Tournament of the Reborn (Esp)

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Summary

Durante siglos, los dioses permanecieron en silencio, contemplando un mundo que se desmoronaba sin su guía. Pero Ares, el inquebrantable dios de la guerra, no podía tolerar tal deshonra. Para él, la esencia de la existencia no reside en la paz, sino en el combate, en la gloria conquistada por la fuerza y la voluntad. Así nació el Tournament of the Reborn: un enfrentamiento que trasciende el tiempo y la muerte, donde veinte guerreros resucitados por Freya y sus valquirias se enfrentarán por la gloria eterna. Aquí no hay redención, ni misericordia: solo victoria o olvido. Pero cuanto más avanza el torneo, más evidente se vuelve una verdad temida: desatar semejante poder no es sin consecuencia. El tejido del equilibrio entre los reinos empieza a desgarrarse. ¿Fue este torneo una prueba… o el primer acto de una guerra mayor?

Genre
Action
Author
Inkino
Status
Ongoing
Chapters
21
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo I: El llamado de la guerra

Narrador omnisciente

En un rincón olvidado del cosmos, donde el eco de antiguas batallas aún flota en el aire y las sombras de dioses caídos se desvanecen con los siglos, aguardaba el dios griego de la guerra. Para muchos, la inmortalidad era un don; para él, una condena. Demasiado tiempo sin sentir el estruendo del combate, sin el grito quebrado de los caídos, sin el latido implacable de la guerra.

El golpe de su puño contra la mesa de mármol quebró el silencio. El eco metálico se deslizó por las columnas, como un presagio que recorría cada rincón de su morada.

Ares - (frustración contenida)

La inmortalidad pesa. Consume. Necesito guerra. Adrenalina. Sangre. Un torneo donde eso vuelva a fluir.

Narrador omnisciente - (en la mente de Ares)

Allí, en lo profundo de su pensamiento, el campo de batalla ya ardía. La sangre corría como ríos oscuros, las voces de victoria y agonía se entrelazaban en un único rugido, y el acero, implacable, encontraba la carne con fría certeza. Era un espectáculo más antiguo que los dioses mismos… una sinfonía forjada en caos y gloria.

Narrador omnisciente

Con decisión, atravesó los reinos hasta llegar a Asgard, donde se alzaba la morada del Padre de Todo. Frente a las puertas doradas, un graznido grave cortó el aire. Dos centinelas alados lo observaban, como si en sus ojos estuviera escrita la advertencia que precede al juicio.

Huginn - (tono solemne y reflexivo)

¡Rapa, rapa! (pausado) El dios de la guerra busca audiencia con el Allfather… ¿Qué nuevo eco de sangre trae consigo?

Muninn - (sarcasmo mordaz)

¡Caw, caw! (burlón) Seguro otro de sus planes sin sentido. Nunca se cansa de traer muerte.

Odín - (calma imponente)

Traedlo. Escucharé lo que tenga que decir.

Narrador omnisciente

Ares cruzó el umbral de la gran sala. Su sola presencia tensó el aire, como si el mismo techo de Asgard se inclinara para contenerla. Inclinó apenas la cabeza; no era un gesto de sumisión, sino el reconocimiento mutuo entre quienes conocen el valor de la guerra.

Ares - (determinación fría)

Odín, propongo esto: un torneo con los mejores guerreros de todas las eras. Los traeré de vuelta. Lucharán hasta la muerte.

Huginn - (grave, meditando sobre el destino)

¿Devolver a los muertos por un capricho de sangre? El destino se escribe en cada batalla, pero no todos comprenden su peso.

Muninn - (desdén cínico, con risa contenida)

Honor, gloria… patrañas. Al final, solo importa quién sigue en pie.

Odín - (curiosidad calculada)

Un torneo, dices. Interesante… Pero dime, ¿qué es lo que realmente buscas?

Ares - (ambición implacable)

Gloria. Demostraré quién es el más fuerte en toda la historia.

Odín - (autoridad firme)

Silencio. (su voz retumbó en la sala) Te concederé audiencia en el salón divino, dios de la guerra. Pero recuerda: no soy solo el dios de la guerra, sino también de la sabiduría. Las consecuencias de tus actos no deben tomarse a la ligera.

Narrador omnisciente

Giró sobre sus talones y se alejó sin volver la vista. Sus pasos resonaban en los pasillos como tambores que anuncian un destino ineludible. Entre las columnas, una sombra se deslizó con la rapidez de un pensamiento peligroso. Entonces, una risa baja apenas un soplo quebró el silencio. No era la risa de la alegría… sino la que siempre precede a la intriga y la ruina.

Narrador omnisciente

Loki emergió de las sombras con una media sonrisa torcida, la misma que había teñido el pasillo apenas segundos antes.

Loki - (con ironía sombría, ladeando la cabeza con falsa curiosidad)

Ares… qué singular sorpresa encontrarte aquí. De veras crees que ese viejo de silencios interminables ¿puede darte más de lo que aparenta? (una sonrisa breve y venenosa cruza su rostro) Vamos, ilumíname. Tal vez guarde tu secreto… o tal vez lo retuerza, si resulta lo bastante entretenido. Ya lo sabes, me gusta jugar con la verdad hasta que deja de reconocerse en el espejo.

Narrador omnisciente

Sus ojos se endurecieron, fríos como el filo recién templado de una espada. Cuando habló, su voz no fue palabra… fue impacto: un golpe que no necesitó eco para dejar huella.

Ares - (desdén y amenaza contenida)

Lo que planeo no te concierne, Loki. Cierra esa boca si no quieres que te arranque la lengua con mis propias manos. Lo que discuta con Odín es asunto de dioses… no de serpientes con lengua bífida. Lárgate antes de que atraviese tu pecho con mi lanza.

Narrador omnisciente

Antes de que Loki pudiera replicar, el aire se densificó, pesado como el cielo que antecede a la tormenta. Pasos firmes resonaron en el pasillo, cada uno cargado con la autoridad de mil victorias. Una sombra amplia, aureolada por una luz severa, se proyectó sobre ellos, anunciando la presencia de quien no requiere presentación.

Thor - (amenaza contenida, voz grave como trueno)

¿Qué hacen aquí? Y tú, Ares… un dios griego en Asgard hablando de un torneo a muerte con humanos resucitados. No creí que tu sed de sangre llegara tan lejos… ni que recurrirías a mi padre para cumplirla.

Escúchame bien: si cruzas una línea, te enfrentaré. Y cuando ese momento llegue… no habrá redención para ti.

Ares - (desafío frío)

No perderé el tiempo contigo, Thor. Un duelo ahora no me interesa. Pero si te cruzas en mi camino, te apartaré sin dudarlo. Este torneo es una oda a la guerra. Hasta un guerrero como tú debería entender eso. ¿O me equivoco? (con desdén, girando la cabeza hacia Loki) No perderé más tiempo contigo… ni contigo, Loki.

Narrador omnisciente

El eco de esos pasos se desvaneció en los corredores interminables de Asgard, hasta que solo quedó el silencio expectante grabado en las paredes doradas. Los portones del salón celestial permanecían cerrados, guardianes implacables de un destino irrevocable. Al franquearlos, la penumbra retrocedió ante un resplandor solemne, y un murmullo grave, casi ritual, se extinguió de inmediato.

Narrador omnisciente

Ares no volvió la vista. El encuentro con Loki y Thor permanecía encendido en su memoria, no como una distracción, sino como un presagio. La oposición había echado raíces, y cada palabra que pronunciara de aquí en adelante sería un movimiento calculado en el tablero de los dioses. Inspiró con calma, consciente de que lo que estaba a punto de proponer alteraría el curso de todos los panteones.

Narrador omnisciente

El salón celestial oscilaba entre la luz y la sombra, como si el día y la noche disputaran su dominio. Ares avanzó con la firmeza de un soldado que entra al combate, sin corona ni cetro, pero con la única insignia que necesitaba: la autoridad de la guerra misma. En lo alto, Odín aguardaba, inmóvil, con la mirada fija en los hilos invisibles del destino. El aire estaba saturado, como si incluso los dioses contuvieran el aliento.

Ares - (voz firme y resonante, imponiendo autoridad)

Dioses, han sido convocados para escuchar mi propuesta. Traigo algo que romperá las barreras del tiempo, del espacio y de la muerte: un torneo donde veinte guerreros mortales, resucitados de las eras más gloriosas y sangrientas, se enfrentarán hasta que solo uno quede en pie. La sangre derramada será tributo a los caídos… y a nosotros, quienes les dimos forma.

Narrador omnisciente

Por un instante, el silencio reinó absoluto. Entonces, una voz cortó el aire con la precisión de una katana. Susanoo no Mikoto, con los brazos cruzados y el semblante marcado por un tedio antiguo, habló sin emoción… como quien observa un río cuyo cauce ha recorrido incontables veces.

Susanoo no Mikoto - (resignación profunda)

¿Y por qué debería importarme? La guerra ya no sabe igual. Los mortales la temen ahora. Ya no la buscan como antes; la mayoría la evita.

No hay honor en este ciclo repetitivo de destrucción. ¿Qué ganamos al verlos matarse?

Ares - (convicción inquebrantable)

Ganaremos un recordatorio. Esto es lo que significa ser un verdadero guerrero. No es carnicería; es supremacía. Los mortales recordarán quiénes somos… y de qué somos capaces.

Narrador omnisciente

Un murmullo se deslizó entre los presentes, como viento entre columnas. Con pasos medidos, Shiva avanzó. Su presencia no era estruendo, sino brasas persistentes que ardían sin consumirse, irradiando una inquietud que ningún mortal ni dios podría ignorar.

Shiva - (calma peligrosa)

Interesante… La guerra es solo una danza. El caos es el pulso del universo, la destrucción, su preludio.

Si quieren enfrentarse, que lo hagan. Cada muerte, cada resurrección, son compases en el ciclo eterno.

En toda destrucción… hay creación.

Narrador omnisciente

Ra se incorporó. Luz y juicio emanaban de su figura, y cada palabra descendía con el peso acumulado de los siglos, como decretos esculpidos en piedra.

Ra - (serenidad imponente)

Tu idea es tentadora, Ares, pero el equilibrio es frágil.

Si este torneo se realiza, deberá tener reglas claras. El caos sin límites solo trae ruina.

Narrador omnisciente

Entre las posturas encontradas, Odín habló por primera vez. Su voz era baja, pero portaba la certeza de quien contempla el final antes que los demás.

Odín - (advertencia contenida)

Toda guerra deja cicatrices… incluso en los dioses. Que no se olvide.

Narrador omnisciente

Desde el Olimpo, una nueva presencia reclamó su lugar. Hera avanzó sin estridencias, con la autoridad inquebrantable de quien ha gobernado sin ceder un solo palmo de poder.

Hera - (control frío y calculador)

Ares, si Zeus conoce tus planes, su furia será implacable.

No pongas en riesgo lo que hemos construido.

Su voluntad rige el panteón griego, y desafiarla sería temerario.

Ares - (desprecio cortante)

No lo menciones, Hera. Zeus está fuera del juego. Yo mando ahora. Este torneo es mi decisión. Aunque sea tu esposo… su poder ya no tiene cabida aquí.

Narrador omnisciente

El salón quedó envuelto en un silencio denso. No era reverencia… sino la inmovilidad que precede al choque inevitable. Hera sostuvo la mirada de Ares, consciente de que acababan de atravesar un punto del que no habría retorno.

Sin decir palabra, el dios de la guerra giró y se marchó. Su sombra, recortada en el umbral, permaneció como un presagio. Porque la guerra… nunca ha pertenecido solo a los mortales. Y tal vez había llegado el momento de que los dioses recordaran lo que significa, en verdad, luchar.