Miradas que matan (Cinco sentidos) 👀

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Summary

Una joven fotógrafa es capaz de captar almas en sus fotos, pero no lo sabe hasta que un hombre misterioso empieza a aparecer en todas sus imágenes, incluso sin estar presente. Este hombre es un cazador de seres sobrenaturales y cree que ella está conectada a una criatura peligrosa. Al investigarla, descubre que ella es la clave para acabar con su enemigo más letal. Sin embargo, cuanto más la observa, más duda de sus propias intenciones.

Genre
Fantasy
Author
Aura Gris
Status
Complete
Chapters
20
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capitulo 1

El sonido del obturador de la cámara de Min-Seo era casi hipnótico, una cadencia tranquila que acompañaba su caminar por el parque en aquella tarde de otoño. Las hojas doradas y rojizas caían como un manto sobre los senderos, creando un escenario digno de capturar. La fotografía siempre había sido su refugio, su forma de entender el mundo y, en cierto modo, de controlarlo. Pero ese día, el mundo le tenía preparada una sorpresa.

Se detuvo frente a un estanque, donde un par de patos nadaban tranquilamente, reflejados en la superficie del agua. Ajustó el enfoque, encuadró la escena y disparó. Luego, apuntó su cámara hacia un árbol cuya copa parecía arder bajo la luz del sol, un contraste perfecto contra el cielo azul pálido. Satisfecha con sus tomas, revisó con rapidez las fotos en la pantalla de la cámara, como siempre hacía. Fue entonces cuando algo le llamó la atención.

En la primera imagen, al fondo, había una figura masculina de pie junto al estanque. El hombre estaba vestido con un abrigo oscuro y parecía estar mirando directamente a la cámara. Sin embargo, ella no recordaba haberlo visto allí. Frunció el ceño, mas desestimó la idea. Era probable que fuera solo un paseante que había aparecido por accidente en el encuadre.

Pasó a la siguiente foto, la del árbol, y su respiración se detuvo. Allí estaba el mismo hombre, de pie junto al tronco, con la misma expresión fija y penetrante. La chica giró sobre sus talones y miró hacia el árbol. Allí no había nadie.

Su corazón comenzó a latir más rápido. Revisó las fotos una vez más para asegurarse de que no estaba imaginando cosas. En ambas imágenes, la figura del hombre era inconfundible. Intentó tranquilizarse. Quizá su cámara estaba fallando. Era vieja y, aunque cuidada, había mostrado algunos problemas últimamente.

Sin embargo, a medida que continuaba tomando fotos, el hombre seguía apareciendo en cada una. Allí estaba, parado en un puente de madera, sentado en un banco o, incluso, en el reflejo del agua del estanque. Su rostro nunca cambiaba; su mirada siempre estaba dirigida hacia ella.

Min-Seo llegó a casa con un nudo en el estómago. Su pequeño apartamento, normalmente un refugio acogedor, parecía extraño aquella noche. Encendió el portátil y comenzó a transferir las fotos desde la cámara. El proceso, que siempre le había resultado placentero, ahora le generaba una ansiedad que no podía controlar.

Cuando las imágenes aparecieron en la pantalla, el hombre estaba allí, claro como el día. La joven amplió una de las fotos para acercarse al rostro del desconocido. Había algo inquietante en su expresión. No parecía enfadado ni amigable, solo... presente, como si su mera existencia estuviera destinada a ser una interrupción en su realidad.

Decidió buscar alguna explicación lógica. Tal vez se trataba de un reflejo o una superposición de imágenes. Incluso consideró que alguien podría estar jugando una broma, aunque no sabía cómo podrían haberlo hecho. ¿Un truco de edición? Pero las imágenes no habían sido manipuladas, estaban intactas desde su cámara.

Esa noche, no pudo dormir. Las fotografías la llamaban desde el portátil, con su mente incapaz de soltarlas. Por momentos se convencía de que todo era un error técnico, mas luego la lógica cedía ante una intuición creciente: algo no estaba bien.

Al día siguiente, Min-Seo decidió volver al parque. Necesitaba entender qué estaba pasando. Cargó su cámara con determinación y salió al frío aire de la mañana, con el abrigo cerrado hasta el cuello. Mientras caminaba hacia el lugar donde había tomado las fotos, no podía evitar sentir que alguien la seguía. Miró varias veces por encima del hombro, pero las calles estaban vacías.

Cuando llegó al estanque, se detuvo en el mismo lugar de la foto. Escaneó el área con la mirada, tratando de encontrar algo, cualquier cosa, que explicara lo ocurrido. Sacó su cámara y comenzó a tomar nuevas fotos, asegurándose de mirar con atención lo que la rodeaba antes de cada disparo. Esta vez no quería dejar pasar ningún detalle.

Primero enfocó el estanque, luego las bancas vacías, el puente en la distancia. Cada clic de la cámara parecía resonar más fuerte de lo habitual, como si el parque entero estuviera en silencio, esperando algo. Revisó las imágenes inmediatamente. Sus manos temblaban mientras las pasaba una a una.

El hombre estaba de nuevo allí.

En la primera foto, junto al estanque. En la segunda, parado en el puente. En la tercera, más cerca, a solo unos metros de donde ella estaba. Min-Seo bajó la cámara y miró a su alrededor, con el corazón latiendo a toda velocidad. No había nadie.

—¿Quién eres? —susurró al aire, con su voz apenas un eco en el vacío.

No esperaba una respuesta, pero entonces sintió un escalofrío recorrerle la espalda, como si alguien estuviera de pie justo detrás de ella. Se giró con rapidez, con su cámara lista como un escudo. No había nada, no obstante, el aire a su alrededor se sentía pesado, cargado de algo invisible e innegable.

De vuelta en su apartamento, Min-Seo trató de organizar sus pensamientos. Encendió su portátil y comenzó a buscar información. ¿Había algo similar registrado antes? Historias de figuras que aparecían en fotos sin estar realmente allí. La mayoría de los resultados eran leyendas urbanas, relatos vagos que no ofrecían ninguna explicación concreta.

Sin embargo, en un foro de fotografía, encontró un hilo titulado "Sombras que no deberían estar allí". Uno de los usuarios describía haber experimentado algo parecido: una figura que aparecía en sus fotos y que nunca había visto en persona. Según su relato, esa presencia se había vuelto más persistente con el tiempo, hasta el punto de comenzar a influir en su vida fuera de las imágenes.

La chica cerró el navegador, sintiendo que había abierto una puerta que no debía. Pero ahora era demasiado tarde para ignorarlo. La figura estaba allí, en sus fotos y, lo más inquietante, en su mente.

Esa noche, cuando apagó las luces para intentar dormir, escuchó un leve susurro, apenas perceptible pero inconfundible:

—Min-Seo...

Saltó de la cama y encendió todas las luces de la habitación. Su respiración era rápida y superficial, y sus ojos buscaban con desesperación algo que no podía identificar. El silencio que siguió fue aún peor que el susurro. Por primera vez, deseó que las luces nunca se apagaran.

La muchacha sabía que no había terminado. Al contrario, apenas estaba comenzando.