos, le hacía el favor.

Nada funcionó. Su niña jamás regresaría.

Quería la original, no la copia que ahora se presentó ante él. Porque estaba seguro de que eso era; su instinto de "madre" le gritaba que no era su bebé.

Ese día se había levantado con un ánimo renovado. Extraño, pues llevaba días seco por las incontables lágrimas derramadas por su pérdida, por la falta de compañía, y la inevitable culpa palpitante por ser el causante de su tormento y de la separación de su esposo. Encerrado en su cuarto, descuidando de sí mismo y de su alrededor.

Era la depresión en persona.

Pero ya no más. Ya quería recuperar su vida.

Arreglaría su hogar y la estatua de su hija. Y en sus pensamientos de cambio personal se decidió cambiar de look. Andar en bóxers, sin bañarse, ebrio y maloliente, ya no eran opción.

Dentro de sí rondaba la idea de que eso era parte de las razones de por qué su esposo -si aún lo puede llamar así- no lo visitaba. Lo extrañaba, y ya estaba dispuesto a dejar su orgullo y pena atrás para ir y decírselo en la cara. Recuperar lo que tenían. Volver a empezar.

Pero con el ente que tenía en su casa en esos momentos, dudó de sí mismo.

Tal vez no merecía nada de eso. Él le arrebató la felicidad a su niña, a la luz de sus ojos, la oportunidad de tener una vida.

Tal vez, era el fantasma de la pequeña, que en cuanto vio la motivación creciente en su desdichado padre, vino a recordarle lo qué hizo, lo que perdió por sí mismo, y qué debido a eso no debe vivir sin el peso de la culpa.

Codeflippa vio en sus ojos, más allá del odio y el miedo que marcaban, una profunda tristeza. Esos ojos castaños oscuros que la miraban de arriba a abajo, se estaban apagando.

—Lo siento. No soy Juanaflippa pero me gustaría serlo. —Dijo juntando sus manitas en su regazo y mirando al suelo. —Te veré después.

Mariana no dijo nada, seguía paralizado en su lugar ya que, poniéndole más atención a la voz de la infante, se percató que era la de su bebé, pero... extraña, con eco, como cuando te hablan por una radio.

La niña se dio la vuelta y regresó por dónde vino. Dejó que se calme. Días atrás en los que lo estuvo observando, su apariencia era lamentable, hoy se veía mucho mejor. La culpa la invadió pues seguramente le arruinó el día.

Pasados ya unos días de su primer encuentro, lo observó de lejos, alegrándose al notar que Mariana no se desmotivó por su pequeña intromisión de aquella ocasión, pues la estatua que tenía enfrente de su casa estaba como nueva, incluso tenía una veladora y a su alrededor las flores colocadas perfectamente a los pies de la escultura, danzaban al compás de la brisa, serenas y preciosas.

Eso era una excelente señal.

En cuanto lo observó salir al balcón de su casa a tomar aire, salió de su escondite, detrás de la estatua de Juanaflippa, para acercarse tranquilamente, sin prisas, pues no quería volverlo a asustar.

Mariana nota su presencia y por acto reflejo se agacha para cubrirse con el barandal, viendo a esa niña de nuevo caminando directo a su casa.

Pensaba que venía a atormentarlo por sus pecados, pero al haberla visto sólo una vez en todo este tiempo, llegó a la conclusión que no debía ser eso. Al menos que sea una tortura psicológicamente lenta.

Lo segundo parecía más acertado al volverla a tener frente a su morada, poniendo sus vellos de punta.

Sacude su cabeza para disipar la negatividad y analizó a la copia que ya estaba a los pies del balcón, viéndolo a través de las barras de madera.

Debe mantener la calma. Técnicamente le saca mucha altura. Un gigante contra una chaneque, no hay manera de perder. Solo en caso de que necesitara defenderse, obvio, no se atrevería a hacerle daño sin antes considerarlo defensa personal.

Además, su apariencia hacía más difícil el pensar en lastimarla. Era un poco más alta que su bebé, pero por lo demás es casi idéntica que lo asustaba.

—¿Qué? —Preguntó borde Mariana a la de lentes mirándola todavía escondido detrás de los barrotes.

—Hola.

—H-hola... —Devolvió el saludo, nervioso, pues de nuevo tenía esa extraña voz. Tan similar a su chiquilla pero a la vez no.

—Perdón por venir sin avisar pero no tenía como contactarte, papi Slime evita pasar por aquí o hablarme de ti.

—¿C-cómo…? ¿Papi? ¿Slime? —Interrogó, asomándose un poco por encima de su barandal, captando su atención.

—Si. He estado viviendo con él, me ha cuidado, pasamos mucho tiempo juntos. Un día te mencionó por accidente así que tenía muchas ganas de conocerte al fin. —Respondió, ocultando sus manos en su espalda mientras se balanceaba con sus pies de adelante hacia atrás.

Fugazmente, el alto pensó que era una nenita adorable, pero se reprendió mentalmente por eso para centrarse en lo importante, algo que le picó la curiosidad.

—¿Por qué no quiere verme? —Cuestionó con un tono indignado, levantándose por completo de su lugar, saliendo de su terrible escondite.

—No sé. Ya no quiso decirme nada pero… Sé que te extraña.

—Normal. ¿Quién no me extrañaría? —Dijo soberbio mientras se cruzaba de brazos. —¿Y qué te dijo sobre mí...? —Preguntó arqueando la ceja.

¿Qué habrá hablado para que la niña llegará a esa conclusión?

Codeflippa suelta una pequeña risa.

—En uno de nuestros paseos vimos un campo de girasoles, fue la primera vez que lo vi admirando algo con tanta intensidad. ¡Fue cómo si sus ojos brillaran! Y murmuró tu nombre como si hubiera sido hipnotizado. —Explicó emocionada la pequeña.

Recordar cómo su papá se sonrojó al percatarse de que su hija lo había escuchado y empezó a balbucear y tartamudear intensamente para convencer a la de trenzas que no mencionó a aquel entonces desconocido, la hacía feliz.

Mariana se sonrojó notablemente hasta las orejas y le dio la espalda a la de ojos verdes. No quería que lo viera en ese estado tan embarazoso. Su corazón latía con intensidad.

Ese pequeño relato le revivió los sentimientos que creía ya haber estado superando por aquel castaño claro. Mierda. Tenía muchas ganas de verlo pero estaba aún ese detalle, el hecho de que lo estaba evitando.

Pero bien dicen, si la fiesta no va a la montaña, la montaña va a caer encima. O algo así.

Respiró hondo y se recompuso para trazar un plan mental sobre buscar a su esposo.

Necesitaría la ayuda de la visita inesperada que aún seguía viéndolo desde enfrente de su casa. Pero entonces eso implicaría confiar en ella. Confiar en todo lo que le dijo.

—¿Cómo te llamas? ¿Eres niña o niño? —Preguntó, volteando de nuevo para recargarse en el barandal cruzando sus brazos.

Quería verse indiferente con la reciente información que le dio, relajado. Pero por dentro su corazón seguía emocionado.

La de trenzas lo miró sorprendida. ¿Estaba sucediendo? ¿Estaba interesándose en ella? Ser una familia completa se hacía cada vez más real.

—Me llaman Codeflippa, y soy niña. —Dijo, sonriente.

—Ok... —Murmuró dudoso, incluso su nombre era similar. —¿Quieres pasar? Ya casi está la comida y no me haría mal compañía.

—¡Si, por favor! —Festejó dando saltitos y terminando con un backflip, cosa que al de ojos castaños le removió en su interior.

Su bebé también hacía eso, pero al igual que ella, seguramente lo aprendió de su papá.

Un momento…

¿Por qué dice que Slime es su papá?

¿Será acaso que no es que sea una copia de su nenita, si no que es una hija perdida de su esposo?

¡¿El desgraciado le fue infiel?!

No lo podía creer. Hacía rato que Codeflippa lo llamó papá pero no lo había relacionado bien por los nervios que le provocaba la infante. Pero ahora que está más relajado no podía parar de maldecir a su pareja en su mente.

Ya no quería volver a verlo, pero aún así ya había invitado a pasar a aquella niña, ella no tenía la culpa de las pésimas decisiones de su papá.

Mariana y Codeflippa se sentaron juntos en la mesa. El de lentes le sirvió un plato de spaghetti verde, el cual olía delicioso, pero no estaba segura de comérselo, pues es la primera vez que ve la pasta de ese color.

—Oh, perdóname. Fue la costumbre. ¿No eres vegana? —Preguntó el alto preocupado.

Ya se había vuelto un hábito el veganismo para alimentarse debido a su hija, y hace mucho que no convive con nadie más, así que todo ese tiempo se ha hecho de comer para él mismo.

—No... ¿Por qué es verde? ¿Existe el spaghetti vegano?

—Es spaghetti al perejil, por eso es verde. Pero si no te gusta puedo buscar algo más.

—No, no, está bien, huele rico. —Replicó de forma rápida.

No quería decepcionarlo, así que dio un gran bocado apretando fuertemente sus ojos con la esperanza de no vomitarlo, pero después de masticarlo un poco, sabía igual que como olía: delicioso.

Mariana sonrió orgulloso pues las facciones de la nenita denotaban satisfacción por su cocina.

Podría invitarla a comer más seguido.

—Oyes, sé que es repentino y no lo tomes a mal pero... ¿Slime si es tú papá? —Cuestionó sin mirarla, removiendo el spaghetti sin mucho interés en él. Tenía miedo de su respuesta.

—Sip. —Respondió como pudo debido a que tenía su boquita llena.

Mariana se enterneció al verla manchada de sus cachetes inflados por la enorme cantidad de comida que degustaba sin parar. Tomó una servilleta y la comenzó a limpiar con delicadeza.

—Con cuidado mami, te puedes ahogar y no le sé a los primeros auxilios. —Le dijo riendo un poco después de terminar de quitarle los restos de la salsa.

Codeflippa rio avergonzada.

—Perdón.

—No te preocupes, me alegro que te guste. Y sobre tu papá... —Intentó indagar. Diablos. Pensar en Slime con otra persona lo hacía enojar. —¿Desde cuándo vives con él? —Preguntó apretando los puños sobre la mesa.

La ojiverde se veía de la edad de su niña, lo que significaba que mientras la Federación los hizo adoptar a Juanaflippa, una mujer estaba pariendo a Codeflippa. Le preocupaba qué había sido de la pequeña durante todo ese tiempo.

—Hace unos meses. Yo... —Titubeo, pues quería contarle la verdad, que su semejanza con la estatua que resplandece al frente de su casa no es coincidencia, fue algo premeditado, fue totalmente intencionado. Pero el recuerdo de su primer encuentro con él la hizo arrepentirse. Recién están conviviendo sin problemas, no podía arruinarlo. —B-bueno, él me encontró y desde entonces se volvió mi papá.

No era del todo mentira.

—Espera, entonces, ¿eres adoptada? —Se atrevió a preguntar con cuidado. No sabía si eso era un tema sensible para ella.

—Así es. Y me hace muy feliz serlo. No tengo padres reales, pero él se encargó de ser uno para mí. —Dijo con plenitud, recordando la amabilidad y amor con la que Slime la ha estado tratando.

Mariana suspiró aliviado. Sería mentira si dijera que no le alegraba esa situación, pues su esposo puede seguir siendo suyo y de nadie más, además de que no era un abandonador.

Dependiendo de la respuesta de la niña ya había maquinado miles de formas de desaparecerlo de la faz de la tierra.

—Veo que Slime te ha tratado bien. —Mencionó, dándole palmaditas en la cabeza mientras sonreía nostálgico.

¿Qué había hecho? Codeflippa parecía y actuaba como una niña.

ERA una niña; y él la había tratado terrible la primera vez, e incluso hoy cuando volvió a visitarlo. De hecho, es la primera visita en mucho tiempo, eso lo hace aún más irrespetuoso.

—Mami, discúlpame por lo de antes, y por el otro día. Yo... tenía una hija... así como tú. Y reaccioné así porque me asustó que son casi iguales. Dudo que la conozcas, pero si estuviera aquí le habría hecho feliz encontrar a su gemela. —Se disculpó tomando de la manita a la niña para intentar transmitirle sus más sinceras disculpas mientras retenía las lágrimas por la culpa y el recuerdo de su pequeña.

Sí lo viera, ya le habría golpeado por haber sido grosero con alguien de casi su edad. Juanaflippa siempre había querido a los demás niños de la isla; Codeflippa no habría sido la excepción.

—No te preocupes. Yo... Realmente quería pasar tiempo contigo y me lastimó tú reacción, pero es mi culpa por verme... así. —Murmuró, señalándose a sí misma. —Papi Slime también pensó que era ella. Es normal…

Miró la palma de sus manos al sentir asco por lo que intento hacerle a estas buenas personas, usurpó la identidad de su princesa y todo para destruir a la Federación.

El destino la puso en las manos de los menos involucrados con todo el revuelo detrás de la isla, su misión estaba destinada al fracaso desde un principio.

—¡Hey! —Mariana llamó su atención dando un leve golpe a la mesa. La de lentes lo mira sorprendida sin entender su reacción. —Sé que no eres ella. Desde el principio lo supe. No quiero que vuelvas a disculparte por tu apariencia, eso da igual, lo importante es que seas tú misma. —Explicó totalmente confiado.

No quería ver como se le ensombrecían sus ojitos al pensar en ella misma, es muy joven para preocuparse por lo que debe ser.

—Pero yo... yo... yo soy así a propósito... —Ya está. Le iba a contar la verdad.

Fue evidente desde su primera visita que Mariana pudo ver a través de su disfraz. Y si, como dice él mismo, debe ser ella misma, entonces debe empezar a ser sincera.

Esperaba no arrepentirse de eso.

—Yo encontré a Juanaflippa en aquel barco. —Comenzó a explicar, clavando sus ojos en la mesa para no enfrentar su mirada. —Yo la escaneé y tomé su apariencia. Yo tenía una misión contra la Federación y para eso tenía que reemplazar a alguno de los niños. Yo tomaría el lugar de Juanaflippa y los convencería de combatirlos. Pero... Slime estaba tan feliz conmigo que eso me hizo sentir eso, felicidad. Nunca antes la había sentido, tampoco la calidez de un abrazo, o de que alguien se preocupara por mí como él lo hace. La misión no serviría porque de todas formas él no estaba interesado en involucrarse, ni siquiera ha ido a ninguna reunión secreta que los otros habitantes tienen para compartir información. Así como tú. Nunca saliste de tu habitación. No sabes nada sobre la isla, así que tampoco sabes nada sobre mí. Si el resto lo supiera... me matarían...

—Pero Slime te aceptó ¿Verdad? —Dijo, acercando más su silla junto a la niña y le limpió una lágrima, cosa que la sorprendió, pues no sabía que estaba llorando.

En respuesta simplemente hizo un sonido de afirmación y Mariana prosiguió.

—No sé nada de toda la mierda qué está pasando, tal cual, y no me importa. Yo... no sé qué decirte. Eso explica por qué te ves igualita. Eres su clon, pero a la vez no. Y eso está excelente.

En su cabeza se reproduce el amargo recuerdo de días atrás.

“Lo siento. No soy Juanaflippa pero me gustaría serlo"

Se sintió fatal al pensar que la pobre seguramente se ha sentido atormentada por no poder ser alguien que creé debe ser para ser aceptada, se le encogió el corazón solo de pensar en ello.

—Escúchame, no eres Juanaflippa. Eres un poco más alta; tienes sus ojos preciosos como los de su papá, pero mucho más brillantes; estás rodeada de esos números extraños, hablas raro, no eres vegana, eres muy sincera, y te cuestionas muchísimo más las cosas antes de hacerlas. Todo eso eres tú, Codeflippa, nada que ver con Juanaflippa. Y eso te hace perfecta. Ni yo ni Slime dejaremos que te hagan daño, que te hagan sentir mal ¡Jamás! ¡Van a tener que pasar sobre nosotros! No puedo perder otra niña... —Suspiró y se levantó para ponerse a la altura de su silla y abrazarla, a lo que Codeflippa empezó a sollozar bajito.

—¿Ni tú, ni papi Slime...? ¿Perder otra niña…?

—Bueno, Slime y yo jamás nos hemos divorciado, aunque lo hemos propuesto varias veces, pero... no quiero divorciarme. Y debes venir incluida con él, así que eso te hace mi hija también... ¿O no?

—¡Si, si, si! —Gritó entusiasmada apretando más el abrazo. —Pero... ¿Realmente no te importa lo qué hice? —Dijo, separándose abruptamente para ver su rostro.

—Si, pero… Eres solo una niña. No tendrías por qué estarte preocupando sobre los problemas de este lugar, mucho menos involucrarte con algo tan peligroso. Me molesta más los que te hayan convencido de hacerlo. Deberías disfrutar la vida, correr, jugar, tener una infancia. Deja que los adultos se encarguen ¿Ok? Menos yo, claro. A mí me vale mientras no tenga que ver a ese oso culer-... digo-... oso feo. —Explicó, acariciando su cabeza mientras la miraba con ternura, haciendo contacto directo a sus ojos verdes fluorescentes para hacerle entender que no es su responsabilidad.

La niña rio divertida por la forma de expresarse del más alto.

Codeflippa se sintió liviana, como si un gran peso de encima hubiera desaparecido.

De alguna forma aún le preocupaba lo que sus superiores esperaban que consiguiera, pero las palabras de su nuevo papá la estabilizaron. También reconfortaba el inesperado apoyo incondicional que le estaba proporcionando.

Su primera impresión con él fue terrible. Pero se alegró de conocer esta faceta de él.

Se trataba de una persona atenta, confianzuda, amigable y de buen corazón, pues poco la conocía, pero ahí estaba, dándole confort y palabras que le llegaron a su corazón.

—Ok, papá. —Soltó abalanzándose sobre él para envolverse de nuevo en sus cálidos brazos.

Mariana le correspondió soltando un chillido agudo por cómo lo había llamado y por lo tierna que la infante resultó ser.

—Te defenderé con mi vida, ¿ok? ¿Quiénes son los malditos que te metieron en esto? Los voy a matar.

—No es necesario, no podrías contra ellos. En todo caso yo tendría que protegerlos a ustedes. —Dijo, levantando la cabeza sin dejar de abrazarlo para sonreírle burlona.

—¿Apoco sí? Vete, ya no quiero ser tu otro papá ¡Suéltame! —Exclamó, forcejeando falsamente para aparentar querer alejarse de la de trenzas, lo que provoca unas fuertes carcajadas de la menor mientras se negaba a soltarlo.

Mariana y Codeflippa siguieron conversando, poniéndose al día sobre muchas cosas: cómo era ser un código antes de encontrarse con Juanaflippa, cómo fue vivir con Slime, y compartieron varias anécdotas sobre él y de las aventuras qué habían pasado juntos, las cuales no eran muchas debido a que la mayor parte del tiempo la pasaban en aquella mini isla que su padre adoptó como Eggxile, cosa que entristeció al de lentes, pues no sabía que se había mudado hacia allá como autocastigo por matar a la amiga de Juanaflippa, Tilín.

Se sintió mal por saber poco de la vida personal del que llamaba esposo, pero no es tarde para cambiarlo.

—Llévame con Slime, necesitamos hablar. —Dijo, dispuesto a buscar lo necesario para el largo viaje que les espera para llegar hasta allá, pues al ser un lugar desconocido, él no contaba con el punto para teletransportarse.

—Muy bien. —Se levantó de su silla de un salto. —Ah, pero debes saber algo... papá puede que se vea un poco diferente a cómo lo recuerdas... y... puede que sea mi culpa también... —Murmuró.

Sosteniendo la camisa de su nuevo padre para evitar que siga caminando por la casa y la escuche.

—¿Cómo? ¿Qué le pasó? Dijiste que estaba bien, y me has contado cómo se la pasan a toda madre juntos. —Interrogó genuinamente preocupado.

—Lo sé. —Dijo suspirando. —Como sabes soy un código, pero parece ser que pasar mucho tiempo conmigo provoca algún tipo de corrupción con lo que me rodea... Papá está corrompido.

—¿Y es malo? ¡¿Se va a morir?! —Cuestionó totalmente alterado, hincándose a la altura de la niña mientras la sostiene de los hombros.

—¡No! —Gritó asustada por tal idea. —Nadie ha muerto por corrupción, pero sí parecen enfermos, tiene algunos espasmos, y a veces actúa como si estuviera loquito.

—Ahh bueno, pero él ha sido así de loco desde que lo conocí. Si solo es su apariencia, puedo lidiar con eso. —Comentó aliviado, volviendo a levantarse y tomar la mochila con sus cosas. —Vámonos, pues. Ya si me contagias tus gérmenes también, pues nos morimos todos juntos. —Le dijo riendo mientras le tomaba la mano a la niña para salir de la casa.

Codeflippa estaba nerviosa, pero aún así lo llevó hasta su hogar, después de todo esto es lo que quería, que volvieran a estar juntos, vivir juntos, ser una familia, juntos.


Slime se paraliza al ver desde la fogata la compañía que trajo su hija. ¿Ya estaba tan mal como para alucinar? No podía ser real.

Se levantó rápido y corrió hacia ellos, y antes de que cualquiera pudiera hablar, el ojiverde se lanzó contra el más alto tirándolos al suelo.

Encima de él lo escudriña con la mirada mientras le pasa las manos por la cara para asegurarse que realmente estaba ahí. Mariana se dejó hacer hasta que fue molesto y le sujetó las manos para detenerlo.

—You are real... —Dijo Slime, completamente embobado con aquellos ojos castaños, ese rostro que ya había extrañado tanto, y que finalmente estaba ahí con él.

—Obvio que sí, menso. ¡Quítate!

—Real... ¡Mi esposa! —Gritó extasiado, y comenzó a repartirle besos por toda la cara, logrando que Mariana se sonrojara por completo. —Te extrañé. —Comentó tomando sus mejillas apreciándolo de cerca, temeroso de que si lo suelta se vaya a desvanecer.

—Yo también te extrañé. —Respondió, sujetando su nuca para juntarlo en un beso con el que buscó transmitir lo ansioso que estaba de volverlo a ver.

Por dentro ambos se sentían aliviados.

A uno le preocupaba que estuviera molesto el otro por haber provocado la muerte de su hija, mientras que el otro estaba preocupado de que le incomodara cómo se veía ahora y qué jamás se atrevió a visitarlo.

Cuando ambos se levantaron del suelo, Mariana lo inspeccionó con la mirada arqueando una ceja.

No perdió la oportunidad de burlarse de su estado corrupto y demacrado preocupando a la niña que los acompañaba; no quería que en su encuentro después de tanto tiempo sea arruinado por los comentarios inoportunos de su nuevo padre, pero se relajo al ver que a Slime no le molestó, al contrario, se acercaba aún más coqueto hacia el más alto, pues sabía que su esposa no le importaba eso realmente; de lo contrario no lo habría besado.

Codeflippa se sentía realizada.

Sus papás hablaron y se perdonaron tanto como quisieron, sobre cosas del pasado y cosas del ahora.

Además, quedaron en vivir juntos en la casa de Mariana, pues él no estaba dispuesto a vivir en aquel lugar que representaba una reprimenda para su pareja.

Les propuso empezar de nuevo y reconstruir aquella casa para estar todos juntos, a lo que los otros dos aceptaron gustosos y entusiasmados.

—A huevo, conseguí mano de obra gratis. —Dijo Mariana, mientras los dejaba pasar a su casa ayudándolos a cargar sus cosas.

—¡Oye! —Le gritó su nueva hija. La nueva luz de sus ojos, su nueva princesa y nueva razón de vivir.

Compartía el mismo pensamiento que su esposo, ese escenario en el que si Juanaflippa y Codeflippa se hubieran conocido serían inseparables y las amarían por igual.

—What he said?! —Preguntó con falsa indignación el de ojos verdes.

Amaba lo bromista que era su esposa, realmente lo había extrañado.

—Nada, nada. Pásenle, están en su casa. —Rio dejando las maletas en el suelo y yendo a juntarlos en un fuerte abrazo.

Había mucho qué hacer, pero mientras se tuvieran el uno al otro podían hacerlo, nada más les importaba.



La noche llegó y ambos padres arroparon a la pequeña en su cama, en un cuarto nuevo que improvisaron en el segundo piso, a un lado del que le correspondía a su primera hija.

Le cantaron una canción de cuna y le contaron un cuento para dormitarla, con éxito.

Se tomaron de las manos al observar a la de trenzas descansar plácidamente, en su nuevo cuarto. Mañana la ayudarán a decorarlo como le plazca, al igual que el resto de la casa para hacerla más hogareña.

Se miraron en silencio para después sonreír, comunicándose sin hablarse al retirarse a su habitación.

Bajaron al primer piso, hacia la habitación que estaba debajo de las escaleras, para dormir juntos. Nerviosos debido al tiempo que pasaron sin hacerlo.

Recostados sobre la cama, mirando el techo, se encontraban pensativos y ansiosos por la cercanía que hace mucho no compartían.

Mariana aprovechó para buscar su mano entre las sábanas, y le acarició los nudillos. La calentura se estaba haciendo presente en su cuerpo, y esperaba que el ojiverde sintiera lo mismo.

Slime lo miró de reojo, incapaz de moverse.

También quería hacerlo, pero le preocupaba lo que pensará de su cuerpo. Tan distinto a cómo lo conocía.

Vaya que quería contarle, preguntarle si realmente no tenía problema por cómo se veía, pero no formuló ningún sonido, más que su respiración intranquila por la tensión en su cuerpo debido a los nervios.

El más bajo se escamó al escuchar la risa a su lado.

Mariana se levantó de su lugar para colocarse encima de él, sentándose sobre su parte baja, provocando que Slime abriera grande sus ojos por la sorpresa.

—¿No tienes ganas también…? —Susurró Mariana seductoramente, viéndolo desde arriba mientras le sonreía con picardía.

—W-what…? —Fue lo único que pudo formular, sonrojándose con potencia al sentir el peso del contrario sobre su intimidad.

—Mmm… Slime… —Gimió bajito, comenzando a restregarse sobre él y se inclinó para acercarse a su oído. —Ha pasado mucho tiempo… Te necesito…

El ojiverde se estremeció al sentir cómo su lóbulo de la oreja era mordisqueado con suavidad, tentándolo. Mariana soltó una risa traviesa al sentir algo duro contra su trasero, orgulloso por cumplir con su provocación.

Slime pasó saliva con fuerza viendo el hermoso cuerpo de su esposa encima de él, dejándose al descubierto una vez que se comenzó a deslizar la hombrera de su celestial prenda de vestir, jalándola hacia abajo para exponer su parte superior, sin parar de balancearse sobre él.

Sin poder aguantar más, el ojiverde se dio vuelta para quedar encima del castaño oscuro, cambiando posiciones. Se acomodó entre sus piernas y sujetó la túnica para desprenderla desesperado, ansioso por contemplar la desnudez de su amado.

Mariana sonrió satisfecho y lo sujetó por la nuca para acercarlo, besándolo con rudeza y necesidad.

Cómo extrañaba la intensidad con la que Slime lo besaba, luchando con sus lenguas para mantener la dominancia, tomando ventaja el más bajo al pasear con la yema de sus dedos por su preciosa figura, enmarcando su cintura hasta llegar a delinear sus pezones provocando gemidos que se enmudecían contra su boca.

—Shh… Cállate o despertarás a nuestra hija. —Ordenó Slime justo después de dejar a Mariana respirar, de forma entrecortada al ambos intentando recuperar el aliento por la pasión.

El más alto frunció las cejas, molesto por verle aún vestido, por lo que comenzó a jalonear la playera hasta quitársela, preocupando a Slime por su reacción al verlo en ese estado enfermizo. Sin embargo, Mariana no le dio importancia. Estaba más concentrado en desabrocharle el pantalón para que comenzara su parte favorita.

Slime se sintió extrañamente felíz y seguro. Ver cómo el de ojos castaños lo fulminaba con la mirada al no ayudarle a quitarse su pantalón le enterneció.

No lo hizo esperar más, se medio levantó de la cama para deshacerse de su prenda inferior, acompañado de sus bóxers.

Mariana se relamió los labios al ver el aparato de su marido palpitando por atención, por lo que lo acarició un poco antes de empujarlo sobre el colchón para recostarlo, volviéndolo a dejar debajo de él para poder disfrutar de su virilidad.

Lo sostuvo con gentileza para introducirlo en su boca, comenzando con la punta, deleitándose al rodearla constantemente con su lengua para después succionarlo hasta el fondo.

Slime se sostuvo con fuerza de las sábanas, luchando por no hacer ningún ruido por la increíble sensación en su miembro.

Mariana subía y bajaba cada vez más rápido, excitándose más y más en cuanto su garganta era tocada por la intimidad de su esposo. Acompañó sus movimientos con su mano, deseando que se libere en su boca.

Slime no pudo evitar jadear bajito, apretando los puños mientras se inclinaba hacia al frente al sentir el orgasmo.

Exhaló cansado volviéndose a acostar, recuperando el aliento debido al éxtasis aún estremeciendo su cuerpo como consecuencia del largo tiempo en el que no se había complacido en esos sentidos.

Además, el hecho de que el castaño oscuro estuviera tomando la iniciativa era algo nuevo y muy sexy.

Regresó su vista hacia su pareja, ansioso por lo que se avecinaba. Respiró pesado, lo que presenciaban sus ojos era hermoso. Jamás había imaginado ver a Mariana tan ansioso por montarlo, por lo que no intervino, quedándose a su merced.

Mariana se sentía arder, no pensaba en nada más que domar con desesperación al ojiverde. Tenía que pagar por todo el tiempo perdido, todo el tiempo en el que no lo vio ni para saludarlo, todo ese tiempo en el que se había sentido tan solo y necesitado, lo podía cobrar ahora.

Restregó el pene de Slime entre su trasero, despertando una nueva erección. Quería provocarlo más. Se acercó para besarle la mejilla, luego la otra y al final sus labios, mordiéndolos un poco.

—Quieto. —Se rio Mariana susurrando, sosteniendo la mano de Slime al sentir cómo intentó empujar un poco más su miembro hacia su entrada.

Él más bajo hizo una mueca insatisfecho. Deseaba tanto arremeter de una vez por todas pero Mariana se estaba tomando su tiempo.

Apretó la mandíbula conteniéndose con todas su fuerzas en el momento en que el más alto se recostó sobre su pecho levantando sus posaderas para comenzar a prepararse con uno de sus dedos.

—Ahh, Slime… —Gimió bajo.

El recién nombrado deseaba ayudarle, ser él el que lo tocara de esa manera.

Su erección dolía, sus dedos cosquillaban, y su respiración se volvió intranquila, frustrado al escuchar los pequeños gemidos que soltaba, ahogados contra su pecho, quemándole la piel con el roce de sus labios en un débil intento de Mariana de guardar silencio.

Fue complicado para Mariana, no pudo evitar dejarse llevar, embelesándose por el olor corporal de Slime, a quien había extrañado mucho, lo que provocó que aumentara la velocidad, ahora usando tres de sus dedos, exasperando al contrario.

—Mariana, por favor… —Suplicó, cansado de no poder ser él que lo hiciera disfrutar así.

—Mmh… ¿Q-qué?

—Déjame follarte. —Dijo con un gruñido.

—¡Ah! —Gimió más alto de lo que le gustaría. Escuchar aquello casi lo hace terminar.

Dejó de penetrarse y se posicionó listo. Slime lo vio poniéndose de cuclillas por encima de su miembro mientras lo sostenía con una mano, acercándolo a su entrada.

Mariana bajó lentamente, apretando sus labios para no hacer ruido.

Amó la nueva sensación, era más ancho de lo que podía abarcar con sus dedos, y no esperó acostumbrarse, pues se dejó caer, deslizando por completo la intimidad de Slime en su interior.

—Ngh… Slime…

Le encantó. Definitivamente tocaba más hondo que lo que él podía alcanzar, sintiendo un poco de ardor que le estremecía. Pero quería más.

Slime se mordió el labio guardando silencio ante los constantes movimientos del contrario, subiendo y bajando rápidamente. Se sentía tan bien que en un afán de mantenerse quieto, sus músculos se tensionaron, al punto que los dedos de sus pies se contraen.

Le sostuvo las manos a Mariana, las cuales yacían posadas sobre su pecho como un modo de apoyo para no perder el equilibrio, en señal de que estaba igual de extasiado que él.

—Mariana… ngh… No puedo más… —Susurró grave, suplicando con su mirada que no se detuviera para poder terminar.

—Ahh… Slime… Embarazame… T-tengamos más hijos….

No se contuvo más. Atrajo a Mariana hacia su cuerpo, recostándolo encima de él para arremeter con más fuerza y profundidad, ansioso por cumplir con su deseo.

Lo abrazó con fuerza, para poder sostenerlo bien y que recibiera por completo su miembro. Dobló sus piernas para tener más apoyo contra la cama y levantar más su cadera, ahora siendo él el que tomó el control de las embestidas.

Mariana perdió el juicio, atinando a cubrirse la boca por la intensidad del momento, ahogando sus agudos gemidos al sentir su punto ser estimulado fervientemente.

Quería decirle que siguiera, que no se detuviera, que ya estaba apunto de venirse, pero su mente no maquinaba sus palabras, la excitación que embargaba su cuerpo se lo impidió.

En la habitación se escuchaban los golpes secos de ambos cuerpos. Rápidos y tenaces. Acompañados del rechinar de la vieja cama.

—Te amo, te amo, te amo… —Murmuró sin parar antes de dar su última estocada, presionando contra el trasero de Mariana para verter toda su semilla en su interior.

—¡Ngh…! —Mariana ahogó su gemido contra sus manos, terminando en el vientre de Slime al sentir caliente dentro de él.

Ambos exhalaron agotados, hiperventilando para recuperar el aliento.

En cuanto Slime aflojó el abrazo, Mariana lo besó. Un beso sin la intensidad del principio, tranquilo y lleno de amor, disfrutando el contacto suave de sus labios.

—También te amo, Slime. Te extrañé mucho. —Dijo un agotado Mariana, sonriendo débilmente. Parecía que había corrido un maratón.

—¿Como para hacerlo de nuevo? —Tentó, acariciando en círculos su espalda baja, haciendo reír a Mariana. —Si quieres otro hijo con una vez no es suficiente.

—Cállate. —Lo regañó sonrojándose al recordar lo que le pidió, claramente no estuvo en sus cinco sentidos.

Slime sonrió burlón y lo abrazó de nuevo después de salir de él. Se dio la vuelta para quedar uno frente al otro, y, aprovechando la cercanía, besó su frente y le acarició la cabeza con cariño.

El más alto sonrió feliz, acercándose más a él para acomodarse y dormir sin problemas.

Se desearon las buenas noches y confiaron en que Codeflippa no los escuchó, después de todo estaban a un piso de diferencia y se habían asegurado que estaba profundamente dormida.

La próxima vez lo harán cuando esté fuera de casa. Hoy fue una excepción, lo necesitaban.

Slime suspiró enamorado al ver a Mariana a su lado, durmiendo con calma, respirando con tranquilidad. Su corazón estaba emocionado por los próximos días. Ya no solo eran su hija y él, ahora también tenía a su amada esposa. Al otro papá de Codeflippa.