Rezagados

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Summary

¿Y si el fin del mundo no fuera más que el fin de tu mundo? Noé ha enfrentado grandes desafíos: desde la pérdida de su padre hasta la lenta ruptura de su mente, que ahora se ha vuelto su peor enemigo. Todo cambia cuando despierta en una dimensión donde el fin del mundo ocurrió en 2012. Rezagados, Silentes y misiones. Recuperar su vida dependerá de cómo enfrente los retos de este nuevo mundo, pero hacerlo solo no es una opción. El verdadero problema es: ¿En quién confiar cuando hasta tu propia mente te puede traicionar?

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n/a
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16+

1

Diciembre 2025

La puerta de cristal se abrió dejando salir el deleitante aroma a café y la dulce melodía de una canción compuesta por Noé que se coló por la habitación, atrayendo la atención de algunos transeúntes que no dudaron en entrar en la rústica cafetería para refugiarse de la nieve que comenzaba a caer.

Cuando las melodía llegó a su fin, los aplausos no tardaron en hacerse escuchar y cómo los actores en escena, Noé se inclinó dando las gracias a quienes se quedaron a escucharlo y de manera muy discreta arrojaban una moneda hacia su sombrero en el suelo.

—Bien, es todo por hoy, el artista debe tomar un descanso—pidió Helen apartando de prisa a su hermano de las personas.

La joven desprendía un aura de felicidad que resultaba contagiosa, sus ojos azules destellaban y sus largos rizos oscuros se movieron tratando de seguir su ritmo apresurado, se detuvo una vez que pasaron el mostrador y llegaron a la sala de empleados.

—Helen ¿Qué pasó?— preguntó Noé sin poder contener su curiosidad.

—¡Lo conseguí!— anunció dando un suspiro y esbozando una gran sonrisa—entré a la Universidad Nacional.

Noé se llevó las manos a la boca, impresionado no tardó en rodear con los brazos a su pequeña hermana en demostración de cuán orgulloso estaba de ella.

—Muchas felicidades, mamá se pondrá muy feliz cuando se entere ¿Viste que si podías enana?

La joven le dio un codazo en respuesta y él soltó una risa ahogada, le dio una palmada en el hombro y la miró un segundo ¿Cuándo creció tanto? se preguntó ya que para él siempre sería su pequeña hermana, esa niña que por las noches se escabullía para pintarle las uñas de rosa.

—¿Ya le dijiste a papá?—preguntó y al instante se arrepintió, el ambiente pasó de uno alegre a uno tenso en cuestión de palabras.

—Noé, creí que ya lo habías superado, ¿Has seguido viendo a la terapeuta?—inquirió con una sonrisa triste.

Por un momento el recuerdo cruzó la mente de Noé, aquello que su mente se negaba a aceptar, la muerte de su padre había sido un suceso que lo había marcado y que a pesar del esfuerzo que ponía en ir a terapia para saber cómo sobrellevarlo aún no le era posible, a veces le parecía escuchar su voz llamándolo desde la sala de estar en otras ocasiones apenas perceptible para los demás ojos pero demasiado claro para los de él, lo veía esperando cerca del viejo reloj que construyó su abuelo pero luego, cuando volvía la mirada, su padre ya no estaba ahí.

—Helen, yo…

Comenzó buscando una excusa lo suficientemente creíble para no evidenciar que las terapias no estaban funcionando, cuando la puerta se abrió de par en par, dejando entrar a su tía, a pesar de la expresión de cansancio en su rostro les dedicó una sonrisa cálida y les entregó un sobre con su paga del día.

—Helen, cariño ¿Por qué no vamos a cenar esta noche? Escuché que tienes buenas noticias, esta vez yo los invito pero ustedes escogen el lugar, Marissa nos alcanzará ahí—dijo guiñando el ojo y tomó las llaves para cerrar la cafetería.

—Nos encantaría tía Bianca, cuenta con nosotros, hay mucho que celebrar— dijo animada.

Su tía se acercó a ella para charlar un poco más y aprovechando el momento de distracción Noé salió de la sala de empleados, corrió hacia su sombrero y guardó el dinero que ganó junto a la paga del mes, por lo que las monedas se sintieron aún más pesadas que de costumbre, guardó su violín en su estuche y salió hacia el estacionamiento, ya ahí abrió la puerta del copiloto y recargó su cabeza en la ventana, agobiado por los sucesos de los últimos tres meses seguidos junto con los periodos de insomnio y pesadillas recurrentes sobre la desaparición de su padre le hacían perder la cabeza, la policía les había informado que, tras un brote psicótico derivado de su esquizofrenia y la falta de su tratamiento lo habían hecho conducir hasta un acantilado, el reporte indicó que vertió gasolina a el coche y luego se metió en el, de sus pocas pertenencias que se encontraron fueron su reloj de oro con incrustaciones de diamante o al menos lo que quedó de él, jamás encontraron un cuerpo por lo que asumieron que sus restos se calcinaron, sin embargo, esto le dio a Noé la esperanza de que hayan cometido un error y que de alguna forma su padre seguía vivo, en algún lugar.

Pero eso no lo era todo, Noé guardaba secretos que por las noches le aterrorizaban, la sola idea de recopilar y hacer una lista de todos y cada uno de los síntomas que lo acechaban lo hacían temer de correr el mismo destino de su padre, así que con el pretexto de ir al área de tanatología para superar la “muerte” de su padre, se pasaba a psiquiatría un área al que fue enviado después de un par de sesiones solo para conversar con el psiquiatra sobre las alucinaciones frecuentes y las voces que al parecer solo él escuchaba, a veces era su padre pidiendo ayuda, otras veces le decían que debía huir pero al final, Noé se decidía a refugiarse en su habitación, se alejaba de todo aquello con lo que pudiese hacer daño y esperaba a que todo volviera a la normalidad pero no siempre era sencillo ocultar lo que le estaba sucediendo, sobre todo porque ahora lo síntomas aparecían con frecuencia, en especial cuando olvidaba tomar su medicamento.

Era inevitable pensar en la posibilidad, pero por la forma en la que el psiquiatra lo veía sabía que algo andaba mal con él y aquello lo dejaba intranquilo.

—¿Noé?—escuchó la voz preocupada de su hermana, se sintió avergonzado al ser descubierto en un momento muy íntimo para él, justo ahora deseaba estar solo—¿Estás bien?

—Lo estoy— se forzó a sonreír y se colocó los audífonos para no tener que escuchar nada más, lo último que quería era preocuparla.

—Hablaremos de esto después ¿Vale?

Helen abrió la puerta trasera, no esperó una respuesta porque sabía que cuando su hermano se empeñaba en no decir algo, no valía la pena en forzarlo a hablar, no obtendría ni una palabra así que lo dejó pasar, luego la tía Bianca subió al coche y preparó el auto para llevar a sus sobrinos a su hogar, en el camino transcurrió en silencio pero no uno incómodo para Noé, sabía que de algún modo, su familia buscaba darle espacio, en cuanto llegaron a casa bajó pronto del carro fingió que iría a cambiarse y que bajaría enseguida para poder ir al restaurante que aparentemente Helen y Bianca ya se habían encargado de elegir.

Corrió escaleras arriba al sentir que los efectos de no haber tomado sus medicamentos comenzaba, voces que susurraban, caras distorsionadas y una presión en su pecho que le negaba el acceso al aire, abrió la puerta de su cuarto y buscó sus medicamentos en su cajonera en cuanto las encontró tomó una pastilla y la introdujo en su boca para luego dejarse caer al suelo y abrazarse a sí mismo esperando que todo acabara, cerró los ojos con fuerza pero aquellas voces ahora gritaban, probablemente solo estarían diciendo cosas sin sentido seguidos de un sonido que le erizaba la piel, era similar a una campanilla acompañada del sonido de estática, pero solo una voz llamó su atención.

De ninguna manera.

—¿Papá?—murmuró confundido, de todas las voces esa había destacado, abrió los ojos, pero ya no estaba en su habitación.

Estaba en un prado abandonado, el viento era denso y había partículas de humo extendiéndose por donde quiera que mirase, no había nadie más que él, pronto percibió que las voces desaparecieron al igual que las caras, todo era normal, salvo por el lugar en el que estaba, se levantó con el corazón acelerado, la sensación lo hacía respirar con dificultad y entonces lo volvió a escuchar, esta vez estaba seguro, lo buscó, siguiendo el sonido de su voz hasta que llegó a un acantilado, ahí estaba él.

—¡PAPÁ!—gritó corriendo hacia donde le pareció verlo.

—¡NOÉ!—le gritó.

El momento pareció irreal pero no pudo evitar sonreír y acercarse a él, había esperando este momento desde hacía mucho, cielos, tenía tanto que contarle ¿Qué le diría primero? Quería decirle lo mucho que lo extrañaba, la falta que les había hecho a Helen, a mamá y a él, lo duro que habían sido esos meses sin él pero se detuvo cuando lo escuchó de nuevo, acaso ¿Acaso le dijo que corriera?

Se quedó paralizado en cuanto un rayo cayó iluminando el rostro de su padre, no tenía ojos en su lugar habían unas grandes cuencas blancas y resplandecientes, sus dientes habían sido reemplazados por unos puntiagudos y su cuerpo de alguna forma parecía parpadear, soltó un grito de horror al verlo, ¿Qué demonios?

Luego sintió que algo tiraba de su pierna, una mano deforme que de alguna forma se aferraba a su cuerpo por medio de una especie de “tentáculos”, lo siguiente que sintió fue que esta lo tiró hacia abajo haciendo que cayera al piso, le costó un momento entender que estaba pasando hasta que su alrededor lo asustó, recibió una cachetada fuerte en su mejilla derecha, la imagen delante de él lo hizo sobresaltar, Helen lo abofeteó.

—Eres un idiota, ¡Carajo! ¿Cómo se te ocurre? ¿Has perdido la cabeza?—dijo furiosa, caminando de un lado al otro de la habitación.

—Helen—le advirtió Bianca, hizo una mueca y corrió a cerrar la ventana—¿Qué sucedió Noé? ¿Por qué?

—Vi a papá, él estaba justo…

Intentó explicarse pero entonces vio a Helen abalanzarse hacia él nuevamente.

—Papá está muerto ¡MUERTO! ¿Por qué no lo entiendes? ¿Quieres matarte igual que él? ¿Cuánto tiempo estarás así? Nos estás volviendo locas ¿Creíste que no lo sabíamos? Eres igual a él, ambos están enfermos, solo eres una carga, mamá y yo estaríamos mejor sin ti—le confesó haciendo que su cuerpo se estremeciera, se dio la vuelta para salir de la habitación y lo miró de reojo—¿Tan difícil es para ti no ser el centro de atención, por una noche? Como para querer tirarte por la ventana.

—¡HELEN! Discúlpate ahora mismo, no puedes hablarle así a tu hermano—pidió Bianca, molesta.

De pronto se vio envuelto en sus pensamientos, vio como Bianca y Helen discutían, no supo bien qué sucedió después de ello, trató de asimilar lo que acababa de suceder mientras caminaba hacia su moto, sacó las llaves y se colocó el casco, miró hacia la ventana donde hace unos minutos había intentado saltar, sus alucinaciones iban de mal en peor, lo mejor para él sería irse, muy lejos, donde no pudiera dañar a su familia.

Si así es como pensaban de él, si sabían cuál era su problema ¿Por qué seguir actuando como si fuera normal? No lo era y probablemente nunca más lo sería, observó su casa por última vez, decidido a nunca volver, encendió la moto y manejó sin rumbo ya que ahora no tenía un hogar, ni familia, se sintió triste y deseó dar media vuelta y volver pero no podía, él era un gran cobarde que prefirió huir antes que afrontar la situación, después de todo, su hermana Helen no estaba equivocada, lo mismo hizo su papá y con eso en mente se alejó.