Desaire. Un Toque de Amor.

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Summary

El amor puede ser un punto de victoria o un proceso doloroso de redención, sin embargo, ¿qué sucede cuando un ángel y un mago oscuro intentan frenar ese impulso llamado amor?

Genre
Fantasy
Author
Zelthaitz
Status
Ongoing
Chapters
11
Rating
n/a
Age Rating
18+

El Precio del Toque.


Un pequeño destello de luz cubrió la brecha entre el pantano, provocado por Orpheus, el mago más extraño.

— ¡Que no se queme la casa, que no se queme la casa! —saltaba de un lado al otro intentando minar el fuego verde que se alzaba con el viento que entraba a la casa. Tomó una manta, salió rápido y la mojó con el agua del manantial, después regresó a su casa y lanzó su manta al origen del fuego. Suspiró sin saber que su rostro estaba tisnado. — Salvé mi casa. —Sonrió mientras se permitía un respiro.

— ¿Quién lo diría? Orpheus Kennel es tan idiota que terminó quemando su pequeña estufa y casi su casa —Una voz melódica y completamente elegante impregnó el silencio.

Rodó los ojos, sin duda ese ser era simplemente lo opuesto a un ángel. — Eliel Lux simplemente llegas a estorbar. —su sonrisa fue tan retadora como directa.

Eliel exhaló abruptamente. — Eres un desastre, sigo sin entender el motivo de tu existencia. —Su tono habitualmente neutro, siempre era tajante y cruel con Orpheus.

Frenó en seco. — Y yo sigo pensando que eres tan aburrido que me da pena. —Sus ojos color grises, se convirtieron en hielo, no tenía el brillo habitual. — El agua del manantial está preparada, ¿Quieres cristal o tela? —preguntó con calma.

Su postura se hizo más altiva. — No eres nadie para hablar, tú renunciaste. —Su mirada rosada se intensificó, casi llegando a un tono rojo sangre. — Eres un mediocre. —

Arqueó la ceja. — Sí, tal vez…—desvió la mirada. — Sinceramente no me importa, angelito. —Su mueca se acentuó. — “Estás tan lleno de tí mismo, que preferiría dejar de verte.” —apretó el puño mientras limpiaba el desastre que sus juguetes habían provocado. — Baja más esos humos de divinidad, te costará caro. —afirmó, sabiendo perfectamente que los ángeles tendían a perder la serenidad, principalmente cuando eran tan inexpertos.

— En fin, se dice que prefieres vivir en este … —se interrumpió, sabiendo que Orpheus podría ser de temer. — Aquí está el pago de la asignación. —Lanzó una bolsa negra con varias monedas y algunas piedras preciosas.

Orpheus dio la espalda. — No me importa si estás conforme o no con mi vivienda, es mía. —Su tono simplemente marcó la propiedad. — Cuando tengas algo propio, sabrás lo bien que se siente. —Lanzó la botella de cristal, ya que Eliel no le había dicho en donde quería el agua, hará lo que quiera. — Ahora vete. —ordenó, con voz suave pero firme.

Negó. — “Sigo sin entender, pero sigue siendo interesante molestarlo.” —se sentó sin ser invitado. — Dice que tiene otro trabajo para tí. —sacó una carta, con una pluma negra.

Suspiró molesto, arrebató la carta de ese ser. — “Simplemente quiero descansar, me pregunto si realmente es algo tan difícil de entender para los de allá arriba.” —abrió la carta.

Estimado señor Kennel.

*Me permito escribirle, para informarle que tiene una nueva misión.

Debe encontrar la flor de Loto blanca, se dice que se puede ver en algunos pantanos.

Tiene dos semanas.

Ariel Ignuz.

Parpadeó, acostumbrado a la tinta realizada con obsidiana y una mezcla de varias especias, siempre igual, siempre tan aburrido. Exhaló el aire contenido. — ¿Sabes qué dice ésta carta? —alzó la carta suavemente para marcar el objeto, sabiendo que Eliel era un caso en varias ocasiones.

Negó con vehemencia. — Sabes que las cartas son secretas. —tragó en seco. — “Abrir la correspondencia que no es para tí, tipifica como un delito de quinto grado. ¡Y hay siete niveles de delitos.!” —No pudo evitar estremecerse ante la idea de abrir algo que no era suyo.

— Quieren que busque el Loto Blanco. —decidió dar la respuesta, con lo cuadrado que tiende a ser Eliel Lux, era mejor ser claro, porque él no va a preguntar.

Asintió, era complicado. — El Loto Blanco. Tengo entendido que no existe, al menos no en el mundo mortal. —Afirmó mientras guardaba sus hermosas alas, notó que al pasar, había tirado algunas cosas.

Alzó los hombros sin el más mínimo interés. — Ehh, digamos que sí existe. —concedió un poco de información. — Pero igualmente, no me interesa la misión. — Dejó la carta en la mesa, no le importaba ir contra el Imperio Divino, es decir, el cielo. — “Si no me conviene, no iré.” —

Abrió los ojos sorprendido. — ¿Si sabes que es imposible ir en contra de ellos? —no gritó, pero su tono era más alto de lo necesario.

Arqueó la ceja de forma más pronunciada, a la par que una sonrisa ligeramente tiránica y ligeramente burlona. — ¿Acaso crees que me importa? —sus ojos grises, destellaron en un fulgor ansioso por saber las consecuencias. Se acercó a Eliel y con la mayor gentileza del mundo, hizo que él lo viera directamente a los ojos. — Te ves realmente adorable cuando estás preocupado. Vé y dile a Ignuz que si desea someterme, entonces que lo intente. —su voz pasó a ser ligeramente sensual, sabiendo perfectamente cómo jugar con todo.

Sintió cómo su estómago se tensaba ante la cercanía de Orpheus, la energía de ese ser seguía tan latente como cuando era uno de ellos. — No lo hagas. —De forma inconsciente, su voz fue más sedosa y menos firme. — “Ariel Ignuz tiende a ser amable, pero dudo que sea misericordioso.” —El temor era latente en su centro energético.

Mostró su sonrisa, su dentadura perfecta, sus colmillos marcados eran perfectamente intimidantes. — ¿Y por qué no lo haría? —su postura se irguió, no le podía preocupar menos. — Si quiere venir, que venga. —declaró.

Eliel sentía que le faltaba el aire, no sabe cómo era posible la actitud de Orpheus. — Dime que estás bromeando. —suplicó mientras intentaba encontrar un centro, sin duda alguna no lograba imaginar qué hubiera pasado si todo fuera igual.

Negó mientras se alejaba, el timbre del pastel que había estado preparando sonó. — El pastel está casi listo. —sacó sus elementos de decoración, pero antes de comenzar decidió dar un golpe más. — Eliel, como ángel, eres realmente infantil. —dio la espalda completamente. — Angelito, toma un descanso. Debes recuperarte o creerán que perdiste nuevamente. —

Mientras se desataban algunas diligencias celestiales en el pantano. en la Ciudad Divina, Ariel Inuz había sido convocado. Su postura regia era un contraste con algunos, pero seguía siendo inferior a él.

Se inclinó. — Mi señor, el mensajero fue enviado, aún no tenemos respuesta. —La voz elegante y solemne resonó en la sala del trono.

No hubo ningún tipo de respuesta, por lo que Ariel se retiró, quizá esperando una respuesta positiva.

De regreso al pantano, Eliel seguía conmocionado por la irreverencia de Orpheus. Mientras que el aire del pantano se impregnaba con el olor dulce de las decoraciones que Orpheus Kennel colocaba en el pastel que decoraba.

— Debes atender las órdenes, si se enfadan, no podrás huir. —Su tono fue suave en comparación a antes, pero marcaba un tono inherente.

Negó con una sonrisa santurrona. — No, no lo haré. Francamente comienzo a aburrirme de esta inesperada reunión. —Guardó el pastel en su refrigerador, prefería que todo fuera hermoso sin la necesidad de ser destruido.

Al verse ignorado su furia se hizo latente. Dió un golpe seco en la mesa de ébano. — ¡Eres un idiota! —su puño se cerró con más fuerza. — “¿Tienes una maldita idea de todo lo que he soportado por tí?” —suspiró.

Su mirada indiferente fue una respuesta en sí misma. — Eliel, yo no fui a tu casa a darte una misiva molesta, tampoco fui a burlarme de esta. ¿Insistes en que el idiota soy yo? —sujetó del cuello a Eliel, obligándolo a verlo a los ojos. — Si no aprendes a mantenerte al margen, no habrá quien se arriesgue a perder su cargo por ti. ¡Vete de mi casa ahora! —ordenó, aventando a Eliel.

Eliel se sorprendió por las acciones de Orpheus. — “Por favor, perdóname.” —no podía pedir disculpas en voz alta, pero sin duda alguna desearía no haber perdido las oportunidades anteriores. — No puedes rendirte. —declaró con la mayor firmeza que podía.

Se hincó a nivel de Eliel. — Nunca me he rendido, simplemente no tengo interés en regresar al Imperio Divino. —acarició el cabello de Eliel. — Ya no es mi hogar. Así que deja de insistir, los vínculos una vez rotos, no vuelven a unirse. — Se acercó más a Eliel y lo besó en los labios, invadiendo de forma directa, sometiendo ligeramente el movimiento de Eliel. — Y francamente, ya no deseo seguir existiendo, pero si he de morir, prefiero que sea uno de ellos. —

Un eco sordo rodeó a Eliel, sus oídos se cerraron, su vista se enfocó en él, su energía parecía disiparse, lo único que deseaba era ese toque, pero ahora es como si simplemente hubiera dejado de existir ese algo, que los hacía estar unidos.

— “Si fuera humano, estaría muerto.” —Eliel tragó nuevamente, pero esta vez era todavía más difícil.

— Eliel Lux, por favor no vuelvas. Lo único que hará que tome esa misión, es que me ofrezcan algo que no me darán. —se colocó la túnica nuevamente, esa que de una o de otra forma lo mantenía oculto de todo, sí, incluso de sí mismo.

Eliel sintió como las ramas del árbol guardián evitaban que se levantara, intentaba levantarse, pero un árbol tan antiguo era básicamente hacer un sacrificio energético.

— “No lo hagas, eres el más valioso.” —La voz de hace años, la voz de Orpheus, melódica, suave y hermosa. — Soy un ser despreciable. —Eliel se dijo a sí mismo, mientras intentaba que el árbol lo liberara.

— “¡Corre Eliel! ¡Correee!” — El ruido de fondo era ensordecedor.

Sintió un fuerte golpe en el pecho. — “Ese día fue el peor día de mi existencia.” —las lágrimas de ese recuerdo fueron el único rastro de ese cruel pasado. — Orpheus, por favor. —

Un rayo violeta liberó el agarre del árbol sobre Eliel. Un ciervo blanco apareció.

Orpheus estaba en su bosque, cortaban algunas ramas secas mientras bloqueaba todo lo que había pasado. — Creo que podría volverme a mudar. —Suspiró, detestaba irse de ese lugar. — Me gustó mucho este lugar, en fin. —cortó unas cuantas frutas, las lavó y luego se sentó a tomar un breve descanso.

Un eco de pasos, el movimiento calmado del agua, indicó el cambio de atmósfera, aún así Orpheus no se movió.

— Orpheus Kennel. —una voz dominante resonó entre el lugar que Orpheus usaba para tomar un descanso.

Sin embargo siguió comiendo. — … —Asintió, indicando que escuchaba.

— La misión. —intentó que Orpheus le diera una mirada directa, no podía saber el mejor camino si él no le dirigía una mirada.

Orpheus negó, dándole otro mordisco a la manzana. — Vete. —indicó, sin duda estaba comenzando a molestarse.

Ariel Ignuz, alguien acostumbrado a generar miedo y obediencia, sabía que Orpheus estaba más acostumbrado a eso que otros. — Él, está dispuesto a hacer el trato. —declaró con la confianza de creer lo que Orpheus desea. — La inmortalidad, será tuya. —afirmó, el permiso de Él era absoluto.

— “Es una oferta interesante, pero no me interesa.” — Alzó la mirada desinteresado. — Teniendo una corte celestial, decide buscarme a mí; ¿Tan desesperado está? —su tono de voz aunque tranquilo, mostraba su irreverencia. — “Ariel sigue siendo igual, preferiría irme a otro lado que perder más el tiempo.” —

Cerró el puño, no lograba entender cómo era posible que Orpheus fuera tan irrespetuoso. — ¿No deberías ser más agradecido? —retó usando el don de la voz. — Si pudiera, te mataría. —

Una risa fuerte y resonante fue lo que se escuchó en todo el pantano, las flores cerradas se abrieron, el agua turbulenta amainó, los animales se movieron a un lugar más seguro, quizá con la idea de que lo que sea que estuviera pasando, no sería como antes.

Sonrió y se levantó. — Adelante. —se quitó la túnica. Después ocultó su brazo derecho. — No tengo brazo izquierdo, si no uso el derecho, ¿podrías pelear contra mí, angelito? —

Los ojos grises de Orpheus Kennel y los ojos verdes aguamarina de Ariel Ignuz chocaron, las dos energía estaban latentes, aunque sí hubiera un enfrentamiento, sería talento contra obstinación, una guerra entre dos energías que no tienen clasificación, simplemente un eco de lo que en realidad es la energía divina en acción inmediata.