El pozole
Luisa despertó en el piso de una habitación gris. Estaba confundida y lo único que recordaba era haber salido de su casa después de una fuerte discusión con sus vecinos por el ruido de una fiesta. Desde ese momento, nada. Intentó levantarse, pero sintió una cadena en su tobillo que la asustó.
En eso, la puerta se abrió de golpe. Oyó a alguien entrar y se hizo la desmayada, escuchando al hombre hablar consigo mismo:
—Debo de admitir que hoy tendremos un gran guiso; a los superiores les va a encantar.
El hombre se dijo esto a sí mismo, viendo a Luisa desmayada. Observaba su cuerpo indefenso y carnoso. Tomó una cubeta de agua, se la lanzó con fuerza y gritó:
—¡Despierta, corderita! ¡Hoy será un gran día!
Luisa se despertó de golpe y vio a un hombre con una máscara de cerdo y un delantal manchado de sangre. No dijo nada, solo lo miró con horror y asco. El hombre, sin pronunciar palabra, fue a una mesa, de donde sacó una olla de barro enorme, de esas que se usan en los comedores comunitarios. La llenó de agua y cacahuazintle con otros ingredientes. Mientras el guiso hervía, el Pig Man tomó un filoso cuchillo de carnicero y dijo:
—Bueno, es hora de poner la carne principal... ¡y esa eres tú, corderita!
Al oír eso, Luisa intentó defenderse. Lo pateó, lo mordió y luchó hasta el último momento, pero era en vano. Luisa era débil; era una mujer adulta de 33 años que ya estaba pagando sus pecados.
Sintió cómo le clavaban el cuchillo en el pecho. Un corte perfecto. El Pig Man cortó cada órgano a la perfección, sin que se desbarataran, y los fue echando a la gran olla donde el pozole hervía. El cocinero echó toda la carne, probó el vomitivo pozole y dijo:
—¡Delicioso! Como lo hacían los antiguos. Y necesito agregar más carne o los invitados no alcanzarán.
Se acercó a Luisa, le cortó la cabeza, la lavó para quitar lo que no servía, como el cabello, los dientes y los ojos. Deshebró la carne de la cabeza trozo a trozo y la echó al pozole, que hervía con una cocción excelente. El olor de la carne de Luisa era metálico, pero los condimentos le daban un gran gusto al paladar.
En eso, la puerta se abrió de nuevo y una mujer vestida de maid, con una máscara de conejo, entró. La Bunny Girl dijo:
—Pig Man, el pozole tradicional con la vieja receta ya está. Los invitados del presidente de México esperan su pozole.
El Pig Man rio mientras empezaba a servir el maldito pozole con carne humana en unos platos hondos, con lechuga, rábanos y chile piquín. Al lado de los platos, puso unas tostadas con crema. Le entregó la bandeja y la Bunny Girl dijo:
—¿Fue buena idea hacer esa fiesta? La muy idiota cayó con el golpe que le diste. Ahora es un guiso prohibido.
La maid le dijo esto a su cómplice mientras llevaba el pozole tradicional hecho de la carne de Luisa, ese exquisito platillo, a la mesa del presidente y sus invitados. Después de que el presidente de la nación dio el Grito a su gente, era hora de comer pozole tradicional hecho con carne prohibida y decir:
—¡Viva México!








