Despertar

Summary

No respondió, su boca se unió a la mía al instante. Y su lengua, rápida y agresiva demandó un beso apasionado y sin cordura. Perdí el aliento y con ello el sentido de todo lo que estaba pasando. Nos habíamos besado antes, pero nunca así. Su boca me demandaba más de lo que le podía dar. Sus manos se aferraron a mi cadera y su cadera, joder, su cadera presionó la mía con tanta fuerza y ​​tanto deseo que reaccioné casi al instante. - Entiéndelo Malfoy, tu sabes a quien le perteneces.

Status
Complete
Chapters
21
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

En su cabeza solo había voces, cientos de voces, pero había una en particular que lo confundía. La mayoría de las veces era calmada y suave, hablaba sobre su día, sobre cosas banales como el clima, o el café de la mañana. Aunque la mayoría de las veces leía, principalmente el periódico, otros poemas, e incluso lee novelas, aquellas que reconoce, historias que ha escuchado, o tal vez leído alguna vez.

Otras veces lloraba, podía sentir el sufrimiento y la tristeza en su voz mientras le pedía que regresara, que despierte, que lo extraña. Hablaba sobre los momentos que han vivido y todos los buenos recuerdos que han hecho juntos.

Pero, en algunas ocasiones, no tan frecuentes, pero que se repetían cada vez más, la voz le decía que está bien irse. Esa voz es la peor de todas. Por que es muestra dolor, es tranquila, sería, pero de todas, es la que más lo lastimaba mientras le dice que lo ama, y ​​por eso entiende que si, no puede seguir aquí, mejor se vaya. Pues no quiere verlo sufrir más. Quería tranquilidad para él, aún si perderlo le rompí el corazón, le pedía que muera mientras llora como jamás había escuchado llorar a nadie. Le pedía que muera, mientras le aseguraba, que él morirá después.

Y cada día las voces seguían y seguían, hablaban y continuaban, volviéndose ruido molesto porque puede escucharlas, pero su cerebro no puede procesarlas o almacenarlas. O tal vez si, pero las olvidaba en un instante, se guardan en su inconsciente, pero era incapaz de entender qué es lo que decían...

La primera vez que recobró la conciencia, fue doloroso. Quiso moverse, gritar, pero su cuerpo no le respondía, y el dolor se extendía más y más. Tardó lo que para él fue una eternidad para poder mover una parte de su cuerpo, sus dedos. Parecían más espasmos que un movimiento controlado, pero era suficiente para que la enfermera entendiera que había despertado.

La segunda vez que recobró la conciencia, fue aún peor. Aún le dolía todo y su cabeza le daba vueltas. Intentó respirar pero el aire le quemaba, mientras sentía como un tubo entraba por su boca. El dolor era tan grande que por un instante, prefirió haber muerto. Poco después perdió el conocimiento.

La tercera vez fue mejor. Aún le quemaban los pulmones pero el tubo ya no estaba en su garganta. El cuerpo en lugar de dolerle se sentía pesado, y la sensación de somnolencia seguía en su cabeza, por primera vez abrió los ojos. Su vista estaba nublada, pero podía ver la luz sobre él y algunas sombras que lo rodearon y le hablaron. Seguía confundido y no podía entender nada.

No estaba seguro de cuantos días habían pasado después. Su cerebro seguía confuso, a veces sentía más dolor, a veces, su cuerpo sólo se sentía pesado e inexistente. Tardó un poco más en despertar completamente. Cuando lo hizo, al fin, su cuerpo estaba adormilado, intentó moverse, pero apenas podía mover sus dedos.

– Señor Malfoy. ¿Puedes escucharme? – siguió la voz tratando de hacerle preguntas, no podía responder pero estas siguieron, su cabeza no podía entender nada. Sólo tuvo un pensamiento cierto... ¿Acaso él era el señor Malfoy?

Tuvieron que pasar algunos días hasta que finalmente recuperó un poco del movimiento. Estaba sentado en la cama. La enfermera lo había alojado así. Aún no podía hablar, el tubo que le transportaba oxígeno a sus pulmones mientras estuvo en coma, había destruido sus cuerdas bucales, pasaría mucho tiempo antes de que pudiera volver a hacerlo. Pero su principal problema no era ese. Cuando finalmente los doctores pudieron comunicarse con él notaron un problema mayor. Él no recordaba quien era.

El diagnóstico claro, era amnesia. No estaban seguros de si era algo temporal o permanente, eso sólo el tiempo lo diría. Le habían explicado, muy brevemente, que había tenido un accidente en la estación de trenes King’s Cross, en Londres.

Las cámaras de vigilancia estaban inhabilitadas en ese momento, pero, según algunos testigos, había peleado con alguien y entre el forcejeo terminó cayendo a las vías. Por suerte, no había un tren programado a esa hora, pero su cabeza había recibido todo el impacto sobre los riñones de metal, había tenido dos cirugías complicadas de las cuales, milagrosamente salió con vida, pero después de la segunda había caído en un coma impredecible. Eso había pasado hace dos años.

Draco, como le habían dicho que se llamaba, no tenía ningún tipo de recuerdo sobre la persona que era. La primera vez que una de las enfermeras le dio un espejo, ya que no estaba seguro ni de su propia apariencia, se dio cuenta de que tenía el cabello tan rubio que parecía hecho de plata. Era largo, una consecuencia del coma. Sus ojos eran grises, y su rostro, mostraba que alguna vez había sido atractivo.

Claro que ahora no lo era, o al menos él lo sentía así. Había pasado dos años en una cama alimentándose de una sonda en su vena, si es que eso podría contarse como alimento, su piel estaba pálida, como si no tuviera vida. Su cuerpo era demasiado delgado para su gusto, además estaba débil. Sus brazos no podían ayudarlo a sostenerse, lo había intentado para levantarse de la cama, y ​​sus piernas, a pesar de tener sensibilidad, se negaban a moverse.

La otra cosa que descubrió sobre sí mismo, después de su apariencia y nombre, fue que estaba solo. Cuando finalmente estuvo más despejado, los doctores hablaron con él de su condición y tuvieron una semana, bastante complicada, de análisis y solicitudes. Lo metían en máquinas, hablaban y le explicaban términos médicos que básicamente no podía entender, en general, fuera de su amnesia y la necesidad de recuperar su cuerpo, no había nada más.

Pero esa semana le demostró que nadie lo había buscado. Ni siquiera tuvo que preguntar a los doctores por ello. Nunca mencionaron a alguien, nunca nadie lo visitó, tampoco había muestras de flores, llamadas, nada.

A pesar de ello, la cuarta cosa que descubrió sobre sí mismo, es que estaba casado, aunque claro, no por mucho tiempo. Oficialmente habían pasado tres semanas desde que despertó. Un hombre entró en la habitación. Al principio se preguntó, pensando que era algún familiar o algo así. No lo era.

– Buenas tardes señor Malfoy, mi nombre es Albert Siegfried, soy el abogado del Sr. Potter, su esposo. Se que es un momento delicado. Escuché que perdió la memoria, pero esto es algo que no se puede evitar más, el Sr. Potter ha solicitado el divorcio.

Se acercó y acomodó la mesa que se usaba para darle su comida, acomodando varios papeles frente a él, junto a su identificación.

– Realmente me hubiera gustado dejarlo recuperarse un poco más, pero debe entender que nuestro cliente está apresurando a la firma para obtener esto lo más pronto posible. Si firma ahora, el Sr. Potter le dará una buena compensación económica de por vida, y un lugar donde vivir apenas pueda salir del hospital.

Draco estaba confundido. Llevaba casi un mes en el hospital después de dos años en coma, ahora sabía que tenía un esposo, pero este no se había dignado en verlo ni una vez. Ni siquiera era él quien entregaba los papeles del divorcio.

– Este Sr. Potter, mi esposo y yo, ¿Nos llevamos mal? – No quise sonar de esa forma, pero no pudo evitar sentir un dolor en su pecho.

– No estoy seguro. Ustedes son un matrimonio un poco famoso, pero no de la manera en que podían creer, su relación es más... discreta. Pero el Sr. Potter no envió a su bufete de abogados normal. Nos contrató especialmente para obtener esta firma ofreciéndole grandes beneficios que, debo admitir, no debería según su acuerdo prematrimonial. Desconozco la naturaleza de su relación. Sólo sé que el Sr. Potter quiere terminarla lo más pronto posible.

– Bueno, llevo un mes aquí y no ha venido a verme. Creo que entiendo perfectamente como era nuestra relación – no estaba seguro de que sentir. ¿Tristeza? ¿Dolor? ¿Alegría? ¿Cómo podía reaccionar al término de un matrimonio que ni siquiera recordaba?

– Está bien. Firmemos esos papeles. ¿Puedes enseñarme como es mi firma? – le preguntó.

El mismo abogado señaló su identificación, y le mostró algunos otros papeles con su firma, principalmente recibos. Le entregó una hoja en blanco, donde empezó a practicar la firma hasta que pudo evitarlo lo más posible, lo cual era un poco complicado por la sensación de sus músculos.

Tardó un poco, pero finalmente pudo hacer lo más parecido posible, firmando el divorcio sin siquiera mirar el contenido.

– Déjeme explicarle los beneficios de su divorcio – continuó mientras sacaba una carpeta.

– ¿Tengo algo a mi nombre? No al de Potter, no quiero nada de él. Algo mío. ¿Una casa? ¿Trabajo? ¿Algo? – Él lo miró confuso, pero continuó.

– Si, tiene una mansión. También es CEO en su propia empresa y una cuenta bancaria. Además de muchos activos e inversiones. Además, el señor Potter ha puesto a su disposición para el divorcio su cuenta conjunta, dos edificios en el centro de la ciudad y... – Draco levantó la mano interrumpiéndolo.

– No quiero nada. Si no estaba a mi nombre antes, no me interesa.

–Está bien, lo trabajaré. Hay otra cosa. El hospital también está en el nombre de su ex esposo. Por lo cual toda atención médica ha sido saldada y ha confirmado que toda la atención será de calidad, privada y totalmente gratuita.

– ¿Hay posibilidad de transferir?

– La hay, pero no la recomiendo. Según sus estados de salud, aún tiene que tomar rehabilitación y mantenerse aquí, por lo menos durante 3 o 4 meses. – Draco dudó un poco. Bueno, si su buen “ex esposo” quería compensarlo, tomaría al menos esto.