Little misunderstanding

Summary

En búsqueda de su romance adolescente, Jonathan Kent casi termina con un embarazo adolescente... Y esta es su verdad.

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Complete
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1
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n/a
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16+

1

Existían cuatro reglas definitivas, inamovibles y, evidentemente, no negociables en casa de la familia Kent-Lane.

La primera dictaba sobre estar dormido a las de la noche, todos los días incluso durante los fines de semana, la segunda hablaba sobre la responsabilidad de lavar todos los platos y artículos de la vajilla que se usaban de forma personal así como dejar la cocina limpia; incluyendo sacar la basura si se era el último en cenar.

Y por último, pero no menos importante, dictaba sobre la prohibición de dulces y golosinas después de las seis de la tarde, así como las cantidades moderadas para consumirlos y todas esas cosas que a las mamás parecía gustarles controlar.

Por eso, a Jonathan le gustaba tanto ir a la casa de Damian Wayne, su mejor amigo de toda la vida y, desde el último San Valentín, su novio.

Si, el inicio de su historia de amor había sido toda una hazaña, una historia que merecía la pena ser contada, pues había sido increíble y totalmente única. Ese día Damian le regaló un anillo de dulce, pero no cualquier anillo de dulce, por supuesto que no ¡Había sido el mejor de los anillos de dulce! de esos que saben perfectamente a todo lo que decían que sabían y tenían una lucecita de colores.

Más una caja de chocolates con el mensaje de “Sé mi San Valentín”, de la cual ignoraría que trajera el nombre de su antiguo dueño tachado con uno de esos plumones gruesos y poco eficientes.

Y podría apostar todos sus ahorros de la vida, veinte dólares con cuarenta y cinco centavos para ser exactos, que el nombre censurado pertenecía a Tim.

Pero eso no le quitaba nada al obsequio de Damian, lo calificaba como el gesto más adorable de todo el mundo, tan romántico y considerado por parte de Dami y tampoco estaba en posición para juzgar a su lindo novio por haber presuntamente robado el regalo de uno de sus hermanos mayores, pues hasta donde él sabía esos chocolates fueron pensados para sí mismo y habían estado deliciosos.

Si Bernard Dowd pudiera leer mentes, le gustaría expresar una felicitación sobre su excelente gusto para elegir productos provenientes del cacao.

Esa anécdota adorable y divertida lo habría llevado hasta ese día en especifico, donde Damian le invitó a pasar una noche de viernes en una pijamada dentro de la Mansión Wayne; es decir, sería un día donde Jon no debía respetar las reglas inamovibles, definitivas y por supuesto, no negociables de su mamá.

Ya se saboreaba la libertad que le daría pasar tiempo con su novio. Podría levantarse de la mesa, llevar sus platos al trastero pero no tendría que lavarlos, tampoco se vería obligado a sacar la basura, separar la misma y ahuyentar a todos los animales silvestres que parecían estar enamorados de sus sobras.

Aunque claro, cuando Lois no lo veía, dejaba abierta la bolsa de los restos orgánicos para sus peludos visitantes.

También iban a poder dormirse después de las 12 si ellos querían y lo mejor de todo, el acceso a las golosinas no estaría supervisado ni controlado casi militarmente.

Con ese deseo de libertad, Jonathan llegó a casa de Damian, junto a su mochila, la cual ciertamente era del doble de su tamaño y eso que era el chico más alto de su grado, llevada a cuestas sobre su espalda, junto a una mantita azul con estampado de aliens y platillos voladores en la parte superior de la misma mochila.

Mintiendo que el tamaño de su mochila se debía al par de cambios de ropa que llevaba, pues por la diferencia de tamaño entre su adorable novio y él, era imposible que el mayor pero más bajo pudiera compartir sus pijamas o ropa en general.

Clark intentó calmarlo mientras sobrevolaban Metrópolis rumbo a aquella parte boscosa de Gotham donde se llevaría a cabo la mejor pijamada del mundo, pero fue inutil, Jon se movia de un lado a otro mientras le contaba todas las cosas asombrosas que iban a hacer ese fin de semana.

Y más tarde que temprano, Clark Kent entendió que no existía poder humano o kryptoniano alguno para hacer bajar a Jon de esa nube de emoción en la cual parecía haber sido secuestrado.

Jon no esperó un aterrizaje seguro; Cuando vio que estaba a una altura segura dio un salto para aterrizar por su cuenta, cayendo en sus rodillas sobre el camino empedrado que creaba el sendero transitable del hermoso jardín de la mansión. Se levantó de un brinco después de semejante aterrizaje y se sacudió, corriendo hasta la entrada y tocando seis veces seguidas, así como muy rápido, el timbre del lugar.

—Puede guardar su insistencia, joven Kent —Alfred abrió la puerta a la mitad del cuarto timbrazo, mirando con seriedad al invitado, quien sonreía con emoción y se balanceaba sobre sus pies al mismo ritmo que había importunado a la campanilla.

—Buenas tardes, señor Alfred —el niño Kent volvió a sonreír mientras saludaba, acomodando su mochila detrás de él para intentar calmar la emoción de la cual era presa y mantenerse en ese mundo, pues estaba casi seguro que saldría volando al espacio si no se sostenía a algo con mucho peso. —¿Se encuentra Dami…

—¡Jonathan! —una voz que rozaba entre lo infantil y los golpes de la prepubertad se escuchó detrás del hombre del traje elegante, acompañados de pasos rápidos y seguidos, golpeando los finos acabados de madera de la escalera principal, hasta bajar y salir corriendo hacia él.

Damian Wayne, el hijo menor de la familia y el lindo novio de Jonathan Kent ignoró a cualquier persona que estuviera en ese momento, únicamente para lanzarse contra el chico a quien estaba esperando, abrazandolo con firmeza y ser correspondido al segundo uno de esa interacción.

—Estaremos en mi habitación, no nos interrumpan —Damian tomó la mano de su novio con firmeza, mientras daba sus instrucciones con el tono más serio y estoico que podía salir de un chiquillo de 12 años. El mismo chiquillo que se había sonrojado de solo mantener un abrazo largo con aquel otro chiquillo que estaba igual de emocionado que él.

Sin esperar confirmación alguna de haber sido escuchados, los dos subieron corriendo las escaleras de la mansión, tan rápido como sus torpes pasos se los permitía; torpeza acentuada ahora por la emoción y un poco de la vergüenza típica del adolescente.

—¿Seguro que estará bien si Jonathan se queda esta noche? —Clark preguntó segundos después de ser testigo de cómo esos dos estuvieron a punto de rodar escaleras abajo en más de una ocasión.

—Le aseguro, señor Kent, que no hay lugar más seguro para que los niños estén —Alfred le informó con total calma mientras le escoltaba fuera de la casa, aun si Clark intentara quedarse más tiempo para estar “completamente seguro de si esa era una buena idea”.

Las últimas palabras del reportero dentro de la mansión fueron una despedida para Jon, quien a pesar de haberle escuchado claramente como si estuvieran en el mismo lugar, no lo contestó, pues en ese momento solo parecía importarle pasar tiempo con el moreno, mientras leían el último cómic del Vengador del Espacio, recostados en la cama uno al lado del otro.


La tarde pasó rápidamente pero había sido maravillosa.

Después de la lectura y comentario sobre su cómic favorito, ambos bajaron hacia la piscina techada del padre de Damian para nadar un rato y jugar un poco ahí dentro.

Jon miró con extrañeza el pequeño reglamento a un lado de la piscina, donde prohibía demasiadas cosas y una de esas era la entrada a los superhumanos, más no le importó demasiado, pues Damian lo había jalado con él para entrar a la misma y jugar hasta cansarse y verse obligados a salir tan arrugados como pasas y temblorosos por el choque térmico del que fueron víctimas fuera del agua.

Un baño caliente y la merienda más tarde, ambos corrieron escaleras arriba de nueva cuenta; era momento de jugar el último videojuego de la saga de los Oficiales del Anochecer versión deluxe, conseguido especialmente para ese día.

Damian tomó el juego y fue hasta la consola de videojuegos en la sala de descanso que tenía instalada en esa parte específica de la casa, a un lado de la oficina de su padre para ser más exacto.

Mientras Jon, quien había llevado su mochila enorme hasta ese lugar, se sentó en uno de los sillones reclinables en espera de su lindo novio.

Damían se volteó una vez que instaló las pilas en ambos controles de juego, entregando el segundo para el de cabello rizado, mirándolo extrañado después de ver el equipaje acompañándolos también.

—¿Acaso vas a asistir a un campamento ahora? —Wayne no dudó en hacer la pregunta sobre el elefante rosa de la habitación, después de dejar el segundo mando e ir a tomar asiento a su propio reclinable, sin apartar la mirada de este.

Jon negó con la cabeza, muy seguro de lo que estaba por hacer.

—Para nada —soltó con una risa mientras habría la bolsa principal de esa enorme maleta y como parte de algún truco de magia bien producido y nada barato, el contenido de la misma explotó, dejando bolsas de chucherías variadas regadas por la alfombra y la sonrisa más grande de satisfacción en el rostro del menor de ambos.

Damian también sonrió, agachándose para tomar una de las bolsas extra grandes de Puffs extra queso que había quedado a su lado después del incidente.

—Pensé que tu mamá no te dejaba comer esto —sacudió la bolsa como parte de señalar esa cosa en particular, antes de hacerla explotar al apretarla y abrirla así, comenzando a comer de ella.

—No me deja —confesó, con sinceridad y las mejillas sonrojadas de la vergüenza, pues confesarle eso a Damian, quien era uno de esos chicos cool y rebeldes, no parecía ser la mejor de las ideas para enamorarlo. —Por eso los traje el día de hoy.

Mientras el moreno se chupaba los dedos para quitar la costra de queso sintético y pegajoso de los puffs, únicamente acercándose a la mejilla del otro, dejando un pequeño beso en esta y sonreír de medio lado.

—Una excelente estrategía si me lo preguntas —confesó, antes de regresar a sentarse correctamente y tomar el control del videojuego de una forma extraña, recargándolo en la parte inferior de los dedos y el dedo medio, manejando los stickjoys con la segunda falange del pulgar para no mancharlo o dejarlo pegajoso.

Jon suspiró suavemente, más calmado al ver que su Dami parecía impresionado por sus habilidades de rebeldía y planes elaborados para contrabandear y comer comida chatarra a horas no permitidas… en un lugar donde su mamá no mandaba y jamás se enteraría.

Así que con confianza tomó otra de las bolsas de frituras, algunos dulces varios, chocolates pequeños y bebidas de frutas ultraprocesados, tanto que los colores eran tan brillantes que parecían radioactivos.

Y así, entre videojuegos, jumpscares, risas y demasiada azúcar la mañana comenzó a asomarse por las ventanas del lugar, obligándolos a salir corriendo hasta la habitación de Damian, pues Batman no tardaría en llegar a casa y nadie que no hubiera salido a patrullar tenía permiso de estar despierto tan tarde.


La mañana había sido un poco mala.

Quizá por haberse mantenido en vigilia tanto tiempo o porque las mañanas en esa parte de Gotham eran brillantes… brillantes nublado no brillantes soleado.

Aun así Jon se sentía ligeramente extraño.

Por lo que no tuvo gran problema al ver que su papá llegaba por él a la hora acordada, ni un minuto antes ni uno después.

En cualquier otro momento habría luchado con su padre para que le permitiera estar más tiempo en la casa de su novio, pero por primera vez agradecía lo responsable y buen padre que era Clark.

Se despidió de Dami con un abrazo y un beso en la mejilla, le dio una sonrisa ligeramente triste al mayordomo mientras agradecía por dejarlo estar esa noche y sin protestar nada, subió a la espalda de su papá para emprender el vuelo de regreso a casa.

Deseando llegar lo antes posible.

Cuando ambos kryptonianos descendieron sobre el balcón del departamento donde vivían en Metrópolis, el más joven de los dos entró corriendo a la casa, directo al baño para regresar con mucha fuerza y ruido el contenido de su estómago de la manera menos bonita y normal para hacerlo.

Clark escuchó a su hijo vomitar y fue hasta la puerta del baño, intentando saber si había ocurrido algo en su pijamada o si solo se había mareado en el viaje de regreso.

Pero solo un tembloroso “Todo bien, pá” salió del chico, dejando todo menos tranquilo a Clark pero, confiaría en él.

Tardó algunos minutos más en salir del lugar, se sentía mareado e incomodo aun, pero no quería preocupar a su papá, mucho menos esa semana cuando su mamá no estaría en la ciudad y no quería que nadie saliera regañado.

Fue con mucho pesar hasta la computadora en el medio de la sala y comedor, sentándose frente de ella mientras esperaba que el sistema arrancará y le permitiera hacer una búsqueda rápida y compleja en google.

Tecleó sus síntomas; Náuseas, mareos, incomodidad en el estómago.

Y sus ojos azules se abrieron de par en par cuando la lista de resultados en Google le mostraba la misma cosa una y otra vez.

Embarazo.

Su respiración comenzó a agitarse, sus manos fueron instintivamente hasta su estómago, apretándolo un poco como si lo abrazara y fuera algo externo a él, y las lágrimas no tardaron en aparecer, sin poder dejar de ver los tres primeros resultados de la búsqueda.

Tembloroso, asustado y aun con las lágrimas rodando sobre sus mejillas, apagó el computador, se levantó y fue corriendo hacia su habitación para poder llorar con mucha más tranquilidad, mientras sus pensamientos iban de un lado al otro, ¿Como debía decírselo a sus papás? ¿Qué pensaría la abuela cuando escuchara la noticia? ¿Lo correrían de la casa como a las protagonistas de todas esas películas tristes que había visto en la tele?

Y... ¿Cómo lo tomaría Damian? ¡Era hijo de los dos! Debía saberlo pero... ¿Y si lo negaba? ¿Y si prefería abandonarlo?

Aun sollozando tomó su teléfono para llamar al otro, sorbiendo los mocos mientras esperaba que el tono de llamada entrando desapareciera.

“¿Diga?” —La voz despreocupada del otro lado de la línea se escuchó, junto con el sonido de un videojuego de pelea al fondo, posiblemente Damian estaba comiendo algo de las golosinas que se habían quedado de la noche anterior.

—¡Dami! ¡Estoy embarazado! —y entre pequeños sollozos lo soltó.

Y solo hubo silencio, pero Damian no cortó la llamada.


La noticia no tardó en llegar a los oídos de su padre.

Literalmente, la conversación fue escuchada desde dos habitaciones lejanas de donde se había escondido Jon para hablar, tan claro como si hubiera estado ahí mismo, escuchando los susurros y chillidos ahogados del menor de todos.

Por lo cual, Clark no esperó ni un minuto más, volviendo a casa de dónde había salido su hijo lastimado y con el corazón tan adolorido que sus lágrimas no dejaron de brotar incluso si estas le lastimaban durante el vuelo de vuelta.

Cuando el mayordomo abrió la puerta para dejarlos entrar, el supertipo y su pequeño hijo entraron apenas diciendo un “disculpa que lleguemos de esta forma”.

—Necesito hablar con Bruce —informó el mayor mientras se volvía a poner los lentes y suspiraba, en sus ojos no había una pizca de amabilidad, ahora solo mostraban una combinación entre la tristeza, el enojo y la decepción, no con su hijo, para nada, sino con las personas que habían prometido cuidarlo y lo habían entregado de esa manera.

—El amo Bruce está ocupado en este momento.

—Pues que deje de estar...

—¡Hey, Clark! —Richard salió de la cocina con un sándwich en la mano, mirando la escena donde Alfred miraba condescendientemente al tipo que parecía estar poco calmado y al pequeño niño que lloraba y seguía llorando aun si estaba en público. —¿Ocurrió algo?

—Necesito hablar con Bruce, es urgente y me niego a esperar —soltó con firmeza, aunque Richard era el hijo de Bruce a quien parecía querer y tratar con más cercanía, había puesto una barrera invisible entre los dos para mantener una distancia emocional bastante evidente.

—Oook... —Dick lo notó y solo levantó una ceja, aunque no hizo ademán de irse y dejar la escena como tal —Bruce está algo ocupado ahora, ya sabes... Cosas de la empresa, así que ¿Por qué no hablas conmigo?

—No es algo que pueda hablar contigo, Richard.

El acróbata abrió los ojos de par en par, no esperaba tal respuesta, volviendo la mirada hacia el niño quien seguía llorando y nadie parecía prestarle atención.

—Pequeño Jon ¿Pasó algo?

—¡Jon!

—¡Dami!

Y de nuevo la pregunta soltada por Dick no fue respondida, pues su hermano menor entró a escena, corriendo escaleras abajo y saltando a la mitad de la misma para bajar con mayor rapidez, mientras Jon dejaba la seguridad de estar detrás de su papá para correr y abrazar al moreno.

—Tranquilo, todo va a estar bien —Damian soltó, tomando entre sus manos la cara del menor, acariciando sus mejillas con los pulgares mientras sostenía la mirada firme pero gentil, como de un señor pequeño que se hacía responsable de las consecuencias de sus actos.

—Dami, estoy asustado —el chico de cabello rizado murmuró, suspirando mientras sus mohines eran tiernos, incluyendo pucheros y ojos de perrito abandonado.

Y Richard no podía separar su mirada de la tierna escena de esos dos niños, pues el primer amor parecía tan inocente y tan lindo cuando se dejaba ser así; inocente y lindo.

—No te preocupes, estaremos bien, cuidaré de ti y de nuestro bebé —y la mano del moreno fue sobre el estómago del otro chico. Muy serio, muy formal, muy dispuesto a hacer todo lo necesario. —Me haré responsable.

Dick abrió los ojos cuando cayó en cuenta de lo que estaban hablando, sintiendo como todas sus ilusiones sobre el primer amor que había puesto sobre la linda parejita de niños frente a él se desgarraban cual tela mal cortada.

—¡¿SU QUÉ?!


Probablemente la reacción de Grayson había sido más exagerada de lo necesario ante la noticia, pero al menos había hecho que Bruce Wayne se uniera a la conversación… Y los demás miembros de la familia también.

Completamente absortos de lo que escuchaban y extrañados pues no era lo que la mayoría habría esperado escuchar; pegados a la baranda del segundo piso, mirando como lechuzas en la trabe de una iglesia en el tercermundo.

—Entonces... Jonathan está embarazado —Bruce afirmó mirando a los niños quienes seguían agarrados de las manos mientras tenían el juicio de tres adultos frente a ellos intentando saber que iban a hacer con esa situación.

—Si —contestó Damian.

—Y vengo a pedir una respuesta Bruce, mi hijo... Mi hijo no estaba así hasta que vino a esta casa. —Clark dio un paso al frente, mirando con seriedad a quien hasta el día de ayer era su mejor amigo y la persona a quien podía confiar ciegamente a aquello que amaba más que a sí mismo en ese mundo; su familia.

—Mi respuesta es que tu hijo se embarazó en otro lugar —Bruce fue directo mirando con la misma firmeza que el otro tipo lo hacía, posiblemente como estrategía para intimidar o por no dejarse intimidar por el hombre de otro planeta —Es imposible que se muestren los síntomas un día después del acto, así que el padre de tu nieto es otra persona.

Un silencio incómodo se adueñó del lugar, ni los susurros de Tim quien explicaba la razón por la cual Damian no podría embarazar a nadie volvieron a hacerse presente, únicamente todos miraban la escena.

Mostrándose más parecidos a la corte de los búhos que a la familia de Batman.

—O mejor dicho, tu hijo ha estado abusando del mío mucho antes de ayer —Clark gruñó, acercándose cada vez más a Bruce, quizá sí, con la intención de terminar esto en alguna pelea física.

—No se preocupe, señor Kent —Damian se levantó de su asiento —Voy a hacerme responsable del bebé que puse en su hijo, encontraré un buen trabajo y nada les faltará.

Un chillido ahogado de dolor salió de Dick, quien corrió hasta su hermanito para abrazarlo y negar con la cabeza.mientras lo estrujaba.

—No, no, eres muy joven para esto Dami... Nooo —chilló con fuerza y aunque Jason se habría burlado de esa forma de actuar en cualquier otro escenario, el mismo tipo solo miraba desde arriba, sintiendo quizá lo mismo que su hermano mayor.

—Es mi deber, no dejaré desamparado a mi bebé.

Dick lloró, sin querer soltar a su hermano, maldiciendo al mundo de que estas pruebas deberían habérselas presentado a alguien más y no a ese par de niños tan lindos.

Y así, la escena era un adulto joven llorando y suplicando al dios que estaba en los cielos misericordia, los dos adultos responsables gritando verdades que no tenían ni idea si eran reales y los otros tantos miembros de la familia volviendo a cuchichear, apostar y otras cosas como.espectadores.de un circo.

Alfred rodó los ojos, suspiró y se puso entre Clark y Bruce para hacerlos alejarse un poco, pasando entre ellos como la única figura de autoridad y pensamiento crítico del lugar.

—Joven Damian, Joven Jonathan —el adulto mayor habló, mientras separaba a Richard del niño moreno y suspiraba. —¿Pueden decirme por qué creen que están esperando un bebé?

—Vomité después al regresar a casa hoy... —Jon contestó, mirando al mayordomo abuelo de su novio, mientras hacía un puchero —mareos y ascos... Y… y… y busqué mis síntomas en Google y dijo que era embarazo.

Alfred asintió, volteando a ver a Damian.

—Y ustedes ¿Ya tuvieron relaciones sexuales?

Ambos chicos ladearon la cabeza hacia el mismo lado ante la pregunta y los otros tres coprotagonistas de la historia los miraron fijamente, esperando la respuesta.

—No.

—Solo nos dimos un beso en la mejilla.

—Pero entrar a las piscinas te embaraza. —puntualizó Jon, mientras levantaba la mano —Lo busqué en Google mientras volábamos hasta acá y aunque me dijo que no, yo sé que sí.

—Entiendo —Pennyworth asintió, volteando hacia los padres de los chicos. —Considero prudente comenzar a hablar.sobre sexualidad.con los chicos, Amo Bruce; señor Kent, debería recordar lo complejo que fue para usted y la señora Lane el poder concebir a su criatura.

Y sin agregar más, Alfred se volvió a abrir pasó entre los padres de los niños recientemente expuestos.

—Por cierto, Joven Jonathan, debería hacerle más caso a su madre sobre no comer tantas golosinas para no tener problemas estomacales en un futuro.

Jon parpadeó varias veces, volteando a ver a su papá quien también lo estaba viendo y solo asentir.

—Bien... Creo que fue un malentendido —Clark habló, ligeramente apenado mientras apretaba los labios y veía a su mejor amigo.

—Si... Una disculpa por proponer cosas fuera de lugar —Bruce también habló, tosiendo levemente para quitar la tensión del momento y la pena de haber discutido de esa forma.

—Si... Bueno, nos vamos, pasen buena tarde chicos... —Clark se despidió, haciendo un ademán con la cabeza y tomando a su hijo de la mano para salir del lugar.

—Entonces... ¿No estoy embarazado?

Diagnóstico: Gastritis. 7 días de medicamentos, antiácidos y muchos probióticos naturales cuatro días después del tratamiento.

Y no más puffs de queso jalapeño, ni juguitos industrializados de color radioactivo.


Jonathan soltó un suspiró cuando cerró el cuaderno que había tomado de la caja de su mudanza, acababa de mudarse al departamento de su pareja y como no había deseado hacer limpieza tres días antes en la casa de sus padres para depurar aquello que se iba con él, ahora tenía que hacerlo.

Sin embargo ese cuaderno le pareció bastante gracioso, había sido su diario desde los ocho hasta los diez, la edad en la que creyó que tendría un hijo con su pequeño novio y recordar era volver a vivir.

Casi diez años más tarde, ahora tenía veintitrés.

Negó con la cabeza mientras apagaba la luz de la sala de estar, el lugar donde se había quedado a separar entre aquellos libros que permanecerían dentro de sus estantes y todas las cosas viejas que debía tirar, reciclar o regalar.

Caminó por el pequeño pasillo del sitio, estirándose una vez que pasó por la puerta de la habitación con el mayor de los silencios que podía; era tarde en la noche.

Se quitó la playera dejándola en el canasto detrás de la puerta y se metió a la cama, abrazando por detrás a la persona quien recostada ya se encontraba, pasando sus manos debajo de la pequeña barriga de embarazo que cargaba, ayudándole a acomodarla sobre la almohada que usaba para dormir un poco mejor durante esos meses de gravedad.

Aunque eso había hecho despertar al otro, quien sí había suspirado como agradecimiento pero también soltó un quejido.

Jonathan soltó un diminuto “lo siento” al darse cuenta que lo había molestado.

—¿Terminaste? —su voz con tono adormilado y ligeramente rasposo debido al tiempo que llevaba dormido rompió el silencio, mientras se hacía un poco hacia atrás, en búsqueda de un mayor contacto con el otro.

—En lo absoluto. —soltó con una risa que parecía más un quejido, mientras besaba el hombro del otro y volvía a acariciar con suavidad el vientre de su pareja. —¿Cómo se ha portado Lizzie?

—Estaba quieta hasta que te escuchó —murmuró, volteando sobre su hombro para encararlo, deslumbrando al otro con su mirada de esmeraldas brillantes, quien solo pudo acercarse y besar sus labios con suavidad.

—Lo siento, Dami —volvió a disculparse, dejando otro beso, ahora en su mejilla y juntándose más en contra del otro. suspirando —estaba recordando el momento cuando creí que me habías embarazado por un beso en la mejilla.

Jon soltó ligeramente avergonzado, pasando sus manos sobre el vientre hinchado del otro, tan tibio como el mismo cuerpo ajeno.

—Y míranos ahora, con una bebé en camino —Damian soltó con una risita, suspirando suavemente. —Aunque maldigo a mi padre por no enseñarme biología básica hasta después de ese suceso, no me arrepiento de nada.

Damian giró sobre su propio cuerpo para quedar recostado sobre su espalda antes de acomodarse entre las almohadas y llamar al más joven cerca de él. Y Jon no tardó mucho, gateando sobre la cama para colocarse entre las piernas del más bajo, para besar sus labios con mayor comodidad, acariciando su rostro entre sus manos, sonriendo.

—Y bueno… aunque la biología básica dice que no puedo embarazarte de nuevo por ahora… —Kent susurró después de separarse del beso, sonriendo de medio lado. —¿Quieres intentar ir contra la biología?

Damian soltó una risa al escuchar la forma tan tonta, dulce y suave en como le pedía tener relaciones sexuales, acariciando su rostro con suavidad.

—Te amo tanto Jonathan y también amo el aroma a libro viejo —soltó el moreno, mientras le dejaba otro beso sobre sus labios. —pero preferiría que tomaras un baño primero.

—¡Concedido! —el superchico se levantó rápidamente, haciendo un saludo militar, antes de salir, literalmente, volando hasta el baño.

Wayne soltó una risa mientras acariciaba su vientre y negaba con la cabeza.

—Ese tipo tonto de ahí es tu papá Lizzie —habló en voz baja, sonriendo y suspirando suavemente, volviendo a acomodar las almohadas de una forma que tanto le gustaba para poder seguir durmiendo mientras el otro regresaba y volvía a despertarlo o a ponerle una manta encima.

Lo que el agua tibia le haga creer que es lo correcto.