CAPÍTULO 1: RENACIMIENTO
Una semana después de salir de aquella mansión maldita y de destruir el diario dónde Mario había recolectado toda la información y los secretos que giraban en torno a la maldición de Riba y Alice, los gemelos Mario y Luigi vivían tranquilos con sus aventuras, ignorando los macabros momentos que casi los llevaron a la muerte en la vivienda.
Aunque a Mario se le venía a su mente con mucha frecuencia un nombre: Marchionne.
Le sonaba de algo, pero no sabía el por qué.
El despertador de Luigi sonó y los hermanos se despertaron, pues dormían en la misma habitación. Entonces, una vez despiertos del todo, en la alfombra que tenían en medio de sus camas, una gata blanca con un lazo amarillo en su cola y su ojo derecho azul y el ojo izquierdo amarillo se encontraba sentada mirando en especial a Mario.
L: “¡Oh, hola gatita! ¿Cómo es que te has colado en nuestra casa?”
M: “Espera, bro. Esos ojos… y esa mirada…” La gata soltó una risita y Luigi se asustó. “¡Lo sabía! ¡Tú eres…!"
Layla: “Así es: soy yo, Layla.” Fue una brujita que ayudó tanto a Mario como a Luigi cuando volvieron a encontrarse dentro de la mansión, que de vez en cuando se les aparecía a los hermanos en forma de una gata. “¿Cómo habéis estado, chicos?”
L: “Menudo susto nos has dado, Layla.”
Layla: “Ups, perdón.” Sonrió nerviosamente, avergonzada por lo que le hizo a Luigi.
M: “¿Por qué has venido, Layla? ¿¡Acaso Riba aún sigue…!?”
Layla: “No, tranquilo. Riba ya está pagando por sus pecados.” Dijo recordando a Riba huyendo como un cobarde al encontrarse con las almas de todas sus víctimas. “Necesito que hagáis algo por mí.”
L: “¿El qué?”
Layla: “Tenéis que venir conmigo a un pueblecito que hay cerca de la mansión.”
L: “¡NI HABLAR! ¡NO PIENSO VOLVER A ESE MACABRO SITIO! ¡PREFIERO MÁS LAS MANSIONES CON FANTASMAS CARICATURESCOS QUE ESA MANSIÓN EN PARTICULAR!” A pesar de la negación de Luigi, los hermanos siguieron a Layla por el bosque siendo su guía. “No sé por qué tenemos que hacer esto.”
M: “Tranquilo, hermanito. Ahora las cosas están más calmadas. Dame la mano.” Luigi obedeció.
Layla: “*A ver si mi hipótesis es cierta. Por lo que se ven en las fotos, Mario y Luigi guardan muchos rasgos idénticos a los de… esos dos.*” Llegaron al pueblo y Layla los llevó a su casa. “Bueno, seguro que os preguntaréis por qué os he hecho venir hasta aquí.”
M: “Pues sí. ¿Qué es lo que quieres?”
L: “¿Y p-por qué no cambias tu apariencia de gata?”
Layla: “Así estoy más cómoda, gracias. Veréis, hace varios siglos, en este pueblo, una familia mandaba en la iglesia, pero habían ciertas creencias.”
M: “¿Cuáles creencias?”
Layla: “Si un matrimonio tenía gemelos del mismo sexo serían condenados a la hoguera, pues el mayor simbolizaba el regalo de Dios mientras que el menor simbolizaba el regalo de Satanás.” A Luigi se le heló la sangre. Sabía lo que era ser repudiado por todos, a pesar de que su hermano siempre estuvo ahí para ayudarlo y darle al menos a un amigo. “Esta familia, llamada Evangelisthi, tuvo dos niños: Marchionne, el mayor, y Luciano, el menor. Para evitar ser descubiertos ante los ojos de los pueblerinos, enviaron lejos a Luciano y a Marchionne no le permitieron salir de su casa hasta el fallecimiento de su padre. En los últimos minutos de vida de la señora Evangelisthi, le confesó a Marchionne de la existencia de Luciano y el por qué fue que su padre le destrozó su infancia.”
L: “¿Pero… qué tiene esa historia que ver con nosotros?” Interrumpió Luigi.
Layla: “Todo a su tiempo, mi querido Luigi. Resumiré el final: Marchionne y Luciano se conocieron y pasaron meses juntos en la mansión de Marchionne hasta que… Bueno… No creo que sea una buena idea contaros el final.”
M: “¿Por qué?”
Layla: “Creedme, no es buena idea. Acompañadme, por favor.” Los gemelos se miraron confusos y siguieron a Layla. “¿Conocéis la terapia de renacimiento?”
M: “Mas o menos.”
L: “Y-yo he oído a-algo.”
Layla: “Este método consiste en imbuir al paciente en mantas, estando en posición fetal, con el propósito de cambiar la mentalidad del paciente, como si fuese una persona nueva.”
L: “¡Yo no quiero cambiar! ¡Me gusta mi vida y mi yo!”
Layla: “Yo no voy a hacer que seáis nuevas personas, Luigi. Más que una terapia es más bien una regresión. Porque antes de morir, Marchionne realizó un conjuro que le hizo renacer a él y a Luciano. Y es muy probable que Marchionne y Luciano… seáis vosotros dos.”
M: “¿¡L-Luigi y yo…!?”
L: “¿¡D-dos personas que murieron en el pasado!?”
Layla: “Solo es una hipótesis, no os asustéis. Solo hay una forma de averiguarlo: delante tenéis dos bañeras llenas de agua que simulan ser un útero. Desnudaos y poneos en posición fetal y yo daré comienzo a la terapia con un hechizo. No os va a pasar nada, lo prometo.”
L: Mario y Luigi se voltearon y comenzaron a hablar en voz baja. “¿Estás seguro de que podemos fiarnos de e-ella, bro?”
M: “No del todo, pero desde que salimos de la mansión no he podido quitarme de la cabeza el nombre de Marchionne. Quisiera averiguar quién es o fue ese tal Marchionne.”
L: “Bueno, si de verdad lo necesitas, entonces no me negaré. S-somos un equipo después de todo, ¿v-verdad?”
M: “Así es, hermanito.” Se volvieron a voltear a Layla. “Está bien. Lo haremos.”
Layla echó las cortinas dejando la habitación en penumbras y tapó con sábanas carmesí las bañeras con Mario y Luigi dentro.
Ambos hermanos estaban sumergidos en el agua, con los ojos cerrados y en posición fetal.
Entonces la oscuridad y el silencio se hicieron presente.
M: “*Así que… ¿esto es lo que se siente cuando estás dentro del vientre de tu madre?*”
L: “*Me siento tan calentito y seguro aquí dentro.*”
Layla, en el exterior y con su forma humana, comenzó con el ritual.
Layla: “*Espero estar en lo correcto.* Marchionne, Luciano, si estáis ahí haceros ver a través de vuestras nuevas vidas. Recordad quienes eráis.”
En medio de la oscuridad comenzó a difundirse como un parpadeo las siluetas de Marchionne y Luciano frente a Mario y Luigi.
En el exterior, las bañeras comenzaron a temblar y de ellas Mario y Luigi gritaban de dolor. Parecía que la hipótesis de Layla era correcta. Pero necesitaba un poco más de tiempo para que Marchionne y Luciano recordasen por completo.
Claro que sentía pena por Mario y por Luigi, pero al igual que con la Ouija no puedes interrumpir el proceso hasta que realmente haya acabado.
Los gritos continuaron y las bañeras ahora levitaban. Ya estaban llegando al clímax de la terapia.
Veinte segundos después las bañeras cayeron al suelo.
Layla: “¿Mario? ¿Luigi?” Retiró las sábanas y volvió a su forma de gata. “¿Chicos?” Ya se estaba preocupando. Entonces Mario y Luigi salieron del agua, desesperados por conseguir aire. “¡Chicos, estáis bien! ¡Qué susto me habéis dado!”
M: “¡S-si…! ¡Un momento…!” Layla les dejó tiempo para que los hermanos se ubicasen y consiguiesen aire. “Mucho mejor.”
Layla: “Y… ¿Cómo os sentís?”
M: “Pues… La verdad…”
L: “Estoy un poco mareado.” Layla quedó desconcertada. Parecía que su hechizo fue en vano. “¡Oh, no! ¡Olvidé que estamos desnuditos delante de u-una chica!” Se tapó sus intimidades con sus manos.
Layla: “*¿No funcionó? ¡Pero si lo que ha pasado es justo lo que debe suceder si en verdad son nuevas vidas!*” Pidió disculpas a los hermanos mientras se vestían.
L: “Tranquila, solo querías comprobarlo. Al menos lo intentaste.”
M: “Te perdonamos, Layla.” Se despidieron de Layla. “Hasta la vista.”
Layla: “Hasta pronto, chicos.” Mientras Mario y Luigi se alejaban, una voz resonó en su mente.
¿?: “Gracias.” Le dijo la voz en un tono amable y calmado.
Layla: “*Entiendo. Qué listillos que sois, Marchionne y Luciano.*”
Fin del primer capítulo.
Espero que os haya gustado, porque ahora la cosa se pondrá interesante.
Nos vemos 💕








