Tales from The Union: La ley del más fuerte.

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Summary

Jonathan Jameson, el hijo mayor de una enorme familia trabajadora, se ve involucrado en un caso criminal junto a su hermano Jackie y es enviado a prisión junto con el. Ahora, es su deber volver a casa, limpiar su reputación y, por sobre todas las cosas, poner en su lugar al bastardo que los puso en semejante problema

Genre
Scifi
Author
VaDer!
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

De juramentos y promesas

Algún tiempo atras...


En la oficina, el señor Sylas Belmont se encargaba de reacomodar algunos cuantos papeles y sellos importantes dentro de sus cajones, puesto que pronto dejaría la oficina y no regresaría hasta dentro de un largo, largo tiempo. Acompañándolo, su mano derecha, Miguel Morales le servia una copa de vino, habitual en sus reuniones con su intimo amigo el Supremo Líder.

– ¿Y bien, Sylas? ¿Listo para tu ultima gira en el país antes de las elecciones? –Preguntó el segundo al mando.

– ¿Te digo la mera verdad? No. En absoluto... –Sylas bebió después de pronunciarse. –Siendo honestos, lo ultimo que quiero es empezar a tener que despedirme de estar en contacto con toda la gente de este país... Pero por otro lado – Añadió – También quiero volver a casa y pasar tiempo con mi hijo. Y cuidar la tumba de mi esposa y vivir en paz, ¿sabes?

– Me consta eso. No dejas de hablar de lo mucho que extrañas al muchacho ni de lo mucho que te importa la lapida de tu mujer. Es una pena que el trabajo te tenga tan ajetreado y el chico no pueda venir a la Ciudadela de cuando en cuando... –Comentó Morales. –Entonces por lo que entiendo, ¿tampoco tienes en tus planes buscar una reelección?

–¿Para que? Se bien que he hecho un buen trabajo y no necesito comprobarle nada a nadie.

–¿Y que pasará con el siguiente líder que quiera venir a tomar tu oficina como suya? Te recuerdo, Sylas, que tu amigazo Curtis Castillo está intentando hacer lo posible para ganar la votación pública y tomar el puesto. –Dijo Miguel añadiendo un poco más de bebida a su vaso.

–...Llamame egoísta si quieres, pero lo ultimo que quiero es continuar a bordo del barco de la política, Miguel, por más que me preocupe que ese bastardo de Curtis esté acechando como el buitre carroñero que es... –Pronunció Sylas sin rechistar.

Ambos se quedaron en silencio, mirando hacia diferentes puntos de la basta oficina. Ambos bebieron de sus copas al mismo tiempo y suspiraron a la par, con cierta nostalgia.

Había algunos sonidos viniendo de los pasillos de fuera. Normalmente, el sonido de algún foco que dejaba de funcionar, las maquinas expendedoras prendidas con sus zumbidos molestos o el trapeador de la chica de intendencia. Pero nada lo suficientemente fuerte como para alterar la paz de los dos amigos.

–¿Entonces es un "No" definitivo, eh?

–Lamentablemente, si. Es un "No". Se que Ash ya tiene 20 y lo que quieras, pero aun así tengo mucho tiempo con el que reponer. Y no quiero esperar otros diez años para ello.

–Entiendo... No necesitas explicar más. –Miguel se levantó de su silla y se estiró con ciertas dificultades –Bueno, entonces no hay nada más que discutir, hombre. Hay que irnos de aquí antes de que cierren la sede y tengamos que volver a dormir en un colchón inflable.

Una risita escapó de Sylas.

–¿Eso hace cuanto pasó?

–No tengo ni la más mínima idea, pero fue hace mucho. No quiero que vuelva a pasar. –Miguel abrió la puerta y dejó a Sylas pasar primero. Mientras Sylas salía, Morales le dijo "¡primero las damas!" y se estalló a carcajadas, mientras Sylas se llevaba una mano a la cara de vergüenza, aunque no pudo evitar reírse.

Sylas y Morales se adentraron en los pasillos levemente iluminados del edificio y se fueron caminando hacia las escaleras, mientras charlaban de todas sus vivencias nostálgicas a lo largo de los años...