Sincronacion Inesperada
Estábamos mis padres y yo hablando con ellos, una pareja de adinerados buscándole pareja a su hija. Resulta que el hombre era el mismísimo presidente, aquel “hay que tenerle respeto y respetar sus decisiones” sin embargo, ni con toda la riqueza, seguridad y belleza posible estaría con alguien como ella, es tan “perfectita” que me dan ganas de matarla con mis propias manos, porque cree que me tiene ganado, me mira con tanta alegría, ligándome con la mirada.
—Es perfecta. Se ha confirmado, ella será la esposa de nuestro hijo—entonaba mi madre.
El tono de Rachel pasó de amarillento a un rosado, por el halago.
—Lo sabemos, señora Vanderbilt, nuestra hija es la indicada para el suyo.
—En realidad, no. —me miraron con extrañeza —. Ninguno lo es para el otro, porque el que ustedes lo escojan puede revelar emocionalmente pérdida de autonomía, posibles problemas de identidad y conflictos internos, lo que podría provocar rebelión, depresión o ansiedad, y en casos extremos el suicidio. Así que, sabiendo esto, no creo que prefieran que su hijo/a muera a que escoja a alguien que ustedes llaman “miserable”.
—No nos importa, hijo. Usted tiene que estar orgulloso que le tenemos cuna de oro y atender a su destino como príncipe.
¿Nunca les importa lo que siente su maldito hijo? Algún día me gustaría alejarme de todos, irme a la mierda y que nadie sepa nada de mi, es uno de mis sueños, por esta y miles razones más.
—A ver, caballero. Por favor, tenga cortesía en nuestra palabra, usted y mi hija no tienen decisión para su relación que será para toda la vida. Eso arruinaría la reputación de ambos padres, así que, tenga respeto contra nosotros que eso no cambiará nada.
Todo se convirtió en silencio. Tenía unas perras ganas de callarle el hocico y mandar todo a la mierda, pero no puedo. La última vez que lo intenté quisieron someterme a una lobotomía.
Algún día de estos, podré dejar de hablar como un maldito robot, perder cada centavo de dinero y ser una persona normal.
—Queda decidido. En una semana, ustedes serán marido y mujer, ¿Entendido, Leighton? ¡Que emoción, mi hijito se va a casar con una muchacha buena!
—Entendido, lo siento.
Decir esas palabras fue como auto-quemarme vivo. Es un simple “lo siento” sin embargo también me someto a su voluntad con esa simple y patética frase. Me estoy rindiendo al poder del presidente de USA, eso no es cualquier sufrimiento, es ser reprimido por tu progenitor, es ser parte de un jueguito político que no debería de pertenecer, soy un matemático que le importa tres kilos de verga el presidente de un país que no he ido ni pienso ir.
—Entonces, claramente tengo que empezar a preparar mi vestido, y la estética del matrimonio, ¿No? Debería ser en la iglesia.
—Cariño, solo será algo civil. No gastaremos en esas cochinadas, menos en la iglesia, no vale la penas la religión.
Al observar su reacción apenada y el collar con una cruz rodeando su cuello, supe que era algún tipo de seguidora de Cristo. Pero, yo no comparto eso con ella, soy ateo y durante muchos años de mi vida estudié la satanología, según mi poca habilidad espiritual era lo más creíble.
—Estoy de acuerdo con la chica. —Por primera vez mi padre nos dió la razón —. Nuestra religión debe ser respetada por ustedes si quieren a mi hijo, nosotros, como evangélicos, debemos darle protagonismo a Dios, haciendo su único y especial matrimonio. Junto a esto, nunca se podrán separar porque estarán en contra de los mandatos de Cristo a través de la Biblia.
—La religión es ridícula. Por favor, es la única vez que nos defienden y con horribles argumentos, el presidente tiene razón, no hay ninguna evidencia científica verídica y relevante que diga que Dios existe y que no es una religión creada por los humanos para encontrar una razón de nuestra existencia, siendo que han habido muchas investigaciones que explican de forma fácil que somos parte de una coincidencia.
—Interesante. Pero, qué coincidencia más rara, pues en el lugar exacto para que no nos quememos ni congelemos—desafío Rachel.
—Adaptación. Y así como nacimos aquí, hay miles de planetas parecidos al nuestro con la temperatura adecuada y agua, lo cual es lo indispensable para vivir, ¿Siguiente pregunta?
Se calló. No tiene sentido esa “religión” estúpida.
—Dejemos ese problemita de la religión y retirémonos , que ya está solucionado, se casarán los muchachos—recitó mi madre.
Odio dejar las discusiones de lado. Me importa una mierda llevar la contraria, no me importa ser distinto, mas bien, es un halago.
—Mañana buscaremos un vestido hermoso para la novia las consuegras, ustedes verán el dinero mientras.
Nos retiramos con circunspección, a diferencia del resto, yo camine hacia otra dirección, pues tenia que saciar mi estómago y no pensaba pedirle algo a mi madre luego de esa incomodidad inmensa, mi ego no facilitaría que me muestre débil, darle la contraria y luego pedirle ayuda, eso nunca pasaría por mi.
—¿A donde va, caballero?—preguntó la pelicastaña.
Me miró frunciendo el ceño con duda, aún no puedo creer que ella es la mujer que quieren que sea mi esposa, buscaría toda mi vida hasta encontrar a la mujer ideal, pero prefirieron la vista del público. Sus ojos azules no pestañeaban, se observaba inhumana.
Mi tipo siempre han sido las mujeres extrovertidas, pelo negras, ojos cafés, labios negros y tal vez lectoras, como un amante del romance. Ella era todo lo contrario. Me di cuenta que al estar pensando esto me quede tieso como un idiota, mierda, que estoy haciendo con mi vida.
—No le incumbe, señorita, continúe su ruta sin importar donde vaya yo.
Rodó sus ojos, me tomó de la nuca y me acercó a ella, estábamos muy cerca, ESTÁBAMOS MUY CERCA.
—Caballero, si nos obligan a tener una relación y ninguno quiere nada con el otro no es razón pra que me trate así. Usted es un desubicado de mierda que finge su compostura por temor a sus padres y no va a faltarme el respeto más, ¿Entendido?
—Señorita, aún no lo entiendo. No tengo porqué tener respeto con usted si no es nada más que una mimadita hija de papi a la que nunca observan ¡Simple, es una mujer y nada más! Para tener esa mala suerte debe al menos tener respeto con las figuras importantes como yo y trabajar su físico aunque sea un poquito.
—No sea fresco, usted no tiene que andar dándome instrucciones de lo que yo tenga o no que hacer.
Me lanzó un puñetazo en la nariz, esta chica si tiene fuerza.
No dejare pasar que golpeen a una figura tan importante como yo, pateé su parte íntima y la hice retorcerse del dolor.
—A mi nadie me anda hablando como fresco hijo de puta. Tenga cuidado a la próxima, no habla con cualquiera.
Abrió sus ojos como nunca, me apunto con su dedo índice y examinó si el resto se había retirado.
—¡PAPÁ! ¡ESTE… HIJO DE SU MADRE ME GOLPEÓ!
Su progenitor llegó y la sentó en el escamado cemento para revisarla, me advertía con la mirada que no le hiciera daño a su hija, sin hacer cambios en mi pensamiento.
—Cállese y retírese, adiós.
La tomó y la subió a sus hombros, yéndose con pasos claros y furiosos, muy marcados.
Saqué los audífonos de mi bolsillo y reproduje mi canción favorita “Canción para mañana” de Los Bunkers, y evalué cada uno de mis pasos
Despertar en las mañanas no me hace demasiado bien…
En un instante una mujer con exactamente las mismas características que mencione como “mi tipo” me ojeó, provocándome náuseas.
Que la gente pueda ver la montaña de tristezas que dejaste amanecer….
—¿Leighton? ¿Que haces aquí?
Empezó a llover en ese mismo maldito instante.
—¿Como sabes mi nombre y quien eres?
—Leighton, estuvimos juntos hace diez años, a escondidas, claro, pero creí que habías muerto. Bueno, todos lo creímos.
Hace diez años…
Hace diez años…
FLASHBACK 3era PERSONA
Era tan solo un niño de cinco años, cuando descansaba en su habitación, mirando al techo con nostalgia. De pronto, sintió un rugido en su estómago, que lo hizo pararse a buscar algo para alimentarse, al ver que no había nada, decidió cocinar algo.
Encontró unos tallarines y una salsa de tomate, así que empezó a cocinar. Llenó una olla en agua, la dejó hervir, colocó los fideos, aplicó una pizca de sal y volvió a su habitación a esperar. Que lastima, pues tenía el fuego alto.
Aquel joven estaba algo aburrido, así que comenzó a jugar en su Play Station 2.
Pasaron algunos minutos, y este muchacho seguía muy concentrado en su videojuego porque era un sueño ya que era muy famoso y él deseaba tenerlo hace un tiempo. Luego, pasaron unos treinta minutos, él ya había olvidado su cocina, sin embargo, empezaba a oler un poco mal, pero no le tomó interés.
Después, las llamas empezaron a aparecer en todas partes, ahí fue cuando sintió un poco el calor, mas no se inmutó. Tiempo más tarde, pa casa ya estaba cubierta con fuego, el niño trató de escapar, pero ya era tarde.
Aquella casa era de segundo piso, así que no alcanzó a escapar cuando se rodeó con brazas. Estaba desesperado, pues estaba perdiendo el oxígeno y consumía poco a poco más el humo. Los vecinos llamaron a los bomberos, los cuales no tardaron en llegar, rescataron al muchacho, el cual ya estaba herido, muy mareado, y con algunas quemaduras.
Lo llevaron al hospital, donde no despertó. Pasaron días, semanas, meses sin curar. Si madre oraba en las noches observándolo para que despertara, luego de dos años ocurrió.
CONTINUACIÓN
—Recordé algo. Entre en coma hace doce años, mierda, perdí la memoria y nunca me lo dijeron.
—La última vez que supe de ti fue mediante una conversación mediante el teléfono, donde mandaste una foto para comprobar que eras tú.
Revolvió su bolso y sacó una impresión, era yo a los siete años, si prestabas atención se notaba como mis ojos estaban cristalinos y me veía como obligado, se notaba en mi mirada.
—Mis papás me obligaron, me cambiaron totalmente la vida. No tengo pruebas, pero tampoco dudas.
—Teníamos un amorío de niños, fuiste la única vez que me enamoré, Leighton Blackwood, han pasado doce años de la última vez que te vi y aún te amo. Te conozco mucho, eres alérgico a las nueces, le tenias miedo a las vacas, tu sueño era ser Batman, tu comida favorita era la lasaña, se muchos detalles de ti, y nunca los olvidé, porque sentía que tu eras la única persona especial en mi vida, a pesar de ser solo una niña.
—Wow, que sorprendente. Nunca pensé que a un niño que entró en coma por querer hacer unos fideos lo querrían tanto.
—Maldito insensible.
Mis padres observaban el momento, lo supe sin girar, debido a mi vista periférica. Estaban asombrados, descubrí lo que me habían oculto tanto tiempo. Tapaban su rostro, tratando de no revelarlo, como si fuera su única opción, no consolar a su hijo, no explicarse, no, no, no, todos desean ser un príncipe hasta que ven que tus padres no tienen interés en ti, solo en dinero, fama, dinero, fama. Sin girarme, aún mirando la muchacha, les hablé:
—Vamos, digan algo, ¿No se harán responsables de nuevo por las mierdas que le han provocado a su hijo? Vamos, defiéndanse, respondan, consuelen, no es tan difícil.
Guardaron silencio. Es increíble la hipocresía de estos bastardos, seré su hijo pero que sean mis padres no significa que sean ejemplares, esos hijos de perra nunca recibirán mi afecto.
—Rayos, Leighton. No puedes ser una figura importante con esto— golpeó su pecho —. Tienes que ser más insensible, o si no, bum, no sirves para N- A- D- A.
Auch. Prefiero no servir para nada a ser tan hipócrita, narcisista, egocéntrico, mierdera, o cualquiera de los adjetivos que este posee, prefiero ser lo más horrible posible a ser como ellos.
—No me importa que pienses, insensible de mierda, por favor mamá, reacciona, tu no eres tan asquerosa como este estúpido.
No le importó
Es un hipócrita
Insensible con plata
Narcicista
Cualquiera de estas características de personas que valen hasta menos que una simple verga, y esta y una de estas cualidades las lleva mi padre, y poco menos mi madre.
—No pienso defenderte si andabas diciendo cuestiones de la religión, cuando gracias a ella tienes salud. ¿Sabes qué fue lo único que hice cuando estabas en coma, donde creía que no despertarías? Orar, Leighton, orar, y yo una noche ore con tantas fuerzas, lloraba, y al día siguiente, despertaste.
—Na, no pienso caer en cuentitos de la religión, respéteme, y adiós, disculpa, no se como te llamas, ¿Tienes un tiempito para platicar conmigo? Iré a un restaurante que está a una cuadra.
—Claro.
Caminamos un rato, nuestra conversación era interesante, pues no sabía la mayoría de recuerdos que tuvimos juntos.
—¿Terminaste tu libro?
Ella sabe que estuve desde esa edad escribiendo un libro, me conocía increíble.
—Si. Luego de unos años, lo corregí bastante, le modifiqué algo de la portada y el Lore y luego lo publiqué, ya está en librerías.
—¡Guau, mi pequeño escritor favorito tiene un libro en físico! Que asombroso.
Nunca se habían emocionado tanto por mi. Esta mujer es para mi.
—No lo soy. Lo es Rachel Vanderbilt, aún no la conoces bien, no te guíes por mi apariencia.
—¿Me acabas de leer la mente?—preguntamos al mismo tiempo —. ¿Que clase de bruja eres?
—Te conozco, Leight, es solo aprendizaje. Ah, y telepatía.
—Bueno, eso no importa. ¿Por qué dices que Vanderbilt es para mí?
—Te acabo de decir que soy bruja. Bueno, no literal. Se que con el tiempo ese odio se transformará en “Sentimientos Ocultos” , lo soñé anoche, y soy mágica.
Rió.
—Maguita, sigo sin entender como me conoces tanto y yo no se tu nombre.
—Me llamo Calantha, es inglés y muy raro.
—Lindo nombre, ni idea como pronunciarlo así que te diré Maguita.
—Llegamos, adiós.
Se dirigió a la tienda que estaba al lado nuestro, yo me agaché y la tomé de las piernas, dejándola caer en mi espalda.
—Muchachita, tú te vienes conmigo.
—Idiota, déjame ir. Tengo una reunión en treinta minutos.
—Yo te llevaré.
Tomé mi celular privado y busqué la ubicación de la M.G.O. (municipal government office) ya que supe que trabajaba allí por su uniforme. Estaba a diez minutos.
DIEZ MINUTOS DESPUÉS…
Habían muchos paparazzis grabándome a lo largo del viaje, lo cual me sofocaba. Ella iba media dormida, así que no prestaba atención.
—Maguita, llegamos. Despierta, niña.
—Queeedaatee coonmiigoo— murmuraba en sueños.
—Brujita, tienes una reunión en… cinco minutos. ¡Brujita, despiértate!
Entré, igual, no me pueden hacer nada, estoy protegido y arruinaría por completo su reputación. Pasé por los pasillos, buscando aquella habitación donde se elaboran las reuniones.
—Buenas tardes. Disculpe el estado de la muchacha, hemos tenido problemas personales la noche anterior y estaba muy cansada.
Susurraban entre ellos, desconfiando de mi. Por favor, no pueden desconfiar de este hombre.
—Explíquenos, ¿Qué problemas personales tuvieron anoche?
Hijos de puta. Mierda, no se que hacer, ya sé, le inventaré que tiene “apnea del sueño”
—Disculpe, caballero por las incomodidades de este momento. La muchacha no es muy cercana mía, pero esta mañana me llamó porque le diagnosticaron apnea del sueño, está en tratamiento.
—Ja, ja. Está bien, señorito.
Se puso de pie, se acercó a mi y se apoyó en mi hombro con mucha confianza, que desubicado.
—Está muy bien que la defienda. Porque no le creemos nadita, que tiene somnolencia verbal, que tiene ceguera nivel bajo, que tiene problemas de audición. Esa mujer es una mentirosa.
Así que muy buena reputación no tiene, eh. Esa mujercita tiene una vida, ufff.
—No es de mi incumbencia, no tengo mucha información de esta mujer.
Me retiré.