La otra cara del diablo

Summary

Una abogada respetada en el país de Tailandia, está casada con una empresaria sumamente exitosa. Una mujer que es respetada, admirada. Con una familia que las personas tienen como un modelo a seguir Por otro lado, tenemos a una artista con fama internacional. Sus pinturas y esculturas son alabadas. Muchos mueren por tener un cuadro hecho por ella. La abogada conoce a la artista de forma común, nada especial, sin embargo, ambas se unen a un plan. Una venganza. Un propósito. Dos mundos diferentes. Con diferentes historias. Dos caminos cuyo final es terminar juntas. ADVERTENCIA ⚠️: Contenido sexual, abuso, violencia,.explícita. Lenguaje vulgar. Algunas escenarios serán sangrientos. Tortura. Si eres un lector sensible, favor de no leer.

Genre
Action
Author
Marilyn
Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

La otra cara del diablo

Los reportes de personas asesinadas en el país de Tailandia aumentaba, en especial de unos que tenían algo que parecían relacionarse entre sí, pero al momento de creer que tenían algo que los ayudara a encontrar al culpable, aparecía una nueva evidencia que derrumbaba todas sus teorías, toda las conclusiones, no había nada que pudieran hacer.

— ¡Maldición! ¡Es que nadie puede hacer nada en esta maldita estación! — gritó Engfa, mientras golpeaba el escritorio con una carpeta. Estaba frustrada, enojada pero sobre todo desesperada.

Los que estaban en la sala de reuniones, se sobresaltaron al escuchar el golpe. No se esperaba esa reacción de alguien que parecía ser pacifica.

— Tratamos de hacer lo mejor, no descansamos para poder atrapar al asesino, lo juro — dijo un policía.

— Pues al parecer no hacen nada, cada vez que fallamos, el asesino está cada día más cerca de tener otra víctima, si no es que ya lo tiene entre sus manos — declaró mientras pasaba sus manos por su rostro — tenemos que dar el doscientos por ciento de nosotros. Este criminal es astuto, perspicaz, es sumamente inteligente, tanto que se nos escapa.

Todos estaban de acuerdo, les dolía admitirlo, pero era algo a lo que nunca antes se habían enfrentado. Las fotografías proyectadas y otras evidencias hablaban por sí mismas sobre la mente retorcida del criminal, al menos eso era para ellos.

Charlotte miró a Faye que estaba sentada al otro lado de la sala. Faye le devolvió la mirada, ella asintió a su compañera y amiga, ambas tenían una teoría. Un plan para atrapar al asesino, esperaban que funcionara.

— Creo que el asesino se cree un justiciero, alguien que da muerte a los criminales que han escapado de la ley y creo que por eso no lo hemos atrapado, porque si preguntamos por él, el pueblo lo esconderá — comentó Charlotte, alzó la hoja que tenía entre sus manos — en esta hoja están los nombres de todos los que han sido asesinados, sabemos que son veinte personas por el momento, pero si buscamos en la base de datos, nos daremos cuenta que eran personas con un historial criminal bastante extenso.

—Cada criminal que está en la lista cumplieron una condena de apenas un par de meses o quizás dos años máximo. Algunos quedaron libres por falta de prueba. Si buscamos los tipos de crímenes que han hecho nos daremos cuenta quien es su próxima victima— propuso Faye.

Los demás vieron a ambas mujeres como si les fueran abiertos los ojos, algunos se recriminaron por no darse cuenta de ese detalle. Engfa asintió dándoles la razón, ella también se había dado cuenta, sin embargo siempre había algo que no encajaba.

— Eso pensé desde un principio, sin embargo, si buscas más adelante entre las victimas, hay un par que no son criminales, eran inocentes. Esas evidencias dejan esa teoría como eso, una teoría, no un hecho — Informó Engfa con cansancio.

Mientras revisaban las imágenes en los documentes que los forenses habían impreso, se dieron cuenta de otro detalle. Un joven levantó la mano al darse cuenta de una relación con las últimas victimas.

Engfa le cedió la palabra con la esperanza de que encontrara algo esencial y no algo tosco.

— Las últimas victimas no tenían mucha sangre en su sistema, si se fijan bien en las fotografías, tienen los brazos pinchados, tal vez es porque eran drogadictos, pero lo curioso es la sangre, no tenían mucho, es como si los hubieran drenado.

Engfa inclinó levemente su rostro con dirección al chico. Lo miró con interés.

— Los forenses describieron que los cuerpos fueron encontrados a un kilómetro del hospital que dirige la doctora Kwong, ella puede darnos una pista de lo que sucedió, tal vez el asesino esté ahí trabajando, quizás sea médico — teorizó el joven.

Faye negó con la cabeza. Pero en su mente ya estaba maquinando el siguiente paso que daría ante el caso que se presentaba.

— Eso ya se hizo. Personalmente entrevisté a la doctora Kwong, fue una entrevista extensa e informativa, nadie que trabaje en ese hospital es sospechoso. Incluso me dio acceso a las cámaras de seguridad y no hay movimiento extraño, todo está en el más perfecto orden — informó Faye, con la mirada franca a todo los presentes. Descartando la teoría del muchacho.

El joven de nombre Nop, miró con sospecha a Faye, había algo que no le convencía del todo. En su mente había algo que le decía que la agente Malisorn era alguien peligroso, de cuidado.

— Creo que debemos hacer otra entrevista con la doctora Kwong e incluir a todos sus trabajadores sin excepciones, tal ves ahí encontremos al asesino. Puede ser que sea un profesional — contradijo Nop, miró fijamente a Faye y le cuestionó — ¿con quién entrevistó a la doctora Kwong? Supongo que llevó a algún acompañante.

— No, no tuve a ningún compañero en ese momento. La entrevisté solo yo. Pero si desean hacer otra entrevista no me opongo, pueden hacerla. Entre más información descartada mejor, solo espero no perdamos el tiempo — respondió Faye con calma. Una calma que en ese momento no sentía, odiaba ser cuestionada, y más por un novato.

Un hombre robusto, con marcas en el rostro delatando sus años, con expresión severa miró al joven novato y lo reprendió con dureza.

— A la agente Faye no se le cuestiona, no se le pone en duda su palabra. Si ella dice que no hay sospechosos es porque no lo hay. Si ella hizo una entrevista no hay porque hacerla por segunda vez. Así que investiguemos en otro lugar.

Nop miró con el ceño fruncido al mayor. Con la mandíbula tensa. No se quedó callado, siguió cuestionando, algo no le parecía bien.

— Creo que no debemos confiarnos tanto, señor. La agente Malisorn es humana y puede fallar, por eso propongo que volvamos a buscar ahí, no perdemos nada.

Un golpe resonó en la habitación. La mesa tembló y sus soportes crujieron contra el piso. Era el hombre mayor, el comandante que golpeó la mesa con la palmas de sus manos. Miró con enojo al novato y con voz dura le dijo:

— ¡La agente Malisorn no falla. Es la mejor que tenemos en esta estación y en este maldito país por si no lo sabía. Gracias a ella y a su mente ágil hemos podido resolver múltiples casos, así que cállese y no cuestione! — ya más calmado, se recostó en su asiento y culminó — la agente Malisorn tiene experiencia, una que usted no tiene. Ella lleva años en esto, usted es un bebé comparado con todos los presentes, pero si quiere hacer entrevistas vaya usted, pero irá solo, mientras tanto nosotros investigaremos en distintos lugares.

Faye disfrutó del espectáculo que daban ambos hombres. Ocultó su sonrisa con su taza de café. Por ese tipo de sucesos es que amaba su trabajo. No fue necesario que se defendiera o que levantara un dedo para hacerlo, sus compañeros lo hacían por ella.

Engfa al ver la discusión, inhaló y exhaló profundamente para calmarse, con sus manos masajeo sus cienes por el estrés que sentía en ese momento. Estaba harta de todo, quería irse a casa a descansar.

— Díganos que haremos jefa. Da la orden a cada uno para irnos y no perder tiempo — más que una sugerencia fue una orden disfrazada.

Engfa levantó la vista y miró a Faye, en los ojos de su hermana vio el apoyo que le daba en silencio, eso fue un alivio para ella. La confianza que su mejor amiga tenía.

—Que sigan investigando la escena del crimen para sacar nuevas pruebas. Además en pocas horas abrirán el cuerpo de las víctimas. Quiero que entrevisten de nuevo a los amigos, familiares, conocidos o a quien sea cercanos a las víctimas. Vigilar cada perímetro, quiero pruebas de sangre, biológicos, químicos, y también café... mucho café que lo necesitaremos.

Con eso dicho, cada uno se levantó de su lugar para seguir con su trabajo. Nop se quedó en la sala al igual que Faye. Cuando la sala estuvo vacía el muchacho se levantó y se dirigió a la mujer de forma agresiva. Faye esperó el momento en que el chico le hablara mal, que la insultara.

Nop agarró con fuerza el brazo de Faye que siseó de dolor. Con ira miró al chico, ¿Cómo se atrevía a tocarla?

— No creas que te saliste con la tuya, Malisorn. Hay algo en ti que no me es confiable, una alarma que me grita tener cuidado contigo, así que te tendré vigilada, tal vez tu eres la criminal que hemos estado buscando por mucho tiempo — acusó Nop al señalarla con el dedo índice — es algo extraño que cuando estamos cerca de atrapar al asesino todo se desmorone, más aún cuando las víctimas son criminales, debe ser alguien de la policía estoy seguro.

Faye lo miró con una calma fingida, porque por dentro deseaba matarlo y tirarlo lejos. Pero se contuvo, no lo haría.

— Quedas advertida Malisorn. Te atraparé y cuando lo haga todos sabrán quién eres realmente.

Faye no respondió, solo contempló al joven. Sus labios apenas se curvaron en una sonrisa. Sus ojos adquirieron un brillo de diversión, inclinó levemente su rostro. Sus pupilas se dilataron levemente, pero solo eso. Por suerte para Faye y para desgracia del chico la puerta fue abierta por el jefe de la estación quien miró con enojo y reproche al chico.

— Nop, quedas fuera del caso, a partir de ahora estarás patrullando, estarás en las calles serás degradado de puesto — al ver que el joven iba a reprochar, alzó la mano y continuó — le has faltado el respeto a un superior, y eso muchacho insolente no se pasará por alto, ahora.. ¡fuera!

Faye miró a Nop y en un susurró dijo:

— Ya escuchaste... vete.

El joven soltó con brusquedad el brazo de Faye y salió dando un portazo. El hombre suspiró y miró con genuina preocupación a Faye.

— ¿Te encuentras bien?

— Sí señor, gracias por preocuparse, pero no fue nada. Solo está alterado por el caso, a decir verdad todos lo estamos, ¿no?

— Sí, pero eso no es un pretexto para que te traten así. Ninguna mujer debe ser tratada así, no bajo mi mando.

La risa relajada de Faye hizo que el hombre también riera un poco. Se sentó al lado de Faye y la miró no como jefe, sino como un padre mira a su hija.

— ¿Estás con todo esto? Se que debe ser algo difícil y estresante.

— A decir verdad estoy demasiado cansada, todo este caso me ha sobrepasado, solo llego a casa a dormir... si es que puedo. Aunque en todas las veces que estoy en casa me relaja, más la compañía de mi hermana, eso lo hace mejor. Por cierto te envía saludos, espera tu visita, dice que soy tu favorita — comentó divertida.

El hombre sonrió con ternura al recordar a la joven. Hace casi quince años había acogido bajo su protección a cuatro chicas bajo su protección, las chicas vivían en las calles. Al principio las había llevado a un orfanato, pero eso fue un error.

En el orfanato sufrieron diferentes tipos de abusos: las mandaban a pedir dinero a las calles, fueron golpeadas todos los días, y dos de las chicas fueron brutalmente violadas. Tras los hechos él se había enojado en gran medida y prefirió tenerlas a ellas bajo su protección, al no tener hijos, ellas fueron sus hijas a las que amaba con todo su corazón. Le alegraba que dos siguieran sus pasos, las otras dos chicas prefirieron tomar diferentes caminos en su profesión, sin embargo aún seguía sintiéndose orgulloso de sus chicas.

— Dale saludos de mi parte y dile que le pido disculpas por no poder ir a verla. Y dile que no tengo favoritos, yo las quiero a todas por igual, sin excepciones. Es más, este fin de semana las invito a comer un asado muy bueno, así que vengan todas a comer, ya le avisé a Engfa y a Ling, por eso venía aquí para invitarte y que le digas a Freen que venga, dile que no acepto un no por respuesta.

— Se lo diré, creo que le agradará ver a Carmen, ya sabes. Mamá le enseñó a pintar y todas esas cosas.

El hombre carcajeó al recordar la manera en que Freen siempre se la pasaba con su esposa. Siempre haciéndole miles de preguntas con respecto a la profesión de Carmen, quien con gran paciencia, cariño y amor contestó cada duda. Tanto así que le ayudó a aprender diferentes técnicas del dibujo y la pintura.

— Creo que es Freen la que tiene favoritos, no yo. Es ella — asentía con una molestia fingida, mientras se cruzaba de brazos— si señor, es ella. Es más ¡hasta tiene favoritismo entre sus hermanas!

— ¡Eso no es cierto! — contradijo Faye.

— Si es cierto, por más regalos y mimos que le demos a nuestra hermana menor, siempre te elegirá a ti — replicó Engfa que entraba a la sala con algunos documentos que le entregó al jefe de estación — la vez pasada le regalé un set completo de arte profesional y la muy desgraciada me dijo: “gracias hermana, eres la mejor”.

Faye comenzó a reír al recordar ese momento.

— No te enojes con la pequeña, sabes como es ella para demostrar su afecto con nosotras.

La expresión de Engfa se ensombreció por un momento, para luego volver a la normalidad. El sonido del celular de Faye interrumpió el silencio. Con un suspiro de resignación se levantó. Acomodó todas los documentos en las carpetas correspondientes.

— Tengo que irme, el trabajo llama — se despidió con un beso en la mejilla con las personas que la acompañaban — nos vemos luego.

Engfa y su padre se despidieron con un gesto con la mano. Cuando la vieron irse, Virel miró a su otra hija con una sonrisa.

— Bien, continuemos con el trabajo y una cosa... no vuelvan a hacerlo en la oficina es vergonzoso.

Engfa abrió sus ojos al comprender las palabras de su padre, su rostro adquirió un tono rojizo al verse descubierta.

— Da gracias al cielo que fui yo quien las descubrió que de haber sido otro... mejor no digo más.

— Dioses, que vergüenza — murmuró Engfa, al tener sus manos cubriendo su rostro.

Virel le dio unas palmadas en la espalda de forma cariñosa. Con orgullo dijo:

— Ahora sé que no eres quien recibe, eso es bueno. En fin, a trabajar.

Engfa salió de la sala sin poder ver a su padre. Caminó a su oficina sumergiéndose en su trabajo y olvidar lo dicho por Virel.



La música sonaba a todo volumen en el taller de arte. Freen pintaba al ritmo de la canción, era música clásica, escuchaba a Paganini, escuchar la ejecución de las cuerdas del violín le traían paz. Esa paz que fue interrumpida al apagarse su música, Freen volteó a ver quien había sido el responsable de que su paz se esfumara, pero al ver a su hermana mayor todo rastro de molestia desapareció.

— Por fin aparecer desgraciada, ya pensaba que me tenías olvidada y que estabas tan sumergida en el trabajo o que estarías entretenida entre las piernas de Yoko, ya sabes, con eso que te encanta el sexo... — comentó Freen de manera burlona. Pero al ver la cara de su hermana supo que su trabajo iba de mal en peor — ¿Cómo va el caso? ¿Ya atraparon a los malos?

Faye puso sus ojos en blanco. Besó en la frente a Freen a manera de saludo para después acostarse en el sillón que había en medio del taller.

— Ja, ja, ja. No me hagas reír. Tu mejor que nadie sabe quién es el culpable. En estas últimas te excediste un poco. Tanto así que tengo que cubrir tu trasero.

Freen dejó su pincel y la paleta de colores para centrar su atención en su hermana.

— La risa sarcástica no te queda hermana, necesitas entrenar en eso. Pero lo haremos luego, ahora quiero saber quién te hizo esas marcas en los brazos, ¿Quién fue el idiota que lo hizo?

Freen estaba más que molesta por ver las marcas de dedos en el brazo de su hermana. Ella odiaba con todo su ser ver a sus hermanas con heridas que no fueran de su trabajo. Nadie debería dañarlas, nadie que no fuera ella.

— Fue Nop, un joven novato. Cree que hay algo en mí que no me hace confiable — Faye bufó molesta — es un imbécil, pero no te preocupes, papá ya se encargó de él —

—Aún así no me gusta lo que te hizo. Nadie debe dañarte, ni siquiera un cabello.

— Lo sé, lo entiendo, pero como dije, no te preocupes que me encargaré de él. Aunque en algo tiene razón. No soy confiable. Mira que manipular las pruebas para que no seas atrapada.

Freen se encogió de hombros restándole importancia al asunto.

— Todos los días mueren personas, a cada segundo, incluso en este momento que estamos hablando ya murieron un par, ya sea por muerte natural o asesinato. Es uno más a la lista, no hay diferencia.

— Solo te pido que te controles un poco. Por favor, no quiero que Engfa sospeche o que Ling te deje de enseñar medicina. Solo... control, ¿está bien? — suplicó Faye.

Freen desvió la mirada a su pintura, meditando en la respuesta que le daría. Sopesó los pros y los contras de su futura decisión, pero si decía que “sí”, entonces se centraría en otras cosas para entretenerse. No le parecía difícil.

— Está bien. Solo lo haré cuando sea necesario. Ahora vamos a comer que la comida está más fría que mi vida amorosa y eso es decir mucho.

— No tienes novia porque no quieres, mujeres y hombres te sobran.

— Descartemos a los hombres por favor, que la última vez que estuve con uno fue una gran decepción. ¡Ni si quiera sabía donde estaba el clítoris! !Menos darme placer! — Freen se sacudió la ropa como si eso le quitara su mala experiencia — en cambio las mujeres son diosas, esas sí saben como y donde tocarte, hasta la manera en que se mueven es una delicia.

Faye no la contradijo, al contrario, apoyaba el comentario de su hermana menor. Ella más que nadie era admiradora del cuerpo femenino.

— Ahora dime, ¿Cuál es el nombre del próximo que enviaré con Pedrito?

Faye le pasó la carpeta con la información de la otra víctima. Al ver el nombre, Freen sonrió en grande. Por fin podría jugar con él, después de todo le había roto el corazón a su hermana Ling y eso lo pagaría caro.

Mientras Freen leía el documento, Faye prendió la televisión y lo puso en el canal de noticias en donde se informaba la liberación de un presunto pederasta. La corte lo había dejado en libertad por falta de pruebas. Detrás de él, por otra puerta salía la familia de la víctima acompañados de la reconocidas abogada Rebecca Armstrong.

Díganos, abogada. ¿Cómo se toma esta derrota?” preguntó un periodista.

Rebecca como siempre se mostró con un temple firme, con mirada franca y penetrante contestó: “Esta no es una derrota, es un robo, un ultraje. Apelaremos y lucharemos hasta que se haga justicia. A los niños no se les toca”

Fueron lo que escucharon. Freen al oír las palabras de la abogada sonrió en grande. Faye sonrió al ver a su hermana que admiraba a la abogada. No era un secreto para nadie que su hermana menor tenía un crush con la abogada, un amor platónico que llevaba algún tiempo tratando de ocultar.

Cuando Faye le había dicho que la abogada era amiga de ella, Freen se alegró. No dijo nada que sugiriera querer algún acercamiento o una salida. Lo único que dijo es “cuídala, ella es importante”, Faye no cuestionó, por suerte, la oportunidad de que se conocieran se había presentado. Pero eso no se lo diría a su hermana.

— Esta tarde vendrá alguien especial, un cliente que te conseguí. Es una mujer, está interesada en que le hagas una colección. Le di tu tarjeta, no se sí ya te habló.

—Lo hizo esta mañana, quedamos en vernos dentro de dos días en un restaurante cerca de aquí, será algo casual.

— Perfecto. Cuando le mostré tu trabajo me dijo que eras muy hábil con las manos, que eso a ella no se le daba, sino que sus habilidades eran otras.

— Interesante.

— Mjum... muy interesante.



En el otro lado de la ciudad, Victoria le preparaba el biberón a su hijo. Pero antes de dárselo le puso algunas gotas que aseguraban que actuaban rápido, sin efectos secundarios. Subió a la segunda planta y entró al cuarto de su pequeño que jugaba en la cuna con sus juguetes. El pequeño al ver a su madre comenzó a reír. Dejó sus juguetes a un lado y pidió con sus bracitos extendidos que su madre lo tomara entre sus brazos. La mujer tomó a su pequeño con delicadeza, se sentó en una mecedora que había al lado de la cuna. Acostó a la pequeña en su regazo y meciéndolo le dio a beber el biberón hasta que poco a poco se fue durmiendo.

Victoria dejó en la cuna a su hijo, cerró la puerta con cuidado de no despertarlo. Caminó a la habitación principal, en donde la esperaba su mujer, su otra mujer. Quien la recibió acostada en la cama totalmente desnuda y abierta para ella.

No perdió tiempo y se lanzó a los brazos de su amante, apoderándose de su boca en un beso lleno de un deseo desenfrenado. Con sus manos recorrió el cuerpo de la mujer. Su amante soltaba suspiros y jadeos llenos de excitación y placer al sentir los labios de Victoria en su piel.

Presurosa comenzó a quitar la ropa de la mujer que se mecía sobre su cuerpo, las prendas cayeron al suelo y se maravilló al ver el cuerpo de la mujer que la había cautivado. Sabía que era la amante, la otra. Que Victoria estaba casada, pero eso no le importó. Se obsesionó de la mujer que era su jefa, una mujer sexy, poderosa.

Conocía muy bien a la esposa de Victoria, pero no tubo el mínimo remordimiento en acostarse con Victoria, quien ahora le daba el mejor de los placeres al hacerla suya en la cama donde dormía con su esposa. Con la mujer que le había jurado fidelidad. Sin embargo sabía que eso pronto terminaría, al menos eso le había dicho su amante y ella... le creyó.

Ambas mujeres se olvidaron de todo y se entregaron al placer. Los jadeos y gemidos se apoderaron de la habitación. Se entregaron a la pasión del momento, como en muchas ocasiones lo habían hecho.



Becky estaba más que enojada en ese momento. Al llegar a su oficina tiró todo lo que tenía en su escritorio en un arranque de ira por lo que había ocurrido esa mañana en el juzgado. No podía entenderlo, todo demostraba que el caso sería ganado, que el juez daría su fallo al favor de ella.

— ¡MALDICIÓN! — exclamó, golpeó el escritorio con sus puños una y otra vez.

Los que estaban afuera se pusieron rígidos. Sabían lo sucedido. Muchos estaban enojados por el veredicto. La violación aun menor de edad nunca debe quedar impune, sino que debe ser castigado con una pena máxima. Todos sabían que había mano negra, soborno, corrupción, como le quieran llamar.

La ley había fallado a la víctima y a la familia.

Dentro de la oficina, Becky estaba como un animal peligroso en una jaula. Estaba desesperada por apelar, pero sería en otro momento. No ahora. Pero para hacerlo tenía que tener más pruebas convincentes, ya que según el juez, las que ella tenían no significaba nada.

Por su mente pasó el nombre de su gran amiga y que seguramente le ayudaría: Faye.

Faye era agente de la policía, era respetada con una gran reputación. Era su mejor carta, además utilizaría alguna que otra táctica para ganar el caso. Sin pensarlo más, marcó el número de Faye y esperó. Bastó dos tonos y escuchó la voz de su amiga.

— Hola querida nutria — saludó con voz cantarina Faye, luego adquirió un tono serio —me enteré esta mañana lo que pasó con el caso que llevabas, lo lamento mucho. ¿Cómo estás?

Becky soltó un profundo suspiro antes de responder.

— Mal. Tengo una mezcla negativa de emociones, quiero quemar todo, destruir todo, pero me contengo. Al fin de cuentas, debo ser razonable — respondió con amargura.

— Te entiendo. ¿Necesitas algo? — cuestionó Faye con preocupación — si quieres, podemos salir a comer para que te despejes un poco. Con mi hermana iremos a comer, únetenos. Estoy segura que eso te ayudará y podemos hablar con más calma.

Estaba por negarse cuando Faye continuó:

— Ven a comer con nosotras, Becky. Además, mi hermana es la artista que te mencioné. Así podrás platicar con ella sobre el encargo que quieres, algo te servirá para que te distraigas de todo.

— Esta bien. Mándame la dirección y estaré ahí.

— Perfecto. Nos vemos luego... nutria.

Becky colgó con una tenue sonrisa. Al terminar la llamada, miró que no tenía ninguna de su esposa, ni siquiera un mensaje. Eso se le hizo raro y a la vez le alivió un poco.

Arregló su oficina y salió del edificio. Subió a su auto y se dirigió a la dirección que Faye le había mandado. Se repitió una y otra vez que todo estaría bien.

Cuando llegó a la dirección enviada por su amiga se asustó un poco al ver el lugar al que había llegado. Era una bodega grande, al parecer en buenas condiciones por la fachada. Quería irse, pero vio la camioneta de su amiga estacionada al lado de otro auto. Eso le generó cierta confianza. Estacionó el coche, tomó unos cuantos minutos antes de bajarse y caminar a la entrada.

Antes de que tocara, la puerta se abrió mostrando a su amiga con una gran sonrisa. Faye la recibió con un gran abrazo, al alzó y le dio un par de vueltas.

— Bienvenida, Becky. Lamento cambiar los planes, pero la holgazana de mi hermana le dio pereza para salir —

Escuchó una queja ante lo dicho.

— ¡Eso no es cierto! Solo que hay mucha gente en la calle como para querer salir. Así que para que salir cuando puedes pedir a domicilio y no estar con la chusma — comentó una joven que se acercaba a ellos.

Becky miró a la joven. Un “wow” salió de su boca al ver a la chica frente a ella que la saludaba con una gran sonrisa. Era una persona sumamente hermosa, su piel parecía de mármol. Era como si fuera una muñeca de porcelana, delicada.

— Disculpa las sandeces que dice mi hermana, pero es comprensible. Su hámster no corre lo suficiente para que piense como es debido. Mi nombre es Freen, es un placer conocerte, Becky. Mi hermana me ha hablado mucho de ti, solo que en algo falló de manera garrafal.

Becky le sonrió a la chica. Su voz era delicada, inocente. Escucharla era relajante.

— El placer es mío. Por fin conozco a la famosa Freen. Igual Faye me a hablado de ti, solo que maravillas. Pero, ¿Cuál es su error?

— Ella me dijo que eras hermosa. Me describió como eres físicamente y por lo visto, no te hizo justicia. Pareces un ángel, tienes una belleza irreal. Una que merece ser retratada y que todo el mundo admire.

Becky se sonrojó ante lo dicho por Freen. Desvió su mirada hacia otro punto de la habitación. Escuchó la risa de su amiga, provocando que se sonrojara más, si eso era posible. Murmuró un “gracias” débil.

— No debes agradecer. Es lo que eres para mí. Pero dejemos eso de lado, por ahora, entra y ponte cómoda, estás en tu casa... bueno, taller... creo — murmuró Freen con su ceño fruncido, un gesto que hacía cuando algo la confundía — ¿Quieres algo de tomar? Tengo jugo de diferentes sabores, dulces por si quieres comer. Lo que se te antoje, solo pídelo y lo tendrás.

Becky le pareció tierno el gesto de Freen, que hablaba con alegría al tener una visita. La joven le parecía una chica tierna, con una inocencia pura, y sobre todo, hermosa.

— Prefiero jugo. Gracias.— contestó mientras entraba al taller.

— ¿Y a mí no me ofrecerás nada? — preguntó Faye.

Freen que iba de camino a la cocina le respondió sin voltear a verla.

— No. Becky es especial, tu eres mi hermana. Eso responde todo.

“Pendeja” susurró Faye. Sabía como era su hermana con las visitas, siempre huía cuando llegaba gente desconocida. No soportaba estar mucho tiempo con ellos. Por eso cada que tenía que reunirse con un cliente, las reuniones tardaban menos de quince minutos, no más. Pero con Becky fue diferente y ella sabía la razón, después de todo, la abogada siempre a sido el amor platónico de Freen.

La abogada, que había entrado al lugar, miró todo con sorpresa por ver todo el lugar manchado de pintura. Un lugar sumamente colorido, con cuadros dispersos en la sala. Cuadros que mostraban desde un hermoso paisaje relajante, donde transmitía paz y seguridad, hasta cuadros grotescos, mostrando escenas llenas de violencia y la maldad humana.

— No sabía que tu hermana pintara ese tipo de cuadros — habló Becky con sorpresa mientras observaba un cuadro que le transmitía sentimientos negativos: miedo, desesperación, enojo. Era algo fascinante como aterrador para ella.

— Freen pinta todo sin excepciones. De alguna manera el pintar estos cuadros le ayudan a superar su pasado. Sabes muy bien mi historia y la de mis hermanas, pero Freen es la que más sufrió.

Becky no preguntó más. Recordaba perfectamente la historia de Faye y sus hermanas que tenía el gusto de conocer, menos a una. Ahora entendía el por qué. Le parecía una injusticia lo que vivieron, pero le dolió más el saber que de todas, la chica que llevaba una sonrisa brillante fue la que más sufrió.

— Por eso tiene esa forma de actuar — no fue una pregunta, sino una afirmación. Al ser abogada, sabía como afectaba los abusos a las víctimas, especialmente a los menores de edad.

Faye se lo confirmó con un movimiento de cabeza.

— Aquí está su jugo, bella dama. Toma asiento, pronto vendrá la comida — anunció Freen.

Becky hizo lo que dijo la artista que la miraba con curiosidad y algo más que ella no entendía.

— Quiero que hablemos de mi solicitud sobre el trabajo que te encargaré.

Le sorprendió ver el cambio de actitud de Freen. Ver como esa postura relajada, su sonrisa amable desaparecía, siendo reemplazada por un rostro serio, sin expresiones. Su postura recta, cruzó sus piernas y apoyó su codo en su rodilla. Mirandola con franqueza. El cambio la descolocó.

— Claro, dime como deseas el cuadro y con gusto pasaré mis pinceles junto con mi tinta sobre el lienzo. Prometo que haré un trabajo con mis manos que nunca olvidarás, es más, estoy segura que querrás más de mis trabajos — su voz fue serio, con un toque sensual. Algo que hipnotizó a Becky sin poder evitarlo.

Faye que estaba sentada a un par de metros, miraba con diversión la interacción. Sin duda alguna, jugar con la abogada era divertido.

— Sí, bueno... quiero... un.. quiero un cuadro grande, donde pintes el retrato de mi familia, quiero que sea perfecto. Será un regalo de aniversario.

Freen maldijo en su mente al escuchar que la abogada estaba casada. Lo sabía, pero lo odiaba. Sin embargo no se mostró su disgusto. Su rostro permanecía impasible.

— Por su puesto. Solo dame una fotografía y con gusto lo haré. Lo tendré en un par de semanas, me llevará algo de tiempo en los detalles. ¿Quieres que te lo lleve a casa o prefieres venir a recogerlo?

Becky lo pensó un momento, le gustaría que su esposa abriera su regalo junto con otra sorpresa más.

— Quiero que lo lleves — sacó un pequeño papel en donde anotó su dirección —llévalo ahí. Dime cuanto será para que te de un adelanto.

— No será necesario. Cuando el cuadro esté terminado me pagarás. Por mientras... no. Aunque me gustaría saber cuántos años llevas con tu... pareja.

— Quince años, nos conocimos en la secundaria.

Freen asintió satisfecha con la información. Faye sonrió con disimulo mientras iba por la comida que había llegado. Sabía lo que su hermana haría y estaría más que feliz en ayudarla. Necesitaba recrearse con su hermana menor. Lo necesitaba.

Escuchó como su hermana la felicitaba por su matrimonio. “Vaya mierda” murmuró al ver el tic de Freen, conocía demasiado a su hermana para reconocerlo. Solo esperaba que no sucediera nada nada malo.

— Por cierto, necesito tu ayuda, Faye. Quiero que me ayudes en el caso de abuso sexual. Dejaron libre al violador y eso no puedo permitirlo, la ley le falló.

Faye que regresaba con la comida, la miró por un momento pensando en si hacerlo o no. Ya tenía mucho trabajo con cierto asesino, el ayudar a su amiga sería una carga más.

Freen miró la lucha de su hermana, sabía como era Faye, así que sin más habló:

— Acepta, te ayudaré en lo que pueda. Hablaré con los contactos que tengo para que todo te sea más fácil, después de todo hay personas que me deben favores.

— Me sorprende y agradezco tu actitud, Freen. Pero es un caso importante, me temo que no puedas ayudar — comentó Becky.

Las dos hermanas rieron.

— Así como ves a mi conejito que le gusta pintar y hacer arte con sus manos. Es una excelente investigadora. Tiene una intuición que rivaliza con la mía, estoy segura que si trabajara en la policía ella sería mi superior, comandante, agente, yo que sé. Es una estratega innata. Créeme que si mi conejito nos ayuda, podrás ganar el caso. Tiene métodos muy convincentes.

Freen se encogió de hombros como si no fuera nada importante.

— Siendo así, me encantaría tu ayuda.

— Pero para eso, debemos estipular horarios para trabajar. Debemos hacerlo juntas y por separado. Si te parece bien — propuso Faye.

Freen miró a su hermana con una sonrisa apenas perceptible. Sabía que Faye le ayudaría. Sin embargo, no sería necesario su intervención. Pasaron el tiempo planeando lo que harían los siguientes días. Al cabo de dos horas, Becky se despidió de ambas hermanas. Le había agradado conocer a Freen y la doble faceta de ella. Aunque estaba segura que la chica sería una caja de sorpresas.



Becky entró a su casa exhausta. Le sorprendió no escuchar algún ruido, todo estaba en silencio. Se preguntó dónde estaba su esposa. Subió las escaleras para cambiarse y ver a su hijo. La casa estaba vacía, no había ningún trabajador. Eso se le hizo extraño, aún era de día como para que no estuvieran haciendo sus deberes.

al caminar por el pasillo que llevaba a las habitaciones, decidió entrar al cuarto de su pequeño. Entró en silencio para no despertar a su bebé en caso de que estuviera durmiendo y así era. El pequeño Alexander dormía plácidamente. Caminó con una sonrisa en su rostro al ver la tierna imagen de su bebé dormido. Pero esa sonrisa lo borró de su rostro al ver en la mesa de noche que había al lado de la cuna, una caja de medicamento. Se preocupó al pensar que su hijo estaba enfermo. Agarró la caja y al ver el nombre del medicamento un sentimiento de ira comenzó a apoderarse de ella.

En sus manos estaba lo que se le daba a las personas con insomnio. Era un medicamento que solo se le da a los adultos y no a los niños. Preocupada comenzó a despertar a su bebé que no respondía. El miedo comenzó a apoderarse de ella. Con manos temblorosas marcó al número de su pediatra.

— ¿Bueno?

— ¡Necesito su ayuda urgente... por favor! — exclamó con desesperación. Su voz era temblorosa.

— Dime que pasa Becky, ¿Qué sucede?

— ¡Es mi hijo, mi pequeño no responde! Le dieron medicinas para dormir. Pero es para adultos, no se que dosis le dieron pero no despierta.

— Tráelo de inmediato. Lo examinaré y te diré que sucede.

Becky colgó, tomó a su hijo en brazos. Corrió a su habitación para agarras la bolsa del bebé que tenía para emergencias, pero al entrar a la habitación, la imagen que vio le destrozó el corazón. Su esposa, su amada Victoria yacía en la cama en brazos de otra mujer, ambas estaban desnudas, durmiendo con placer.

Toda la habitación olía a sexo y sudor. Solo sumó uno más uno y obtuvo el resultado. No gritó, no habló, no hizo drama. Simplemente se dio la vuelta con su hijo en brazos y salió de casa.

Condujo hasta el hospital, donde atenderían a su pequeño. La pediatra, sin perder tiempo llamó a un equipo especial para que le ayudaran con el niño. Cuando le preguntó a Becky el tiempo que llevaba así el menor, ella no supo responder. Dijo que lo había encontrado así, dormido.

Becky jugaba con sus manos desesperada. La tuvieron que sacar de la habitación para poder proceder, esto porque al ver su desesperación podría interrumpir en el mejoramiento del menor.

Ling, que pasaba por el área de pediatría para ver a su esposa, vio a Becky, pensó en saludarla, pero al ver el rostro desencajado, sus ojos rojos irritados por el llanto, se acercó preocupada.

— ¿Qué sucede, pequeña?

Becky, entre tartamudeos contestó:

— Mi hijo, él está ahí adentro... juro que no sé que pasó. Pero cuando lo encontré pensé que estaba durmiendo, le dieron medicamentos para adultos y no se en que dosis ni a que horas, yodo para que... para que...

— ¿Para qué? Becky

— ¡PARA QUE ESA MALDITA SE ACUESTE CON SU AMANTE! — gritó mientras su cuerpo temblaba de ira, decepción, frustración, dolor y otros sentimientos que se mezclaban

Ling parpadeó sorprendida ante la revelación de su amiga. Pero su sorpresa pasó a segundo plano cuando entendió lo que dijo la abogada. Habían drogado al menor, al pensar en eso sus ojos se volvieron completamente negros, sus pupilas se dilataron. Un estremecimiento recorrió su sistema nervioso. Sin poder evitarlo, recordó las veces que hicieron eso con ella y una furia crecía dentro de ella.

— ¿Quién... lo hizo? — su voz salió ronca, sus puños estaban apretados, tanto así que sus uñas se enterraron en la palma de su mano. No le importó.

— Victoria...

Ling asintió. Sabía quien era la esposa de Becky, era una empresaria reconocida a nivel nacional, gozaba de un excelente prestigio. Ante la sociedad era una mujer educada, con clase, respetuosa, honesta, una gran madre y esposa. Lo que ahora veía que no era cierto.

— ¿Tienes dónde quedarte?

Becky asintió.

— Me quedaré en algún hotel de la ciudad con mi hijo. Luego hablaré con mis abogados para el divorcio. No pienso ignorar el hecho de que hayan drogado a mi hijo. Sé que si denuncio ella saldrá bien librada. La justicia favorece a los ricos, a gente con poder, a personas como ella, pero no lo dejaré impune.

— ¿Qué piensas hacerle? Por lo de tu hijo.

— No lo sé, quiero... matarla pero...— exhaló y suspiró llena de cansancio.

Ling la entendió. Sin embargo se acordó de alguien que no soportaba estos casos, ella actuaba con precisión. Sin fallas. Sin dudas. Era fría. Sanguinaria.

— Mejor quédate en un lugar donde ella no pueda encontrarte por el momento. A las afueras de la ciudad, hay una bodega que mi hermana menor lo utiliza como su casa o guarida según ella. El lugar es muy amplio y limpio en lo que respecta a vivir. Nadie más va ahí. El lugar es seguro. Mi hermana se ha asegurado de eso. Te recibirá sin dudar.

Becky supo de quien le hablaban, pero no quería molestarla, apenas la había conocido.

— Es Freen, ¿verdad?

Ling asintió.

— Apenas la conocí hoy. No quiero invadir su espacio.

— No te preocupes por eso. Como dije, ella estará encantada de tenerte ahí. Además le agradas, me comentó que te conoció y le gustaste. Es una buena señal. Prometo que estarás segura. Sino puedes hablar con Faye, aún sigue con Freen.

— Gracias.

— Cuando me necesites ahí estaré.

Ling no dijo más. Se quedó acompañando en silencio a Becky hasta que se fuera, no deseaba dejarla sola. No ahora que sabía de los planes que Freen tenía. Esperaron por un largo tiempo, hasta que Becky pudo entrar de nuevo al consultorio y escuchar todo lo que la pediatra le dijo.



Freen miraba una caricatura, mientras que Faye leía a su lado. Estaban relajadas cuando escucharon un auto estacionarse. Freen se sobresaltó, miró su hermana con dudas y preocupación. Faye tomó su arma y apuntó a la puerta, lista para disparar al intruso. Freen revisó las cámaras de seguridad, con mil preguntas en su rostro.

— Es Becky — informó Freen con el ceño fruncido.

Abrió la puerta y miró a la abogada. Becky tenía el cabello desordenado, su ropa algo arrugada, sus ojos irritados por llorar. Se veía lamentable, pero hermosa a su parecer.

—¿Qué pasa Becky?

— ¿Puedo pasar?

Freen se apartó dándole paso a la mujer que en sus brazos cargaba a un niño.

Faye se levantó de su lugar y miró preocupada a su amiga, quien les relató todo lo que había pasado. Al escuchar el relato, las hermanas tuvieron que controlarse para no tener un arranque de ira. En la mente de ambas, recreaban diferentes escenarios pero con un mismo resultado.

— Puedes quedarte aquí el tiempo que necesites. No tengo problema con eso, cuando vayas a tu trabajo puedo acompañarte y cuidarte si lo deseas— accedió Freen — además, si quieres vengarte de esa escoria, cásate conmigo, y no estoy bromeando. Le darás en su ego. En donde más le duele.

— No, es una locura.

— Para mí no. Es simple. Cásate conmigo, Becky. Debes humillar a esa maldita, darle donde más le duele. Ella tiene una amante, tenla tu también, aunque sea falsa. Cuidaré a tu hijo como mío. no le haré daño al niño, no está en mis reglas. Te protegeré y ayudaré en tu venganza.

— Mi conejo tiene razón. Cuando alguien es poderoso, su ego lo tiene alto. Dale ahí, será nuestro punto de partida para destruirla por lo que le hizo a tu hijo. Lo drogó para revolcarse en la cama con otra por quien sabe cuanto tiempo. Acepta, Becky. Lo haremos ver como algo correcto, la moneda tiene dos caras. Mi hermana puede jugarlo a la perfección.

— Acepta querida. Armaremos la historia. Tú... serás la mujer que fue engañada y humillada por su esposa, una mujer que se libró de otra que fue capaz de drogar a su hijo en diversas ocasiones, quien encontró un amor verdadero, una familia de verdad. Colocaré las piezas como tú desees.

Becky pensó en la idea. Sabía que denunciarla no serviría de nada. Conocía bien a su esposa. Y ellas tenían razón. No sabía si era la primera o segunda vez que lo hacía. Tendría que tomar cartas en el asunto. Sopesó la idea que le planteaban. Al final de cuantas, Freen era una artista con fama internacional, respetada. Lo que su esposa no tenía.

La idea se iba armando en su mente. Le gustó lo que se veía para el futuro. Becky extendió su mano a Freen quien la estrechó con una gran sonrisa.

— Es un trato querida... esposa — murmuró Becky.

— Es un trato, querida.

El juego había comenzado.

La moneda tiene dos caras y Becky las descubriría.

En especial un lado. Uno que no le gustará...