PACTO DE SANGRE DE UN AMOR ETERNO

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Summary

Kyrie una bruja castigada por la santa inquisición que ardió en el fuego de una hoguera se negó a entregarse a la muerte por la tristeza de perder a su amado. Haciéndose así misma un pacto de sangre para honrar al amor de su vida prometiendo buscarlo hasta verlo recuperar la felicidad que perdió a su lado, casándose con una mujer que lo amara de la misma forma que lo hacía ella para poder morir en paz después de amarlo por siglos a pesar de sufrir una última vez.

Genre
Romance
Author
Azure
Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

CAPÍTULO 1

Sabía que nada podía detenerlo, él estaba decidido a dar un paso importante en su vida pero... yo no estaba en ese gran paso sino su prometida.

Siento un nudo en la garganta, me hice ilusiones con Emris sabiendo que no pasaría nada entre nosotros.

¿Quién se enamora de su mejor amigo?

Solo yo me repetía eso cada vez que veía el jardín de mi corazón florecer de múltiples colores cuando nuestras miradas se encontraban.

Sentí que teníamos química nuevamente pero solo fue una mentira que me cree en la cabeza.

Ahora estoy aquí sentada frente al altar donde el amor de mi vida está por casarse.

Lo amé durante ochocientos años, exactamente en mil doscientos treinta y uno, cuando la Santa Inquisición se estableció.

Emris mi amado, murió cuando intentó defenderme de ellos por ser descubierta de hacer brujería. Los habitantes sucumbidos por la iglesia destrozaron sin piedad a mi amado, haciéndole pagar un pecado que no era suyo.

Condenada a la hoguera entre las llamadas crecientes de el pajar y la leña seca, quemando mi cuerpo, hice lo posible por abrir la piel de la palma de mi mano con mis uñas, causando una una gran herida de la cual brotaba sangre sin parar, cegada por la ira y la tristeza hice un pacto sellado con mi propia sangre.

Prometí que solo moriría si volvía encontrar a Emris para verlo casarse con alguien que lo amara con la misma intensidad que yo, y tuviera la felicidad que le arrebataron por mi culpa, solo hasta ese entonces moriría en paz.

El altar de rosas frescas cuyo perfume se mezclaba en el aire, recorriendo entre el murmullo de todos los invitados esperando la unión de la feliz pareja era sofocante.

Después de unos minutos Emris hizo presencia posicionándose ante el altar en la espera de su futura esposa. Comenzó una melodía por el violinista anunciando la entrada de la novia.

Todos nos levantamos observando el paso de la afortunada hasta llegar a Emris.

—Hoy estamos aquí reunidos junto a Dios para ser testigos de la unión de Emris y Adeline en matrimonio. —Sentí un dolor en el pecho, en el corazón.

Siempre supe que su mirada siempre estaría en ella pero no podía ignorar el sentimiento desgarrador en mi corazón.

Siento que me ahogo en un mar inmenso donde me encuentro un punto de desolación y oscuridad.

Yo no estaría sufriendo esto si no fuera por mi corazón flor de camelia, que florece y después de un tiempo de deteriorarse se decapita por sí sola.

—Emris ¿Acepta a Adeline como su esposa?

—Acepto. —Dijo con la mirada fija en su esposa que se iluminaba cada segundo.

—Adeline ¿Aceptas a Emris como tu esposo?

—Acepto. —Una linda sonrisa se dibujó en su rostro al dar su respuesta mirando con ternura al amor de su vida, mientras mi mundo cae a pedazos.

Adeline es muy afortunada, nunca desee nada negativo hacia ella desde que la conocí, de hecho es una buena persona y se que merece ser feliz con Emris a costa de mi dolor. A la vez es imposible no sentir envidia de que Emris ahora lo tendrá en sus brazos y yo no.

Es injusto. Pero justo a la vez,que mi mente me consume.

Llegamos al lugar de la fiesta, todo estaba decorado de rosas blancas con luces iluminando la entrada y sus alrededores, las mesas al aire libre con velas aromáticas en el centro la temática para esta ocasión era simplemente perfecta.

Tome asiento en una mesa no muy alejada de la de los novios y esperamos a que sirvieran el banquete, después de comer decidimos ir a felicitar a nuestros amigos, tuve que hacerlo para que no se dieran cuenta de la amarga melancolía que trataba de ocultar.

Yo era la que tenía que estar a su lado. Pero el destino de aquel entonces era impredecible e imposible detener lo que ya estaba escrito

—Felicidades Adeline y también a ti Emris. Les deseo una feliz vida. —Dije con una sonrisa pero con nudo en la garganta pronunciando cada palabra que era una puñalada a mi corazón. Clavando miles de cuchillos en el.

—Gracias Kyrie. —Agradecieron al unísono. —Espero y estes disfrutando de la fiesta que organizamos para celebrar con todos.

—Claro que sí y muchas gracias por invitarme. —Les agradecí por qué en el fondo siempre desee presenciar este momento en carne propia, era mi anhelo antes de perderlo todo nuevamente.

—Tenías que estar aquí, eres mi mejor amiga. —Me miró y vi la felicidad que desbordaba, esa mirada que alguna vez estuvo puesta en mí, que me anhelo sin importar mi tormentosa naturaleza.

— Sí claro. —Conteste dudosa pero esa era la verdad.

Regresamos a la mesa y entre el sonar de copas y las charlas de los invitados al dar comentarios sobre lo hermosa que era la velada, la música cambió repentinamente comenzando a sonar Consume de Chase Atlantic. Los novios se pararon de sus asientos y se dirigieron a la pista.

Comenzaron con un valseo suave sonriendo en todo momento solo siendo ellos.

Iluminados por las luces de su alrededor y el dulce aroma de las velas crearon la escena que toda novia soñaría, un momento romántico como el de Ellos.

La melancolía sombría que sentía de la música era imposible de ignorar cada que recordaba la posición en la que me encontraba, bajo un cielo estrellado, ellos eran un eclipse.

Emris la luna y Adeline el sol, ella era el sol que lo iluminará de aquí en adelante en la luz y Emris con su esplendor en la oscuridad. Una sincronización perfecta de los dos.

Los observé con los ojos vidriosos, tarde o temprano volvería a romper mi corazón para que él obtuviera su felicidad.

Mi corazón fragmentado, de años atrás se hacía trizas por amar demasiado a la alma la cual me encadene. Esa cadena a la cual me resistí a soltar sin pensar en lo destruida que estaba la mía.