One shot
El golpeteo de la lluvia contra la ventana me despierta por segunda vez en la noche. Mis ojos se clavan observando las gotas correr contra el cristal como si de una carrera se tratara y siento mis ojos llenarse de agua de pronto.
No sé qué me pasa estos días, estoy muy sensible y lloro por todo. Creo que se acerca mi celo y los supresores no parecen estar dando resultado. ¿Cómo le explico a mi cuerpo que no tengo ganas de eso? ¿Cómo le explico a mi lobo que el pelinegro con mandíbula tallada por los dioses no va a ser el que nos deje su dulce aroma impregnado en la piel por días?
Siento un brazo rodear mi cintura y mi esposo me jala contra su pecho.
—¿Otra vez no puedes dormir bebé?
Su aliento contra mi nuca me provoca un escalofrío y me giro hacia él. Lo encuentro aún con los ojos cerrados y la boca abierta, sé que está más dormido que despierto.
Sonrío, me parece increíble que un alfa como él pueda llegar a ser tan tierno.
Llevo mi mano a su mentón y cierro suavemente su boca. —Estoy bien Kook, descansa...
Escucho un gruñido de inconformidad, sé que no me cree. —Mi lobo está ansioso —dice soltando feromonas para tranquilizarme. —Sé cuando algo te pasa, eres mi destinado, ¿recuerdas?
El olor a chocolate amargo invade mi sistema, mi lobo se acurruca e intenta disfrutarlo, pero también tiene ganas de aullar profundamente. ¿Cómo es posible que sienta dos cosas tan distintas al mismo tiempo?
¿Cómo es posible que esté enamorado de dos alfas?
Las lágrimas empiezan a correr por mis mejillas sin permiso, tengo miedo de mojar la almohada, no quiero despertar del todo a Jungkook y mucho menos quiero explicarle qué me pasa porque ni siquiera yo mismo lo sé.
Quizá si no estuviéramos en agosto no me sentiría así, ¿cuándo va a terminar este maldito mes?
Un sollozo se me escapa de la boca y es inevitable, mi esposo abre los ojos y puedo ver su expresión somnolienta pero preocupada. Espero su gran pregunta, pero no dice nada simplemente me abraza y me pega a su cuerpo como si su vida dependiera de ello, siento su mano dejando suaves caricias en mi espalda y sus labios depositando un beso en mi frente. —Va a pasar mi amor, todo está bien...
No sé exactamente a qué se refiere. ¿Qué es lo que va a pasar? ¿Qué va a estar bien si se supone que todo está bien entre nosotros?
Termino de romperme entre sus brazos, él me abraza dulcemente, me contiene y poco a poco el sueño nos invade a los dos.
Después de todo, dormir es lo único que me puede hacer evitar como me siento en este momento.
Más tarde la alarma suena a las ocho en punto y me apresuro a apagarla. Hoy él no trabaja y no quiero que se despierte si le he provocado tener una mala noche, por más que lo intento no puedo evitar que se entere de lo que siento y a veces odio esa parte.
Conocí a Jungkook hace siete años, fue amor a primera vista.
Es totalmente mi tipo. Alto, guapo, espalda ancha, fuerte y protector, pero también tiene su lado encantador, cariñoso y tierno como un conejito de peluche. Tiene lo mejor de los dos mundos, si me lo preguntan no cambiaría ni un sólo detalle de él, es perfecto y lo amo.
Nos casamos dos años después de que nos conocimos, no nos importó el tiempo de noviazgo, lo que dijeron sus papás ni el cambio que tuvo que hacer en el trabajo, simplemente nos mudamos a Seúl, un lugar en el que siempre quise vivir y comenzamos a escribir nuestra historia de amor.
Un año después de establecernos llegó Jungmin a nuestras vidas, el cachorro más hermoso que pude haber deseado alguna vez y sentí la felicidad materializarse ante mis ojos, pero había una punzada en el pecho que no lograba disipar con nada.
Criarlo ha sido todo un reto, pero mi esposo siempre hace que todo sea más fácil. Me consiente como nadie jamás lo había hecho, es atento, respetuoso, amoroso y paciente, muy paciente.
Yo no sabía que podías ser el destinado de alguien y a la vez tener un destinado diferente.
Me enteré una noche que Jungkook llegó tarde del trabajo porque había salido con un par de amigos a hablar de amores. Él me contó que Mina se encontraba muy mal porque por fin había encontrado a su destinada, una alfa llamada Chaeyoung pero se sentía culpable porque haría infeliz a Kai, su actual pareja, porque Mina era la destinada de él.
Esa noche decir que la cabeza me explotó queda corto en comparación con lo que sentí y quizá si no hubiera hecho tantas preguntas, mi esposo no me hubiera visto tan interesado en el tema y así no hubiera hecho su gran pregunta. —¿Hay algo que quieras decirme cariño?— todavía lo recuerdo como si hubiera sido ayer.
Los nervios casi me producen un colapso en aquel momento.
Jungkook siempre supo que nunca ha habido ningún problema entre nosotros, tenemos una química inigualable y en la cama sabemos cómo satisfacernos muy bien. Nuestra felicidad es genuina y siempre lo va a ser, pero él tampoco es tonto y aunque nuestros lobos son muy felices juntos, me dijo que él puede sentir cuando mi lobo está triste así que no pude mentirle.
Le dije la verdad, le dije lo que había pasado con mi ex-mejor amigo antes de conocerlo y todas las piezas encajaron para él.
Me preocupaba su reacción, temía que se enojara, que se alejara de mí... Pero contrario a eso encontré comprensión en sus ojos, cariño en sus palabras y mucho consuelo en sus brazos. No quiso opinar sobre algo que él no había vivido y me juró que siempre iba a buscar mi felicidad sin renunciar a mí.
Recordarlo me hace querer volver a llorar como aquella noche entre sus brazos, pero la realidad es dura y el día está a punto de empezar. Lo sé porque las pisadas de mi cachorro en el pasillo me alertan de inmediato.
Lo veo abrir la puerta despacio. —¿Papi? ¿Ya nos vamos a ir? —pregunta frotándose los ojos.
Lo miro confundido. —¿Cómo? ¿A dónde?
Jungkook se remueve a mi lado. —Minnie, te pedí que no le dijeras nada a papi... —lo reprende aún adormilado.
—¿Tú sabías?
El niño corre hasta él y lo abraza. —Perdón papá Kook... —dice con los mismos ojos de Bambi que los del hombre del que me enamoré.
Mi esposo se ríe y lo jala en un abrazo bajo las sábanas mientras escucho que le susurra cosas en el oído. —¿Qué están tramando, eh? —me atrevo a preguntar.
—Una sorpresa familiar —responde con una gran sonrisa.
—¡Es por mi cumpleaños papi!
Los miro aún más confundido. —Pero tu cumpleaños es la próxima semana bebé...
—Por eso, tiene que estar lista para ese día —me explica Kook y se levanta de inmediato con nuestro cachorro en brazos. —Me encargaré de que este jovencito se duche y quede guapo, ¿verdad?
—¡Sí!
Me dirige una mirada llena de misterio. —En cuanto a usted, caballero... ¿Nos haría el honor de acompañarnos hoy con su outfit más elegante?
—Sería un honor para mí —le sigo el juego sin saber muy bien dónde vamos a terminar este día.
—Muy bien —acorta la distancia y deja un beso sobre mis labios— te amo, desayunaremos afuera así que sólo arreglate y nos vamos.
No me da tiempo de responder nada porque de inmediato se da la vuelta y sale brincando de aquí para allá con nuestro cachorro emocionado. Siento ese calor en mi pecho que me llena el alma y recuerdo que esto es la felicidad, esta es mi familia y soy muy afortunado de tenerla.
Busco el reloj y marca apenas las 8:30 am, el tiempo es lento cuando se lo propone.
Suspiro antes de ir directo a la ducha, no sé qué me depara el día de hoy, pero sé que lo voy a disfrutar porque estaré con ellos así que decido apresurarme.
Cuando son las nueve en punto noto que Minnie se encuentra ya en la sala vestido de manera impecable jugando con un rompecabezas que seguramente le dio mi esposo. —¡Papi! —grita el verme bajar.
—Mi amor, ¿estás listo? —pregunto al verlo tan emocionado.
—¡Sí, sí, si!
Le hago una señal para que baje la voz un poco. —Ven aquí corazón —lo jalo para sentarlo en mi regazo. —Cuéntale a papi a dónde vamos a ir y más tarde te compro un helado.
—Park Jimin, me parece increíble que estés tratando de sobornar a nuestro propio hijo... —escucho la voz del alfa antes de que el ruido de sus pisadas acelere al bajar las escaleras.
Me quedo con la boca abierta. —¿Cómo...?
Me mira con una enorme sonrisa. —Sé todo de ti, ¿recuerdas?
—No es posible que ni siquiera pueda tener un momento de privacidad con mi cachorro.
Lo veo morderse el labio después de recorrer mi cuerpo con la mirada. —Más tarde tú y yo tendremos un momento de privacidad cariño... —me susurra al oído.
Me quedo congelado ante el cambio de ambiente. —¿Qué? —es lo único que atino a decir.
—Hoy se queda Minnie en casa del tío Jinnie, me pidió que dejara cuidarlo porque quiere convencer a Nam de darle un primo a nuestro bebé.
—¡Sí, un bebé! ¿Puedo ayudarle al tío Jinnie papá? —grita Minnie emocionado.
—Sí cariño, puedes —responde igual de contento— pero ahora ve por tus cosas, corre.
Nuestro pequeño va directo al estudio y su mirada recae en mí nuevamente, puedo ver el deseo a kilómetros. —Déjame verte, ¿sí? —lo escucho decir mientras me da una vuelta. —Te ves divino, excelente elección el día de hoy mi amor... —agrega como si no hubiera sido él quien dejó el traje en el guardarropa como una sorpresa.
—Fue un regalo, gracias —le digo dando una vuelta más lenta y meneando con exageración mis caderas antes de acercarme. —Tú tampoco te ves nada mal, ¿ya me vas a decir a dónde vamos a ir con toda esta ropa elegante? —intento lo más coqueto que puedo.
—A desayunar.
Asiento. —¿Y...?
—Y el resto lo averiguarás en el transcurso del día —dice dando un par de pasos atrás y hago un puchero.
Lo veo echar un vistazo hacia la habitación de Minnie y al no ver señales de él se acerca rápidamente para terminar con la distancia que hay entre nuestros labios sin previo aviso. Empieza suavemente pero cambia la intensidad cuando le doy permiso de entrar a mi boca y recorrer el camino hasta encontrarse con mi lengua. Me pega de inmediato contra su cuerpo y gime por lo bajo al sentir que mis manos se enredan en su cuello por instinto y comienzan a jugar con su cabello.
El ruido de los zapatos de nuestro cachorro nos hacen alejarnos y acomodar nuevamente nuestra ropa. Lo veo por primera vez a detalle con ese traje negro de diseñador que lo hace lucir sumamente apuesto y proporcionado, aunque la realidad es que yo sé que debajo de ese saco hay una cintura envidiable y unos glúteos perfectamente esculpidos para mí.
De pronto, la temperatura de la habitación me abruma y tengo que mirar hacia a otro lado. Él lo nota y ríe, le encanta tener ese efecto en mí y yo no puedo decir lo contrario.
—¿Nos vamos? —la voz de Minnie me trae de vuelta a la realidad y sonrío con ternura.
—¡Sí, papi está listo para desayunar! —responde él en mi lugar y toma a nuestro cachorro en brazos antes de dirigirse hasta la puerta para cederme el paso. —Después de usted...
—Gracias —respondo con una sonrisa y tomo las llaves del auto. —¡Yo manejo! —grito triunfal antes de salir corriendo.
—¡Oye, eso es trampa! —lo escucho quejarse antes de cerrar la puerta y yo me empiezo a reír por mi pequeña travesura.
A Jungkook no le gusta que maneje cuando intenta darme una sorpresa porque tiene que decirme al menos una pista y así yo averiguo de qué se trata antes de llegar, pero esta vez ha sido más inteligente y simplemente me está dejando escuchar las instrucciones del navegador por voz.
Soy paciente y llegamos a un restaurante tipo IHOP donde sé que la vamos a pasar muy bien con Minnie. Él sonríe triunfal en cuanto estaciono el auto y sale para ayudar a nuestro cachorro a salir. Los escucho susurrarse cosas y los espero con los brazos cruzados y una mirada divertida. —No me está gustando que un par de alfas hagan una alianza contra el único omega de la familia, eh... —digo intentando sacarles algo, pero sólo ríen a carcajadas.
—¡Papi aún no sabe nada, será sorpresa!
Jungkook toma las cosas de Minnie y se acerca para ofrecerme la mano. —Ven mi amor, vamos adentro.
La tomo y entramos al lugar como la feliz familia que somos, sé que mi lobo se siente tranquilo a su alrededor, siempre me pasa eso con Jungkook. Puedo estar atravesando el peor huracán emocional y tan solo una de sus sonrisas me da tranquilidad, ¿qué no puedo decir de un abrazo?
La señorita nos guía hasta nuestra mesa y todo va bien, mi hijo pide unos waffles de frutos rojos y le regalan un dibujo para colorear mientras espera. Mi esposo toma mi mano derecha y sus dedos juegan con mi anillo de casado, por un segundo lo veo sin ninguna expresión en el rostro y mi lobo se angustia. —¿Qué está pasando?— Me carcome no tener idea de qué está pasando por su mente.
Poco tiempo después traen nuestro pedido a la mesa y él sonríe dejando mi mano en paz. Nos dedicamos a pasar tiempo con nuestro hijo y platicar sobre su próxima fiesta de cumpleaños, está muy emocionado y como nació tan solo dos días después que Jungkook dice que Septiembre es el mes de los alfas de la casa.
Los veo con cariño y sonrío.
Nuestro cachorro es una mezcla de los dos, tiene sus ojos brillantes y su sonrisa, pero en complexión se parece mucho a mí cuando tenía su edad. Mamá dijo que era perfecto y hasta la fecha es su nieto favorito, aunque mi hermano se niegue a aceptarlo.
El tiempo pasa volando mientras veo a Jungkook alimentarlo como si aún tuviera dos años, ha crecido tan rápido... Y aquí están otra vez las malditas lágrimas. —Papi, ¿te lastimaste? —lo escucho preguntarme y me siento culpable, él no tendría que verme así.
—Me mordí bebé, pero estoy bien.
Lo veo negar con su cabecita. —Mastica despacio papi, nadie te va a quitar tu comida —me regaña como si los papeles estuvieran invertidos.
Intercambio una mirada con mi esposo y ambos reímos un poco. No queremos que piense que nos estamos burlando de él, pero es demasiado tierno e inteligente, a veces nos sorprende con cada cosa.
—¿Estás listo? —me pregunta finalmente Jungkook para distraerme.
—¿Ya me van a decir qué vamos a hacer hoy?
Minnie se levanta y asiente repetidamente aplaudiendo con gracia antes de mirar a su papá. —Uno, dos... —cuentan juntos antes de mirarme. —Tres. ¡Iremos a tomarnos fotos!
—¿Qué? ¿Fotos? Tenemos muchas fotos... —digo confundido.
—Minnie quiere una foto familiar, iremos a un estudio y la pondremos en la sala donde todos la vean.
—¡SÍ, SÍ, SÍ! —grita emocionado nuestro Minnie.
Sonrío y mi lobo menea la cola. —¡Es la mejor sorpresa de todas! —exagero mi reacción para complacer a mi cachorro y funciona.
Jungkook pide la cuenta mientras yo juego con Minnie y puedo sentir su mirada sobre mí, sé que está sonriendo pero percibo una energía extraña viniendo de él. ¿Acaso está nostálgico? ¿Qué es esa tristeza que trata de disimular?
—¿Estás bien? —no puedo evitar preguntar cuando nuestras miradas se encuentran.
Asiente y lo sé, está mintiendo.
Lamentablemente no es un lugar para resolver problemas maritales y tampoco es el momento para hablarlo así que decido posponerlo para nuestra noche a solas.
En cuanto nos entregan el recibo nos levantamos de nuestros lugares y salimos a la calle. El sol me deslumbra un poco así que tengo que cerrar los ojos antes de que mi esposo deposite algo en mis manos. —Olvidaste tus lentes de sol cariño.
—Gracias.
Apenas tengo tiempo de colocarme los lentes cuando un grito llama nuestra atención —¡JIMIN!— yo lo dudo un segundo, pero termino girando en esa dirección por inercia.
En ese momento todo el ambiente se vuelve pesado, la atmósfera cambia y siento que la gravedad podría clavarme en el piso en cualquier instante.
Frente a mí está Hoseok, un compañero de la universidad a quien alguna vez llamé amigo, pero eso no es importante para mí. Lo que sí es importante es que viene corriendo hacia nosotros de la mano del alfa que no quiero ver, el alfa que ha robado la tranquilidad de mis sueños, el mismo alfa que huele a chocolate con leche y a quien le entregué mi cuerpo una noche de agosto para después no volver a saber nada de él.
Parpadeo un par de veces y cuando menos lo espero, Kim Taehyung está frente a mí, así como si nada ha vuelto a mi vida y yo estoy paralizado.









NO MAMES!!!
Llorando estoy!!!