El Romance de las Señoras Locas, Doña Suí y Doña Jeiselnú

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Summary

Dos hermanas en el Siglo XVII pierden a su amado en común. Para rescatarlo viajan por todo el hemisferio en busca de los poderes para revivirlo.

Genre
Poetry
Author
Vlad7P6C
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Romance I

Cantando estaban las locas

muy temprano en la mañana,

entre burros y gallinas,

cultivando su cebada,

que además de estar loquitas,

a borrachas, licenciadas

por doctores bien beodos,

las dementes aspiraban.

Día de todos los Santos,

muy temprano en la mañana,

de mil seiscientos y pico,

bajo el sol de Nueva España,

doña Suí con altas voces

contra todos blasfemaba;

maldiciendo l’impia suerte

que econtrose esa mañana:

<¡Jeiselnú, hermana mía,

Jeiselnú, la mía hermana!

¡Lenta, insulsa e con agua

en las venas y en las bragas!

¿No te dije, ¡madre mía!,

que el doctor don Luis de Estrada,

entre perlas y algodones,

el mio nombre murmuraba?

¿A qué, entonces, babosa,

lerda, zafia, vil turbada,

contra mis esfuerzos vienes

a romperme la celada?

¡Que ya lo tengo enterito

para asarlo entre las flamas!>

Aqueste canto entre sones

de marranos y de vacas

resonó con tanta furia

en ecos de carcajadas

de labriegos y matronas,

siervos de la majada,

del arado y de la rueca,

mas no de la banca airada.

Y le dijo la gemela,

que Suí llamó como hermana,

bien veréis lo que le dijo,

sin ira y con toda calma:

<Vanas voces das el día

que amanecí desvirgada,

que la roca dura y firme

pierde por gotas del agua.

¿Los hombres gustan de guerra,

de combates y de lanzas,

de espadas, cuchillos y cascos,

de caballos y de adargas?

Tarde entendiste, biliosa,

que Cupido a Marte engaña,

y que con Venus pernocta

arropado entre las mantas;

mientras en campos de guerra

viril lamento se exhala,

entre brazos femeninos

otros sonidos nos cantan.

¡No el combate, hermana fiera,

sino dos redondas nalgas,

al hombre viril le anuncian

la mejor de sus batallas!>

Y en mil risas campesinas,

con tremendas carcajadas,

los diálogos prosiguieron

de esta guisa las hermanas,

borrachas de todo el cuerpo

desde la juerga pasada,

arrojándose razones

de quién era la ultrajada;

ambas sentían derechos

sobre el macho a quien amaban,

una por honor y fuerza;

la otra, por deslechadas.

Y así pasaron treinta años

en el Imperio de España

y en la casita pequeña

do vivían las hermanas.