Entre tu pasado y mi presente

All Rights Reserved ©

Summary

Aída solo quiere una cosa: olvidar a Silvia. Pero cuando tu ex es también tu madrina, amiga de tus madres y aparece hasta en tus pesadillas, escapar resulta casi imposible. Entre el caos de la cocina de un hotel, bromas con nuevos compañeros y la presión de demostrar que no es “la hija enchufada de la jefa”, Aída cree que su vida no puede complicarse más… hasta que Sofía entra en escena. Divertida, descarada y misteriosamente parecida a Silvia, Sofía convierte cada turno en un juego de miradas, pullas y momentos que hacen arder el corazón de Aída. Pero ¿cómo abrirse a lo nuevo si todavía sangras por lo viejo?

Genre
Lgbtq
Author
yuyu21
Status
Complete
Chapters
32
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Capítulo 1 - el sueño y el despertar parte 1

—No me puedo creer que estemos aquí… Es increíble. —digo, mirando a Silvia con un profundo suspiro, mientras mis ojos recorren el paisaje que me rodea. Me siento abrumada, como si el mundo se detuviera solo para regalarnos este instante. Estoy feliz, llena de una emoción casi tangible que me oprime el pecho, pero en el buen sentido. Estoy en mi lugar favorito, con mi persona favorita, pienso, y una sonrisa suave se dibuja en mis labios.

Por unos segundos, simplemente sonrío, mirando a Silvia caminar con esa gracia natural sobre el puente de Westminster, mientras el imponente Big Ben se alza majestuoso detrás de ella, bañando la escena con la luz dorada del atardecer. En mi mente, dispara una foto mental que sé guardará para siempre.

—No te quedes atrás, amor. —su voz, cálida y alegre, me devuelve a la realidad. Su sonrisa se abre de oreja a oreja, formando pequeñas arrugas alrededor de sus ojos, como si ese gesto fuera la manifestación pura de su felicidad. Muevo la cabeza un poco y levanto mi mano izquierda en señal de que voy a alcanzarla.

—¡Voy! —digo, elevando un poco la voz para que me escuche, pero sin perder la sonrisa.

Comenzo a caminar lentamente hacia ella, pero algo extraño sucede: aunque está detenida en el mismo sitio, parece alejarse cada vez más. No entiendo por qué, pero siento esa distancia crecer, y el desconcierto se mezcla con una pizca de miedo. Corro para alcanzarla, pero no lo consigo. De repente, el puente parece empezar a moverse, a desviarse, creando un enorme vacío entre nosotras. Me detengo de golpe, jadeando, con el corazón en un puño, al contemplar la distancia insalvable que ahora nos separa.

Retrocedo un poco para tomar impulso, salto sin pensarlo, pero no llego. Me quedé colgando del borde del hormigón, agarrándome con fuerza, tratando desesperadamente de impulsarme hacia ella. Grito su nombre, con la voz rota y llena de súplica, pero ella permanece inmóvil. La observa fijamente y veo una sonrisa en sus labios, fría y distante, como si disfrutara de mi angustia. La contempla un instante más hasta que mis fuerzas me abandonan y caigo al vacío, dejando que la oscuridad me envuelva lentamente. Con resignación, cierra los ojos....

Abro los ojos de golpe y me incorpora, respirando agitadamente. Estoy en mi habitación, pero sigo atrapada en ese tormento mental, repitiendo la imagen de Silvia riéndose de mí una y otra vez, como un bucle imposible de romper.

—¡Aída, Aída! —una voz distante rompe mi ensimismamiento, y siento una mano cálida que se posa suavemente sobre mi mejilla—. Solo es una pesadilla.

Es Adriana. Miro sus ojos verdes, tan intensos que casi parecen brillar en la penumbra de la habitación. Sus palabras me anclan lentamente a la realidad, y poco a poco mi respiración se vuelve más pausada, menos errática.

—Lo siento, te he despertado… —respondo con voz débil, apartando su mano con suavidad y bajando la mirada, como avergonzada.

—No, tranquila —me dice, sin dejar de mirarme con preocupación—. ¿Estás bien?

Me doy cuenta de que está de rodillas frente a mí en la cama, y siento su presencia como un ancla segura.

—Estoy bien —respondo, pasando una mano por mi frente húmedo—. Solo es un sueño, tal y como dijiste.

Le sonrío, aunque la sonrisa no llega a mis ojos. Adriana me observa con una mezcla de amor y tristeza. Siento que quiere decir algo, pero yo ya sé lo que será y no tengo ganas de repetir esta conversación una vez más.

— ¿Dónde vas? —pregunta, sin dejar de seguirme con la mirada, con esa mirada llena de lástima que no soporto.

—Vuelves a soñar con Silvia, ¿verdad? —su pregunta me hace detenerme en seco. Tenso la mandíbula al escuchar ese nombre, un nudo se aprieta en mi interior y una tormenta de sentimientos contradictorios empiezan a arremolinarse en mi pecho.

—Adriana, acabo de abrir los ojos —protesto con un hilo de voz—. Déjame al menos ducharme —añado con un suspiro.

—Debes hablar con alguien, no puedes seguir así —me dice ella, poniéndose de pie y acercándose lentamente—. Estoy preocupada, eres mi mejor amiga y no te veo nada bien desde la ruptura. No avanzas nada.

Resoplo con frustración y hago un gesto despreocupado con la mano.

—Estoy bien, solo necesito una ducha y no hablar de ella ahora —digo, intentando cerrar el tema.

—Pero deberías poder hablar de... no de ella, sino de la situación, Aída —insiste, sus ojos reflejando una preocupación sincera—.

Ignoro su comentario y me dirijo al baño. Justo cuando cierrola puerta detrás de mí, escucho sonar su móvil al otro lado. Intento no hacer ruido para oír de quién se trata.

—No te preocupes, está bien —escucho decir a Adriana—. Sí, acaba de despertarse... Igual de antipática que estos últimos seis meses.

Siento un nudo en el estómago al comprender que hablan de mí. Resoplo y me alejo de la puerta.

Abro el grifo de la ducha, girándolo lentamente hacia la derecha para que el agua caliente comience a caer. Mientras espero a que la temperatura sea perfecta, saca el móvil y pongo en YouTube la canción “La Inocente” de Feid. Extiendo la mano y dejo que el agua toque mis dedos, sintiendo ese calor reconfortante que lentamente relaja mis músculos.

Empiezo a desvestirme: primero la camiseta de tirantes azul, que dejo cuidadosamente sobre la tapa del inodoro, luego mis pantalones cortos, que caen al suelo sin ruido. Entra con cuidado en la ducha, pulsa el botón para que el agua fluya directamente desde la alcachofa, empapando mi cabeza y mi cuerpo. Cierro los ojos por un instante y dejo que la música y el agua me envuelvan, intentando con todas mis fuerzas no pensar en ti.

Un suspiro de placer escapar de mis labios al sentir el agua caliente acariciar mi piel. Tras un rato, comienzo a enjabonarme mientras suenan algunas canciones de mi lista: una mezcla de Rauw Alejandro y Feid. Algunas me dan un subidón de energía, otras me hunden en recuerdos dolorosos, pero es lo que toca. Las dejo ser mi escape, mi manera de desahogarme y buscar un poco de paz.

El tiempo parece haber sido detenido bajo la ducha; no sé cuánto llevo aquí, con la cabeza apoyada en la fría pared de azulejos, los ojos cerrados mientras la canción “sorry4thatmuch” de Feid llena el pequeño espacio con su ritmo envolvente. El agua caliente cae sobre mí como una caricia líquida, relajando cada músculo, dejando que las preocupaciones se disuelvan por un instante. Pero entonces, unos golpes suaves y persistentes en la puerta del baño me sacan de ese estado de trance.

—Aída, vas a llegar tarde. —La voz de Adriana llega clara, interrumpiendo mi momento de calma. Abro los ojos con sorpresa, recordando de golpe que hoy es mi primer día de trabajo en la cocina del hotel donde mi madre es la jefa.

—Mierda. —Susurro, saliendo de la ducha con prisas. Me enrollo la toalla alrededor del cuerpo tembloroso, abre la puerta de par en par para que el aire fresco del pasillo entre y me ayude a espabilar.

—Aída, el baño parece una sauna… ¿Cómo puedes ducharte con agua hirviendo en plena ola de calor? —Comenta Adriana mientras abre la ventana del lavabo, dejando entrar un golpe de aire que hace que me ría, a pesar de la urgencia.

—Por cierto, esa lista de música está anticuada… —añade, y yo río de nuevo. Son canciones del 2024, mi época favorita de música a la que me aficioné gracias a un viaje en el tiempo inesperado.

—Pero no puedes negar que son brutales. —Le respondo, colocándome la gorra con una sonrisa, hasta que su broma me hace volver a la realidad.

—Brutales van a ser los gritos de tu madre si no te vas ya al hotel. —Me advierte, soltando una carcajada, y mi rostro se pone serio al instante. Me detengo mientras me pongo las bambas.

—¡ESPÁBILA! —Grita, dando palmas para sacarme de mis pensamientos.

—¡Hasta luego! —Grito de vuelta, saliendo del piso de Adriana con un portazo que resuena en las paredes del edificio. Bajo las escaleras, corriendo, abriendo la puerta principal y siento el aire cálido y vibrante de la ciudad, mezclado con el aroma lejano de un café.

Llego hasta mi moto aparcada junto a la acera, abierta y esperándome.

Abro el compartimento bajo el sillín, saco mi casco y me lo coloco rápidamente. Mientras pongo mis auriculares y selecciona la música, cierra el asiento y subo con agilidad. Meto la llave, agarro el manillar con firmeza y, al encender el motor, siento un pequeño temblor de emoción mezclado con nervios. La canción “Dime Quién” de Rauw Alejandro suena a todo volumen y me ayuda a despertar por completo mientras avanza hacia el hotel. La ciudad pasa veloz a mi lado, llena de vida, ruidos y colores, pero yo me concentro en la carretera y en esa mezcla extraña de ansiedad y expectativa que me oprime el pecho.