Prólogo
Ella corría por las calles desoladas de su ciudad, estas estaban destrozadas como si la tercera guerra mundial hubiese ocurrido ahí; buscaba rostros conocidos y voces de quienes amaba, pero no había nadie. Revivió sus muertes tantas veces sin poder evitar lo que sucedía, que sólo decidió alejarse. En principio se sintió atormentada porque aparecían sus espíritus en el camino y le hablaban, o eso creía ella, pero continuó alejándose hasta que no aparecieron más; ni ellos, ni casas conocidas, ni nada. Todo estaba en ruinas.
Su respiración estaba acelerada por tanto correr, sus oídos le zumbaban y sentía que su corazón latía tan rápido que estaba a punto de salirse de su pecho, tenía náuseas y lloraba temblorosa con la adrenalina corriendo por sus venas por la impotencia que sentía, ¿qué podía hacer para revertir todo lo que sucedió?
Vio a una niña pequeña cruzar la calle corriendo mientras reía, llevaba un vestido azul marino sucio, muy parecido a un uniforme escolar, con el cabello oscuro suelto a su espalda contrastando con la palidez de su rostro.
-¡Espera! -Le gritó y corrió tras ella.
Era la primera persona que veía en ese lugar; la siguió hasta una casa abandonada que reconoció de inmediato y sus piernas temblaron. Se había desatado una tormenta y respirando hondo se atrevió a pasar por la puerta principal que se abrió con lentitud.
Olía a humedad, y el polvo flotaba alrededor, todo estaba tal cual lo recordaba: sucio, con telarañas, oscuro, y olvidado...
La niña se asomó entre las sombras al final de un extenso pasillo que estaba al lado de las escaleras principales y rió ocultándose.
一¡Hey! 一Corrió hasta ella y la vio parada frente a la puerta trasera.
一¡Felicidades, Eva! 一Dijo mostrando sus dientes blancos en aquella pálida carita, sus ojos se veían hundidos, casi vacíos 一has enfrentado tu peor miedo.
Le miró confundida 一¿Q...qué?
La niña tomó el pomo de la puerta y la empujó 一puedes volver a tu vida, ya todo terminó 一Dijo con voz dulce mientras el envolvente sonido de la madera vieja retumbaba haciendo eco en el lugar a medida que la puerta se abría revelando algo que nunca pensó volver a ver.
Eva miró el exterior a través del umbral de la puerta; el Sol brillante iluminaba el jardín y la conocida calle que miles de veces había recorrido antes. Por un segundo sintió alivio; podía salir, podía volver, pero debía aceptar que quienes amaba ya no estarían ahí.
Dio un paso al frente, dudosa; añorando su casa, su familia, su vida.
-Eva... -susurró una voz que reconoció al instante. Un torrente de recuerdos la invadió, haciéndole perder el aire por un instante con su cuerpo temblando entero. Veía la salida frente a ella, pero necesitaba verlo una vez más. Se giró lentamente hacia el final del pasillo y sus ojos se pusieron vidriosos mientras la oscuridad la envolvió nuevamente.