SOL Y LUNA

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Summary

En un reino cubierto por la nieve eterna, donde la luna gobierna sobre un cielo sin sol, nace una niña de ojos negros y corazón helado: Lilith, la hija de la luna, la flor plateada que florece en medio de la muerte. Bendecida con el poder de dar vida —y condenada a destruirla—, camina entre la belleza y el horror de un mundo que la teme tanto como la venera. Una novela oscura, poética y trágica sobre el poder, la inocencia pérdida y el dolor de existir.

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
16+

En el Bosque Oscuro

Es una historia antigÜa, tan desgastada que duele contarla, y en cada relato algo de ella se pierde. Como un fantasma que ha vagado demasiado tiempo en la luz, un alma cansada de andar, una voz que ya no puede gritar; sus recuerdos ya no tienen nombre, han perdido el rostro, mientras su esencia se filtra como arena entre las letras.

Pero, vale la pena contarla una vez más, antes de que mi propia existencia se extinga, antes de que mi corazón se vuelva tan viejo que un solo suspiro signifique un dolor inmenso, antes de que mis ojos dejen de apreciar la vida o mi boca se seque con los tragos amargos que me ofrece el tiempo y las palabras mueran por dentro, antes de que se rompa el delgado hilo de mi cordura... antes de morir.




El reino se adorna en secretos y se viste de sombras. La oscuridad apenas rota por el manto de estrellas que se extiende hasta los limites del bosque; son los susurros de vidas inocentes, puras o demasiado efimeras; murmullos que alaban a la corona, la luna su reina.

Bendecidos con magia y una luz suave y fría, luz blanca que colorea su piel y besa su alma.

El viento helado le susurra al cielo, un silbido al pasar entre las ramas de los árboles muertos. Ahí, en medio del invierno perpetuo, una florecita crece entre la nieve y la tormenta, entre secretos y engaños, entre el amor y la traición. Su piel, igual que porcelana, con las mejillas ligeramente rosadas y los labios en un suave carmesí; sus ojos se asemejan a un infierno negro, eterno tormento, sin sueños, anhelos o pasiones; y su cabello, como la noche que envuelve a la luna, largo hasta la cintura.

Vestida de blanco, cubierta de flores hechas de lamina de plata, como espejos de luz que reflejan su alma. Casi un fantasma, tambaleante en la soga de la vida y la muerte.

Arrodillada entre la nieve, cristales de agua cual agujas que se entierran en su carne. El aire se congela, inhala profundo, duele, mantiene, se desgarra. Solo así se siente dueña de su vida, de sus sueños y reina de sus anhelos, como quien controla su paz y su tormento, quien manipula todo pensamiento e impone su voluntad sobre el resto.

En ese trance, pequeñas esferas de luz emergen de sus palmas, igual a copos de nieve que descienden con la misma gracia que una gota de sol. De entre la tierra muerta, desprovista de todo rastro de vida, nace el milagro de una flor de pétalos color plata. Una tras otra la rodean, fuente de vida, razón de su existencia.

De entre todas ellas escoge la más bella. La punta de sus dedos acarician los petalos, descendiendo lento sobre el tallo. Pareciera que la flor tiembla, anticipando su muerte; tan corta que ha sido la vida para ella, que en su memoria apenas recide el recuerdo de su nacimiento.

Princesita de escasa misericordia, ausencia de empatia, portadora de luz y vida. Saboreas el aroma que te trae el viento, en tus labios el caramelo añejo. Estár cerca de ti es morir lento; contigo los años me pesan, tanta agonia atascada en mi pecho, mientras tú te regozijas en juventud eterna. A tu lado me convierto en una estrella opaca, sin magia.

Sus dedos se cierran sobre el tallo, está por arrancarlo.

Atendiendo a su deseo, un poco más de tiempo, siquiera un par de segundos más bajo la luna, sobre la nieve, entre lo eterno y lo breve...

Lilith es arrancada de sus sueños. Un par de manos se aferran a su cintura, tirando con la suficiente fuerza para arrastrarla fuera de sus pensamientos. La punta de su dedo indice acaricia una de las espinas, puntiagudas como una aguja. Su piel palida y lisa como porcelana genera un contraste hermoso con el rojo intenso que emerge desde dentro. Gotitas de sangre caen sobre la nieve, silenciosas pero imposibles de ignorar. Son un escandalo de color en un mundo de negro y blanco.

Florecita color plata, si tan solo hubieses aceptado la muerte... Ahora te retuerces.

Belleza fugaz, su tallo crece, se estira y endurece, tal cual un pequeño arbol de hojas brillantes. Pero el destino es certero y ante su negativa un castigo severo; sus ramitas se tuercen y enegrecen, el viento acaricia su agonia, llevandose su vida. Es lento, por dentro un tornmento, pero muere en silencio, ... Un aroma a podredumbre se expande, las ramas han adoptado una forma casi dolorosa de ver, negras y duras; el aire tiene sabor a ceniza, ahora no queda ni una hojita. Un último deseo al cielo que en un silbido es arrastrado por el viento, como un susurro de muerte, un lamento.




-Mierda! Lilith! Se te ha dicho mil veces que no te alejes demasiado cuando estámos tan cerca de la Ciudad de las Estrellas

Una mujer de aspecto cansado y enfermo se lleva a Lilith a través de la nieve. Su voz es áspera, agotada, y su respiración apenas estable. Fumadora que jamás ha probado cigarro

-Cecil, ¿por qué no dejas que te sane?

Su corazón duele, se retuerce en el eterno sufrimiento que le ha causado ver a esa niña crecer. Cada palabra pronunciada es una astilla hueca, el humo que perfora sus pulmones.

-¡Ah! - carraspea - ¿Y qué dirá la gente? ¿Eh? Sobre que una mujer tan enferma como yo haya sanado de un momento a otro

-Entonces, usa las medicinas que te ha ofrecido mi padre, sanarás en al menos un mes.


<< ¡No lo soporto, no lo soporto! ¡Quiero que mueras, demonio! Tu falsa inocencia, tus sonrisas fugaces. La verdad yace oculta detras de esos ojos! engendro de la misma muerte, del odio y de mi vientre maldito... >>


-¿Es que aún sientes que le debes algo a mi m.. -

Cecil la suelta de un manotazo, haciendo trastabillar a la niña, pero su rostro sigue impacible, marcado por una serenidad abrumadora depositada en sus facciones.

-Enfermaste, enpobreciste, el gobierno te marcó, eres solo un número para el resto de la sociedad... Si pudieras curarte, todo eso terminaría, ¿tu moral y culpa son así de fuertes?


<< En su cuerpo ya no habita el sueño de amor que profecé alguna vez. No queda nada...quizás nunca hubo algo en primer lugar...Y aún así, verte es como morir por dentro>>


Se relame los labios, frios, rotos. Su rostro se contrae en un gesto de incredulidad y fastidio, casi es posible notar la nostalgia y melancolia que se oculta detrás. Finalmente la tensión en los hombros de Cecil se desvanece un ápice, acompañando un suspiro a sus palabras no pronunciadas.

-señorita... - apenas un murmuro - ¿Acaso...?

Una sonrisa, tan solo eso basta para que cualquier chispita de esperanza muera en el viejo corazón de Cecil.

Las comisuras de los labios de Lilith se estiran en una sonrisa maliciosa, mostrando por apenas unos segundos el sutil brillo de sus dientes tan blancos que parecen hechos de perlas. De su boca se escapa una risa burlona. Rueda los ojos, suspira y adopta una postura engreída. Cruzada de brazos la mira de arriba a abajo

-No, para nada. No te hagas ilusiones, no me interesas. Simplemente creo que decisiones así son demasiado estúpidas.


<< Tu aliento era mi anhelo, contemplar tus ojos mi único deseo. Eres mi eterno duelo, te perdí antes de conocerte. Daría la vida por recuperar lo que nunca tuve, vendería mi alma si con ello se me concediese la certeza de que, al menos por un segundo, estuviste ahí>>


Oculta detrás de la inocencia eterea, reside una crueldad tan profunda que escapa de la maldad intrínseca del ser humano. Tejedora de pesadillas, hija de la luna y la obscuridad, donde el sufrimiento es tan normal como respirar. Profesa el miedo como el más sagrado tormento y la tortura un consuelo.

Lilith continúa caminando, Cecil se queda atrás, con un nudo en el estómago. Tose, gotitas de sangre tiñen la nieve de un rojo oxidado.

Casi a la mitad del Bosque, la oscuridad parece más densa pese a estar la luna justo sobre sus cabezas. Las ramas torcidas y secas forman sombras sobre la nieve, telarañas de una araña en invierno.

- ¿Te lo imaginas?

Sus palabras son un murmullo tan bajo que Cecil casi se lo pierde. Melodia de muerte, suave y atrayente, ¿cómo una sola voz puede provocar tantas emociones a la vez?

- Hace cientos de años, cuando la luna y el sol compartían un mismo cielo, cuando las estrellas caían y se te concedía un deseo...

-Las estrellas todavía caen del cielo, Lilith

Rueda los ojos y resopla, una actitud tan infantil que, al menos por un instante, parece humana, parece niña.

- Pero los deseos no son gratis - su voz un susurro bajo cargado de un rencor afilado.

-Sabías perfectamente que estaba aquí

-¿Y qué si es... cof..cof... - Su fragil voz se ve opagada por la sangre que emana de su garganta y se derrama sobre la nieve.

Cecil se relame los labios, recuperando parte de ese rojo oxidado que se le ha escapado.

-No te esfuerces, o moriras aquí mismo...

Carraspea, tose, respira hondo y se le atora el aire pese a tener los pulmones agujereados; así una y otra vez hasta encontrar algo de estabilidad.

- No...no importa dónde vaya.. estar con usted... cuidar de usted... es mi trabajo, princesita

- Pff...Si, claro, que noble de tu parte... Hasta podría llamarte ma-má - la palabra es como una daga al corazón, que se gira con el cuidado de una llave en una cerradura vieja, o el pasar de las hojas de un libro antigüo

- NO! no te atrevas... - trastabilla en su hablar; en sus ojos todavía vive la ilusion, empapados en nostalgia, nublados por la sombra de un fantasma, un recuerdo fabricado por las profundidades del inconciente, donde gobierna la esperanza dotada de estupidez. - no sé quien eres...- murmura. No era eso lo que queria decir, ni lo que ella quería escuchar.

Ahora su rostro se ha ensombrecido.

- Solo bromeaba... - una sonrirsa que no llega a sus ojos. Suspira. - Si que eres idiota... ¿eres una martir o algo así?

En su respiración se escucha un silvido doloroso. Sus labios lucen un morado enfermiso y el contorno de sus ojos se ha teñido de rojo. Cecil parece un cadaver grisaceo que todavía respira.

- De a poco se te acaba la vida...

No le responde, solo se arrodilla. Con la mirada perdida entre la nieve que empapa su ropa vieja y rota.

Lilith imita su postura, aunque de una manera mucho más suave, como si se tratase de un perro herido al que hay que acercarse con cautela. Sus rodillas se hunden en la fría capa blanca que cubre la tierra. Cecil parece reaccionar de golpe, levanta la vista y la imagen de la niña se distorciona multiplicando su rostro, copias baratas y borrosas.

-No haga eso! se va a lastimar...!

Lilith extiende su mano hasta tocar la mejilla de Cecil, quien calla al instante con el gesto. Sus ojos no la enfocan, se mueven inquietos, perturbados y como siepre, melancolicos.

-¿No te das cuenta?- su voz adquiere un tono tan suave que se siente como un balsamo para las heridas en el corazón viejo y agrietado de Cecil - Yo estoy más que perfecta... pero tú...tu cuerpo es tan debil que moriras en segundos...

La pequeña y única lagrima que rueda por su mejilla, se congela antes de tocar la nieve, como una bolita de granizo o un pedacito de cielo.

-Tal vez... en tu próxima vida, puedas tener a la hija que tanto soñabas... - Cecil sonríe por unos segundos. No aprende, no entiende, pero al menos, por un momento, encuentra paz

-La proxima...- su voz baja un tono, apenas audible, apenas un murmullo, tan suave que acaricia el oído de Cecil - no permitas que te la roben...o que la maten




Desde la Ciudad de las Estrellas, la parte más alta del reino, se pueve ver una manchita blanca brillante, muy muy lejos, pero ahí esta, como una luciernaga que destaca por sobre todas las estrellas... Una nuve cubriendo el Bosque de las Tinieblas

-¿Donde se metió esa brujita?!- murmura Shallot, mientras sostiene una larga copa de cristal que contiene un bonito liquido brillante

-Creo que puedo hacerme una idea...- en los ojos marrones del hombre junto a ella, se refleja el destello de la luciernaga bislumbrada a la distancia.