Castigo o rehabilitacion
Hoy les contaré como cambio mi vida en menos de 2 años, si fue para mejor o peor, eso lo decidirán ustedes.
Mi nombre es Víctor y soy un veinteañero con muy mala suerte. Es cierto que abandoné mis estudios y me dedique a una vida criminal, pero nunca he matado a nadie, ni siquiera por accidente. Seré un ladrón y estafador, pero no un asesino.
Soy un joven moreno, latino, de pelo castaño y cuerpo tonificado, no porque vaya al gimnasio, si no porque corro mucho en los asaltos, jajaja.
Pero un día le robe a alguien que no debía.
Fue un jueves por la noche, en esa ocasión me metí sigilosamente a una casa lujosa porque me habían dado un dato de una pintura muy cara que se encontraba aquí y si la información era correcta, me pagarían lo suficiente para vivir como rey.
Atravesé el jardín de la casa y mire por la ventana, el cuadro estaba en la pared sobre la chimenea. Muy bien. Use una ganzúa para abrir la puerta, atravesé el lobby de la casa, tenía muchas estatuas, pinturas y vinilos en un estante con tocadiscos. Quien sea que viviera aquí, coleccionaba todo tipo de arte.
Me acerqué al cuadro, era de una mujer hermosa con un vestido negro qué miraba hacia un lado, no se como se llamaba este cuadro, pero admito que era muy lindo.
Saque con cuidado el cuadro de la pared y estaba a punto de irme cuando escuché un grito.
-¡ALTO, UN LADRON, UN LADRON! ¡AYUDA!
Mire asustado desde donde venia el grito, era en la cima de la escalera. Una señora mayor en bata me estaba gritando desde arriba.
Yo corrí hacia la entrada pero me tropecé y caí al suelo. Que estúpido.
Pero mientras me levantaba, la señora venía bajando a toda velocidad las escaleras hasta que tropezó y rodó hasta el suelo.
“¡Que suerte, pensé yo”. Tome el cuadro y estaba a punto de irme, pero me di cuenta que la señora se había quedado callada.
Solo quería irme de aquí antes que llegara la policía, pero esa señora me tenia preocupado. Me acerqué a ella, vi que tenía un golpe muy feo en la frente y un hilo de sangre estaba corriendo por su cara.
Mierda.
En contra del sentido común, llamé a la ambulancia con su propio celular que tenia en la mano, les di la dirección del lugar, dejé el celular en su mano, entonces corrí como alma que se la lleva el Diablo.
Con tan mala suerte que no solo choque con la patrulla policial que acababa de llegar, también rompí el cuadro que intentaba robar.
Ya en el suelo y con los policías apuntándome con un arma, suspiré resignado.
Soy un completo estúpido.
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No fue un juicio muy largo. Me habían encontrado culpable de este robo y de 15 robos más, mi prontuario era muy grande.
Mi abogado intento defenderme pero habían tantas pruebas contra mi que resultó inútil.
Así que el juez estaba a punto de dictar su veredicto y yo estaba a punto de aceptar pasar un largo tiempo en la cárcel, pero entonces me sorprendió con una elección.
-Señor Víctor Morales, usted ha sido encontrado culpable de todos los cargos de robo y allanamiento de morada, por lo que definitivamente le espera un tiempo en la cárcel, PERO hace poco se implemento el método de rehabilitación llamado Tiresias que consiste en un tratamiento hormonal. -El juez revisó un papel que tenia, para asegurarse que estaba en lo correcto. -El tratamiento dura un año y le permite ir a su casa todos los días, pero no trabajar ni salir del país. Si usted no se presenta a las 8 am, de lunes a viernes, en el centro de rehabilitación, cumplirá el resto de su sentencia en la cárcel. Usted es apto para escoger entre las dos sentencias, ¿prefiere 10 años de cárcel o 1 año de rehabilitación?
No podía creer lo que escuchaba. ¡Solo un año en rehabilitación y podía ir a mi casa todos los días? Obvio que escogería ese.
Le dije al juez que aceptaba la segunda opción y el juez entregó su sentencia. Un año en rehabilitación comenzando desde mañana.
Yo festeje para mi mismo sin saber lo que me esperaba.
Al día siguiente.
Ahí estaba yo, a las 7:40 am en la entrada del centro clínico, un edificio moderno inaugurado hace poco tiempo, la fachada era de piedra blanca y cristales grandes. Aun no abrían, pero tenía curiosidad de que se trataba todo esto.
Vine con jeans y mi polerón rojo de la suerte, no habían dicho con que ropa debía venir así que me puse algo cómodo.
Al fin vi a alguien dentro del edificio, una recepcionista muy alta y voluptuosa, de cabello negro y largo, labios gruesos y ojos azules con gafas. ¡Nunca imagine que así fueran los trabajadores de aquí!
La recepcionista me sonrió y me guiño un ojo, mientras abría la puerta con la llave.
-¡Buenos días! Soy Víctor Morales, vengo por...
-Si, por supuesto. Lo estábamos esperando. -Habló con la voz más profunda que había escuchado nunca.
Me quedé de piedra. ¡Esa voz NO pertenecía a ese cuerpo tan sexy!
La recepcionista se dio cuenta de mi reacción y se rio.
-No es lo que esperabas, ¿cierto? Eso pasa mucho aquí. Ven, te mostraré donde tienes que ir. Me llamo Carla. -La mujer de la voz profunda me llevó al mapa del lugar que estaba al lado del pasillo.
-Tienes que ir al final de este pasillo y después doblar a la izquierda, ahí veras una puerta con el nombre del Dr. Higgins. -Me apuntaba el mapa mientras me explicaba.
-Muchas gracias... Carla. Iré... para allá. Ok, chao. -Fui hacia la oficina del doctor aun asimilando la sorpresa que ella me dio. Carla se rió por lo bajo mientras me veía alejarme.
Llegué a la oficina del doctor, un hombre con el pelo corto y negro, expresión seria y en forma.
-Señor Víctor, un gusto conocerlo. Yo soy el Dr. Higgins, seré su doctor en el transcurso de este año. -Me tendió la mano y yo se la estreché. Tenía un agarre fuerte.
-Un gusto también. ¿Higgins es su apellido?
-Obviamente.
-Si nos vamos a ver por un año entero, ¿puedo llamarlo por su primer nombre?
-Por supuesto... que no. Usted se referira a mi como Doctor o Dr. Higgins. -El doctor era demasiado serio, creo que no quería ser mi amigo. -Comenzaremos de inmediato con su tratamiento. Ya analizamos sus exámenes de sangre, orina y fluidos. También sus rayos X y scanners. Todo esta en orden, excepto que debe tomar más agua.
-Ok, ¿y en que consiste el tratamiento?
-Primero, le será administrado un supositorio diario por un mes, y después pasara a la sala del masoterapeuta.
No me gustó para nada lo primero que dijo, ¿pero masajes gratis? ¡Eso si me gustó!
-OK, doctor, ¡estoy listo, comencemos!
-Levántese y bájese los pantalones. -Dijo mientras se ponía un guante de látex.
Lo obedecí un poco nervioso. El doctor se puso detrás de mi con un supositorio más grande de lo normal.
-Trate de relajarse, eso lo hará más fácil. -Me dijo el doctor al oído por detrás.
Respire profundamente y relaje mis nalgas. El doctor introdujo el supositorio lentamente dentro de mi culo, sentía una sensación extraña mientras la pastilla avanzaba dentro de mi, tuve que levantar un poco la pierna para aliviar la tensión.
-Si quiere puede subir la rodilla en la camilla, eso le ayudará.
Hice lo que me dijo y aunque tenia razón, esta pose se veía como de una película porno. El doctor no paraba de introducirme la pastilla con el dedo.
-Nnnggh, ¿le falta mucho? -Dije conteniendo la sensación incomoda.
-Ya casi.
El doctor llego hasta mi próstata y mantuvo su dedo presionando el supositorio ahí. Por alguna razón, tuve una ereccion.
-Ok, ahora debemos esperar unos minutos. -Dijo el doctor otra vez en mi oído. -¿Como lo siente?
-No muy bien, la verdad. Se siente como tener un dedo muy largo en el culo.
-Así es este método, debemos hacer la mayor presión contra la próstata para que sea efectivo.
-¿Podría dejar de mover su dedo dentro de mi? Esto es muy incomodo.
-Yo no estoy moviendo mi mano, es usted a quien le tiembla la pierna.
Mire mi pierna, tenía razón. Se me estaba cansando en esta posición.
Los minutos que pasaron se me hicieron larguísimos, el doctor tenía un dedo muy largo y el hecho de que cuando hablaba lo hiciera por atrás y en mi oído, lo hacía aún más incómodo.
Por fin paso el tiempo necesario, el doctor me sacó el dedo de adentro. Botó el guante en el basurero y me hizo pasar a la sala contigua.
-Ufff, al fin. Eso fue de lo peor. Por lo menos ahora recibiré un masaje. -Me dije a mi mismo mientras entraba a la sala del masajista. Una sala con luz tenue, un suave aroma a flores y una temperatura agradable. Esto si me gustaba.
-¿Hola? ¿Hay alguien? -Dije mirando alrededor de la sala.
-En seguida lo atiendo, solo estaba calentando el aceite. -Dijo la voz de un hombre.
Me sentí decepcionado, esperaba que fuera una masajista sexy.
Detrás de una cortina apareció un señor negro, calvo y musculoso, tenía una expresión calmada y serena. Muy zen, se podría decir.
-Bienvenido. Por favor, desvístase y recuéstese en la camilla. -Me indico la camilla de masaje qué estaba a su lado.
-Oh, ok. ¿Me quedo solo con boxers?
El masajista me entregó una toalla blanca para que me pusiera.
-Sin nada de ropa.
Diablos.
Un momento después, estaba recostado en la mesa, boca abajo, con una toalla en mi cintura.
-¿Que tipo de masaje es este? ¿Es del tipo descontracturante, tailandés, o...? ¡Oh! -Sentí el aceite tibio cayendo sobre mi, después que unas fuertes manos masajearan mi espalda.
Sus manos eran muy grandes y firmes pero suaves. Me masajeaban los costados, los hombros, el cuello, las piernas y los brazos. No era el tipo de masaje qué esperaba pero después de un rato se empezó a sentir muy bien. Estas fuertes manos me manoseaban de forma experta, y recorrían mi cuerpo de pies a cabeza. Además el aceite para masajes se sentía caliente en mi piel.
-Ahora dese la vuelta. -Dijo el masajista en una suave pero firme voz.
Me di vuelta con cuidado de que no se me cayera la toalla. Ahora estaba boca arriba, desnudo y aceitado, solo, en una sala con un hombre más grande que yo. Trate de no sentirme intimidado.
El masajista me rocío un poco más de aceite y comenzó a masajearme de nuevo, un poco más fuerte.
Comenzó con mis muslos, presionando y masajeando lentamente, me hacía un poco de cosquillas. Después siguió con mi cadera, casi como si me la acariciara, después con mi cintura, levantadola y bajándola, ahora el masajista me miraba fijamente a los ojos, lo que en este ambiente relajante, era muy incomodo.
-Ponga los brazos detrás de la cabeza.
Obedecí otra vez. Pero en vez de masajear mis brazos, empezó a masajear mis pectorales, en circulo. Después hacia arriba y hacia abajo, rozando mis pezones.
-¿Podría evitar esa parte? Se siente muy raro.
-Lo siento, pero esta es la zona donde más debo masajear.
Siguió haciéndolo, no se si era doloroso o incómodo, pero estaba a punto de soltar un quejido. Cuando empezó a girar mis pezones con delicadeza, no pude evitar soltar un gemido. Y después otro. Apreté mis labios para no soltar ningún otro.
Entonces siguió con mis brazos, pero creo que eso fue peor, porque lo hacía arriba y abajo, mientras su cara estaba cerca de la mía. Evite mirarlo a sus profundos ojos negros, pero podía sentir como me miraba fijo, atento a mis reacciones.
Al fin terminó. El masajista dijo que me vistiera y se despidió de mi hasta mañana.
Mi cuerpo estaba relajado pero mi mente estaba hecha un desastre. Confundida y alborotada. Caminé hacia la salida del centro clínico cuando la recepcionista me habló.
-¿Disfrutaste tu tratamiento, Victor? -Dijo Carla detrás de la recepción.
-¿Ah? Ah, si, si. Estuvo... interesante. -Dije aun confundido.
-Se lo que esta pensando y le diré que no se preocupe, esto se vuelve más fácil con el tiempo.
-Si usted lo dice. Nos vemos mañana... Carla.
-¡Hasta mañana!
Carla vio alejarse a Víctor. Ella sonrió, Víctor le recordaba a ella. También había reaccionado como él en su primer día de tratamiento.