Äh: Un callejón oscuro

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Summary

Lars von Goethe lo tiene todo, excepto una razón para existir. Dinero, Lamborghinis, vida de fiesta. Pero el vacío de su apellido es tan grande como su fortuna, y solo logra llenarlo con éxtasis y autodestrucción. En el lado opuesto, Emma es una estudiante de psicología que intenta huir de su pasado, pero descubre una verdad humillante: su adicción más oscura no son las drogas, es Lars. En el medio está Juan, un colombiano que es el mejor amigo de Lars y siempre está ahí para salvarlo cuando se mete en problemas. no es una historia de amor, es un drama psicológico sobre la adicción al caos y el nihilismo, donde tres almas se encuentran en Berlín para definir cuál es el verdadero infierno: tenerlo todo, o no tener nada.

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

I: Altglienicke

Lars despertó algo aturdido y tardó un rato en incorporarse. Cuando lo hizo vio una escena decadente, yacían él y una mujer que ciertamente no conocía en el suelo de un callejón cercano a un puente, se levantó como pudo y reparó en que hacía frío, el típico frío alemán de otoño que te penetra hasta los huesos, se arrepintió en el instante de no tener ninguna chaqueta a mano.

Intentó recordar qué había pasado la noche anterior y cómo había llegado ahí, estaba pensando en eso cuando detectó un olor a grasa y vio su zapato mojado. Con cierto grado de sorpresa descubrió un líquido grasoso que venía de la única puerta en el callejón, fue a investigar de qué se trataba pero solo encontró una puerta cerrada con llave y un cartel de un restaurante chino, eso explicaba el líquido, hubiera vuelto a abstraerse intentando encontrar la razón de su estancia en ese callejón de no ser porque se acordó de la mujer que yacía a su lado cuando se despertó, la volteó a ver y seguía ahí tumbada inconsciente, inmediatamente se preocupó ¿estará muerta? Pensó el chico, fue a verla y para su alivio tenía pulso y parecía estar bien salvo por su evidente falta de ropa, apenas llevaba un top corto y un pantalón.

Lars se permitió un momento para observar a la chica y pensar qué hacer. Sin duda era una mujer de gran belleza, no tendría más de 25 años,blanca y con el pelo largo y rubio, ahí empezó a pensar cómo salir del nuevo aprieto en el que estaba metido, todas las salidas del callejón estaban cerradas y cercadas con llave al igual que la puerta del restaurante chino, la única salida viable sería trepar una de las cercas o en su defecto pedir ayuda a un transeúnte o a un amigo.


Lars tanteó su bolsillo en busca de su celular y se aterró al no encontrarlo. No solo era que perdía la única vía posible para pedirle ayuda a un amigo, además de eso era que el celular era casi nuevo y había gastado una importante cantidad de dinero en él. Lo buscó por el suelo sin éxito alguno. Lo estaba buscando cuando reparó en que la mujer llevaba un bolso consigo. Dudo mucho en buscar algo de ayuda ahí. No es de las personas que les gusta violar la privacidad, pero en ese caso parecía la única salida lógica. Intentó despertar a la mujer una vez más sin éxito alguno. Entonces, decidido, tomó el bolso, lo abrió y vio su contenido.

No había demasiado en él. Productos de maquillaje, un par de bolsas Ziploc con pastillas de colores. Al ver las pastillas, Lars las identificó de inmediato y se le agolparon los primeros recuerdos algo difusos de la noche anterior: una fiesta, música,una chica encima suyo y las pastillas, esas malditas pastillas. Lars suponía que se trataba de extasis, pero poco importaba eso ahora. Siguió buscando y, para su suerte, encontró el celular de la mujer en el bolso. Hizo una oración mental para que el celular no tuviera ninguna clase de bloqueo o que, en su defecto, estuviera desbloqueado. Para su suerte, el celular estaba desbloqueado, con poca batería y menos señal telefónica,

pero desbloqueado al fin y al cabo. Primero, Lars abrió el mapa para saber dónde estaban. Encontró que seguían en Berlín, pero en un barrio al sur cerca de Altglienicke que definitivamente no conocía y muy lejos de cualquier acceso a transporte público. Acto seguido, Lars intentó llamar a su teléfono con la leve esperanza de que estuviera escondido por ahí en algún lugar recóndito del callejón. Se sorprendió porque la chica tenía guardado su contacto y él no recordaba darle su número, aunque a decir verdad no recordaba nada de anoche. Lars no sabía en qué momento había terminado en un callejón y le sobrevinieron recuerdos de su niñez. Recordó su primer viaje al extranjero.

Tenía 5 o 6 años, fue en verano, sus padres lo llevaron a las islas Bahamas por su cumpleaños, no recordaba mucho del viaje, solo que casi se ahogó intentando nadar y su padre lo reprendió por irse solo al mar, eso le hizo preguntarse si él siempre había sido rebelde o era algo más reciente aunque él mismo veía que la diferencia entre algo tan inocente como querer nadar solo a sus 5 años y saltar de fiesta en fiesta tomándose hasta el agua del florero,consumiendo drogas y acostándose con cualquiera para llenar un vacío que sentía era muy grande y sin embargo recordaba que aún a sus 5 años ya sentía ese vacío.


Llamó al número y escuchó a lo lejos una vibración. Se ilusionó y caminó rápido hacia donde la escuchaba, pero pronto la llamada se fue a correo de voz y, para colmo, el celular de la mujer se apagó y bloqueó sin antes poder Lars encontrar el suyo. Fastidiado, intentó probar claves comunes a ver si en un golpe de suerte le atinaba. En esas estaba cuando escuchó una voz femenina atrás suyo: -¿Lars, qué haces con mi teléfono?-Preguntó la mujer, que por lo visto acababa de despertar. -Äh, ¿por qué sabes mi nombre?- Preguntó con sorpresa Lars. -¿no me recuerdas? Soy Emma,nos conocimos en la fiesta de ayer,bailamos un rato y después nos fuimos a un after, pero desde ahí no recuerdo mucho. ¿Qué hacemos aquí?- Dijo preocupada la mujer. -No me acuerdo de casi nada, pero no importa,tenemos que salir de aquí- dijo el chico con evidente desconcierto pero sin muchas opciones -si,pero¿qué hacemos? - Preguntó la chica con un tinte de preocupación en su voz -Podríamos llamar a algún conocido o, en su defecto, esperar a que pase algún transeúnte. También si me puedes hacer el favor de llamarme a ver si encuentro mi teléfono que lo llame desde tu celular y timbró, pero no lo pude encontrar- respondió Lars con expectación. Emma se

Limitó a darle un gesto de aprobación lastimero y a llamar al teléfono de él,para sus adentros pensó que las hormonas la tenían mal porque no encontraba explicación para acostarse con el chico con mal aspecto y peor olor que tenía al lado,sin embargo reflexionó que después de una fiesta como la de ayer nadie iba a estar muy presentable y menos en la situación que estaban.


Lars volvió a escuchar el timbre de su teléfono y esta vez sí lo pudo encontrar,estaba en un rincón cerca a la basura con la pantalla rota y un misero 3% de batería pero al menos no lo había perdido gracias a Dios no lo había perdido,se apresuró a llamar a su amigo Juan para que los sacara de ese apuro. Juan era un colombiano muy amable que él había conocido en su penúltimo año de colegio cuando el llego de Colombia con 80€ y un sueño,aún en contra de su familia el ayudó a integrar a Juan, desde ese momento se habían vuelto inseparables,lo que más le gustaba a Lars de Juan era que nunca decía que no a un plan,era extremadamente leal y para nada superficial ,cosa muy distinta a sus superficiales y alienados "amigos" de "su clase" según sus padres.


-Oe parcero ¿qué cuenta? Como le termino de ir con la que se ligó ayer y como está llevando el guayabo- lo saludo con su habitual acento Bogotano Juan. -hola Juan,la verdad no me acuerdo de nada de lo que pasó ayer,tengo el celular casi descargado,estoy en un callejón con una chica ambos sin ninguna protección ante este frío ¿te puedo mandar mi ubicación y vienes por nosotros?- espeto secamente Lars. -claro parcero,pa eso estamos hágale y yo salgo de una que hoy estoy libre- dijo Juan.


Lars se limitó a enviarle la ubicación a Juan y a esperar,no tenía ánimo para nada y como siempre después de pasado el efecto de las pastillas o lo que sea que tomo el vacío y la depresión regresaban y peor. A decir verdad envidiaba un poco la capacidad de ser feliz que tenía Juan aún con todo lo que había pasado.


En todo este tiempo Emma se quedo callada intentando recordar como habían terminado ahí y como había aceptado acostarse con un ricachon como Lars pero solo recordaba hasta el punto en que llegaron al after y fueron a una habitación,su último recuerdo era Lars quitándole la ropa en la cama,en eso pensaba, cuando el pánico la golpeó: En su bolso,la billetera había desaparecido.