Prólogo
Sinceramente, no sé en qué momento terminé tan enamorado de ti, pero estar contigo me alegraba el corazón de alguna forma, al verte solo se me ocurría protegerte y amarte, y aunque sabía que perseguirte no estaba bien por las circunstancias yo deseaba tenerte conmigo. Creo que podría perderlo todo, menos a ti, solo desearía no haberte lastimado como lo hice.
Siento que quizás él te cuidaría mejor que yo, pero no puedo ni siquiera pensar en verte con otro hombre, la sangre me hierve de solo imaginarlo. Eres lo que mi corazón necesitaba, con mis formas poco convencionales de ser y hacer las cosas, tu dulzura sacó mi lado más vulnerable.
La institución en la que yo trabajaba como profesor y tú eras mi estudiante, nunca sería fácil una relación así, tenía que ser tu mejor amigo y profesor antes que el hombre que te amaba, pero no sabíamos cómo llevar las cosas. No podíamos saber de estas cosas cuando te conocí en circunstancias diferentes a las de nuestra vida cotidiana.
Pensar en ese vestido que me volvió loco y desde ese momento no pude dejar de verte, quise alejarme, lo juro, pero simplemente no pude, eras parte de mis días, de mi piel, como el más bello de los tatuajes hecho solo para recordar la mejor noche de mi vida.
Una flor silvestre hecha para liberarme de todo aquello que amaba de ti, la flor que me llevo a ser más feliz cada día con solo verte. Y poco a poco el tiempo contigo me hizo sentir el hombre más joven del mundo, porque al final una diferencia de solo cuatro años no eran nada en comparación al tiempo que estuve esperando por ti.
Pero también había un cariño hacia mi mejor amigo del mundo, y este amor me traía una culpa enorme, sobre todo cuando este amigo era lo mejor que me había pasado en la adolescencia ¿sería capaz de compartir mi amor por ti? No lo sé, pero tenía que averiguar qué es lo que pasaba por mi cabeza al verte con él en esta situación tan extraña.
Compartíamos muchas cosas, desde nuestros gustos, hasta nuestra forma de pensar, y hacer esta carta para ti como terapia por todo lo pasado no es más que otra forma de ocultar que quiero llorar a mares por ti, pero pase lo que pase siempre serás mi flor silvestre.
Y pensar que esa noche que te conocí no sabía lo importante que ibas a ser para mí, si lo hubiese sabido quizás no habría aceptado ese trato que hicimos para no tener malos entendidos, de todas formas, los hubieron, pero al menos ahorraríamos mucho tiempo que ya habríamos aprovechado juntos. Ahora solo me queda saber a quién elegirás, si esta carta la leerás, si seguiré escribiendo nuestra historia o serás parte de las memorias de lo que está escrito en este diario.