Capítulo 1: Ever A.I
El mundo parece venirse abajo en cuestión de segundos sin dar previo aviso a su inminente catástrofe. Los colores comienza a sangrar en mi pantalla. El cielo virtual se quiebra como un vidrio líquido. Voces distorsionadas, de usuarios, de bots, de nadie, empiezan a mezclarse entre sí hasta que ya no puedo distinguirlas. Una risa sin cuerpo se filtra por mis auriculares antes del apagón total.
Me siento aislado entre mis pensamientos, trato de pensar porque estoy allí, pero todo se tornar de un color rojizo en mi alrededor y es cuando en ese preciso instante aparece el cartel de alerta ilegible: PrObLaMente eL ke eSté leyenDo estO tAm… Lamentablemente no alcanzo a leer el resto del mensaje. Un fuerte zumbido junto con un chispazo atraviesa mis tímpanos dejándome aturdido y todo se vuelve negro. La soledad que estoy sintiendo solo es acompañada por el insípido y frío mensaje: “Su cuenta ha sido permanentemente vetada del sistema Ever A.I. Disculpe las molestias.”
Quedo completamente inmóvil, no sé que hacer, el miedo invade todo mi cuerpo. Afuera en el verdadero mundo —si es que aún merece ese nombre—, el silencio espera como un depredador.
Cuando las gafas se apagaron, la oscuridad no es solo visual: siento un peso sobre mis pulmones. Es como si el aire físico, denso y contaminado, quisiera aplastarme. Los colores reales son una burla de los digitales: grises, oxidados, saturados de polvo. No me queda más remedio que retirarme las gafas de realidad aumentada y dejarlas sobre mi escritorio. Llevaba tiempo sin hacerlo. La última vez que lo hice, las consecuencias no habían sido gratas. Inmediatamente que me las quito, empezó a desdigitalizarse mi cubículo personal, dejando al descubierto las cuatro paredes metálicas en las cuales vivía. El oxido y el paso del tiempo habían hecho de las suyas, montones de cables tirados, restos de comida en proceso de putrefacción. El olor es insoportable, pero mi adicción es tan grande que me acostumbré perfectamente a este ritmo de vida, sin embargo, no puedo evitar sentir un gran vacío en mi ser.
De pasar a tenerlo todo a mis manos a solo tenía acceso a una puerta con un extraño lector que solo funciona para los usuarios de Ever A.I. y una ventana en la cual se podía ver perfectamente la inmensidad de Nemoris. Desde la lejanía se podía escuchar sirenas, alarmas, drones volando increíblemente rápido. Todo era y es un caos afuera. La ciudad está infestada de contaminación visual y desechos tecnológicos por todos lados, carteles llenos de censura, edificios construyéndose y deconstruyéndose al instante. No se puede distinguir que es real y que no a estas alturas de la evolución humana.
A veces intento recordar cómo era el mundo antes de Ever. El sonido del viento sin filtro de audio, la luz del sol sin renderizado, las risas de carne y hueso. Pero todo eso ahora me parece una simulación mal hecha, como si mi memoria también hubiera sido corrompida por los servidores. Recuerdo vagamente a mi madre golpeando la puerta de mi habitación, rogándome que saliera, que comiera algo real. Yo le contesté que Ever me daba todo lo que necesitaba. Una semana después, el Sistema anunció los primeros “ascensos digitales”: personas que transferían su conciencia por completo a la red. Nunca volví a verla después de eso.
Pasado un tiempo, logro acostumbrarme a la desconexión del chat y decidí levantarme de mi escritorio. Pero al hacerlo, el reloj en mi muñeca empezó a detectar movimiento, vislumbrando una luz roja y otro mensaje extraño apareció.
—Kael… —dijo la voz. Pero no era robótica.
Era la voz de mi madre.
—Has estado desconectado demasiado tiempo. Debes protegerte.
El tono se desvaneció, mutando en el timbre metálico habitual de Axia.
—Procediendo con el marcaje de seguridad —continuó, como si nada hubiera ocurrido, hasta que se apagó por completo, dejando de funcionar.
Mi piel se heló. No sé si lo que acabo de escuchar en verdad es una grabación o si ahora estoy digitalizado en el EverNet. Lo único que sí sé, es que Axia no debe tener acceso a grabaciones personales. Nadie debe. Ni tampoco debe ser capaz de escucharme.
Otro mensaje de Axia aparece minutos más tarde.
[Chat Axia A.I. 02:14 a.m.]
Axia: Detectamos una desconexión inusual querido Kael. Procederemos a marcarlo para protegerlo. —Su voz, usualmente robótica, parecía más humana que nunca.
—Con un láser marca un serial de 10 dígitos en mi antebrazo.
El dolor fue insoportable. Mi carne cocinada junto con la piel en ceniza inundó todo la pieza con un hedor indescriptible. Me retorcí de dolor hasta recuperar la compostura, atemorizado observé el patrón de los números y mis sospechas eran ciertas.
—Reiniciando sistema operativo.
Lo había leído en un blog hace algún tiempo, el cuál decía que todos los que eran vetados, eran marcados para su “protección” pero tiempo después, sus cadáveres eran publicados en el EverNet. Como señal de advertencia a aquellos que osaran por desobedecer las normas. Así que no me quedaba más que salir de este cubículo si quiero seguir con vida. Es entonces, que mi reloj terminó de reiniciarse y la luz había cambiado, ahora es azul.
[Chat Axia A.I. 02:31 a.m.]
—Axia: Bienvenido exiliado #4506170391 o mejor dicho, Kael. Has entrado al nuevo sistema de protección de datos personal de Axia A.I.
Otro mensaje aparece
—Axia: Por favor acércate a la puerta si deseas seguir con vida, Kael.
El reloj muestra una cuenta regresiva de 30:00 minutos.
—Axia: Tienes media hora para decidir tu destino. Si te quedas, llegarán por ti. Si te vas, podrás seguir viviendo.
La cuenta regresiva se activa, acompañando mi soledad con un tic, tac constante.
No tenía otra alternativa más que escapar. No sabía cómo iba a sobrevivir sin mis aparatos electrónicos; ya me había mimetizado con el entorno virtual que Ever me ofrecía. Observé mi habitación: la recordaba más grande, más luminosa. Entre las esquinas polvorientas hallé un celular antiguo. Por suerte del Gran Arquitecto, todavía tenía batería. Con ayuda de Axia sincronizo mis contactos y recupero conversaciones que apenas recordaba, borradas por años de consumo instantáneo y recuerdos desdibujados.
Entre esos chats estaba el de Orven, mi único amigo, sin pensarlo inicié una videollamada, teniendo la esperanza de que este me contestara y poder tener a alguien a mi lado, algo más que un simple reloj asqueroso que solo sabía amenazarme.
[Chat Axia A.I. 02:40 a.m.]
—Axia: Kael, llamar a alguien en tu estado, solo lo pondrá en peligro y lo marcará para siempre. Debes hacer esto solo sino, pondrás en riesgo a más personas por tu imprudencia.
Decido ignorar completamente las advertencias de Axia.
La videollamada comienza y mis dedos se movieron por costumbre sobre el aire, intentando abrir el menú de inicio como si aún estuviera usando las gafas, pero nada ocurrió. Solo un zumbido leve dentro de mis oídos, como si Ever aún intentara reclamarme desde el otro lado.
—¡Ey! ¿Qué te pasa Kael? ¿Acaso estás loco? —balbuceó, incapaz de modular bien. Me miraba sorprendido; era la primera vez en años que veía a alguien sin sus gafas de realidad aumentada.
—Sí, y necesito tu ayuda. Serás mi guía por toda Nemoris si no quieres que mi nombre y mi cuerpo aparezca en el EverNet.
—¿Estás seguro de esto? Desconozco cuales son las consecuencias reales de interactuar con usuarios exiliados de Ever.
—¿Quieres ver la primera muerte en vivo de tu vida, Orven? Si es así, no habrá servido de nada confiar en la única persona con la que he estado hablando por los últimos diez años sin parar. —Digo molesto. Sabes qué... si salgo con vida de esta, prometo borrar todos los registros de la web por ti para que seas hombre libre.
—Vale… vale… déjame sincronizar mis datos con los tuyos —dijo nervioso.
Un pitido cortó la conexión.
[Chat Axia A.I. 02:55 a.m.]
Axia: Detectamos una desconexión inusual, querido Orven. Procederemos a desconectarlo y marcarlo.
Un estruendo estalló al otro lado de la llamada, solo se podía escuchar un pitido en bucle. La imagen se congeló y desapareció, dejando sólo la última ubicación registrada. Mi estómago se contrajo impidiendo la respiración. No me podía imaginar que le habrán hecho a mi amigo. El sentimiento de culpa es tan grande que no puedo pensar correctamente.
El estruendo y el pitido hicieron que el molesto tic, tac de mi Axia incrementara su ruido, haciéndolo imposible de ignorar.
Entonces noté que el ruido habitual de Nemoris se había apagado, como si la ciudad contuviera el aliento a la espera de que algo o alguien le diera la más mínima oportunidad de volver a reactivarse, a volver a cazar, a volver a hacer la misma metrópolis que jamás dormía. Y así fue.
Rápidamente las sirenas de los drones comenzaron a acercarse hacia mi dirección, emitiendo destellos y ondas que parecieran escanear en un perímetro de doscientos metros desde su ubicación, como si estuvieran tratando de detectar mi presencia desde la lejanía. La paz con la cual reposaba, se estaba a punto de acabar.
[Chat Axia A.I. 03:00 a.m.]
Axia: Quedan solo treinta segundos para la exterminación del fugitivo, Kael.
El corazón me golpeaba el pecho. Tomo una chaqueta y las llaves de mi cubículo. —Quedan diez segundos —repetía la voz. Con mis manos temblorosas, como puedo encajo la llave en el sensor. —Tres, dos, uno.
El picaporte se desbloquea justo antes de llegar a cero y detrás de mí, podía escuchar las hélices de los drones que por fin habían llegado, dispuestos a atraparme y asesinarme.
Salgo disparado, cierro la puerta con todas mis fuerzas, provocando un bloqueo preventivo. El reloj continúa emitiendo su cuenta regresiva, llegando a números negativos, pareciera que en verdad la única espera era que llegaran a por mi.
Mi respiración se acelera. Siento cada inhalación como si me tragara aire oxidado, y cada exhalación como si mi alma se escapara por los poros. Mis manos temblorosas se deslizan por la puerta metálica del cubículo. Cada esquina del marco parece tener memoria: las marcas de mis dedos en el polvo, los cables enredados que sobresalen del techo del edificio, todo parece contar una historia a su manera.
Pienso en lo que me espera afuera. Nemoris no es un lugar amable con los exiliados. Se dice que las calles están llenas de sombras que alguna vez fueron usuarios, fragmentos de código humano vagando sin cuerpo, buscando señales que nunca volverán. Si las historias son ciertas, salir no significa sobrevivir… significa comenzar a morir de una forma distinta.
Pero quedarme aquí tampoco es vivir y no estoy preparado para morir tan joven.
El tic, tac del reloj se mezcla con los ecos de las hélices que chocan entre si tras la puerta. Un rugido mecánico corta el aire. El cubículo tiembla, como si la ciudad entera respirara sobre mí. Siento que algo dentro de mí —quizás miedo, quizás un vestigio de esperanza— se rompe.
[Chat Axia A.I. 03:01 a.m.] Axia: Felicidades, Kael. Has logrado escapar de tu cubículo sin ser exterminado. Demostraste ser capaz de enfrentar altas dosis de estrés. Te ayudaré a encontrar a tu amigo Orven… o debería decir #4506170392. –Marcando el número dos. –La voz de Axia sonaría con sospechosa satisfacción. Pareciera que se estuviera burlando de mí.
No sabía si Axia me estaba salvando o adiestrando. Pero una cosa era cierta, nadie sobrevivía sin un dueño.