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10:00 pm | 8 de Enero de 2025
El chasquido seco de la televisión rompió el silencio y proyectó un resplandor azul en la sala de los Tucker. Tricia no podía dormir; últimamente, había noches en que sentía su propio cuerpo como un intruso.
Se sentó en el sofá, dejando el vaso de leche tibia sobre la mesa del centro, y tomó el control. Pasó por los canales hasta que algo la detuvo: un logo ridículamente alegre con un tallo verde, que le picó la curiosidad.
[ PROGRAMA EDÉN – Cuidando el futuro de tus hijos ]
Una melodía infantil, empalagosa y suave, comenzó a sonar. Tres muñecos con aspecto de niños: uno con coletas, otro con gorra ladeada, y el tercero con gafas redondas demasiado grandes, saltaban y cantaban en un escenario cubierto de flores bordadas y un sol pintado que sonreía.
Pero mientras giraban, Tricia notó un detalle: el muñeco de la gorra tenía una cola cosida a su traje que se movía por sí sola. La canción se interrumpió con un chirrido extraño, como cinta gastada. Los muñecos se quedaron estáticos, mirando directamente a la cámara. Un texto infantil, colorido y alegre, apareció en pantalla:
[ Si notas cambios en tu hijito... ¡no te preocupes! ]
[ Edén los cuidará por ti ]
Un escalofrío heló la sala. Tricia se abrazó las rodillas. La pantalla parpadeó, y las letras se transformaron en una vibración roja e hipnótica que se repetía una y otra vez como una orden:
[ ¡ENTRÉGALO AHORA! ]
El sonido de estática llenó el aire. La adolescente parpadeó, sin saber si lo que acababa de ver era un anuncio o una pesadilla muy real.
TOC. TOC. TOC.
Alguien golpeaba la puerta principal con una insistencia gradual. Tricia se levantó de un salto. A través del cristal de la entrada, dos siluetas altas permanecían perfectamente inmóviles.
TOC. TOC. TOC.
—
7:30 am | 8 de Enero de 2025
La luz de la mañana se colaba por la ventana entreabierta, iluminando el desorden de la habitación de Craig.
“Tu ru ru, tu ru ru…”
La melodía repetitiva sonaba insoportable esa mañana. El pelinegro gruñó, abriendo un solo ojo, y extendió la mano a tientas hasta su celular para silenciar la alarma. Era un sábado más.
Giró la cabeza hacia la esquina de su cuarto, donde una pequeña jaula descansaba sobre un cajón de ropa, cerca de pósteres mal pegados en la pared. Stripe, su cuy, mordisqueaba un trozo de heno.
—Buenos días, Stripe —murmuró, sacando el cuerpo de la cama.
Se acercó a la jaula y deslizó los dedos entre los barrotes. Stripe chilló suavemente, frotándose contra su mano. Craig sonrió antes de buscar su ropa.
Mientras se ponía los pantalones, sintió un cosquilleo incómodo en el cabello, pero lo ignoró, buscando su gorro colgado en el respaldo de la cama. El gorro azul era casi una parte de él; rara vez se lo quitaba.
Se lo caló casi sin pensar, pero el simple acto le resultó incómodo, como si su cabeza ya estuviera ocupada por algo. Se quitó el gorro, se sentó, y se pasó la mano por la cabeza.
Notó de inmediato dos bultos pequeños donde la noche anterior no había nada. Con ambas manos, palpó con precisión.
—Maldita sea...
Eran orejas, pequeñas, peludas, exactamente como las de Stripe. Se movían apenas, como si tuvieran vida propia.
—Justo lo que me faltaba —susurró, sarcástico, intentando ordenar sus pensamientos. ¿Se estaba volviendo loco?, ¿era algún tipo de alucinación?, ¿seguía dormido?
Stripe chilló, como si llamara a su dueño. Craig cerró los ojos un momento, mientras terminaba de calmarse.
—Oh dios... Stripe, ahora tenemos cosas en común.
El sonido de su celular vibrando lo asustó un poco. Lo había dejado sobre la mesa de noche. Se acercó a ver de quién se trataba: era Clyde, otra vez.
—¿Qué demonios quieres, Clyde? ¿No duermes?
—¡Ey, Craig! —La voz de Clyde era demasiado animada para la hora.
—Solo llamaba para lo de esta tarde. ¿Te apuntas o qué?
Craig se tiró de espaldas en la cama, mirando a Stripe, que lo observaba como si lo entendiera.
—No sé... estoy ocupado. Muy ocupado.
—¿Ocupado con qué? ¿Tu maratón de documentales otra vez? Vamos, puedes verlo otro día. Es sábado.
Tenía razón sobre la serie, pero esta vez sí estaba ocupado, aunque no era precisamente el tipo de cosa que pudiera contar.
—No es la serie. Olvídalo. Te escribo después.
Colgó antes de que Clyde pudiera responder. El silencio volvió al cuarto. Se pasó una mano por la cara, sintiendo el sudor frío. Nadie podía notarlo, al menos, no todavía.
Intentaba convencerse de que todo era un mal sueño, una rareza pasajera. Pero la piel tensa bajo su gorro gritaba lo contrario.
—Cuando hablaban de la pubertad, no me imaginé que esto pasara... esto es tan estúpido.
—
8:20 am | 8 de Enero de 2025
Las orejas bajo la tela del gorro le molestaban, pero no había manera de ir por ahí con orejas de animal como si fuera lo más normal del mundo. No había escuchado que a nadie más le haya pasado, pero tampoco quería saber cómo iban a reaccionar.
La cocina olía a pan recién tostado y a jugo de naranja. Su padre hojeaba el periódico con las cejas fruncidas, su madre acomodaba la mermelada y la mantequilla sobre la mesa, y Tricia ya estaba sentada, balanceando las piernas mientras removía su cereal de forma distraída.
—Buenos días, Craig. ¿Vas a salir hoy?
Craig se encogió de hombros y se dejó caer en la silla junto a su hermana, sirviéndose leche.
—Puede ser. Clyde quería ir con los chicos más tarde.
—¿Y Tweek va a ir? —intervino Tricia con esa sonrisa traviesa que siempre lograba irritar un poco al del gorro azul, que no le había tomado mucha importancia a su comentario.
—Sí, Tweek, Tolkien, Clyde y Jimmy. Los de siempre. ¿Ya terminaste?
Un zumbido ligero lo distrajo. Entre los comerciales de la televisión, un fondo negro acompañado por un logo de cara sonriente brillante con música infantil se había escuchado.
[ Programa Edén, ¡cuidando el futuro de tus hijos! ]
Nadie en la mesa parecía notar la extraña energía del anuncio. El del gorro azul decidió ignorarlo para luego Tricia, que estaba con el control remoto, cambiarlo a otro canal que quería ver sin darle mucha importancia al raro comercial.
TOC. TOC. TOC.
De pronto, la puerta principal comenzó a sonar con una urgencia sorprendente para la hora.
TOC. TOC. TOC.
Craig resopló y se levantó con desgano, ya que nadie más parecía querer ir. Abrió de golpe.
Era Kenny, con la capucha naranja subida, que intentó abrir la boca para hablarle.
—Casa equivocada, amigo —dijo Craig de inmediato, sin siquiera preguntarle a qué venía, y cerró la puerta de golpe para dirigirse a terminar su desayuno.
—¡Craig! —gritó Tricia desde la mesa, corriendo hacia la puerta para volver a abrirla, lanzandole un dedo medio.
—¡Era Karen!
Allí estaba Karen, con su mochila apretada contra el pecho y una sonrisa que parecía iluminar la entrada, con Kenny que la estaba acompañando solo cerca suyo.
—Hola, Tricia, ¿ya estás lista? Ya les dije a mis padres que saldríamos, así que no hay problema.
Craig observó cómo las dos amigas se dirigían a salir. Mientras tanto, Kenny estaba parado junto al marco, alzó la mano para saludar. Craig apenas levantó la mano, solo mostrando el dedo del medio.
Karen y Tricia se alejaron caminando por la acera, conversando y riendo. Kenny solo se dirigió por otro camino, caminando con pasos ligeros.
—
9:05 am | 8 de Enero de 2025
Craig estaba recostado en su cama, con Stripe acurrucado a su lado, sobre la colcha. El pequeño cuy dormitaba plácidamente, su respiración tranquila acompañando la calma de la habitación.
No sé si debería salir hoy con Clyde y los demás… —murmuró Craig, mirando el techo pensativo. —Tal vez me quede en casa y vea qué pasa.
Craig giró un poco la cabeza y miró el celular sobre la mesa de noche. La pantalla estaba desbloqueada. Mientras lo miraba, su mente recordó todas las veces que había querido una opinión externa, alguien que no lo conociera y pudiera dar un consejo honesto.
De repente recordó la página de preguntas anónimas que había visto hace un tiempo. Era un espacio donde cualquiera podía escribir algo y obtener respuestas de personas que no lo conocían. Le pareció la idea perfecta.
Craig deslizó el dedo por la pantalla y abrió la página, para luego escribir la pregunta que estaba en duda en su mente
(Tengo un secreto vergonzoso que me apareció de la noche a la mañana. ¿Debo arriesgarme a que mis amigos lo noten saliendo con ellos, o debo quedarme solo en casa y esperar a que desaparezca?)
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1️⃣ Craig salga a pasear con sus amigos y se arriesgue a que vean sus orejas
2️⃣ Craig se quede en casa con Stripe y disfrute de la tranquilidad
Según lo que decidas, cambiará lo que Craig hará este día.