La escritora y la princesa

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Summary

Gia es una escritora exitosa y cínica respecto al amor. A sus veintinueve años, ha decidido que los finales felices solo existen en la ficción. Ilion, es una princesa destinada a casarse por deber, su pueblo y sus padres dependen de ello. Gia encuentra en su personaje un reflejo inquietante de sí misma: dos mujeres atrapadas en un confuso mar de sentimientos. En el mundo ficticio de Ilion, un misterioso domador de dragones desafía las reglas y despierta emociones prohibidas; en el mundo real, un hombre inesperado comienza a romper las murallas de Gia. Entre la fantasía y la realidad, la escritora y su princesa, deberán enfrentar la misma pregunta: ¿es posible amar sin perderse a una misma? “La escritora y la princesa” es una historia sobre el poder sanador de las palabras, el reflejo entre la ficción y la vida, y la valentía que implica creer en el amor. Todos los derechos reservados, prohibida su copia o adaptación.

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

1

Amor es una palabra complicada, difícil de pronunciar para muchos, el amor ha sido el causante de crímenes, guerras, disputas familiares, el amor ha sido causante del odio, incluso de la desolación del mundo…

Entonces, ¿por qué debía quererlo? ¿Por qué incluso cuando se negaba aún tenía el anhelo de amar y ser amada?

Gia estaba convencida de que nada bueno salía de amar a alguien, y lo aprendió desde pequeña, cuando su padre se fue no miró atrás, no importó cuánto ella rogara o llorara por su atención, él jamás volvió, sin embargo, ella recordaba claramente las palabras “te amo” salir de su boca con la frecuencia suficiente para que a sus cinco años creyera en ellas, pero después de aquel día no volvió a saber jamás de él, no es que quisiera, a sus 29 años estaba bien, pero la imagen y el dolor aún estaban asentados en su corazón.

Para quienes la conocían, la falta de esposo o siquiera de novio era producto de su éxito y sus exigencias, nadie se acercaba a ella debido a quién era, no era mentira, pero tampoco verdad. Había amado, lo había hecho profundamente cuando solo tenía unos cortos 21 años, segura de que había encontrado al hombre con quien compartiría el resto de su vida, pero no fue así, ni el anillo en su dedo pudo salvarla. Gia agradeció haberlo descubierto antes de enviar las invitaciones de la boda, pensó que al menos eso le ahorraría parte de la humillación.

—No puedo entender cómo escribes historias tan bonitas si eres tan cínica..

Gia apartó la vista de la pantalla en la que estaba trabajando, para ver a su mejor amiga recostada en el sofá.

—También escribo sobre dragones y no creo en ellos..

—No deberías ser así..

Puso los ojos en blanco, su amiga estaba a punto de casarse, era feliz, él la hacía feliz, y según Mary todo era perfecto, tanto que creía que Gia necesitaba más que nada un romance.

—Quizás tengas al último hombre bueno de la tierra, no pasaré por el suplicio de buscar a alguien o algo que no existe…

—Sí existe. Si yo lo tengo…

—Pues yo no lo quiero..

— Gia, no puedes decir esas cosas…

— ¿Por qué no?

— Te quedarás sola para siempre…

— Ese es el plan — murmuró por lo bajo intentando que su amiga no la escuchara. Guardó el archivo en el que estaba trabajando y suspiró, había llegado a la mitad de la historia, su protagonista estaba a punto de entrar en un gran conflicto, al conocer al domador de dragones quien en realidad se convertiría en el interés amoroso de su protagonista, para Gia era un triángulo amoroso bastante básico, a ella le apasionaba escribir sobre esos fascinantes mundos tan ajenos al suyo, sin embargo, ella sabía que la pasión de sus lectores residía en ver con quién terminaría la protagonista y aunque ella lo negara, incluso si ella no creía en el amor, una parte, muy muy pequeña dentro de sí también se encontraba curiosa por ver en qué resultaría. Cómo podría afrontar esta protagonista el dilema de enamorarse de quien no está predestinado.

Bajó del caballo con cuidado, su padre le había enseñado a montar como un caballero, y pese a ser una princesa y cargar con vestidos tan incómodos ella nunca pudo acostumbrarse a montar el caballo como una dama, aunque ciertamente parecía más cómodo. Acomodó su vestido tratando de que las manchas de lodo que había en las enaguas no se notaran demasiado, trenzó rápidamente su cabello y salió del establo dirigiendo una sonrisa cómplice al guardia que la había cubierto en su pequeña escapada.

Heral la estaba esperando, habían quedado para tomar el té en el salón azul del palacio esa tarde, su acompañante esta vez sería su dama de compañía, lo que viniendo de sus padres era un gran gesto de confianza por su parte. Llegó hasta la puerta y tomó aire, estaba nerviosa, él siempre la había sentir muy nerviosa, un poco insegura, Seren le había dicho que eso era bueno, que significaba que aceleraba su corazón, ella confiaba en las palabras de su amiga y confiaba en sus conocimientos como dama de compañía.

Abrió la puerta con cuidado y allí estaba su amiga y Heral, él estaba parado mirando por la ventana, ignorando la bebida caliente que estaba sobre la mesilla y a Seren que bordaba pacientemente en una esquina.

— Llega tarde princesa Ilion — murmuró Heral al escucharla entrar — ¿le ocurrió algo?

— Me distraje.. — murmuró ella mientras inclinaba suavemente su cabeza a modo de saludo y recibía la correspondiente reverencia.

— Ya me estaba preocupando por su seguridad.. — comentó el hombre mientras se acercaba a la mesita y con una sonrisa agregó — pero cualquiera diría que disfruta de hacerme esperar…

— En absoluto alteza, solo me distraje, no fue mi intención preocuparlo…

El hombre asintió mientras se sentaba luego de que ella lo hiciera. A Ilion le temblaban las manos, odiaba que su cuerpo reaccionara así, nervioso y sin control, ella que podía cabalgar e incluso desafiar a los caballeros de su padre con la espada, pero que frente a él era solo una princesa bastante temblorosa y tartamuda.

Seren se puso de pie y sirvió el té para ambos, luego de que ella se apartó y volvió a su bordado Ilion y Heral continuaron con una conversación que era en sí misma muy poco trascendental, hablaban del reino, de los nuevos acuerdos que habían hecho sus padres y sobre todo, los futuros planes para la boda la cual sus madres organizaban con esmero. Heral preguntaba por sus actividades, entre las cuales ella omitía a conciencia las visitas a la frontera norte a caballo y se enfocaba en comentar sobre sus reuniones con el resto de las damas y su interés por ayudar a las mujeres del pueblo a prepararse para el próximo invierno.

Antes de irse Heral le entregó un presente, tal como dictaba la tradición, este era un hermoso sombrero lleno de flores bordadas, un trabajo muy delicado el cual agradeció con una sonrisa, pero una vez él se hubo marchado le entregó el sombrero a su amiga.

— ¿Lo guardo con los demás?

— Sí, por favor Serem…

— Es un bonito sombrero princesa

— No digo que no, solo que no sé cómo se le ocurrió regalarme algo así…

— Los hombres regalan cosas bonitas a quienes quieren princesa.

— Es solo que… — Ilion miró el sombrero en la mano de su amiga — no es mi estilo, jamás elegiría algo así…

— Quizás es algo con lo que le gustaría verla…

La joven princesa suspiró y se acercó a la ventana, su mente viajaba rápida hacia su futuro, cómo sería estar casada con el príncipe Heral, cómo sería su vida luego. Sus padres habían dicho que era el destino, habían preparado la boda antes de que incluso ninguno de ellos naciera, y cuando ella tuvo la edad apropiada él comenzó a cortejarla. Era el sueño de ambas familias poder unirse y unir sus reinos vecinos para formar una gran nación.

— ¿Qué piensas de este matrimonio Serem?

— ¿Princesa?

— ¿Piensas que es bueno? ¿Crees que me hará feliz?

— Creo que es bueno princesa, estaba destinado a ser, usted y el príncipe nacieron el mismo año, tal como era el sueño de su familia, y crecieron para unir a los reinos, es el destino, su madre siempre dijo que si no fuera así ella habría tenido un heredero…

Ilion sonrió ante las palabras de su amiga pero no se apartó de la ventana, ella sabía que pronto su vida cambiaría, la boda estaba planeada para el próximo solsticio de verano, pensó por un instante que no tenía sentido guardar el sombrero, que pronto tendría que lucir con orgullo aunque le desagradara, pero una parte de ella se negaba rotundamente a ceder aún. Todavía tenía algo de tiempo para poder cabalgar, para llevar el cabello recogido solo en una trenza y el vestido y las botas con algo de barro.

— Saldré de nuevo Serem, si mi madre pregunta…

— Está en el pueblo cuidando de la anciana…

Ilion sonrió, probablemente la primera vez en toda la tarde que era genuina y honesta. La anciana del pueblo era la señora más mayor que aún vivía, se la consideraba una sabia y una vez, cuando ella era niña y le regaló unas flores, la anciana le dijo que ella haría grandes cosas por el reino. Ilion siempre quiso que eso fuera verdad. Sus padres nunca la habían reprendido por que ella la visitara y se había vuelto una excusa frecuente, cada vez que salía del palacio hacia la frontera norte era la anciana quien servía de coartada, de cualquier otra forma ella jamás podría ir allí sino, sus padres lo tenían terminantemente prohibido, debido a lo peligrosos que eran los dragones de montaña, y aun así, no había nada más fascinante para ella que verlos volar.

Gia apagó el sonido de la alarma, era un momento muy inconveniente para interrumpir la escritura, sin embargo, había prometido ir a la prueba del vestido y pese a su renuencia no iba a faltar. Miró el último párrafo que había escrito, sonrió, ella siempre hacía a mujeres rebeldes, su editora le había dicho que era un reflejo de ella misma, pero Gia no estaba muy segura de eso, ni valiente ni rebelde, ella se dedicaba a estar en su casa, evitando salir tanto como le era posible.

Se acomodó la falda oscura y la camisa de flores, había hecho un esfuerzo en no ir en ropa de deporte, pero para Mary esto era importante y pese a no creer en nada de todo lo que estaba pasando en la vida de su amiga, estaba decidida a apoyarla. Se miró al espejo una última vez antes de tomar las llaves y salir, por un momento, cuando sus ojos se encontraron con el reflejo verde en el espejo se preguntó si ella sería capaz de casarse como lo haría la princesa Ilion.

—¿Qué piensas de este?

Era el cuarto vestido que se probaba, para Gia todos se veían iguales, blancos, largos, se mordía la lengua para evitar comentar sobre la inutilidad de comprar un vestido para usar solo en una ocasión, sobre todo teniendo en cuenta lo que iba a costar dicho vestido. Hizo un esfuerzo y la miró intentado dar una opinión honesta y constructiva.

— Estás hermosa, pero… no parece el estilo que siempre quisiste..

— Lo sé, pero no quiero verme con un cupcake el día de mi boda…

— Es tu boda, si te ves como un cupcake ¿cuál es el problema? — respondió Gia mientras se acercaba a acomodar el velo — es tu boda — repitió.

Mary la miró, había fastidio en sus ojos, ese que siempre estaba ahí cuando Gia tenía la razón y ella no quería dársela. Ambas se miraron nuevamente en el espejo, eran polos opuestos, incluso si ambas estaban vestidas con delicadeza.

— Deberías ser tú quien se case primero…

— ¿Y eso por qué? — preguntó mientras se apartaba de su amiga y volvía al sofá que cómodamente estaba ocupando.

— Eres la mayor…

— Yo seré la tía soltera que cuide de tus hijos cuando quieras escapar de tu perfecta y acomodada vida…

— Gia…

La mayor tarareó mirándola con una media sonrisa, ella estaba bien con su elección, con mantenerse alejada de todo eso que la había lastimado, consideraba que era la elección más inteligente.

— Intenta con ese vestido — dijo mientras señalaba uno de los que estaba preparado en el perchero.

Era amplio, la asistente había dicho que tenía corte princesa, tenía un corsé lleno de un bordado en pedrería muy delicado y una falda muy amplia y larga con una pequeña cola, era en un tono blanco perla muy especial, la tela casi parecía brillar.

— Es el indicado — dijo Mary luego de un momento en silencio.

Gia se acercó y la ayudó a acomodarse bien el vestido mientras asentía, definitivamente era el indicado, su amiga se veía hermosa, su cabello oscuro resaltaba contra la tela blanca y sus ojos brillaban emocionados al verse.

— ¿No tiene bolsillos?

— Los vestidos de novia no llevan Gia…

— Tanta tela ¿y no puede tener bolsillos?

— No son necesarios en una boda — se rio la más joven.

— ¿Cómo que no? ¿Y dónde guardarás el teléfono? ¿o el labial? ¿Los votos? ¿La llave del auto por si te arrepientes? — Gia hablaba medio en serio medio en broma, era su particularidad, las personas no lo entendían — ahora que lo pienso quizás necesites un bolso…

Mary se rio ante las palabras de Gia, golpeó suavemente su hombro.

— Confío en que tú lleves todo eso por mí.. — dijo y agregó — eres mi dama de honor…

Gia solo sonrió, prometiendo internamente tener a mano las llaves del auto.

Se aferró a su capa mientras observaba cómo uno de los dragones sobrevolaba una de las montañas, después de tanto visitar, sabía que la grande y blanca que en este momento observaba desde el suelo era la madre, del que ahora estaba en el aire. Las montañas estaban más blancas que de costumbre, era el aviso de que pronto llegaría el invierno al reino, pronto todo estaría cubierto de una suave capa de color blanco, los campos estarían secos, las personas refugiadas dentro de sus casas, ya no habría tantos niños corriendo por las calles, todo caería en un silencio tranquilo. De pronto los ojos azul hielo de la dragona se enfocaron en donde ella estaba mientras alzaba la cabeza prestando una excesiva atención a su presencia, Ilion hizo retroceder suavemente a su caballo, pero la dragona no apartaba la mirada incluso parecía más atenta que antes a su presencia, entonces lo escuchó, un caballo se acercaba y frenaba justo donde ella estaba, la dragona aún mantenía los ojos fijos en donde estaban y luego pareció resoplar, soltando el aire que en realidad parecía humo y apartó la mirada, Ilion entonces se giró y buscó quién había causado esa reacción en el animal.

Lo primero que ella notó era el caballo negro del que el hombre parecía haberse bajado, era alto, el hombre, su cabello oscuro y su ropa también, Ilion notó que no portaba espada ni armadura, no era un caballero, no había ninguna bandera ni nada que lo reconociera, no era un hombre de su reino y tampoco era un hombre del reino de Heral.

— ¿No está usted un poco lejos de casa? — preguntó el hombre aun parado junto a su caballo.

— No exactamente — Ilion sabía que eso dependía de cómo se interpretaba la pregunta, técnicamente estaba lejos del palacio pero ella era la princesa, todo era su casa.

El hombre pareció sonreír por un momento.

— Tenga cuidado entonces, las madres son muy temperamentales cuando la cría es pequeña…

Ilion miró al hombre con curiosidad preguntándose quién era, cómo sabía tanto de los dragones y qué hacía allí, sin embargo no dijo nada, lo observó mientras él observaba a la dragona, había un sentido de reverencia en su mirada, una curiosidad que iba más allá del simple hecho de estar cerca de semejante animal. El sol estaba llegando justo detrás de las montañas, ella sabía que debía volver antes de que se ocultara por completo, tenía el tiempo justo para cambiarse y asistir a la cena. Ajustó las riendas y luego de mirar una última vez a la dragona se giró para encaminarse hacia el palacio.

— Disculpe señorita…¿sabe a cuánto está el palacio desde aquí?

Ilion se congeló un momento.

— Solo unas cuantas millas, llegará rápido, está justo detrás de esa colina… ¿tiene asuntos con la familia real?

— Así es, gracias.

El hombre volvió a mirar a la dragona e Ilion procedió a marcharse, por mucho que deseara interrogar al hombre no tenía tiempo y no podía llegar tarde a la cena.