Capitulo 1 Año Nuevo
Todos en Malligasta la noche del 31 de diciembre esperaban ansiosos que llegue el año nuevo, también vendría con él una nueva década, muchos decían que la inminente década de los 20 traería muchas cosas buenas, sería muy prometedora. Así que, cuando finalmente llegó enero de mil novecientos veinte hubo festejos por todas partes. Mi cuñada Lorena no estaba muy emocionada, sentía malas emociones, casi que odiaba a su marido, y no la culpo, mi hermano la estuvo dejando de lado por años desde que le ofrecieron un trabajo en Loreto, y ella, se quedó en casa lavando ropa, planchando y cocinando. Me acerqué a visitarla para pasar un rato juntos, tal vez podríamos hablar de su situación, de sus deseos, o algo así. Estuvimos charlando por horas de muchas cosas, fue muy agradable conmigo. A sus jóvenes veintiséis años era una mujer muy atractiva, con sus cabellos negros y su piel suave pero con señales de desgaste por las tareas hogareñas. Decidí ayudarla a pelar las papas mientras ella sacaba la carne picada para preparar sus deliciosas empanadas dulces, muy al estilo riojano. Después de comer, seguimos hablando y me dijo que se sentía sola, que tenía la necesidad de vivir cosas que la aliviaran. Me conmovió mucho, decidí ayudarla, pero probablemente sería algo... complicado. Veía que en ella había un vacío en su día a día, podía percibir que sus brazos hacia demasiado que no abrazaban a nadie, que sus piernas estaban abandonadas y necesitaban a alguien que las haga sentir acompañadas. Lorena dormía desnuda para que el viento acaricie su piel durante las noches de Malligasta. Al ver su cuerpo recostado en la cama, ví a la obra de arte más bella. De la cabeza a los pies todo era increíble, ¡me impresiona lo que está desperdiciando mi hermano!, no tiene sentido.
Lorena me invitó a acostarme con ella, mejor que fuera en la misma condición que ella. Me fuí desvistiendo lentamente, y una vez que estuve completamente desnudo, procedí a acostarme a su lado. Nos abrazamos, acariciamos, presioné suave sus pechos, y ella sonreía. Me besó tan intenso que al final, la erección fue inevitable. La abrí de piernas y suavemente comencé a penetrarla, ella gemía, y yo seguí moviéndome, para llegar al orgasmo y transferirle mi semen en su interior. Cuando llegué, chorros de Esperma caliente la inundaron por dentro. Parecía con ganas de más, así que la dí vuelta y repetí el proceso. El semen salía de la vagina mientras la embestía intensamente. Sus nalgas redondas parecían reclamar ser tenidas en cuenta y recibir su dosis de esperma. Lorena llevó mi pene a su boca, y chupó hasta que eyaculé dentro, y en un abrir y cerrar de ojos, ella lo tragó a todo sin pensarlo dos veces. El sexo era algo nuevo para ella, pero lo hacía con una maestría impresionante. Le dije suavemente:
-Ésto es para darte el placer que te mereces-
Nos vestimos y acordamos repetirlo en otro momento, fue una gran experiencia, lo disfruté, pero creo que a ella le gustó aún más. La sensación de hacer algo prohibido causaba excitación y adrenalina, ella no podía esperar para volver a vivir eso, lo sabía muy bien