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Ecuchar el golpeteo desesperado a su puerta no era algo tan raro para alguien como NuNew, después de todo era un brujo al cual muchas criaturas acudían por ayuda todos los días, a todas horas. Sin embargo, lo que sí fue raro fue haber sido derribado al suelo y sin aviso nada más abrir la puerta.
“¿Qué carajo…?” chilló, listo para tronar sus dedos y conjurar un hechizo que le ayudara a quitarse de encima a su inesperado invitado.
Sin embargo, cuando el aturdimiento del golpe se disipó y pudo reconocer a Zee Pruk Panich sentado a horcajadas sobre de él, NuNew se paralizó.
“¡¿Pruk?!”
¿Qué carajo estaba haciendo su peor enemigo, Zee Pruk Panich, llamando a la puerta de su casa y sentándose encima de él como si días antes no lo hubiese amenazado con lanzarle el maleficio más peligroso del repertorio mágico?
“¡Chawarin, tienes que ayudarme!” jadeó Zee Pruk, con la mirada vidriosa y el cabello azabache hecho un desastre, completamente fuera de sí.
NuNew quiso reír histéricamente ante lo absurdo de la situación.
“¿Tú? ¿Quieres mí ayuda?” se burló, tratando de empujar el cuerpo de Zee Pruk fuera de su espacio personal, pero en seguida Zee Pruk se aferró a él con desesperación. “¿Acaso perdiste la cabeza? Hace unos días estabas llamándome un mago callejero, ¿te olvidas?”
Porque NuNew no había olvidado. No había olvidado eso ni todos los años que Zee Pruk había pasado menospreciando su magia en cada ocasión que podía, llamándolo farsante o mago callejero solo porque no pertenecía a una dinastía llena de brujos y brujas como él.
“N-nunew” jadeó Zee Pruk, casi sonando al borde del llanto, pero NuNew estaba demasiado enojado como para darse cuenta del raro comportamiento del otro brujo. “No sé a quién más pedirle ayuda…”
“¿Y qué te hizo creer que yo te la daría, de entre todas las personas?” preguntó, frunciendo el ceño al sentir cómo Zee Pruk presionaba su cuerpo contra el suyo de manera… rara.
Zee Pruk soltó un sonido quejumbroso y se apartó del cuerpo de NuNew, arrodillándose frente a él a una distancia más apropiada para poder mirarse a la cara mutuamente antes de suspirar temblorosamente y tomar el borde de su camiseta negra, alzandola justo por debajo de sus costillas para dejar su vientre plano al descubierto y revelar…
Oh, mierda.
“¿Eso de ahí es un tatuaje de útero?” jadeó NuNew, luego de recorrer con la mirada la piel suave y blanca de Zee hasta toparse con el intrincado diseño tribal tatuado justo sobre la zona debajo del ombligo de Zee Pruk. “No sabía que te gustaban los tatuajes guarros como estos, pero no entiendo qué tiene que ver conmigo esto…”
“No te hagas el tonto, sabes muy bien lo que estas runas significan, Chawarin” dijo Zee, mientras sorbia su nariz.
“Bien, bien, un hechizo sexual” resopló NuNew, reprimiendo el impulso de extender su mano para tocar los patrones en tinta negra dibujados sobre la piel de Zee Pruk. “¿A quién carajos enojaste para recibir un hechizo como este, idiota?” se quejó, ya empezando a sentirse estresado por la situación.
Zee Pruk apretó los dientes, mientras su rostro se iluminaba de un brillante rubor rojizo. “Mabelz”
“¿El hada?” NuNew preguntó incrédulo, antes de comenzar a reírse descontroladamente. “¡Todos saben lo temperamentales que son las hadas y que no es buena idea meterse con ellas!” se burló, riendo con tanta fuerza que su rostro se sonrojó un poco.
“Bueno, ya basta, ¿vas a ayudarme o no?” se quejó Zee Pruk, con una mueca de dolor en el rostro, mientras sostenía su vientre con ambas manos.
“No lo sé, ¿debería?” suspiró NuNew, todavía soltando un par de risitas. “Hasta donde sé, tú y yo nos odiamos, ¿por qué habría de ayudar a mi enemigo?”
“Chawarin” Zee Pruk casi suplicó, antes de bajar la mirada avergonzado. “Por favor, intenté romper el hechizo por horas y ninguno de los contra hechizos que usé funcionaron” confesó, tragando saliva, como si decir eso en voz alta le hiriera físicamente el orgullo.
NuNew le miró con una de sus cejas alzadas en silencio, contemplando sus opciones por largos segundos, antes de dibujar una sonrisa burlona en sus labios.
“Espera, espera, espera” tarareó NuNew, mirando a Zee Pruk con suficiencia. “¿Estás diciendo que tú, el brujo más poderoso del pueblo, no pudiste deshacer el hechizo por tu cuenta y que realmente esperas que yo pueda? ¿Eso no es como admitir y reconocer que soy mejor brujo que tú?”
“Chawarin” gruñó Zee, con tono de advertencia. “Esto no es gracioso, yo…”
“Oh, pero lo es. Zee Pruk Panich pidiendo la ayuda del mago callejero, ¿quién lo diría?” rio NuNew, mientras intentaba levantarse de donde Zee Pruk lo había derribado antes.
“Chawarin” repitió Zee, con voz exasperada.
“Y este mago callejero no quiere ayudar a Zee Pruk Panich, ¿no es eso divertidísimo?”
“Chawarin, hablo en serio…”
“Pero podría considerar ayudarte si admites que soy mejor que tú, vamos”
“¡Tengo una vagina!” gritó Zee, con el rostro rojo y un par de lágrimas deslizándose de su rostro.
La sonrisa de NuNew desapareció de inmediato, mientras su mirada caía inmediatamente hacia la entrepierna todavía cubierta por los jeans de Zee.
“El hechizo reemplazó mi polla con una vagina, ¿entiendes?” repitió, cubriéndose el rostro con las manos, demasiado avergonzado como para enfrentar la mirada de NuNew. “No quiero tu ayuda para encontrar un contra hechizo ni para que me prepares una poción, ¿de acuerdo? Necesito que…” en ese momento, se atragantó con su saliva y tuvo que respirar con fuerza por la nariz. “Necesito que me ayudes a cumplir con el propósito del hechizo, Chawarin”
NuNew juró que pudo sentir cómo palidecia al menos tres tonos.
“¿Qué?” apenas murmuró sin aliento y los ojos tan abiertos que temió que se le salieran de las cuencas.
“Necesito que me folles. No parece, pero esta mierda duele” lloriqueó Zee Pruk, bajando una mano hacia su entrepierna para presionar su palma contra… Bueno, contra donde debería estar su polla.
“¡¿Qué?!” gritó NuNew, ahora sí poniéndose de pie para comenzar a caminar de un lado a otro a través de su sala. “¿Y yo por qué? ¿No tienes a alguien más que te ayude? ¡Tú literalmente me odias!”
“No conozco a nadie. Y te odio, no te confundas, pero no sabía a quién más recurrir y…” sollozó Zee, mientras sus caderas comenzaban a mecerse en embestidas temblorosas contra su propia palma. “Por favor, Chawarin, si me ayudas con esto le diré a mi familia que te ayude a conseguir un buen puesto en el Concejo de Magia” prometió, desesperado.
NuNew se quedó paralizado a mitad de su sala, mientras sostenía su frente con una de sus manos, sintiendo el dolor de cabeza comenzar a martillear en sus sienes. Miró un par de veces más a Zee Pruk, observando su tembloroso cuerpo y su estado tan patético y no pudo evitar sentir un poco de pena por él.
Joder, ¿en serio se sentía mal por el imbécil que había hecho de su vida un martirio por los últimos tres años? NuNew a veces se odiaba a sí mismo por ser tan compasivo.
Pero, después de pensarlo por largos segundos, terminó suspirando y acercándose de nuevo al otro hombre, tomándolo por los hombros para ayudarlo a ponerse de pie con cuidado.
“Bien, voy a ayudarte” dijo NuNew con resignación. “Pero quiero que sepas que…”
No pudo terminar, pues Zee Pruk se abalanzó inmediatamente sobre él, pegando su cuerpo al suyo y comenzando a frotarse contra su muslo desesperadamente como alguna clase de perro en celo.
Oh, por Hécate. Esta iba a ser la experiencia más rara de su vida.
Con un suspiro exasperado, NuNew bajó sus manos hacia las caderas inquietas de Zee Pruk y las sostuvo con fuerza, obligándolo a detener sus embestidas.
“Hey, dame un maldito segundo, maldición” gruñó NuNew, ganándose de inmediato la mirada de cachorro pateado del otro hombre. “Ni siquiera me estás dando tiempo para planear esto o mentalizarme para follarme al tipo que más odio, joder”
“¿Planear qué? ¿Mentalizarte para qué? Solo debes poner tu linda polla dentro de mí y ya, Chawarin” gimoteó Zee Pruk, su aliento cálido chocando contra la mejilla regordeta del brujo rubio.
NuNew mentiría si dijera que aquello no provocó que su polla se sacudiera dentro de sus pantalones cortos.
“Vamos, solo necesitas correrte dentro” susurró Zee, mientras una de sus manos se aferraba al cuello de NuNew, acercando sus rostros hasta que ambas frentes estuvieron presionadas contra la otra. “Esa hada estúpida dijo que solo necesitaba una follada para corregir mi malhumor, así que supongo que el hechizo se romperá una vez me dejes goteando por días” gimió, respirando ruidosamente justo sobre la boca de NuNew.
NuNew tragó saliva, sintiéndose mareado ante la sola idea de follarse el apretado y nuevo coño de Zee Pruk, por muy raro que eso sonara incluso en su mente.
“Tú pareces demasiado entusiasmado con la idea de ser follado, ¿no?” NuNew trató de burlarse, aunque una de sus manos ya había bajado hasta el culo de Zee Pruk para apretar la carne firme entre sus dedos. “No sabía que eras gay”
“Chawarin, podré ser muchas cosas pero heterosexual no es una de ellas” resopló Zee, casi con fastidio.
NuNew no pudo evitar soltar una risita.
Vaya, Zee Pruk sabía cómo ser gracioso cuando no estaba haciéndole la vida imposible y siendo desagradable.
“Bien, vamos, te llevaré a mi habitación” suspiró, tratando de apartarse del cuerpo de Zee, pero Zee no se lo permitió. “Joder, ¿ahora qué?”
“No puedo… Uh, no puedo caminar por mi mismo, me tiemblan demasiado las piernas” confesó Zee, con el rostro rojo por la vergüenza.
“Diablos, no entiendo cómo es que eres el brujo más poderoso del pueblo” refunfuñó NuNew, acercándose de nuevo a Zee Pruk para ayudarlo a caminar hacia la habitación, notando enseguida la forma incómoda en que el otro cojeaba.
Eso de tener una vagina a la fuerza debía ser doloroso, ¿eh?
“¡Oye, no te rías de mí, Chawarin!” se quejó Zee Pruk al notar la mirada divertida que NuNew le estaba dedicando a su forma de caminar.
Y NuNew se rió con más fuerza en respuesta.
[...]
NuNew tuvo que tomarse un momento para reflexionar acerca de las decisiones que había tomado en los últimos veinte minutos luego de poner en su cama a Zee Pruk Panich, su peor enemigo desde que se mudó a Chiang Rai y también el heredero de una de las familias más importantes del mundo mágico del país.
Mierda, ¿qué estaba haciendo?
“No puedes arrepentirte ahora, Chawarin” amenazó Zee, con una mueca de dolor en el rostro.
“Sigo sin entender por qué estás dispuesto a follar conmigo” susurró NuNew, mientras se arrodillaba al borde del colchón, observando cómo Zee Pruk luchaba por desabrocharse el cinturón.
“Cuando reemplazan tu polla por un coño gracias a una maldición que además te hace sentir un dolor infernal en las entrañas te resignas a lo que sea con tal de aliviar tu sufrimiento” resopló Zee, suspirando con alivio cuando por fin logró remover su cinturón.
“Pero tú y yo…”
“Chawarin, pasé doce horas intentando cada alternativa posible y pensando en alguien más apropiado para que me ayudara y, creeme que hice lo imposible para que no fueras mi primera opción, pero nada funcionó” confesó Zee mientras se cubría el rostro con una de sus manos. “Si pudiera, no estaría aquí pidiendo tu ayuda, así que no creas que acepté esta idea por las buenas pero eres literalmente mi última opción, ¿vas a ayudarme o no?”
NuNew suspiró de nuevo, observando el claro tormento reflejado en los ojos oscuros de Zee Pruk, así que sin más colocó una mano temblorosa sobre la rodilla del otro brujo, acariciando con sus dedos la zona en un intento por consolarlo.
“Bien, entiendo” susurró, acercándose más al cuerpo de Zee Pruk. “Te tengo”
“Gracias a Hécate” jadeó Zee Pruk, antes de girarse sobre la cama para quedar boca abajo, con el rostro aplastado contra una de las almohadas de NuNew y las caderas al aire.
NuNew sintió que se atragantaba ante la vista.
Este Zee Pruk… Era tan diferente al Zee Pruk Panich de siempre. Había conocido al hombre por tres años y nunca, nunca, nunca lo había visto comportarse tan dócil. Joder, el tipo era intimidante y poderoso, no solo porque era obviamente más alto y musculoso que NuNew sino también por lo habilidoso que era con su magia, de hecho tan habilidoso que vivía comportándose como un imbécil engreído que trataba al mundo como si estuviesen por debajo de él.
Pero ahora no había ni rastros de esa arrogancia, todo lo que NuNew podía ver en él en ese momento era una necesidad tan abrumadora que le ponía los pelos de punta (y la polla dura, no iba a mentir).
“Mierda” suspiró bajo su propio aliento, antes de arrastrarse sobre el colchón hasta pegar sus caderas contra el culo de Zee Pruk, empujando su erección todavía vestida contra él en un movimiento casi involuntario.
Joder, ya estaba tan duro y apenas y había hecho algo.
“Si, exacto, justo así” gimoteó Zee Pruk, meneando sus caderas para presionarse contra la dureza de NuNew con más insistencia. “Vamos, fóllame, esta mierda duele” lloriqueó, ya olvidándose de mantener la última pizca de orgullo que le quedaba.
NuNew gruñó y rápidamente enganchó los dedos en la ropa de Zee Pruk, tirando de sus pantalones hasta bajarlos a la altura de sus blancos y temblorosos muslos.
Y cuando NuNew se echó hacia atrás por un instante, guiado por la curiosidad morbosa de descubrir qué era lo que estaba pasando entre las piernas de Zee Pruk gracias al hechizo, sintió que se ahogaba con su propia respiración.
Porque allí estaba el resultado de la magia de un hada: un coño regordete y húmedo, perfecto, tan apetitoso que NuNew sintió su boca secarse al instante.
Joder.
Nunca pensó que algo así cruzaría su mente, pero no podía esperar a hundirse dentro del coño de Zee Pruk (diablos, eso sonaba realmente extraño).
NuNew tragó el exceso de saliva que se le había acumulado en la boca y no pudo evitar hundir su pulgar en la raja del culo de Zee Pruk para abrirlo más y poder echarle un mejor vistazo a su coño goteante.
“N-NuNew” gimió Zee, con la voz débil y rota.
“Si, aquí estoy” jadeó NuNew, antes de deslizar dos de sus dedos entre los labios vaginales de Zee, frotando la humedad de su cálido coño de forma superficial. “Joder, voy a follarte hasta que pierdas la cabeza”
“¡Si!” sollozó Zee, desesperado, pues su vientre dolía (justo donde el tatuaje tribal estaba grabado sobre su piel) y lo único que quería era dejar de sentir ese dolor.
NuNew dejó salir un suspiro pesado y comenzó a frotar suaves círculos justo sobre el clítoris hinchado de Zee, escuchándolo gemir al instante ante la estimulación sobre aquella zona sensible.
NuNew… Ya no podía pensar en lo extraño de todo el asunto. Y no hablaba del hecho de que Zee tuviera un coño, eso era quizás la parte más normal de toda esta situación. Sino el hecho de que él, NuNew Chawarin, hubiese sido el elegido para tocar ese coño luego de todo lo malo que había pasado entre él y Zee durante los últimos tres años.
Pero ahora, con dos de sus dedos frotando los pliegues mojados de Zee, a NuNew no podría importarle menos todas aquellas veces que él y Zee atentaron contra la vida del otro.
¿Cómo podría importarle? Si justo tenía en su cama a Zee Pruk, gimiendo, lloriqueando y jadeando ante el simple toque de sus dedos, con la voz tan débil que sonaba casi aguda, mientras su cuerpo se estremecía y se arqueaba hermosamente ante el intenso alivio de ser complacido.
“N-NuNew, por favor, tu polla” sollozó Zee, justo cuando NuNew había deslizado por fin uno de sus dedos dentro de la apretada entrada de su coño. “Tienes que follarme, ¿recuerdas? Solo eso romperá el hechizo, no hay tiempo de…” su oración se interrumpió gracias a un desesperado gemido. “No hay tiempo para juegos previos, dame tu polla”
NuNew casi se cayó de la cama al intentar desabrochar sus pantalones lo más pronto posible, pero nadie podía juzgarlo, ¿de acuerdo? La manera en que la voz de Zee le había rogado, usando un tono tan suave y necesitado… Haría obedecer a cualquiera, incluso al mago más poderoso e inalcanzable del mundo.
Cuando por fin pudo liberar su pesada erección, NuNew soltó un suspiro de alivio.
“¿Crees que necesitemos usar condones?” preguntó, dando miradas alternadas entre su polla desnuda y el brillante coño de Zee.
“Claro que no. Lo único que cambió fue esta estúpida vagina, no es que me haya crecido un maldito útero para combinarla” gruñó Zee, sonando ofendido ante la simple idea. “Yo estoy limpio, ¿tú?”
“Si, si, me hago análisis todos los meses y hay una poción muy buena que preparo siempre que…”
“No me importa tu poción, si estás seguro entonces solo follame a pelo” ordenó, girando un poco la cabeza para dedicarle una mirada fastidiada por encima de su hombro.
Bien, eso era lo más cercano al Zee Pruk usual que le había escuchado decir en todo ese tiempo.
Con un poco más de confianza, NuNew tomó las caderas de Zee Pruk y lo obligó a girar su cuerpo sobre la cama, dejándolo boca arriba para que pudieran verse frente a frente.
“¿Eh?” Zee Pruk murmuró, confundido por el cambio de posición.
“Si voy a follarte, lo haré como yo quiera” murmuró en voz baja, mientras sus manos acariciaban la piel de Zee con lentitud, descendiendo desde la parte trasera de sus rodillas, hasta llegar a sus muslos temblorosos y un poco más allá. “Quiero ver tu cara cuando te llene con mi polla, Phi” susurró, usando ese honorífico por primera vez solo para molestar a Zee, mientras uno de sus pulgares separaba los pliegues jugosos de su coño.
“Idiota, ¡deja de decir esas cosas asquerosas!” exclamó Zee con el rostro rojo de la vergüenza, pero sus caderas inquietas delataron su excitación al moverse contra sus dedos en busca de más caricias.
“Nunca me había dado cuenta de lo bonito que eres, Phi” susurró NuNew, ignorando las quejas de Zee, mientras frotaba su pulgar contra el clítoris de Zee en lentos movimientos circulares. “Quizás lo habría hecho si no fueras un imbécil la mayor parte del tiempo, pero me alegra descubrirlo justo en este momento” dijo mientras dibujaba una sonrisa burlona, al mismo tiempo que acercaba su polla a la estrecha entrada de Zee.
“T-tú…” jadeó Zee, como si el solo roce de la punta de la polla de NuNew contra su coño chorreante le hubiese robado el aliento.
“Mírate, todo desesperado por recibir mi polla” rio NuNew, mientras empujaba sus caderas lentamente para introducirse en el calor apretado de ese coño, sintiendo cómo Zee Pruk se abría para recibirlo centímetro a centímetro, como si fuese una flor floreciendo solo para él. “Joder, que bonito” gruñó, viendo con deleite la forma en que Zee Pruk cerraba los ojos y abría sus hermosos labios para gemir en silencio.
Oh, dulce Hécate, juraba que esa era la expresión más obscena que había visto en sus veinticuatro años de vida.
Cuando tuvo su polla completamente sumergida dentro del apretado y mojado coño de Zee Pruk hasta la empuñadura, NuNew tuvo que tomarse un par de segundos para respirar profundamente, sintiendo su cabeza mareada ante la sofocante sensación de aquellas calientes paredes apretandose a su alrededor como un torno.
“Mierda” gruñó, mientras alzaba una de las piernas de Zee para echarla sobre su hombro. “¿Qué carajo, Panich? Vas a arrancarme la polla”
“Cállate” lloriqueó Zee, con un par de lágrimas ya deslizándose por sus mejillas, mientras arqueaba la espalda por el placer y aferraba sus dedos a la sábanas, visiblemente abrumado por la intensa sensación de la polla de NuNew llenándolo hasta el fondo.
NuNew gimió y no tardó en dar la primera embestida, moviendo sus caderas con lentitud a un ritmo cuidadoso pero contundente, mientras su vista se quedaba pegada a la imagen de Zee, sintiéndose incapaz de apartar la mirada lejos de su rostro sonrojado y su negro cabello alborotado sobre la almohada.
No sabía si era por culpa del hechizo, pero no podía dejar de pensar en lo bonito que Zee Pruk era.
Había algo hipnotizante en la forma en que sus labios se abrían para soltar los gemidos más dulces que NuNew había escuchado, o en la forma en que sus ojos se habían vuelto vidriosos y oscuros mientras miraba al techo con una mirada desenfocada y pérdida.
No sabía si Zee Pruk había sido así de encantador siempre, o si solo se debía al efecto de la magia de esa hada, pero se sentía profundamente satisfecho de poder presenciarlo en ese momento, cuando tenía su polla enterrada en la sofocante humedad de sus calientes paredes, embistiendo una y otra vez ese coño sensible e hinchado que parecía haber sido diseñado a la medida para tomar el tamaño de su gruesa longitud.
“Joder, joder, justo ahí” sollozó Zee Pruk, mientras deslizaba sus manos por su estómago, acariciando el tatuaje sobre su vientre con dedos largos y elegantes, antes de bajar más allá, paseando las yemas de sus dedos sobre su regordete monte de venus hasta alcanzar su clítoris, comenzando a frotarlo de arriba a abajo con rapidez.
NuNew sintió que se ahogaba con su propia saliva ante lo obsceno que Zee se veía en ese momento, antes de acelerar el ritmo de sus embestidas, escuchando la forma en que sus pieles húmedas chocaban una contra la otra ruidosamente, llenando la habitación del ruido de su placer.
“Te sientes tan bien” murmuró NuNew sin aliento, mientras hundía sus dedos sobre el muslo que Zee todavía tenía apoyado sobre su hombro. “Tan, tan apretado” agregó, girando el rostro para besar la zona justo al lado de su rodilla, lamiendo el sudor de su piel con lentitud antes de hundir sus dientes allí.
Zee Pruk maulló, un sonido que delató su dolor y placer mezclados en una sinfonía perfecta, mientras se retorcía sobre la cama y sollozaba tan patéticamente que NuNew deseó destrozarlo en ese mismo momento, pero no de la forma en que siempre había imaginado (lanzándole una maldición mortal o haciéndole beber una poción venenosa), sino destrozarlo de placer con su polla, arruinarlo para siempre hasta que nadie más pudiese tenerlo en su cama como él lo tenía en ese momento. Marcarlo desde adentro, hasta que nadie más fuese capaz de ponerle las manos encima porque todos sabrían que era suyo, propiedad de NuNew.
“Joder, ¿qué me estás haciendo?” susurró incrédulo, sin poder creer el rumbo que sus propios pensamientos habían tomado. “¿Es que acaso ese hechizo está afectandome a mí también?” preguntó, apoyando sus manos sobre el vientre de Zee Pruk, recorriendo con sus pulgares los bordes del tatuaje bajo su ombligo. “¿O quizás eres un hada también y me has vuelto adicto a ti como castigo?” gruñó, antes de arrancar la única prenda de ropa que había sobrevivido hasta el momento: la camiseta de Zee.
Los ojos de NuNew recorrieron su cuerpo desnudo de inmediato, apreciando con atención y reverencia cada curva y detalle de su cuerpo cincelado. Desde la forma de sus pectorales gruesos y musculosos hasta sus abdominales marcados gracias al ejercicio. Era tan masculino, tan grande y fornido, el tipo de hombre que tendría a las chicas (brujas y humanas) babeando y suspirando por él, en espera de una oportunidad para ser folladas por él.
Pero en cambio allí estaba, sollozando sobre la cama de NuNew, con una polla enterrada hasta el fondo mientras rogaba por más, presumiendo del coño más apretado y hermoso que NuNew había tenido el privilegio de tener.
“Por favor, NuNew, más rápido” lloriqueó Zee Pruk, ajeno al desastre de pensamientos que habían inundado la cabeza de NuNew. “Por favor, por favor, por favor”
La boca de NuNew se secó al escuchar sus suplicas. Oh, dulce Hecate, nadie lo había preparado mentalmente para escuchar a Zee Pruk Panich rogando tan patéticamente, murmurando aquellos “por favor” con tanta desesperación que NuNew casi sintió lástima por él.
“Te voy a llenar hasta el tope” advirtió NuNew, con el rostro sonrojado y el cabello rubio pegado a la frente por el sudor. “Te voy criar tanto que mi semen va a gotear de tu agujero por días”
Zee Pruk gimió ante la promesa y NuNew comenzó a empujar sus caderas contra Zee, bombeando dentro y fuera con tanto ímpetu que Zee Pruk comenzó a sollozar de nuevo ante la fricción de la pelvis de NuNew contra su pobre y abusado clítoris, mientras las sábanas se volvían un desastre húmedo y pegajoso gracias a los fluidos que chorreaban desde el coño de Zee alrededor del eje de NuNew.
Estaba tan cerca, NuNew podía sentirlo en la forma en que su polla pulsaba dentro de las calientes paredes de Zee y sus bolas se tensaban con cada nueva embestida, así que bajó la pierna de Zee fuera de su hombro y la colocó al lado de su cintura, antes de inclinar su cuerpo sobre él, apoyando las manos a los lados de la cabeza de Zee Pruk para acercarse hasta que, sin previo aviso, tomó sus labios en un beso húmedo y desesperado, provando su boca por primera vez.
La sensación fue como meter sus manos desnudas dentro de un núcleo de magia pura, sintiendo su cuerpo pulsar de pies a cabeza mientras una electricidad casi mágica le recorría la espalda, como si besar a Zee Pruk Panich fuese más poderoso que el mejor encantamiento de su repertorio.
Había estado evitando besarlo con todas sus fuerzas, pero al final no se había podido resistir más. Aquella boca hinchada y húmeda lo había hechizado como el mejor de los encantamientos y ahora estaba allí, mordiendo y chupando los labios del que una vez consideró su más grande enemigo como si su vida dependiera de ello.
Y no tuvo tiempo de arrepentirse de ello, pues solo unos segundos después se corrió con fuerza dentro del apretado coño de Zee Pruk, gruesas cuerdas de su semilla cubriendo las paredes que revoloteaban alrededor de su eje como si quisiera ordeñar hasta la última gota de su semen. Y fue hasta entonces, hasta que todo el orgasmo de NuNew fue descargado dentro de su cuerpo, que Zee Pruk finalmente se corrió, humedeciendo las sábanas y la polla de NuNew con sus fluidos mientras soltaba un grito ahogado.
El sonido de sus respiraciones agitadas y agotadas llenaron la habitación y NuNew se hubiese retirado de inmediato fuera del suelto agujero de Zee Pruk sino fuese por la forma en que el tatuaje bajo su ombligo comenzó a brillar de un intenso color rojo.
“¿Ya está? ¿Ya terminó?” susurró cansado, sintiendo su polla comenzar a ablandarse dentro de Zee.
Zee Pruk se encogió de hombros, pero no lo soltó. En cambio, lo rodeó con brazos y piernas obligándolo a descansar sobre su cuerpo, sin dar señales de querer separarse.
Y NuNew, tan cansado como estaba, no luchó contra el abrazo y se acurrucó contra el pecho cálido del otro mago, cerrando los ojos y disfrutando de la cercanía hasta quedarse dormido.
Claro que, cuando despertó horas después completamente solo dentro de su habitación, simplemente suspiró con fastidio y rodó los ojos.
“Por supuesto que te irías sin avisar, imbécil” susurró para sí mismo, mientras miraba a su alrededor. “Al menos tuviste la decencia de limpiar tu desastre” resopló, dándose cuenta de que las sabanas habían sido cambiadas por unas limpias (probablemente gracias a un hechizo básico de limpieza).
Sin permitirse sentirse decepcionado, NuNew volvió a tumbarse sobre su cama, cerrando los ojos y obligandose a pensar que las cosas volverían a la normalidad después de aquel extraño encuentro.
Nada iba a cambiar, ¿cierto?
[...]
En efecto, las cosas no cambiaron durante las próximas dos semanas.
Más o menos.
En realidad, no había vuelto a ver a Zee Pruk después de aquel incidente, así que no sabía si las cosas realmente habían cambiado entre ellos o no, pero tampoco se hizo ilusiones.
“Oye, Nu, ¿qué harás esta noche?” preguntó Belle, la bruja co-fundadora de la tienda de magia que había abierto cuando llegó a Chiang Rai.
“Uh, creo que voy a practicar con esa poción curativa que no he podido perfeccionar” respondió, mientras terminaba de rellenar el inventario de la tienda.
“¿En serio, Nu? Llevas semanas sin acompañarnos a la taberna” se quejó Belle, resoplando con tanta fuerza que su flequillo revoloteó sobre su frente.
“Lo siento, Belle, he estado bastante ocupado” se disculpó, mirando a la chica con su mejor cara de cachorrito pateado.
Belle rodó los ojos, pero una sonrisa ya se había formado sobre sus labios.
“Tienes suerte de ser tan adorable, o ya te habría lanzado un hechizo que te convirtiera en un gusano” amenazó, cruzándose de brazos. “Pero, en serio, ¿no puedes intentar ir aunque sea esta noche con nosotros?” insistió, ganándose un suspiro de NuNew. “Vamos, Nu, Ally ha estado preguntando por ti, ya sabes, hace mucho que quiere invitarte a salir”
NuNew no pudo evitar sonrojarse ante eso, pero negó a pesar de la timidez que sentía.
Si debía de ser sincero, ni siquiera podía pensar en la idea de salir con alguien después de… Bueno, después de haber probado a Zee Pruk Panich.
“No creo que tenga tiempo” mintió con suavidad, tratando de ocultar su sonrojo bajo su flequillo rubio. “Sabes que me gusta traer nuevos productos a la tienda y si perfecciono esa poción curativa podríamos ganar mucho dinero” se excusó. “Pero prometo invitarles a todos una ronda de cerveza de mantequilla cuando termine todos mis pendientes” agregó, tomando las manos de su amiga entre las suyas, dándole un apretón.
“¡Aish, Nu! Deja de ser tan lindo” lloriqueó la bruja, antes de suspirar. “Está bien, acepto pero solo porque eres un pequeño encanto”
NuNew sonrió, todavía tomando las manos de Belle, e hizo amago de acercarla hacia su pecho para un abrazo, pero el estruendo de la puerta siendo abierta con brusquedad los hizo saltar en su lugar completamente asustados.
“¡Hey, la tienda ya está cerra—!” NuNew no pudo terminar su oración, pues justo allí estaba Zee Pruk Panich, con toda su gloria y su atractivo rostro.
Oh, dulce Hecate.
“Necesitamos hablar” gruñó Zee Pruk, mirando con rencor las manos todavía unidas de Belle y NuNew.
NuNew rápidamente soltó las manos de su amiga, pero no hizo nada para acercarse a Zee Pruk o seguirlo, en cambio lo miró con el ceño fruncido.
“¿Qué diablos te pasa?” preguntó molesto, rápidamente sintiéndose irritado por la presencia de Zee.
Porque allí no había rastros de la dulce y dócil personalidad que Zee Pruk Panich había mostrado al estar dentro de sus sabanas, sino el egocentrismo y el desagradable complejo de superioridad que lo había caracterizado durante los tres años que NuNew llevaba conociendolo.
“¿Acaso eres sordo? Necesitamos hablar” repitió Zee, con la voz grave y la mirada tan fría como un tempano de hielo.
NuNew reprimió el escalofrío que recorrió su columna vertebral y sacudió los dedos de su mano derecha, listo para chasquear un hechizo en cualquier momento.
“¿Despues de dos semanas? Si, no lo creo” se burló, observando cómo la mandíbula de Zee Pruk se tensaba.
Bien, no iba a mentir, el bastardo le daba un poco de miedo, ¡pero cualquiera tendría miedo de ser derribado por un hijo de puta de metro ochenta!
“Abigere” Zee Pruk murmuró, antes de chasquear sus dedos.
Lo próximo que NuNew supo, fue que Belle había desaparecido de la tienda.
“¡Oye! ¿Acabas de desaparecer a mi amiga, imbécil?” gritó NuNew completamente enfurecido, mientras sus dedos zumbaban cargados de magia, listos para atacar.
Sin embargo, no pudo llegar a conjurar una maldición para atacar a Zee Pruk, pues este rápidamente subió su camiseta por debajo de sus costillas, dejando ver el intrincado patrón del hechizo del hada.
“¿Qué?” NuNew jadeó, parpadeando con incredulidad. “¿Volviste a meterte con Mabelz, imbécil?”
“No” suspiró Zee Pruk, luciendo tenso y nervioso. “No, nunca desapareció” confesó, antes de bajar su camiseta de nuevo, cubriendo su vientre. “Pensé que sería cuestión de días para que desapareciera, porque ya habíamos cumplido con el objetivo, pero no se fue” susurró, cubriendo su rostro con la palma de sus manos, por fin volviendo a comportarse como el dulce Zee que NuNew había conocido en la soledad de su departamento.
“¿Y lo otro?” preguntó NuNew, casi avergonzado. “¿Todavía tienes… el coño?” susurró, con la cara ardiendo de vergüenza.
Zee Pruk apretó los labios en una mueca, pero terminó asintiendo.
“¿Entonces? ¿Necesitas que volvamos a intentarlo o…?” NuNew se mordió el labio, sintiendo su polla comenzar a endurecerse dentro de sus pantalones.
“En realidad…” Zee Pruk tragó saliva, antes de llevarse una mano a la zona baja de su vientre, golpeteando debajo de su ombligo con dedos delicados. “En realidad creo que el objetivo no era follar solamente” confesó, nervioso y agitado.
“¿Eh? ¿Entonces cuál era?” NuNew le miró con el ceño fruncido en confusión.
“Creo que realmente me dejaste embarazado”
“¡¿Qué?!” NuNew gritó, sintiendo que su rostro palidecía.
“Pusiste un bebé dentro de mí, NuNew”
Y NuNew sintió que podría desmayarse en ese momento.
Oh, dulce Hecate, ¿qué carajos?
"¡¿Qué?!"
"¿Acaso necesito explicarte cómo funcionann los embarazos, perra inútil?"
Y esta vez, NuNew si se desmayó.