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—Estoy tan contenta, —le decía Gabrielle a su madre, Colette, esa mañana de verano.
—Me alegro mucho, hija. Ya era tiempo de que formalizaran su relación. Dos años juntos eran más que suficientes.
—Sí... Pensé que Harry se demoraría menos, pero ya sabes. Hemos tenido mucho trabajo los dos y el tiempo apenas nos alcanza.
—Eso del tiempo es relativo. Una vez casados podrás dedicarle más tiempo a tu hogar y trabajar menos horas.
—Pero mamá, yo no quiero eso. Me costó mucho llegar a ser la directora de la fundación, y los próximos años quiero mantener mi posición.
—¿Y qué piensas hacer con tus hijos?
—Somos muy jóvenes aún. Tengo apenas 25 y Harry 27...
—Mira Gabrielle, tú sabes cómo son las cosas. No es bien visto que un matrimonio no tenga hijos luego del matrimonio. Ya bastante tuvimos que soportar con tu padre el hecho de que ustedes no formalizaran, no es fácil soportar los comentarios de nuestro círculo. Así es que espero nietos rápido. ¿En cuánto tiempo se van a casar?
—En un año...
—¡Dime que es una broma!
—Mamá... La organizadora de bodas no tiene tiempo antes, y no queremos hacer las cosas apresurados. Todo tiene que ser perfecto, que nada quede al azar y yo no tengo tiempo de preocuparme de cada uno de los detalles.
—No sé qué tanto necesitas para una boda.
—Hay mil cosas y detalles, mamá. Desde el vestido, los zapatos, el velo, el ramo, las joyas, el pastel, el cóctel, las damas, los padrinos, las luces, la iglesia, la recepción, la música, los recuerdos, la distribución de las mesas... Ni siquiera hemos podido hablar de la hora del matrimonio, no sé si será un almuerzo o a media tarde, o de noche... Es mucho, mamá.
—Tiene que ser de media tarde, eso es obvio. Es la mejor hora, porque así pueden tener una recepción a una hora decente. Nada de pensar hacerlo en la noche, eso es una vulgaridad, y ¿un almuerzo? ¿Tan mal te he criado?
—No sé qué piensa Harry...
—Él no tiene que pensar, Gabrielle. La organización de una boda es tarea de la novia, el novio es solo decoración hasta que dé el sí. Tú tienes que preocuparte de su ropa y de sus joyas, incluso de las que él te regale.
—En eso tienes razón...
—¿Ves? Hazme caso. Estoy segura de que encontraremos a la mejor organizadora de bodas para que se casen antes. Mira, Gabrielle, escúchame, —dijo Colette, tocando el brazo de su hija. —Harry es un excelente partido y en un año pueden pasar muchas cosas... No quiero asustarte, pero es muy fácil que aparezca alguna mujerzuela por ahí y quiera meterse entre ustedes. Debes cazarlo lo más rápido posible, porque tu novio es un hombre de tradiciones, y no se va a divorciar de ti.
—Ay mamá, no sé qué haría sin tus consejos...
Gabrielle le sonrió a su madre, y luego salió camino a su trabajo en la fundación. Estaban en plena evaluación de una casa que podría ser denominada como patrimonio cultural, y eso significaba mucho trabajo.
A esa misma hora, Harry estaba en una reunión con algunos ejecutivos de su empresa de inversiones. Estaban, como siempre, evaluando dónde era mejor poner su dinero para tener más rentabilidad y luego de una hora y algunas decisiones, dieron por terminada la junta. Desde ahí, Harry se fue a su oficina, donde lo estaba esperando uno de sus grandes amigos, Niall, para conversar un rato y despejarse.
—¿Cómo estuvo la junta?
—Ya sabes, lo de siempre... —Suspiró. —Hay muchas opciones y a veces es complejo elegir un sector para invertir.
—Sí, pero tienes un ojo experto para eso, no te preocupes tanto y relájate un poco. ¿Te sirvo un café?
—Sí, gracias.
Niall se levantó, y se acercó a la cafetera. Sirvió dos tazas.
—Mejor hablemos de cosas más interesantes, ¿cómo te fue con Gabrielle anoche?
—Bien. Le pedí matrimonio, ella aceptó... Lo que tenía que pasar.
—Con ese ánimo yo me hubiera negado. ¿No sientes un poco de felicidad?
—No es como que las cosas fueran a cambiar, y es lo que tenía que hacer después de estar dos años juntos. Ella es una buena chica, centrada, trabajadora, atractiva, no sé qué más podría pedir.
—¿Un poco de pasión? No sé, ¿un poco menos de rutina?
Harry se quedó pensando seriamente y bajó la mirada. ¿Menos rutina? Eso era una ridiculez, las rutinas daban seguridad y calma a la vida de Harry, ¿por qué querría llamar al caos?
—No. Creo que es lo que más me gusta de Gabrielle, que todo es medido, sin sorpresas. Ella se comporta como la mujer perfecta que es, no debo adivinar si está de mal humor o soportar felicidad excesiva... No sé, ¿no es como debe ser?
—¿La verdad? No, Harry. La vida no se trata de lo que debe ser, o de ser correcto. Lo hemos hablado tantas veces, y no sé qué pasa con tu cabeza que no terminas de entenderlo. La vida tiene y necesita matices, días buenos, malos, regulares, sorpresas, rutinas... De todo un poco, eso es lo que la hace hermosa de vivir. ¿No te gustaría que te sorprendiera en la cama, por ejemplo? Que se pusiera una ropa atrevida, o que prueben una posición diferente... ¿O usar juguetes?
—¿Qué? —Preguntó Harry completamente escandalizado. —No sé de qué hablas... Es decir... Nuestra vida sexual es perfecta así como es. Ella jamás me ha criticado ni yo a ella. Es todo como debe ser... Digo, no hay por qué comportarse como unos locos o como unos adolescentes... Somos adultos ya. Y cambiemos el tema, la sexualidad de Gabrielle y yo no debería ser tema.
—Pero somos amigos, se supone que podemos hablar de cualquier cosa. Pero bueno, volvamos al matrimonio. ¿Para cuándo será?
—Un año.
—¿Por qué tanto tiempo?
—No sé. Gabrielle dijo eso, de no sé qué pasa con la organizadora y ella quiere que así sea. Eso es cosa de mujeres.
—¿Es en serio, Harry? Cada día estás peor, te estás volviendo un hombre amargado. Estamos hablando de tu matrimonio, ¿no te gustaría involucrarte más? ¿Dar tu opinión? ¿Algo?
—No tengo tiempo, Niall. De verdad no tengo nada qué opinar. Gabrielle tiene tiempo y ganas de hacerlo, para qué voy a molestarla. Confío plenamente en su criterio, y sé que va a ser una ceremonia correcta.
—Ay Dios... Qué ganas de sacudirte un poco la vida.
—No es necesario, me encanta mi vida así, tranquila.
—Aburrida.
—¿A eso viniste? Mejor dime, ¿cómo estás tú? —Preguntó Harry, sirviéndose otra taza de café.
—Bien. Anoche me vi con los chicos.
—¿Cómo están?
—¿De verdad te interesa? Las últimas veces no has sido muy amable con Liam y Zayn...
—Es que nunca imaginé que me ocultaran su... su orientación sexual.
—Hablas como si te hubieran dicho que les gusta la zoofilia... Apenas son pareja, no sé porqué tanto escándalo por algo tan bonito. Se aman, ¿qué más?
—No tengo nada contra los homosexuales, lo sabes, pero me molesta que me lo hayan ocultado.
—Mira Harry, incluso yo les aconsejé que lo hicieran porque a veces no sabemos cómo vas a reaccionar. Yo, conociéndote como lo hago, pensé que sí tendrías algún problema con los chicos si te contaban, y creo que, dentro de todo, sí lo tienes. Desde que te contaron no hemos vuelto a juntarnos los cuatro y no me digas que es porque no has tenido tiempo, porque siempre nos veíamos una vez a la semana.
—No es fácil, —aceptó Harry, omitiendo y callando una voz en su interior. —Sabes lo que piensan Gabrielle y Colette, están horrorizadas y no tengo energía para defender a los chicos... Te prometo que a la reunión del martes no faltaré.
—Eso espero. Somos amigos hace tantos años... Espero que sigamos siéndolo por mucho tiempo más.
—No te pongas dramático y ya vete, tengo mucho que hacer y supongo que tu también.
—Soy un hombre muy ocupado, tener un pequeño bar es difícil... Pero, ya que no valoras que te dé mi tiempo, me voy.
Harry se puso a reír, y le dio un gran abrazo a Niall. Luego de eso, siguió trabajando.
Cuando terminó de trabajar, tomó su abrigo y su maletín. Como nunca, ese día quería llegar a sacarse ese traje impecable, de un azul muy oscuro y soltarse la corbata que parecía asfixiarlo. Quizás darse un baño en la tina, quizás pedir pasta para cenar, quizás ver una película.
Sin embargo, sus planes fueron cancelados por su novia. No había llegado a su departamento cuando recibió una llamada de Gabrielle.
—Hola Harry, ¿quieres ir a cenar?
—Hola... La verdad es que no, estoy muy cansado y quiero irme a la cama.
—Puedo acompañarte. Voy para allá, —colgó.
Harry suspiró, no era lo que esperaba de ese día.
Estacionó su auto y salió. Caminó hasta el ascensor, y se fue hasta el piso 23. Caminó hacia la derecha y metió la llave en la cerradura de la puerta número 23A. Eran solo dos departamentos por piso.
Dejó el maletín en el sofá, y cuando iba camino a su habitación, sonó el timbre. Fastidiado devolvió sus pasos y abrió. Ahí estaba su novia, como siempre perfecta, en su traje de dos piezas, siempre con falda, nunca con pantalón; sus tacones altos, su pelo largo que parecía recién salido de la peluquería y su maquillaje perfecto. Sus labios de un color durazno suave, jamás de rojo, y su sonrisa de inmaculados dientes blancos.
Era perfecta, como una muñeca.
—Hola, —saludó, acercándose a Harry, hasta dejarle un casto beso en los labios.
—Hola, —contestó sonriendo sin ganas.
—¿Pasa algo? —Preguntó entrando con confianza, y dejando su cartera y su chaqueta en el sofá. —Estás como... Más serio de lo normal.
—Estoy agotado, solo quería estar a solas un momento.
—¿No querías verme? ¿Es eso?
—No, no estoy hablando de ti. Hablo de mí, quería darme un baño, pedir algo para comer, ver algo en la televisión... Relajarme.
—Entonces me voy. No quiero molestarte.
—Ya estás aquí, comamos algo.
Y eran esos momentos los que le costaban mucho a Gabrielle. Estaba enamorada completa y absolutamente de Harry, pero todo lo que había luchado por ser una mujer empoderada, se diluía en cosa de segundos cuando se trataba de su novio. Quería ser la mujer perfecta, la que no molesta, la que apoya, la que está a la sombra de quien será su esposo. Y a eso le sumaba las palabras de su mamá, que la instaban a ser una buena mujer, una que acata y que intenta agradar a todos.
Entonces aparecían esos espacios donde simplemente quería irse también a estar sola unos momentos. Entendía a Harry, claro que sí. Pero ella no podía simplemente dejarlo hacer lo que quería, tenía que estar presente, acostumbrarlo a su presencia. Hacerse visible. Su novio era un hombre muy codiciado, no solo por su tremendo atractivo, también por su dinero y posición social. Y ella lo quería solo a su lado.
—Bueno, cenemos y me voy. Olvidé que quizás vea a Sophie más tarde.
—Voy a pedir pasta, ¿te parece?
—Claro.
Mientras esperaban, Gabrielle intentó sutilmente acercarse a Harry. Le tocó la mano suavemente, jamás se atrevería a ser demasiado osada. Su trabajo consistía en verse deseable, pero sin dar mucho pie para algo más.
—¿Quieres vino? —Preguntó Harry, aún incómodo.
—Sí... ¿Qué tal tu día?
—Aún no podemos decidir donde hacer la próxima inversión y eso me molesta, porque son días perdidos. Y vi a Niall un rato en la tarde.
—¿Y cómo está él? Espero que no te haya hablado deellos.
—Creo que no me equivoco, pero antes de contarme que eran pareja, te caían muy bien. Y ¿sabes qué? Son mis amigos, los quiero mucho, y no voy a dejar de verlos.
—Pero Harry... Es, una aberración, —susurró. —¿Qué dirán nuestros amigos? ¿Tus padres? Ya sabes lo que piensa mi mamá.
—Solo se aman, no sé cuál es el problema. Son dos hombres grandes que se enamoraron, y que son maravillosos. ¿Lo que piensen mis padres? Sabes que no me importa, ellos no son parte de mi familia. ¿Mis amigos? Mis únicos amigos son Niall, Liam y Zayn, los demás son conocidos, son trabajo. Y tú, Gabrielle, deberías tener un poco más de empatía. Dudo que te gustaría que alguien llegue y te juzgue, no nos corresponde.
Gabrielle se quedó en silencio. No esperaba que Harry reaccionara con tanta vehemencia a sus comentarios.
—No los juzgo... Solo creo que deberían haberlo mantenido en secreto, para ellos. Hacerlo público es solo querer llamar la atención.
En ese momento llegó la comida. Harry recibió y de inmediato sirvió.
—No tienen nada que esconder, es lo que ustedes no entienden. ¡Se aman! Es algo hermoso...
—Que un hombre ame a otro no tiene nada de hermoso.
—Se me quitó el apetito, —dijo Harry, tirando su tenedor sobre el plato. Tomó su copa de vino y se fue a su habitación, dejando sola a Gabrielle.
No estaba de humor para lidiar con ese tipo de conversación.
Se quitó la corbata y comenzó a desabotonar su camisa. Luego quitó sus zapatos, sus pantalones y calcetines. Eligió un pijama delgado y se lo puso. Se tiró en la cama a beber su copa de vino. Pronto vio aparecer a su novia.
—¿Podemos dejar de hablar de otra gente? —Pidió Gabrielle. —Nos hace discutir y no me gusta.
—No es como decir, ya no lo hablamos y el problema desaparece. Cada vez que hable de Liam o de Zayn vas a recordar que son gays y empezaremos otra vez.
—Entonces no me hables de ellos.
La mirada de Harry era de sorpresa. —¿Es en serio? Se supone que contigo debería poder hablar de todo, sobre todo de mis amigos... Pero, tienes razón. No te los voy a nombrar más.
—No te enojes... Te he extrañado mucho... —murmuró tratando de sonar sensual y delicada, y acostándose al lado de su novio.
—No me enojo, solo me sorprende que seas tan drástica. Pero ya no quiero hablar más del tema.
—¿Quieres que te dé un masaje?
—No, gracias.
—Me rindo... Me voy, llámame antes de dormir.
Se acercó hasta besar a Harry, e intentó profundizar el beso, pero Harry no la siguió.
Se levantó, tomó sus cosas y salió.
Apenas Harry sintió la puerta cerrarse, su humor mejoró. Se levantó y fue a la cocina a terminar de cenar. Se bebió dos copas más de vino, y se desnudó. Se metió a la tina, y se quedó ahí hasta que el agua se puso demasiado fría.
Una vez que estaba listo para dormir, se sintió mal por no haber tratado mejor a su novia. La llamó.
—¿Ya vas a dormir? —Preguntó Gabrielle.
—Sí... Discúlpame si fui muy desagradable esta tarde, solo necesitaba un poco de espacio.
—No te preocupes... Lo siento por no haberte preguntado si querías que nos viéramos... Pero da igual, lo importante es que está todo bien.
—Sí, hermosa... Te dejo un beso, descansa, te amo...
—Te amo también, hasta mañana.
Harry durmió tranquilo y más descansado.
En la mañana llegó muy temprano a trabajar, ya con una decisión sobre qué empresa iban a elegir para invertir. Si había algo que lo molestaba en el trabajo, era la demora. Sabía lo que significaba perder días sin mover el dinero. Juntó a la directiva y comenzaron con las transacciones.
Mientras tanto, esa mañana Gabrielle se juntaba a desayunar con su mejor amiga Sophie.
—Quiero todos los detalles de la pedida de matrimonio.
—No hay mucho que contar. Fue muy bonito. Harry contrató a una chica que tocaba el arpa, y reservó en el Ritz. Cenamos y al terminar el postre, se arrodilló y me lo pidió. Mira mi anillo... ¡Es hermoso! Después pasamos la noche en el hotel.
—Ohhh, qué romántico... Está precioso el anillo, muy clásico.
—Sí... Bueno, tú sabes que Harry lo es.
—Hablando de eso y de anillos, supe que va a volver a Londres uno de los mejores orfebres del país.
—¿En serio? Podría pedirle que me haga los anillos para el matrimonio y algunas joyas...
—Es un poco excéntrico, además de gay... Pero dicen que tiene un talento único.
—No me hables de gays... Ya no los soporto...
—¿Por qué lo dices?
—Resulta que dos de los mejores amigos de Harry son gays. Y anoche discutí con él por ese motivo. Él los defiende, y yo creo que es una aberración y mamá también.
—Ay Gabrielle... Ya no estamos en esas épocas, la gente no tiene por qué esconderse. Pero, no me pongas esa cara, no vamos a discutir por eso. ¿Quieres que te consiga el contacto de este orfebre o no?
—Está bien. Espero que sea tan bueno como dices y que valga la pena conocerlo.
—Mira, hay algunas fotos en internet de sus joyas. Yo lo amo, te juro.
—A ver... Hey, su trabajo es precioso, aunque no sé si me gustan las piezas más rústicas, son demasiado sencillas. Pero tiene muy buen gusto.
—Quizás puede diseñarte alguna joya especial para el día de tu boda. Pensaba en una pulsera o quizás unos aretes.
—Es buena idea.
—¿Harry no te ha hablado de Niall? —Preguntó Sophie cambiando de tema.
—Ayer se vieron, y estuvieron juntos un rato. ¿De verdad te gusta ese tipo? Yo lo encuentro tan poca cosa para ti, amiga. ¡Es dueño de un bar! ¿Qué clase de negocio es ese?
—No todos los hombres pueden ser como Harry perfecto Styles, Gabrielle, y Niall es alguien muy interesante, me atrae mucho, pero no me atrevo a invitarlo a salir.
—¿Estás loca? ¿Invitarlo tú? ¿Sabes lo que diría nuestro círculo? Te quitarían el saludo y tu familia te quitaría su apoyo.
—No seas tan dramática, Sophie. Estamos hablando de una simple invitación a un café.
—Las mujeres no hacemos eso, tenemos que esperar a que ellos tomen la iniciativa.
—Pero si no comparto con Niall, ¿cómo va a saber que existo?
—Fácil. Puedo yo pedirle a Harry que vayamos a cenar los cuatro, y se solucionan tus problemas.
—Amiga, ¿de verdad lo harías?
—Claro que sí. Por ti, cualquier cosa, es más, voy a enviarle un mensaje de inmediato, —dijo sacando su teléfono. —Supongo que me va a contestar antes que termine el día, sabes que es un hombre muy ocupado, pero estoy segura de que estará de acuerdo y te aviso. Ahora debo irme.
Se dieron un beso y un abrazo, y se despidieron.
Apenas Gabrielle había llegado a la fundación, recibió una llamada de su mamá.
—Hija, ¿cómo estás?
—Bien, mamá, ¿y tú?
—Corriendo. Encontré una organizadora de bodas muy reconocida, y recomendada por tu prima Julia. Le organizó todo en seis meses, y yo he estado haciendo algunas llamadas. Por ejemplo, ya hablé con el mejor joyero de la ciudad, y tiene modelos muy clásicos y bellos de anillos. Solo es cosa de que pases con Harry cuando tengan tiempo, y elijan los que más les gusten.
—Sophie me habló de un orfebre que está de vuelta en Londres, pensaba que él podría hacernos algo personalizado...
—Ni lo pienses. A él puedes pedirle alguna joya para ti o para Harry, pero los anillos deben ser clásicos, no lo olvides.
—Sí, mamá.
—La torta solo necesita un mes de anticipación, aunque depende de la cantidad de invitados. ¿Cuántos tienes en mente?
—La verdad no muchos, mamá. Ya sabes que es prácticamente nuestra familia y amigos, más algunos conocidos de Harry. Es un tema sensible para él, y no quisiera incomodarlo. Creo que unas cien personas.
—Me va a dar un infarto. ¿Cómo se te ocurre? Yo estaba pensando, por lo menos en 250. Tenemos mucho que definir, ¿puedes venir a verme esta tarde?
—No, mamá. Hoy tengo mucho trabajo. Mejor voy a cenar contigo el martes, porque Harry tiene junta con sus amigos.
—Bien, yo seguiré adelantando lo que pueda. Te quiero, hija, nos vemos.
—Chao, mamá.
Gabrielle cortó, pensando en todo lo que dijo Colette. Iba a preguntarle a Harry sobre los invitados, y algunas otras cosas importantes. Se dedicó a trabajar toda la tarde.
Esa noche, Harry llegó con flores y chocolates a visitar a su novia, quien lo recibió feliz. Había cocinado algo sencillo pero rico, y comieron mientras se contaban sobre su día.
Una vez que terminaron de cenar, y de dejar lo sucio en el lavaplatos, para que lo lavara la señora de la limpieza, caminaron hacia la habitación.
Harry tomó la iniciativa, y besó a Gabrielle con ganas, mientras comenzaba a desnudarla. Una vez que lo hizo, se quitó su ropa, y se metieron a la cama. No dejaban de besarse, era algo que Harry necesitaba mucho. Siempre, desde la primera vez que estuvo con una mujer hace ya muchos años, siempre sintió un algo extraño en su comportamiento. Era como si de alguna manera, sus manos estuvieran vacías, y por más que intentara llenarlas de la piel y el cuerpo de su novia, simplemente no se llenaban.
Desde ahí, todo era más o menos mecánico. Colocarse sobre ella, hasta terminar apenas unos minutos después. La sexualidad no era un tema entre ellos. Simplemente era comodebíaser.
Gabrielle muchas veces quedaba con ganas de más, pero entendía el estrés de su novio, y jamás le reclamaría algo. Ya vendrían días mejores, cuando pudieran tomar unas vacaciones en su luna de miel, y entonces todo cambiaría. Antes de Harry, tuvo un solo novio, y las cosas eran muy diferentes, y por eso terminó la relación, porque era demasiado carnal y eso no estaba bien. Lo pasaba mucho mejor, por supuesto, pero su religión le gritaba que no era correcto. Su familia era de muchas tradiciones, y estaban escandalizados cuando supieron que esa relación se había terminado, apenas después de cuatro meses. Colette sobre todo, no dejó de hablar con su hija, y recordarle que el sexo, era para tener hijos, y que si ella no pensaba tenerlos en ese momento, debía guardarse, o simplemente podía hacerlo para complacer a su futuro esposo, pero después de formalizar su relación. Se había enojado mucho cuando descubrió que su hija se había acostado con ese chico apenas unos días después de comenzar su relación.
La llevaba a la iglesia y la hacía confesarse todas las semanas, hasta que Gabrielle entendió que estaba obrando mal.
Harry, después de acabar, se vestía y se iba a su departamento, dejando un beso a su novia.
Mientras manejaba, pensaba en trabajo. Era su principal y única preocupación. Fue cuando recordó que no le había contestado el mensaje a Gabrielle, ni habían hablado de ciertos temas del matrimonio que su novia quería comentarle.
La llamó desde el auto.
—¿Pasó algo? —Preguntó Gabrielle.
—No hablamos de todo lo que querías decirme... Me acabo de acordar.
—Cierto, también lo olvidé...
—Podemos ir a cenar el sábado con Niall y Sophie. Dile que a las ocho en “Rules”, y que la reserva estará a mi nombre.
—Gracias... Y con respecto a lo de la boda, ¿cuántos invitados crees que sea correcto invitar?
—Tengo que invitar a muchos ejecutivos, creo que quizás son unos cincuenta, más sus acompañantes.
—Está bien... Con respecto a los anillos, mi mamá dice que podemos ir al mejor joyero de la ciudad y elegir cualquiera que nos guste y que nos tomen las medidas.
—Déjame revisar mi agenda y vamos la próxima semana.
—También hay que elegir los sabores de las tortas y del menú... Pero creo que eso lo podemos hacer más adelante. ¿Quieres que elija tu traje?
—Creo que es lo mejor. Supongo que tendrá que combinar con tu vestido.
—Así es.
—¿Algo más?
—No, eso es por ahora.
—Bien. Entonces hablamos más tarde, un beso.
—Te amo...
Colgaron.
El día sábado llegó rápidamente. Harry pasó por Gabrielle puntualmente a las siete y media. Cuando llegaron al restaurant, Niall y Sophie no habían llegado aún.
—Recuérdame por qué estamos aquí, —pidió Harry.
—Sophie está interesada en tu amigo y no se atrevía a invitarlo, además de que es mal visto.
—Hablas como si no conocieras a Niall, no puede ser más relajado y es más, estoy seguro que le hubiera encantado que Sophie le invitara un café o una cerveza.
—¿Cerveza? Harry, por Dios. Dudo que Sophie sepa qué es una cerveza. Sé como es Niall, y por lo mismo sé, que no serían una buena pareja. Ella es una mujer de excelente familia.
—Niall, aunque no lo creas, también lo es. Tiene valores, Gabrielle, que es bastante mejor que “un buen apellido”.
—Creo que últimamente estás muy estresado, ya estamos discutiendo por tonteras.
—No son tonteras y no estamos discutiendo, solo hablando. Yo sí creo que serían una buena pareja.
Gabrielle suspiró. Estaba sintiendo que las cosas empezaban a ponerse difíciles, ¿sería por el compromiso?
—¿Por qué estamos tan tensos? —Preguntó Gabrielle, tomando la mano de su novio sobre la mesa.
—No lo sé, pero me doy cuenta de que estoy siendo desagradable contigo y no te lo mereces... Perdóname, ¿sí?
—¿Sigues amándome?
—Claro que sí... Solo, debe ser que estoy demasiado preocupado de las inversiones. No hemos tenido buenos resultados y eso me tiene con los nervios de punta.
—¿Significa que has perdido dinero?
—Así es...
—¿Pero es grave?
—No lo es... es decir, son sumas importantes. No estoy en la quiebra ni mucho menos, pero sí me preocupa mucho.
—Sabes que puedes apoyarte en mí. Puedo hacer lo que necesites, si es más tiempo a solas, o si prefieres que nos veamos más... Lo que sea, Harry, estoy contigo.
—Lo sé... Gracias por eso.
Se besaron suavemente.
En ese momento llegó Niall, quien de inmediato se sentó.
—Hola, —saludó.
Detrás de él, se escuchó un “hola”. Era Sophie.
Harry se puso de pie, para correrle la silla.
Ya estaban los cuatro en la mesa, mirando el menú. Un minuto después hicieron el pedido al elegante mesero.
Ninguno sabía muy bien de qué hablar, era una situación por demás incómoda.
—Cuéntame Sophie, ¿a qué te dedicas? —Preguntó Niall.
—Estoy estudiando aún. Tengo una licenciatura en pedagogía, pero ahora estudio diseño.
—¿Y no trabajas?
—No, me mantienen mis padres.
—¿Y por qué? —cuestionó Niall.
—Porque pueden hacerlo y es cómodo para mí. ¿Tu estudias y trabajas?
Harry y Gabrielle, solo estaban en silencio, mirando y escuchando.
—No, solo trabajo. Pero cuando estudiaba, trabajaba aunque mis padres podían mantenerme. Creo que es algo que hace bien, te enseña mucho el esforzarte.
—¿Y qué estudiaste?
—Administración de empresas, y tengo un postgrado en negocios.
—Vaya, me sorprendes.
—¿Por qué? ¿Pensaste que era un don nadie?
—Nunca pensé eso, estás muy a la defensiva, —dijo Sophie, guiñándole uno de sus hermosos ojos color miel.
Y eso desarmó a Niall, que pensaba que ella era una niña mimada y consentida.
—Lo siento, —aceptó. —Me pasa cuando dejo de trabajar. Tengo a mis mejores amigos en el local, pero me pongo nervioso cuando no estoy ahí.
—Me encantaría conocer tu bar.
—¿En serio? Podemos ir después de cenar.
—Por supuesto.
Se sonrieron, hasta que la voz de Gabrielle llegó hasta ellos.
—Sophie, creo que te sientes mal. No puedes simplemente ir con un extraño a un bar que no sabes de qué tipo es.
—Disculpa, —interrumpió Harry. —Niall no es ningún desconocido, y el bar está muy bien ubicado y es de los mejores de la ciudad. Además, Sophie es lo bastante adulta para decidir ir a algún lugar. Es más, podríamos ir los cuatro, así lo conoces y te quitas tanto prejuicio.
—Ni loca que estuviera. ¿Para ver a esos tipos besarse? Qué asco, lo siento pero no.
Niall, Harry y Sophie estaban con la boca abierta.
—Creo que esta vez se te pasó la mano, —habló Harry duramente. —No voy a tolerar ese tipo de comentarios, Gabrielle. Lo lamento chicos, pero se acabó la cena.
Se puso de pie, y esperó a que su novia hiciera lo mismo. En silencio la fue a dejar, y luego se fue a dormir, muy molesto y desilusionado.
Al día siguiente, estaba Gabrielle a primera hora en el departamento de Harry.
—¿Qué haces aquí? No tengo tiempo de hablar, voy saliendo, —explicó Harry, tomando su maletín.
—Pero Harry... ¿Vas a trabajar en domingo? ¿No puedes dedicarme cinco minutos?
—Sí, voy a trabajar en domingo. Dime, —dijo deteniéndose antes de llegar al ascensor.
—Tú sabes que solo dije lo que sentía.
—Mira, no puedo obligarte a cambiar de opinión, pero también hay que saber cuando callarse. Todos sabemos lo que piensas, lo que hiciste fue... ordinario y corriente.
—Creo que exageran.
—Estás hablando de mis amigos, de la única familia que tengo, ¿de verdad crees que exagero?
Gabrielle palideció. Sabía que Harry tenía razón de estar enojado, y ahora no sabía cómo disculparse.
—Harry, bebé... —Era un apodo que casi nunca utilizaba. —Lo lamento mucho, sé que lo hice mal, pero te prometo que no volverá ocurrir.
—Puede ser, pero por ahora no quiero escucharte.
Pidió el ascensor, y bajaron en silencio. Luego cada uno subió a su auto y se fueron en direcciones opuestas.
Durante el resto del día no hablaron. Sin embargo, Harry fue a visitar a su novia a la hora de la cena.
—¡Viniste! —Saludó Gabrielle, emocionada.
—Solo vine a dejarte un beso.
—¿Por qué no te quedas un ratito? —Preguntó con dulzura.
—Estoy cansado... Quiero llegar a dormir.
—Relájate conmigo y luego te vas...
—Está bien. Cenemos y me voy.
No era lo que Gabrielle tenía en mente, pero peor era nada.
Cenaron conversando del matrimonio, de su futuro.
—Hay un orfebre, que dicen es muy bueno. Me gustaría encargarle algunas joyas.
—Podrías mandarme fotos de su trabajo. Tengo ganas de usar un anillo diferente, no lo sé, una idea loca.
—¿Tú? ¿Y eso?
—Vi el otro día en una revista de negocios, al dueño de una franquicia de automóviles, y me llamó la atención uno de sus anillos. Era llamativo, con una piedra grande, y pensé que se le veía demasiado bien.
La verdad es que pensó que todo el hombre estaba demasiado bien. Pero era una idea que guardó en lo más profundo de su cerebro.
—Entiendo. Bueno, cada vez se ven más excentricidades.
—Sí, es verdad.
—Mira, estas son las fotos que me pasó Sophie.
Se quedaron mirando las imágenes y comentándolas hasta que se hizo demasiado tarde.
Gabrielle acompañó a su novio hasta la puerta. Harry le dio un beso profundo, y en un acto de por más atrevido, tocó sus pechos, haciendo suspirar a Gabrielle.
Cuando iba en su auto, pensó en lo que había hecho. No era un hombre que tuviera ese tipo de gestos, más allá de que conociera a su novia hace dos años, y buscó una explicación. Y la tuvo en cosa de segundos.
La relación de Liam y Zayn, su defensa tan férrea a una relación que en un principio lo descolocó, le demostró que, finalmente, estaba muy orgulloso de sus amigos. No podía imaginar lo difícil que fue para ellos mostrarse al mundo como una pareja. Además, hace un tiempo venía pensando en su relación con Gabrielle. Estaba enamorado, de eso estaba seguro, y de querer compartir su vida con ella. Pero últimamente, se cuestionaba si quizás, eran o estaban siendo muy diferentes. La manera despectiva de hablar de ciertos temas le molestaba profundamente, y sobre todo, el tema sexual empezaba a incomodar. Sabía que la rutina podía pasarle la cuenta, pero se sentía incapaz de cambiar las cosas. La sensación de sus manos vacías solo se incrementaba cada vez más, por eso estaba buscando conscientemente, sentirse más atraído y atrevido con su novia. Quizás podrían probar algo nuevo en la cama, nuevas posiciones, un poco de juego... Algo que refrescara la relación. Todo eso estaba en su cabeza, pero apenas veía a Gabrielle, se le difuminaba todo en su mente.
¿Por qué pasaba eso? Se sentía abrumado. Tampoco es que pudiera sentarse y hablar con alguno de los chicos de lo que le estaba pasando. Necesitaba romper sus barreras de lo que debe ser y de lo que es. Quizás verbalizar sus ideas le diera más claridad a su atribulada vida. Quería un consejo, alguien que lo guiara. Ni siquiera tenía una familia a la que recurrir.
El día lunes pasó sin problemas. El día martes llegó y Harry estaba feliz de salir de su rutina para verse con sus amigos.
Al llegar la noche, salió como siempre con su maletín camino al bar de Niall, en un taxi. Dejó su auto en la empresa. Apenas llegó vio a sus amigos en la barra.
Niall de inmediato se levantó a saludarlo, pero Liam y Zayn estaban un poco más retraídos.
—Lo siento, —dijo Harry. —Lo siento si es que los hice sentir mal, o si me porté como un estúpido con ustedes. Son mis amigos, mi familia, y estoy muy orgulloso de ustedes.
Los dos de inmediato sonrieron y se acercaron.
—Qué bueno verte, —Saludó Liam. —Aunque fue poco tiempo sin tenerte por aquí, te extrañamos.
—Sentémonos, —pidió Niall. —Voy a pedir que nos traigan lo de siempre.
—¿Y? ¿Cómo se siente ser un hombre comprometido? —Preguntó Liam a Harry.
—Es... Ya sabes... Lo mismo de siempre. Gabrielle se está ocupando de todo, yo... La verdad es que no cambia nada.
Los tres amigos se miraron con cara un poco confundida. Sabían que si bien, esa relación no era una hoguera de pasión, no pensaban que las cosas fueran tan frías. Harry era un hombre controlado, pero esperaban por último un poco más de entusiasmo.
—Perdón que lo diga así, —habló Zayn, —pero, no pareces muy convencido de tu compromiso.
—No es eso... es... —Y Harry no sabía si hablar o no. Decidió que no. —Lo que pasa es que la organización de la boda es un tema de Gabrielle y su madre, yo no tengo mucho qué opinar.
Los amigos pensaron que era inútil intentar ahondar en el tema, por lo que no insistieron. Sin embargo, Liam sintió que había algo más, y buscaría la oportunidad de hablarlo en profundidad con su amigo. Después de eso, siguieron compartiendo hasta la medianoche.
En su cama, Harry no dejaba de pensar en lo cómodo y alegre que se sentía con sus amigos. ¿No debería sentirse igual con su prometida? ¿En qué momento comenzó a cuestionarse tanto?
Botó el aire como un suspiro, y se quedó dormido.
Mientras Harry estaba con sus amigos, Gabrielle había ido a ver a su madre. Tomaron un té, después de terminar la cena. Sentadas en un elegante sofá, conversaban.
—Ay, mamá. Creo que tenías razón.
—¿Sobre qué?
—Que quizás era demasiado tiempo un año para preparar la boda, incluso seis meses...
—¿Ha pasado algo?
—Estos días he sentido extraño a Harry, no lo sé, más frío...
—Dame ejemplos.
—¿Recuerdas que te conté de esos amigos que resultaron gays y pareja?
—Cómo olvidarlo... —dijo Colette con desdén.
—Cuando Harry me contó, no hizo ningún juicio al respecto. Pero ahora, los defiende con calor, y eso me extraña. Además...
—Dime, hija.
—En la intimidad... Está más distante aún... —Susurró. —Nunca hemos sido apasionados, pero ahora se pone cada vez peor.
—¿Crees que haya alguien más?
—Lo he pensado, pero ¿a qué hora? Harry pasa todo su tiempo en la oficina.
—¿Y si la otraestáen la oficina?
—No quiero pensarlo. Si así fuera, estaría perdida. Sabes que siempre el trabajo de Harry me ha parecido aburrido, nunca lo entendí y por eso ya no me habla de eso. Si mi contrincante está metida en ese mundo, no tengo oportunidad... —contestó afligida.
—Creo que podemos organizar todo en tres meses, pero hay que empezar a actuar ya. Vas a tener que empeñarte en revertir esta situación, sobre todo en la cama. No puedo aconsejarte mucho, siempre he sido una mujer recatada, pero tú aún estás joven y puedes atreverte a complacer a Harry de otra manera, ya tienes experiencia. Intenta ser más dulce, más preocupada y si es necesario, toma clases para entender eso de las inversiones, no puede ser tan difícil. De ninguna manera hay que darle espacio a Harry para que pueda desdecirse del compromiso. Y con respecto a sus amigos... Sabes que soy de tu misma opinión, pero tendrás que morderte la lengua, invítalos a cenar, acércate a ellos e incluso, yo intentaría hacerme amiga. Quizás ahí está la respuesta a lo que está pasando.
—Creo que eso es lo más difícil de todo. Me va a costar mucho acercarme a ellos, te juro mamá que no los tolero cerca de Harry. Es decir, por ejemplo, este orfebre del que te hablé, es abiertamente gay y un poco estrafalario, pero no me importa porque no está cerca de nosotros. Pero estos dos son parte importante de la vida de Harry y no quisiera que a mi novio se le peguen esas mañas horrorosas.
—¿Harry gay? Por favor Gabrielle, no me hagas reír. Ni en un millón de años, es un hombre en todo el sentido de la palabra, jamás andaría con esas mariconerías.
—No lo sé, mamá. A veces cuando pienso en eso, algo me hace sentido... espero equivocarme.
—Lo haces, confía en mí. Sabes que mi ojo nunca se equivoca.
—Lo haré, siempre me das tranquilidad. Me voy, se me pasó la hora volando.
—Anda con cuidado, ya es tarde.
Gabrielle se fue más tranquila a casa, pensando si quizás debería comprar lencería nueva; incluso, si dejar de tomar anticonceptivos era buena idea.
El viernes siguiente, Sophie llamó a su amiga, para contarle que había agendado una cita con el orfebre, para el día siguiente a mediodía, en “Caravan”, una de las mejores cafeterías de Londres.
El día sábado estaban las amigas esperando al artista, que llegó puntualmente a las doce. Sophie y Gabrielle quedaron prendadas de él, tenía una energía magnética.
Un hombre de unos treinta años, de pelo castaño, cayendo con gracia sobre su frente, con unos ojos hermosos y azules, vestido de jeans negros, zapatillas, y una polera negra suelta con ligeros brillos.
—Hola, —saludó amable. —¿Tú eres Sophie?
—Sí, por favor siéntate. Ella es mi mejor amiga, Gabrielle. ¿Quieres pedir algo para tomar?
—Un vaso con agua, por favor. —Su voz era llamativa, con un acento difícil de entender, pero muy agradable.
—Bien. —Sophie hizo un pequeño pedido. —Entonces, Louis, gracias por venir. Quisiéramos encargarte algunas joyas.
—Sí, —confirmó Gabrielle. —No sé cuánto te demoras, y me disculpo por esto, pero me caso en tres meses y me encantaría llevar alguna joya creada por ti.
—Claro, ¿Tienen algo en mente? —Preguntó sacando una libreta de hojas blancas de su mochila. —Depende de la dificultad de la pieza, puedo demorar entre dos semanas a un mes en promedio. Pido la mitad del dinero al hacer el pedido, y la otra mitad al recibir la joya. No devuelvo los abonos, y acepto modificar la pieza hasta dos días después de entregado el boceto.
—Perfecto y no hay problema, —aseguró Gabrielle. —A mí me gustaría una pulsera, algo en oro blanco, muy fino y delicado, quizás cuatro o cinco puntos de luz.
—Perfecto. Voy a tomar la medida de tu muñeca, y luego te haré un boceto.
Dejó la libreta a un lado, y sacó una pequeña huincha de medir. Tomó delicadamente la mano de Gabrielle y sacó la medida, que anotó de inmediato en su cuaderno. Acto seguido, dibujó en una hoja nueva, una preciosa pulsera.
—Me encanta, —dijo la novia.
—El grosor de la pulsera, ¿de qué tamaño te gustaría?
—Creo que no mayor a medio centímetro. De verdad me gustaría algo muy fino.
—Entiendo, no hay problema. ¿Algo más?
—¿Y si me haces unos aretes haciendo juego? Creo que quedarían preciosos.
—Por supuesto. ¿Con los mismo materiales?
—Sí. Me gustaría que fueran alargados, como estos que traigo.
—Déjame mirarlos bien, y sacar la medida. Creo que quizás, algo con cristales quedaría muy bonito. Déjame mostrarte.
Dibujó rápidamente en su libreta, y le mostró un boceto a Gabrielle.
—Son hermosos, me encantan. Creo que entendiste perfectamente lo que quiero.
—Me alegra escuchar eso, pero eres muy fácil de leer. ¿Y tú? —Preguntó a Sophie. —¿Vas a encargar algo?
—Sí, yo quiero un anillo. Algo que cubra mi falange completa, tipo serpiente, de plata envejecida, ¿puede ser?
—¿Algo así?
Volvió a dibujar, en otra hoja, donde estaba el nombre de la clienta.
—Sí, pero con los bordes más redondeados.
—Listo.
—Perfecto.
—Una vez que termine los trabajos y se realice el último pago, les entrego factura y certificado de autenticidad.
—Eso es increíble.
—Debo irme, muchas gracias por preferir mi trabajo. Tienen mi tarjeta y yo tengo la de ustedes para comunicarnos. Mucho gusto, nos vemos.
Hizo una pequeña reverencia, y salió de la cafetería.
—¿Qué te pareció? —Quiso saber Sophie.
—No pareciera gay, es muy llamativo, cálido... No lo sé, me produjo algo...
—Yo lo encuentro increíble, tiene mucho talento y es, como dices, cálido sin necesidad de ser meloso.
—Así es... Ojalá el resultado sea tan bueno como los bocetos.
Después de tomar una taza de café, las amigas se despidieron.
Esa misma noche de sábado, Gabrielle pensaba sorprender a Harry con ropa interior nueva. Solo esperaba que le gustara. Había decidido no dejar de tomar sus anticonceptivos por el momento, no quería hijos antes de que las cosas con su novio estuvieran más que bien.
Cuando llegó Harry esa noche a visitarla, le llamó la atención encontrarla vestida solo con una bata de satín negro.
—Hola... ¿Pasa algo? ¿Por qué no estás vestida? Pensaba ir a cenar afuera.
Y eso fue la primera decepción para Gabrielle.
—Solo quiero darte una sorpresa, pasa...
Lo tomó de la mano y lo llevó a la habitación. Sentó a Harry en la cama, y se puso en frente, apenas a unos centímetro de distancia. Con mucha vergüenza, deslizó la bata por sus hombros, dejándose ver con un delicado brasier negro con transparencias, y unas bragas del mismo color y sutil encaje.
Harry solo la miraba, pero la verdad es que no le pasó nada.
Veía la cintura estrecha, los pechos pequeños pero firmes, las piernas contorneadas y la belleza en todo el cuerpo de Gabrielle, pero su cuerpo no reaccionaba.
—Estás muy linda... ¿Es nuestro aniversario de algo?
—No, bebé... —Dijo acercándose peligrosamente hasta sentarse sobre las piernas de Harry que no sabía qué hacer. —Quiero que esta noche hagamos algo distinto... ¿No te gustaría?
—¿Algo como qué?
—¡Harry! ¿Es en serio? ¿No te gusto? ¿No te provoca nada verme así?
—Te dije que estabas muy linda, no estás siendo clara conmigo.
—Quiero que tengamos sexo diferente, en otras posiciones, con más ganas... Probar otras cosas, ¿entiendes ahora?
—Te entiendo... Pero, ¿qué está mal con lo que siempre hacemos?
—Que me aburro...
Y ahora, la decepción fue para Harry.
—Pensé que te gustaba.
—Me gusta, pero podemos probar algo más... Vamos, bebé... Compláceme, ¿sí?
—Lo voy a intentar...
Gabrielle lo desnudó y lo llevó a la cama. Se sentó sobre sus muslos, tomó las manos de Harry y las llevó por donde quería ser tocada, pero pronto dejó de intentar. Harry no reaccionaba.
—Lo siento, hermosa... No eres tú, soy yo.
—¿Ya no te gusto? Dime qué hago para que vuelva a llamar tu atención...
—No es eso... Claro que me gustas, eres preciosa, pero mi cuerpo no reacciona. Supongo que debido al estrés, me siento agotado. No estoy para probar cosas nuevas, lo siento...
—No te preocupes, —dijo besándolo despacio. —Podemos hacer lo de siempre, solo quiero estar contigo.
Harry lo hizo.
Como siempre.
Mecánico.
Una vez que terminaron, se quedaron abrazados en la cama.
—Debería irme, —dijo Harry, acariciando el brazo de Gabrielle.
—No todavía... Ni siquiera cenamos, y quería que me contaras cómo van las cosas en la empresa.
—¿Desde cuando te interesa?
—Siempre me ha interesado, es solo que estaba muy preocupada de mi trabajo.
—Lo sé... Las cosas no han estado bien, no como lo esperaba. Mi última decisión no fue la correcta y la inversión fue casi pérdida. Ahora siento temor de volver a equivocarme.
—¿Y de qué depende que sea una buena inversión?
—Eso es lo difícil. Puedes pensar que una empresa x que ha tenido un buen comportamiento el último tiempo, es apuesta segura y no. De un momento a otro todo cambia y los activos se caen, perjudicando todo el negocio. Hay mucho de estrategia en esto y siento que he perdido mucho de mi buena visión para los negocios...
—¿Hay algo que pueda hacer para que te sientas mejor?
—Ya lo haces... En serio, con que me escuches y me entiendas es suficiente. Te agradezco mucho que siempre intentes hacerme sentir mejor.
—Es muy fácil, porque te amo... Te amo como no imaginas, —aseguró con su cabeza en el pecho de Harry.
—Te amo también... Mucho, y sé que a veces no lo digo lo suficiente, pero te amo.
—¿De verdad? A veces me siento insegura... Pensé que podía haber alguien más.
—No la hay, te lo puedo jurar. No necesito a nadie más.
—Gracias por calmar mis dudas... ¿Quieres pedir algo para cenar? Tengo hambre.
—Yo no... La verdad prefiero irme, y acostarme temprano. Estoy más que agotado.
—No te preocupes entonces. Te acompaño a la puerta.
Harry se vistió rápidamente y se fue.
Llegó a su departamento a darse una ducha y a meterse a la cama. Se durmió enseguida.
Al día siguiente, domingo, había logrado que Gabrielle coordinara una reunión entre él y el orfebre. Estaba muy interesado en su idea del anillo especial. Se juntarían a solas en una pequeña cafetería escondida en medio del centro bullicioso de Londres.
El artista llegó primero, con quince minutos de anticipación. Se sentó en la primera mesa que encontró desocupada, y pidió un té blanco. Revisaba en su libreta sus próximas citas para ese día. Tenía cinco más. Nunca imaginó que su vuelta a la ciudad, después de estar un par de años rodando por Europa, le traería tanto provecho y eso lo tenía muy feliz.
Era un hombre particular. Muy libre, alguien que podría considerarse feliz, sin ataduras, sin expectativas. Relajado y que se dejaba llevar por la corriente. Había amado profundamente, había llorado con desolación. Se había reído y emocionado con pequeños gestos, pero nunca se amarró a alguien o a algo. Lo único verdadero y real que tenía era su arte, por eso era uno de los mejores, porque le ponía un pedacito de su alma a cada pieza.
Había aprendido a leer a sus clientes, y le gustaba mucho. Las personas le gustaban mucho.
A la hora acordada, apareció Harry, siempre tan formal, en un traje negro a medida y su maletín que era una extensión de su cuerpo.
Miró por todo el lugar, y vio a un hombre solo en una de las mesas y se acercó.
—Buenos días, ¿Louis Tomlinson? —Saludó muy serio.
Hasta que vio la sonrisa de Louis.
—Hola, sí, soy Louis. ¿Harry Styles?
—Lo soy, —dijo relajado de pronto.
Harry se sentó y pidió un café expreso. Se miraron un par de segundos, en que ninguno sabía muy bien qué decir.
Louis de inmediato supo que estaba en problemas. Era un hombre libre, con una activa vida sexual, sin amarras. Pero cuando vio a Harry, una calidez se coló por su cuerpo, dándole a entender, que podría enamorarse. Así de claro tenía las cosas.
Harry sintió que jamás vio una sonrisa ni una mirada ni nada que se pareciera a Louis. Una electricidad recorrió su columna, y algo se removió en su interior.
—Dime en qué puedo ayudarte, —pidió Louis.
—Quisiera un anillo... Algo diferente a lo que uso, a lo que soy... Algo...
—Único, exagerado, suave, bello.
—Sí, ¿cómo lo sabes?
—Es mi trabajo leerte.
—Es extraño para mí que alguien lo haga tan rápido, pero sí, es eso.
—¿Te gustaría una flor? ¿Una rosa, por ejemplo? Podría hacer un hermoso trabajo en resina.
—¿Resina? Pero eso es un material barato, de mala calidad.
—Claro que no. Puede serlo, como casi cualquier material. Incluso el oro mal trabajado pierde su valor. Pero existen resinas de lujo, que son maravillosas de trabajar. Puedo mostrarte fotos, mira estas.
Sacó su teléfono y le mostró a Harry.
—No puedo creer que sean resinas, están muy bien trabajadas, son piezas hermosas.
—¿Cierto? Además, muy pocas personas utilizan alguna joya de resina por el mismo prejuicio, creo que es especial para ti.
Harry se sonrojó, algo que jamás le pasó en su vida. Sintió el calor en sus mejillas que no se iba con nada. Tuvo que pedir un vaso con agua y hielo.
—Me gusta... Y me gustaría que fuera de platino, no de oro.
—Excelente decisión. El color del platino queda mucho mejor con la resina, déjame hacerte un dibujo.
Hizo el boceto en su libreta, y se lo mostró.
Harry lo quedó mirando, era hermoso, pero demasiado estrafalario para lo que estaba acostumbrado.
—Es, muy bonito, pero no sé si sea excesivo.
—Lo es, de eso se trata. Puedo hacerlo como un anillo para llevar en el dedo, o también hacer una cadenita para llevarlo en el cuello.
—Me gusta eso.
—¿Y en qué dedo lo llevarías?
—En este, —dijo mostrando su dedo anular derecho.
—Perfecto. Voy a tomar la medida de tu dedo.
Sacó su pequeña huincha de medir y se quedó esperando a que Harry le entregara su mano.
—¿Pasa algo? —Preguntó.
—Tienes que darme tu mano...
—Ahhh, es cierto, perdón.
Puso su mano al alcance de Louis, y todo en su cuerpo tembló cuando fue tomada por el artista. Para Louis fue como sentir el rocío de la primavera en su piel.
Con cuidado tomó la medida y la anotó en su libreta.
—La cadena, ¿la quieres también en platino? Puede ser oro blanco también.
—Decídelo tú, cualquiera de las dos es buena opción.
—Entonces en oro blanco.
Terminó de anotar los datos, y al final, el detalle del pedido y el precio final del trabajo.
—Este sería el precio. Se paga la mitad al hacer el pedido, la otra mitad al entregar la joya. No devuelvo abonos, y acepto cambios hasta dos días después de haber recibido el pedido. Una vez que te entrego tu trabajo, lo hago con factura y certificado de autenticidad. ¿Alguna duda?
—No, todo muy claro. Pero voy a pagar de una vez el total, y además... Me gustaría encargarte unos aretes para mi prometida, —susurró casi con vergüenza.
—Eres el novio de Gabrielle, ¿verdad?
—Sí.
—¡Felicidades por su compromiso! —Dijo intentando mostrarse feliz, pero fracasando al quedar con un mal sabor de boca.
—¿Tienes algo en mente?
—Algo muy clásico, quizás unas argollas de oro... Algo delicado, femenino, con algún detalle.
—Bien... Podríamos poner alguna piedra, o un diamante pequeño solo para dar un punto de luz.
—Eso me gusta.
Louis rápidamente dibujó, y ofreció su trabajo a los ojos de Harry.
—Si usara aretes, serían mis favoritos. ¿De verdad las joyas van a quedar como tus diseños?
—Claro que sí. Soy muy cuidadoso con no crear falsas expectativas a mis clientes.
—¿Tienes tiempo esta noche? ¿A eso de las nueve? Tengo un par de amigos, son pareja, y me encantaría regalarles unos anillos, pero supongo que tienes que tomar medidas.
—Déjame revisar. Puedo a eso de las nueve y media, ¿está bien?
—Sí, perfecto, anota la dirección.
—Entonces nos vemos en la noche.
—Nos vemos...
Harry se levantó torpemente, chocando su rodilla con una de las patas de la mesa, por lo que volvió a sonrojarse. Louis solo le sonrió.
En la soledad de la cafetería, Louis intentaba convencerse de que fijarse en Harry Styles era una pésima idea. Pero se conocía demasiado bien, y sabía que no había vuelta atrás. Nunca se había fijado en un hombre comprometido, y menos heterosexual. Era una soberana estupidez.
Y en su auto, Harry era incapaz de manejar. ¿Qué le pasaba? ¿Qué era todo eso que sentía en su cuerpo? ¿Por qué lo único que podía ver cuando cerraba los ojos era la sonrisa hermosa de Louis? ¿Por qué sentía que le faltaba la respiración?
Salió muy lentamente del estacionamiento, y se fue a su departamento. Tenía mucho que hacer, se había llevado trabajo a su casa para evaluar ciertos movimientos a realizar. Pidió pasta para almorzar, como siempre, y el resto de la tarde simple y llanamente, se dedicó a pensar en Louis. En su pelo desordenado, sus ojos profundos, su piel dorada, su energía cálida, su voz, sus labios, su cuerpo... Parecía que no era un ser de este mundo, porque era como magia. Proyectaba una seguridad difícil de encontrar, un algo salvaje, o libre que le llamaba mucho la atención. Era en definitiva, alguien muy diferente a él.
Eso le molestó. ¿Por qué tenía que ser tan rígido con las cosas? Quizás conocer a Louis le estaba dando la oportunidad de soltar un poco su inflexibilidad.
Al llegar la noche, Harry, por algún motivo que no lograba descifrar, se arregló un poco menos formal, y con eso, nos referimos a que usaba uno de sus trajes de siempre, solo que sin corbata. Era algo muy extraño en él. Salió solo con sus documentos y sus llaves.
Llegó a las nueve al bar, demasiado ansioso. Se encontró con sus tres amigos.
Liam y Zayn, además de sus trabajos como publicista y diseñador respectivamente, se habían hecho socios de Niall, por eso ahora siempre estaban en el bar ayudando.
—¿Es, hoy, una ocasión especial? —Preguntó Niall. —¿Por qué estás sin corbata?
—Nada especial, solo estaba un poco sofocado, —explicó Harry. —¿Cómo estás?
—Bien, muy bien de hecho. A que no adivinas con quien estoy saliendo.
—¿Con Sophie?
—Sí, estoy feliz. Ella es increíble y, perdón que lo diga, pero es muy diferente a tu novia.
—Lo sé. Ustedes hacen una bonita pareja y sí, son muy distintas. Al principio no me caía bien, pero ahora creo que es alguien que le hace mucho bien a Gabrielle.
—Hemos venido un par de veces al bar y a los chicos les cae bien.
—Eso es bueno, —dijo Harry mirando la hora.
—Y a todo esto, no me dijiste a que viniste. ¿Hay alguna razón?
—Louis.
—¿Louis? ¿Quién es Louis?
—El orfebre.
—Ahhh, el que le está haciendo las joyas a las chicas.
—Sí, le pedí que viniera porque quiero regalarles a Liam y a Zayn un par de anillos, para celebrar que están juntos.
—Ese es un gran detalle, muy bonito. Dicen que es un gran artista.
—Lo es. Tiene mucho talento, sabe bien lo que hace. Yo quedé sorprendido con él, digo, con su trabajo.
—Entonces de verdad es bueno, porque tus gustos son muy clásicos y dicen que él es un poco...
—¿Un poco...?
—Excéntrico.
—No me pareció, al contrario, pero ya lo vas a conocer.
—¿Vas a tomar algo?
—Solo un jugo, ando manejando.
—Ya te lo traigo.
Estaba Harry, intentando tomar su jugo, muy nervioso. En cualquier momento aparecería Louis, y no estaba preparado para tal visión.
Exactamente a las nueve con treinta y dos minutos, llegó el artista, viéndose más que increíble. Jeans ajustados, una polera suelta blanca, unas zapatillas negras, su mochila.
—Hola, —saludó a Harry. —Que gusto volver a verte.
Y Harry casi escupe el jugo. Apenas pudo sonreír.
Niall, Liam y Zayn estaban siguiendo la escena, y se quedaron mirando con caras de sospecha.
—Hay que ayudarlo, —dijo Zayn.
—Voy.
Niall fue a atender al recién llegado.
—Hola, ¿te sirvo algo?
—¿Puede ser una piña colada?
—Por supuesto, ya la traigo.
—¿Y cómo estás? —Le preguntó Louis a Harry, que estaba al punto del desmayo. Y no entendía por qué.
—Ehh... Bien, ya sabes. Cansado, con muchos problemas en el trabajo.
—¿A qué te dedicas?
—Tengo una empresa de inversiones. Me dedico a invertir en proyectos de lujo, como hoteles, resorts, rascacielos...
—¿Y las cosas no han andado del todo bien?
—Así es. Siempre he tenido muy buen ojo para mi trabajo, y últimamente todo parece ponerse cuesta arriba.
—¿Incluso tu relación? Perdón si soy muy directo.
—Tienes razón, incluso mi relación.
—Según mi experiencia, son procesos que aparecen cuando se finaliza una etapa y comienza otra.
—¿De verdad? ¿Y tienes mucha experiencia?
Eso sonó extraño, y Harry lo sintió.
—No tanta experiencia como quisiera, siempre se puede tener un poco más... Pero la vida me ha enseñado que vivimos de procesos, y que a veces lo pasamos mal cuando nos aferramos a las cosas.
—Pero es que no es fácil cambiar. Yo estoy acostumbrado a mis rutinas, me gustan, son parte de lo que soy. ¿Por qué debería cambiar?
—Porque no lo estás pasando bien, porque empiezas a cuestionarte... ¿No será que hay algo que te está susurrando sutilmente en el oído?
—Realmente no. Me dedico a lo que me gusta, estoy comprometido con la mujer que amo, tengo la vida que quiero...
Sabía que era mentira, una gran mentira.
—Pero te estás cuestionando, no puedes negarlo, —aseguró Louis, sonriendo tanto, que Harry no pudo tolerarlo y tuvo que desviar la vista.
Justo a tiempo aparecieron los chicos.
—Mira, Louis, ellos son Liam y Zayn, de quienes te habían hablado.
Louis se puso de pie y le dio la mano a cada uno.
—Es un gusto conocerlos.
—Gracias, —dijo Liam, sentándose junto a su novio. —El placer es nuestro.
—Entonces, ¿tienen algo en mente para sus anillos? —Preguntó Louis.
—La verdad es que no. Somos una pareja muy sencilla, quizás algo simple, —explicó Zayn.
—¿Les gustaría quizás, alguna piedra pequeña? ¿Algún grabado? ¿Algún material?
Liam y Zayn se miraron.
—Creo que lo del grabado va sí o sí, solo con nuestros nombres. Y con respecto al material, nos gusta mucho la plata envejecida, —contó Liam.
—Es un material muy bonito y creo que los representa muy bien. Puede llevar algún diseño que les guste, déjenme hacer algunos diseños.
Louis tomó su mochila y sacó su libreta. Buscó una hoja en blanco, donde anotó los nombre de Liam y Zayn, y luego dibujó tres tipos diferentes de anillos. En menos de diez minutos les presentó las distintas propuestas.
—¡Están hermosos! —Exclamó Zayn. —Me gustan todos.
—A mí también, —confirmó Liam. —¿Y si lo decides tú?
—Muy bien, pero para eso necesito conocerlos un poco más. ¿Por qué no compartimos una cerveza?
—Me caes bien, —opinó Zayn.
Niall les sirvió, y luego se quedó atendiendo a los demás clientes.
Como por arte de magia, parecía que en esa mesa había cuatro amigos de la vida, compenetrados, hermanos, sinceros. No faltaron las risas, los temas profundos, las miradas intensas. Y Niall no perdió rastro del cambio en Harry y todo en su cabeza parecía dar vueltas.
¿Es que Harry era, por decir lo menos, gay? ¿Por eso era tan rígido? ¿Por qué se estaba escondiendo? ¿Qué había en el fondo de todo?
La velada terminó con ellos alegres. Cada uno con el corazón lleno de felicidad, como si hubiesen encontrado ese algo que no sabían que les faltaba.
—¿Andas en auto? —Preguntó Harry, una vez en la salida del bar.
—No, en taxi. No tengo auto, apenas me estoy acomodando en la ciudad.
—Cierto... ¿Te llevo?
—Sí, gracias.
Subieron al auto de Harry, y Louis le dio la dirección y lo guio por las calles. Vivía bastante cerca, pero no por eso no conversaron.
—Hoy vi a un Harry diferente. Te hacen bien tus amigos...
—Lo hacen, también lo he notado... Aunque cuando supe que eran pareja reaccioné bastante mal.
—¿Cómo así?
—Me alejé un poco. La homosexualidad es un tema bastante controversial... Por lo menos para mí.
—¿Y qué te hizo cambiar de opinión?
—Recordar que Liam y Zayn son mis hermanos.
—¿Y con alguien que no conoces? ¿Es un tema?
—De alguna manera sí, pero no sé... No estoy seguro...
—¿Te molesta que yo sea gay?
—Claro que no. No estarías en mi auto y no te hubiera traído con mis amigos.
—¿Y qué me hace especial?
Harry no vio venir esa pregunta. Frenó de golpe antes de un semáforo en rojo, su boca se secó.
Miró hacia adelante, sintiendo los ojos de Louis sobre él.
—No sé cómo contestar a eso...
—No te preocupes... está bien, no siempre tenemos las respuestas para todo lo que nos pasa.
—Hablas como un gurú espiritual, —dijo Harry, provocando la risa de Louis.
—No lo soy ni nada parecido, solo que, como hablamos antes, he pasado por muchas cosas y mi visión de la vida se ha ido moldeando hacia una versión más relajada y menos rígida. No sabemos dónde estaremos mañana, por eso el hoy es un presente, porque es un regalo. Cuando tengas 80 años y mires hacia atrás, ¿tomarías las mismas decisiones? ¿Te hubieras arriesgado más?
Harry escuchaba en silencio, como si cada una de esas palabras se estuvieran tatuando en su piel.
No supo muy bien cuando había estacionado.
—Llegamos, —avisó, como si no fuera obvio.
—Gracias por traerme, y Harry, —dijo tocando su brazo, —no pienses tanto. A veces las corazonadas aparecen por algo.
Louis se bajó del auto, y caminó hacia el pequeño edificio.